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22 ago 2019

Colombia: Aprueban proyecto que otorga nacionalidad a niños de venezolanos nacidos en Colombia

Se estima que gracias a esta iniciativa, que ahora será conciliada en las plenarias de Cámara y Senado, serán beneficiados al menos 24.000 menores.

La plenaria de la Cámara de Representantes aprobó el martes un proyecto de ley que, en un esfuerzo por prevenir que haya niños apátridas, fija un régimen especial y excepcional para que menores hijos de ciudadanos venezolanos que hayan nacido en el país puedan gozar de la nacionalidad colombiana.

A diferencia de la resolución que firmó el presidente Iván Duque a principios de mes -que otorga nacionalidad a los hijos de padres venezolanos nacidos después del 18 de agosto de 2015 y que indica que la Registraduría tiene seis meses para realizar el trámite-, la iniciativa legislativa señala que el menor será nacionalizado al momento de su nacimiento.

El proyecto según su ponente, el representante Germán Blanco (Partido Conservador), establece que la norma estará vigente para menores nacidos entre el 1 de enero de 2015 y hasta dos años después de que la ley sea sancionada por el presidente Duque. Se abre la puerta además a la prolongación de la medida si se extiende la crisis política y social en Venezuela.

"Los derechos del niño cobijan tener el derecho a una nacionalidad, derechos teóricos que el Estado debe volverlos prácticos, todo esto obedece a una situación especial (…) Están previstos desde el alto gobierno los recursos para la atención. Es un proyecto de mera humanidad del que solicitamos el visto bueno”, manifestó el congresista.

A su turno, el defensor del Pueblo, Carlos Negret, aplaudió la determinación, señalando que el proyecto establece un régimen para adquirir la nacionalidad colombiana por nacimiento para hijos de venezolanos en situación de migración regular o irregular, o de solicitantes de refugio, nacidos en territorio colombiano.

"Esta iniciativa honra los tratados internacionales suscritos por Colombia y evitará que niños y niñas nacidos en el país, hijos de venezolanos, se conviertan en apátridas. Este proyecto no otorga nacionalidad a los padres de estos niños y no tiene impacto fiscal alguno diferente al costo que ya está asumiendo el Estado colombiano por la atención de la población migrante actual, declaró el funcionario.

Al proyecto le queda pendiente conciliar su título en las plenarias de Cámara de Representantes y Senado para su posterior sanción presidencial.

18 oct 2017

El profesor que habría abusado de 84 niños en Ecuador

El profesor fue detenido en Ecuador para ser investigado bajo sospecha de estar implicado en el caso de abusos sexuales contra 84 menores de un plantel educacional del norte de la capital.

En una conferencia de prensa la fiscal de Quito Mariana Huilcapi indicó que el maestro fue capturado de manera preventiva en el marco de una investigación iniciada en julio pasado sobre el "presunto delito de carácter sexual en el ámbito educativo".

"De forma preliminar se conoció de presuntos diez abusos sexuales. Sin embargo, dado la investigación realizada, se pudo determinar que están involucrados presuntamente 84 menores", añadió.

Huilcapi señaló que las supuestas víctimas de abuso sexual son menores de 12 a 14 años de edad.

El hecho se conoció luego de que la Fiscalía logró en los últimos días que la justicia ordenara prisión preventiva para tres profesores sospechosos de haber abusado sexualmente de niños en una escuela del puerto de Guayaquil (suroeste).

En esa ciudad, las autoridades investigan una decena de denuncias, mientras que un cuarto educador sospechoso se encuentra prófugo y la justicia ofrece una recompensa de 10.000 dólares por su captura.

La Fiscalía interrogó a cinco niños de 7 y 8 años, quienes explicaron que los profesores consumaban los abusos en los baños de la escuela durante las horas de recreo, "mediante engaños, amenazas e intimidaciones", según un comunicado.

El caso de Guayaquil, que según la prensa local afectaría a decenas de niños, motivó una enérgica reacción del presidente Lenín Moreno.

"Cuánta indignación por nuestros niños abusados por sus maestros. No podemos permitir impunidad alguna en estos delitos", escribió en Twitter 

El gobernante planteó una consulta popular, todavía sin fecha, en la que entre otras cuestiones preguntará a los ecuatorianos si quieren enmendar la Constitución "para que nunca prescriban los delitos sexuales en contra de niñas, niños y adolescentes".

25 sept 2016

El Espectador: El conmovedor documental brasileño que recoge 26 relatos de abuso sexual

"Precisamos hablar del acoso" es un documental brasileño que reúne testimonios de decenas de mujeres que decidieron hacer públicas sus experiencias de abuso sexual, en un país donde el 30% culpa a las víctimas de este tipo de violencia.

En la soledad de una camioneta, a puertas cerradas, los testimonios se suceden uno tras otro: 26 mujeres de entre 15 y 85 años relatan mirando a la cámara experiencias de violencia y acoso sexual cometidas por extraños, amigos, familiares, policías, profesores o líderes religiosos.

"La violencia contra la mujer no tiene patrón, no tiene color de piel, no tiene clase social. Ocurre en todo lugar, en todas las franjas etarias; le ocurre a mujeres de la periferia y a aquellas de lugares ricos. Toda mujer tiene una historia para contar", resumió a la AFP Paula Sacchetta,directora de este documental estrenado en el 49º Festival de Cine de Brasilia que se desarrolla esta semana.

Los realizadores escogieron una decena de puntos urbanos en Río de Janeiro y Sao Paulo, donde estacionaron una camioneta con un estudio montado en su interior. Desde allí, invitaron a las mujeres a entrar y relatar -sin guion ni preguntas- episodios de violencia que las marcaron para siempre.

Con las máscaras o el rostro descubierto, en total 140 mujeres fueron grabadas rememorando entre lágrimas desde coqueteos prepotentes en la barra de un bar o el metro, hasta violaciones cometidad por miembros de su propia familia dentro de casa.

La idea surgió después de una reciente campaña que se extendió por las redes sociales en la que miles de mujeres relataron historias de violencia sexual utilizando la etiqueta #miprimeracoso (#meuprimeirosédio).

Una agresión sexual cada 11 minutos

El estreno del documental coincidió con la publicación de una encuesta que reveló que uno de cada tres brasileños -y brasileñas- cree que la víctima tiene la culpa de las agresiones sexuales.

El 30% de los encuestados por Datafolha concordó con la frase: "la mujer que usa ropas provocativas no puede reclamar si después es violada".

En el mismo sondeo, la frase "las mujeres respetables no son violadas" es dada como cierta por el 42% de los hombres y por el 32% de las mujeres.

"La idea de que las mujeres deben 'ser respetables' viene de nuestra cultura del estupro, que violenta a las niñas en el jardín de infantes y también a mujeres que salen a bailar", opinó la periodista Helena Bertho en una columna de la revista feminista Azmina, que desde 2014 combate la violencia de género.

"Desafortunadamente es una cultura tan arraigada que, aún con todo el crecimiento del movimiento feminista, todavía prevalece", continuó Bertho.

Según datos recopilados por la ONG brasileña Foro de Seguridad Pública, en 2014 la policía brasileña registró una agresión sexual cada 11 minutos, algo más de 47.000 ese año.

El 70% de las víctimas son niños y adolescentes y más del 88% de las agresiones son cometidas contra mujeres.

De acuerdo a estos mismos datos, considerando que apenas 10% de los casos es denunciado, los investigadores estiman que la cifra real de violaciones en Brasil puede superar el medio millón.

La película "Precisamos hablar del acoso" dura 80 minutos y todos los testimonios recogidos durante el rodaje que no entraron en la edición final están disponibles en el sitio precisamosfalardoassedio.com, que es parte de una campaña para estimular a las mujeres que sufrieron abusos a hablar de esa experiencia.

Foto NotiYara: http://notiyara.com/imperdible-documental-brasileno-relata-26-casos-abuso-sexual/

17 abr 2016

Corte Interamericana condena a Colombia por discriminación a pareja del mismo sexo

En un fallo emblemático, con cuatro votos a favor y dos en contra, la Corte Interamericana de Derechos Humanos condenó a Colombia por violar los derechos a la igualdad ante la ley y la no discriminación. El caso, es el de Ángel Alberto Duque, un ciudadano colombiano enfermo de VIH, a quien Colfondos le negó el acceso a la pensión de su pareja después de que esta muriera en 2001, por la simple razón de que era, al igual que él, un hombre.

Esta es la primera vez que Colombia es condenada por violentar los derechos de una persona homosexual. El fallo establece que el Estado tiene tres meses para garantizarle el acceso a la pensión por supervivencia a Duque, quien la solicitó el 3 de abril de 2002: hace más de 13 años. Además de asegurarle el pago de estos años de pensión, deberá pagar un total de $20.000 dólares: US$10.000 por los costos del proceso, y otro monto de igual valor por los daños inmateriales que el proceso ha generado en la vida de Duque.

El caso llegó a la Corte en octubre de 2014, cuando la Comisión Interamericana de Derechos Humanos decidió remitirlo al alto tribunal pues consideró que el Estado no cumplió con las recomendaciones que hizo para garantizar los derechos de la víctima. Además, la Comisión señaló en su informe que si bien desde 2007 se empezaron a dar avances para garantizar la igualdad legal de las parejas del mismo sexo en el país, el análisis del caso debía centrarse en “la situación de la presunta víctima y la alegada afectación de sus derechos”.

La víctima, Ángel Alberto Duque, empezó la batalla legal en 2002, cuando interpuso una acción de tutela porque la Compañía Colombiana Administradora de Fondos de Pensiones y Cesantías (COLFONDOS S.A.) le dijo que no cumplía con los requisitos legales para acceder a la pensión por supervivencia de su pareja, pues, para ese entonces, en el país no existía normatividad alguna que garantizara los derechos de las parejas homosexuales. Era tal el estado de cosas, que la tutela ni siquiera fue estudiada por la Corte Constitucional.

Pero luego, en 2008, la misma Corte Constitucional reconoció que la cobertura del sistema de seguridad social en salud también cubría a las parejas del mismo sexo. Dos años más tarde, en 2010, dicha corporación consideró que esa sentencia tenía efectos retroactivos y que además debía otorgárseles a las parejas del mismo sexo vías idénticas a las de las heterosexuales para acreditar su unión permanente. Y en estas dos sentencias se escudó el Estado colombiano para defenderse ante la Corte.

Fueron estos avances en la legislación los que hicieron que Colombia se salvara de ser condenada por la violación de los derechos a la protección judicial, a las garantías judiciales y a la integridad personal y a la vida. A pesar de esto el tribunal internacional consideró que a Duque sí se le violaron el derecho a la igualdad y la no discriminación, pues para el año 2002 existía en la normatividad colombiana una diferencia de trato que vulneraba estos derechos, “por lo que constituyó efectivamente un hecho ilícito internacional”.

Por último, la Corte argumentó en su fallo que no era claro que a Duque le hubieran dado los créditos por los 13 años en los que dejó de recibir la pensión de su compañero sentimental. Dentro de un año, el Estado deberá presentar un informe ante la Corte Interamericana en el que dé cuenta del cumplimiento de todo lo dispuesto en el fallo para que el caso sea oficialmente cerrado. Así, la comunidad LGBT celebra una nueva victoria una semana después de que las uniones de parejas del mismo fueran admitidas por la Corte Constitucional como matrimonios.

Para leer la sentencia de la Corte IDH:  CorteIDH Duque vs Colombia

Fuente El Espectador: http://www.elespectador.com/noticias/judicial/corte-interamericana-condena-colombia-discriminacion-pa-articulo-627386

4 oct 2015

Colombia. Los arquitectos del acuerdo

Después de 16 meses de haberse concretado el acuerdo sobre cultivos ilícitos y narcotráfico en la mesa de negociaciones entre el Gobierno y las Farc en La Habana (Cuba), y tras un duro forcejeo con negativas y muchas resistencias, el viernes 18 de septiembre, hacia las 4:00 de la madrugada, se vio la primera luz de las bases del acuerdo sobre el sistema de justicia a implementar en la construcción de la paz de Colombia. Desde el día anterior, los asesores de las partes habían sacado su artillería jurídica. Todo quedó en suspenso, a la espera de la respuesta de las Farc, que se dio el sábado a través del exministro Álvaro Leyva. Sólo entonces, en Colombia y en Cuba, se tuvo la certeza de un libreto compartido. A partir de ahí la tarea apuntó a propiciar el encuentro entre el presidente Juan Manuel Santos y el jefe de las Farc, Rodrigo Londoño, Timochenko.

Por Hugo García Segura y Juan David Laverde Palma.

El encuentro y el anuncio del acuerdo de creación de una jurisdicción especial para la paz se dieron el miércoles pasado. Pero para llegar a él -con el más bajo perfil y con absoluta confidencialidad- hubo un trabajo arduo y dedicado de muchos protagonistas, algunos hasta ahora desconocidos. Entre ellos un grupo de expertos nacionales e internacionales dedicados a alimentar con ideas y propuestas la mesa de diálogos, específicamente en esos temas de justicia. Se les conoce como el Grupo de Nueva York, una especie de comisión de sabios conformada en enero de 2014 a instancias del gobierno de Noruega y liderados por Morten Bergsmo, asesor de la Fiscalía de la Corte Penal Internacional (CPI), profesor de la Universidad de Pekín y especialista en derecho internacional.

Lo acompañaron Carlos Martín Beristain, médico español y doctor en psicología, quien desde hace 25 años trabaja con víctimas de la violencia y organizaciones de los derechos humanos en América Latina y África; Priscilla Hayner, consultora independiente y cofundadora del Centro Internacional de Justicia Transicional (ICTJ); Luis Guillermo Pérez Casas, abogado de la Universidad Nacional, secretario general de la Federación Internacional de Derechos Humanos y miembro del colectivo de abogados José Alvear Restrepo; Carlos Alberto Ruiz, abogado colombiano, autor del libro La rebelión de los límites; Enrique Santiago, abogado español y exsecretario de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado, y Rodrigo Uprimny, jurista colombiano, director del Centro de Estudios de Derecho, Justicia y Sociedad (Dejusticia).

El Espectador conoció todos los detalles sobre cómo se gestó este grupo y por qué fue tan definitivo para lograr destrabar el que era quizás el punto más crítico de la negociación en Cuba: la justicia. Desde el principio, el Gobierno y las Farc validaron la iniciativa noruega. El objetivo del Grupo de Nueva York se concentró en revisar los alcances jurídicos de otros procesos de paz en el mundo y, sobre todo, advertir los límites que tendría un acuerdo frente a las obligaciones del Estado de cara al Derecho Internacional Humanitario (DIH), el Sistema Interamericano de Derechos Humanos de la OEA, la posible intervención de Naciones Unidas y la misma Corte Penal Internacional (CPI).

Las reuniones del grupo se realizaron cada mes. Bergsmo viajaba desde Pekín. Hubo encuentros en Nueva York, Panamá, Madrid y, por supuesto, en La Habana. La mayoría de estos ocurrieron en Estados Unidos, por eso se denominó Grupo de Nueva York. La financiación de los viajes corrió por cuenta del gobierno de Noruega, así como los hoteles y la alimentación. Nadie recibió dinero por su trabajo y durante los 20 meses de labores alcanzaron a encontrarse 12 veces. Tanto el Gobierno como las Farc estuvieron enterados de esos encuentros y todos los documentos que se produjeron llegaron finalmente a la mesa de negociaciones en Cuba. De hecho, el grupo se reunió con los negociadores de las partes y con ellos tuvo encuentros tan tensos como provechosos. 

Su aporte fue un insumo fundamental para la mesa. De hecho, el punto de partida del Grupo de Nueva York fueron las posturas radicales puestas asumidas desde un principio por las partes. Una tarea nada fácil. Al fin y al cabo, las Farc siempre habían rechazado cualquier intervención del Derecho Internacional, el Sistema Interamericano, las Naciones Unidas y la CPI. En abril de este año, por ejemplo, Iván Márquez, jefe de la delegación de paz de la guerrilla, invitó al Gobierno “a retirar toda la maleza jurídica que han atravesado como una mula muerta en el camino de la paz”.
Por eso, teniendo como premisa facilitar la negociación y con el mandato del gobierno de Noruega de ayudar a resolver el nudo gordiano en que se había convertido la discusión sobre ese punto de la agenda, la labor se enfocó en hacerles entender a las Farc que existen unos límites en el derecho internacional, que los derechos a la justicia son derechos humanos esenciales y que no se trataba de simple “maleza jurídica”, como dijo Márquez.
Sin unos mínimos de penas restaurativas cualquier acuerdo con las Farc no sería más que una utopía pasajera. En la otra orilla, el objetivo apuntó a que el Estado reconociera que los crímenes de lesa humanidad perpetrados por sus agentes no podían quedar al margen de la negociación ni tampoco los llamados crímenes de Estado.
Según conoció El Espectador, los debates entre las delegaciones de Gobierno y guerrilla en La Habana y los miembros del Grupo de Nueva York fueron muy fuertes. En primer lugar, el Gobierno no estaba pensando en una amnistía o indulto, y lo que quería era que se aplicara la renuncia a la persecución penal que contempla el Marco Jurídico para la Paz. Asimismo, tampoco se contemplaba la idea de crear un tribunal mixto, pues no se quería mezclar en una misma mesa una fórmula de justicia transicional para guerrilleros y militares. Sin embargo, los expertos siempre insistieron en que debía haber una fórmula única, ya que de lo contrario un mecanismo diferenciado sería muy problemático y no tendría sentido.

Sin duda, el gran aporte que se le puede atribuir hoy al Grupo de Nueva York es la idea de la creación del tribunal para la paz, anunciado el miércoles pasado y cuya función esencial -según se explicó- es “acabar con la impunidad, obtener verdad, contribuir a la reparación de las víctimas y juzgar e imponer sanciones a los responsables de los graves delitos cometidos durante el conflicto armado, particularmente los más graves y representativos, garantizando la no repetición”. La decisión de tener en dicho tribunal a magistrados extranjeros obedece a que se considera que ello da más garantías de independencia, de objetividad, de seguridad y de blindaje ante posibles amenazas y presiones políticas. Gobierno y asesores creen que con ellos se minimizan dichos riesgos.

La idea es que además de la guerrilla, los agentes del Estado, paramilitares, parapolíticos, empresarios y todos los que quieran saldar sus cuentas con la justicia y contribuir con la paz, tengan la posibilidad de resolver sus cuentas pendientes con ese tribunal para la paz y quedar a salvo de la Corte Penal Internacional. El tribunal deberá decidir también si los llamados falsos positivos tienen cabida en este modelo de justicia, aunque nadie duda que fueron sistemáticas violaciones contra la población civil.
Sobre la imposición de penas, la pepa de la controversia giró en torno a lo que traduce “restricciones a la libertad” de los condenados. El Grupo de Nueva York entendió esas restricciones a que no salgan del país, de una determinada región, de una ciudad o de un sitio definido. En cuanto a reparación, se proponen trabajos comunitarios, por ejemplo en sustitución de cultivos, guardias rurales, colaboración en obras de infraestructura, desminado, recuperación de fuentes hídricas, protección de la naturaleza e incluso programas de educación para la paz.

Para el grupo todas las formas ilegales de financiación de la guerra -incluido el narcotráfico- las subsume el delito político. A su vez, no hay ninguna norma internacional que diga que alguien que haya sido condenado por crímenes de lesa humanidad no pueda hacer política. Sin embargo, en Colombia la Carta Política prohíbe que quienes hayan sido condenados puedan ser elegidos por votación popular. En este sentido, una de las recomendaciones claves es que se implemente una reforma constitucional que abra esa puerta cuanto antes.

Al final, después de 20 meses de trabajo, se cedió de parte y parte. Las Farc pasaron del “quizás, quizás, quizás” -la respuesta que diera Jesús Santrich a un periodista hace tres años, cuando le preguntó si las Farc estaban dispuestas a pedirles perdón a las víctimas-, a aceptar el derecho internacional. “La tarea del Grupo de Nueva York se concentró en remover los inamovibles de justicia de las Farc. Hace dos años parecía impensable que entendieran las obligaciones de Colombia en el contexto internacional. Hoy tienen claro que sin el blindaje jurídico necesario, es decir, si el acuerdo final no cumple unos mínimos de justicia y reparación, por mucha verdad cantada, esa orilla cercana del posconflicto terminaría frustrándose más pronto que tarde”, le dijo a este diario una persona cercana al proceso de negociación.
Lo claro es que el miércoles pasado se despejó el camino y entre los múltiples mensajes hay dos que tienen un gran significado en aras de la paz: el que la guerrilla haya aceptado acogerse a un modelo de justicia estatal y la dejación de armas. Además, por primera vez está definido un cronograma con fecha precisa de lo que debe pasar después de la firma del acuerdo definitivo -fijada el 23 de marzo de 2016-. En concreto, que esa dejación de armas deberá comenzar, a más tardar, a los 60 días luego de la firma.

Del sábado al miércoles pasado todo fueron nervios en las altas esferas del Gobierno. El martes, un día antes del anuncio, cuando a través de su cuenta en Twitter el presidente Juan Manuel Santos anunció que el equipo negociador del gobierno regresaba a La Habana con instrucciones precisas de continuar avanzando en el tema de justicia, se supo que algo grande estaba por suceder en torno al proceso de paz. Pero el encuentro en Cuba no fue nada fácil. Si bien había consenso sobre los 10 puntos en torno a la creación de una jurisdicción especial para la paz, las tensiones corrían por cuenta del plazo para la concreción del acuerdo final. 

Las Farc tenían en la cabeza la fecha de mayo, para ellas mes de su fundación. Después de un tire y afloje se acordó que fuera en marzo, es decir, seis meses. Pero esa decisión adoptada en la mesa de diálogos todavía tenía que ser ratificada por el presidente Santos y Timochenko. En Colombia, si bien desde hace rato se tenía la idea de que en algún momento el jefe de Estado debería ir a La Habana, existía la premisa de ello sólo sería viable cuando se tratara de marcar un punto irreversible en los diálogos. Y a estas alturas, en el equipo negociador del Gobierno se mantenía la percepción de que las Farc aún tenían miedo a comprometerse con plazos fatales.

Fueron horas tensas. Desde la tarde de ese martes, el Gobierno había contactado a un grupo de congresistas para que acompañaran al presidente a La Habana. Hacia las 10:00 de la noche se les anunció, vía mensajes de texto en sus teléfonos celulares, que el viaje se cancelaba. Pero 15 minutos después se volvió a confirmar. Por otra parte, al grupo de periodistas invitados a acompañar la comitiva presidencial en su viaje a Estados Unidos, se les pidió acelerar los trámites pertinentes. Sólo hasta la mañana del miércoles se les dijo que habría un desvío hacia Cuba.

A su llegada a La Habana, todo el grupo se dirigió hacia la casa del embajador Gustavo Bell. Luego vino el acto público, la lectura del comunicado conjunto, las palabras del primer mandatario, las del presidente cubano, Raúl Castro, y las del comandante de las Farc, Timochenko. Se ha dicho que el estrechón de manos no estaba planificado, lo cual es cierto, y también que a Santos le disgustó, lo cual es falso. “Todos sabemos que es algo previsible en este tipo de sucesos tan históricos”, le manifestó a El Espectador uno de los miembros del equipo gubernamental. Cuentan que tras el anuncio, el jefe de Estado estaba eufórico y que siempre estuvo a su lado su hijo Martín.
Para el Gobierno y para el proceso de paz se dio un gran y definitivo paso.

Sin embargo, hay conciencia de que falta aún un camino culebrero por recorrer, y aunque se cree que el acuerdo sobre justicia hará cambiar en parte la percepción ciudadana de escepticismo sobre el proceso de paz, se sigue pensando que las Farc deben mostrar todavía hechos que alimenten el optimismo de la gente. Sobre el trabajo del Grupo de Nueva York se conoce que su asesoría fue fundamental y va a seguir de cara a la implementación de los acuerdos. Gobierno, Farc y comunidad internacional saben que ahora se viene el debate político, donde el Congreso de Colombia, con todas sus vertientes, será el gran protagonista. la premisa en la Casa de Nariño es insistir en que “la paz está cerca”

Fuente El Espectador:  http://www.elespectador.com/noticias/politica/los-arquitectos-del-acuerdo-articulo-588936

21 sept 2015

Por casos de corrupción, justicia de Brasil prohíbe que empresas financien partidos políticos

El Tribunal Supremo de Brasil vetó la financiación de campañas electorales por parte de las empresas privadas, una práctica común y hasta ahora legal en el país y que la corte entendió que, en parte, facilitó las corruptelas en las petrolera estatal Petrobras (vía El Espectador).

Los jueces adoptaron, por ocho votos a favor y tres en contra, una decisión que declara inconstitucionales las donaciones de empresas privadas para campañas electorales, permitidas y reguladas desde 1995 ymantenidas en una reforma de ley aprobada hace pocos días por el Congreso, que aún no ha sido sancionada por la presidenta Dilma Rousseff. 


La mayoría de los jueces consideró que, como dijo el magistrado Luiz Fux, instructor del caso, al permitirse la financiación de partidos y sus campañas electorales por parte de empresas privadas, "el poder económico acaba capturando al poder político". 

En su decisión, la alta corte señaló que esta sentencia no se puede aplicar en forma retroactiva a procesos electorales ya realizados y aclaró que deberá comenzar a aplicarse a partir de las elecciones municipales que se celebrarán en octubre del año próximo.

La demanda fue presentada por el Colegio de Abogados y tramitaba en la Corte Suprema desde 2013, por lo que la decisión se limita a un artículo sobre el asunto de la ley que está en vigor hasta hoy y que las Cámaras sustituyeron con una reforma aprobada la semana pasada, aunque sin alterar lo relativo a la financiación. 

Según expertos jurídicos, la decisión del Supremo pudiera darle soporte a Rousseff para vetar la nueva ley, a la que la propia jefa de Estado se ha opuesto precisamente porque también sostiene que se debe prohibir la financiación de actividades políticas por parte de personas jurídicas.

En caso de que Rousseff sancione la nueva legislación, el Colegio de Abogados ya ha anunciado que se propone recurrir ante el Tribunal Supremo para insistir en la tesis de la inconstitucionalidad que los jueces han respaldado hoy.

En opinión de los magistrados, la posibilidad de que empresas privadas financien la política fue uno de los factores que propició la red de corrupción que se enquistó en la estatal Petrobras, de la que, según la propia compañía, fueron desviados unos 2.000 millones de dólares durante la última década. 

El escándalo ha salpicado a una veintena de importantes empresas privadas y a medio centenar de políticos, que en su mayoría son de la base que apoya al Gobierno de Dilma Rousseff. 

Según las autoridades, las empresas obtenían contratos amañados con la petrolera, inflaban sus valores y luego repartían esas diferencias entre los políticos y directivos de la petrolera que amparaban esas corruptelas.

La Policía sostiene, además, que los políticos muchas veces recibían el dinero de la corrupción petrolera "disfrazado" bajo la forma de "donaciones" para sus campañas, las cuales eran debidamente declaradas ante las autoridades electorales y fiscales. 

Una de las campañas que está bajo sospecha es la que llevó el año pasado a la reelección de Rousseff, de la cual se sospecha que, en parte, fue alimentada con recursos desviados de la petrolera estatal en forma ilegal.

Fuente El Espectador: http://bit.ly/1KUpoBx

4 ago 2015

Corte Suprema de Colombia: Padres pueden revisar cuentas de redes sociales y correos electrónicos de sus hijos

La Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia determinó que los padres pueden revisar las cuentas de correos electrónicos y redes sociales de sus hijos menores de edad sin autorización. Esto si se enmarca en la protección de los derechos de los infantes.

El alto tribunal determinó que en este tipo de casos no se puede hablar de una violación al derecho a la intimidad de los menores de edad. Ante esto se indica que los padres están autorizados para orientar y controlar a sus hijos.

Debido a los riesgos que existen en la red y al hecho que en muchas ocasiones los menores de edad son víctimas de los criminales que se esconden en perfiles falsos la Corte considera que se deben tomar las medidas de protección.

"La familia debe implementar las medidas de protección siendo la más elemental de ellas, conocer quiénes interactúan en los diferentes espacios de su vida cotidiana, que incluye acceso a las redes de internet y sus contactos", precisa la decisión.

En su decisón, la Corte manifiesta que sería "un contrasentido" calificar como ilegales o una violación a la intimidad las actividades de seguimiento, orientación y protección de los padres a los menores de edad cuando estén en la red.

"Los padres en ejercicio de la patria potestad, constitucional y legalmente se encuentran autorizados para asistir, orientar y controlar las comunicaciones de sus hijos menores de edad, limitados solamente por la menor afectación de otras prerrogativas y por la finalidad de protección y garantía de los derechos fundamentales de los niños, niñas y adolescentes", explica.

Este pronunciamiento se hizo al estudiar el caso de una menor de edad cuyos correos electrónicos y redes sociales fueron revisados por su madre al considerar que estaba ingresando en portales o viendo información indebida. 

“La ley, los instrumentos internacionales, el Gobierno Nacional a través de todas las campañas de información, prevención y orientación difundidas a través de los diferentes medios de comunicación insta y alerta para que se acompañe a los menores de edad todo el tiempo en el que usan y permanecen en contacto con la variedad de dispositivos electrónicos de comunicación", señala la decisión.

24 jun 2015

Colombia. Vanesa, la transexual que cambió la historia de la libreta militar

Ha tenido dos grandes amores, no cree en los curas, pero sí en las brujas y en Dios; sueña con hacerse el cambio de sexo.

Gina Vanesa Hoyos Gallego nació varón hace 43 años, duerme rodeada de 17 peluches y ocho entablados de Marilyn Monroe y tres veces le han roto el corazón. Una barba tímida le hace sombra alrededor de los labios en forma de candado: aunque empezó a tomar hormonas a los 19 años, paró hace ocho, cuando le diagnosticaron VIH. Una vez la violaron siete hombres, tenía 15 años. Dejó de creer en la Iglesia Católica cuando conoció a un cura que le daba dinero y ropa a cambio de sexo, tenía 16. A veces, cuando lo que dice la estresa, se pellizca suavecito el labio inferior con los dedos corazón y pulgar de la mano izquierda. Como ahora mismo, mientras cuenta que anoche mataron a alguien a unos metros de su casa.

“Yo estaba durmiendo cuando me despertó el ¡pum, pum, pum! Casi me caigo de la cama. Mataron a un muchacho, que supuestamente fumaba vicio. Qué pesar. Ellos qué culpa tienen, eso es una adicción. Tenía como 18 años”.

Esta noche llueve en Circasia, Quindío. Ella se pellizca otra vez el labio al contar que evita salir del cuarto que arrendó hace unos días para resolver algunos asuntos, como la tutela que puso para que su EPS le entregara medicamentos que le urgen por tener sida. Se resguarda en esta madriguera casi todo el tiempo porque hace un par de años una banda criminal –cuyo nombre omitiremos– la forzó al destierro junto con su madre –por razones que no diremos–. Dice que puede estar en Circasia siempre y cuando mantenga un “bajo perfil”. Sin embargo, pasar desapercibida en este pueblo de 28.000 habitantes puede ser algo difícil para una mujer con manzana de adán, espalda ancha y 1,85 metros de estatura que usa maquillaje y se contonea al caminar.

Su cédula dice que se llama Hernando. Por las calles de Circasia, todo el mundo la llama Vanesa.

La madriguera es un cuarto de 2 por 3 metros que yace sobre lo que alguna vez fue un basurero y ahora son cambuches. (En 2013 se hablaba de 20 familias, con seguridad han llegado más desde entonces). Está dentro de una casa improvisada y se llega a ella por una entrada independiente, protegida por una lata que hace las veces de reja y una puerta que se cierra con candado y con cadena. Lo que separa a la madriguera del resto de la casa son paredes de esterilla que Vanesa personalizó con sábanas y cobijas para protegerse del frío y de la lluvia. Sobre éstas colgó algunos peluches, los entablados de Marilyn Monroe –su amuleto de la buena suerte– y un reloj en forma de grano de café para el que siempre son las 6:02.

Intentando bajar el volumen de su voz profunda y femenina para que no la oigan los vecinos, Vanesa habla del primer hombre que le rompió el corazón: su padre, un microempresario barranquillero que la echó de la casa con 14 años cuando se dio cuenta de que ella usaba cosas que, se suponía, estaban hechas exclusivamente para personas con senos y vagina. “Él me pegaba, me pegaba y me pegaba, me gritaba ‘¡maricón!’. Años después el hombre, agonizando por un cáncer de estómago, pidió que su hija fuera a verlo. “Lo primero que pensé fue ‘por mí, que se muera’. Pero no podía dormir, tenía pesadillas, como que me jalaba las cobijas. Hasta que fui y ese día que lo vi, hablé con él y lo perdoné, ese mismo día murió”.

Un año después de haber sido expulsada de su casa, su madre dio con ella en una finca en Tuluá, Valle, y se la llevó a Circasia. Pero ella era Vanesa, no Hernando, y el único lugar que encontró para laburar siendo quien realmente era fue un prostíbulo en el sur de Bogotá llamado Noches de Medialuna. “Ese negocio quedaba por los lados de la iglesia de La Consolata y duró ahí como 18 años, pero lo tumbaron y ahora es un edificio”. Allí vivió de los 19 a los 29 años lidiando con la dueña del lugar, una transexual de ojos verdes nacida en Turmequé, Boyacá, con un temperamento endiablado, conocida como la Linda. En este universo transgenerista, todos los nombres van acompañados del artículo: la Charlotte, la Johanna, la Vanesa…

En Noches de Medialuna conoció a los otros dos hombres que le rompieron el corazón. Primero fue Juan, un conductor de Coca Cola que entró al prostíbulo una noche de un miércoles “todo elegante, todo pinta”. Luego, un fin de semana, llegó a buscarla. Traía para compartir un pollo y una coca cola y, para ella, un peluche de Mickey Mouse que Vanesa todavía conserva junto con algunos calzoncillos de él. A los cinco meses le pidió que vivieran juntos. “Ese hombre se preocupaba mucho por mí, me cogía de la mano y no le daba pena darme picos en los buses. No le gustaba que me arreglara porque creía que estaba puteando, así que yo mantenía desarreglada. Le hacía de comer, le arreglaba el uniforme. Pero un día no volvió a la casa”.

Sentada en la cama sencilla en la que a duras penas cabe su humanidad, frente a un cuadro de Jesucristo en la cruz y otro de la Última Cena, Vanesa cuenta que resolvió el misterio de la desaparición de Juan con María Eugenia. “Ella era una bruja, no sé si usted de pronto la haya oído nombrar. Murió de un maleficio, ¡imagínese!”. La bruja le reveló que la exesposa de Juan había hecho un sortilegio para alejarlo de ella. Soportando las burlas de sus colegas, Vanesa regresó al prostíbulo vencida. “Yo todos los días beba y beba y llore y llore por ese hombre. Apareció a los cinco meses todo degenerado, sucio, llevado por el vicio. Lo invité a almorzar, le di plata pa’ la buseta y hasta estuve con él, pero ya se había perdido el amor. Nunca más supe de él”.

“¡¿Qué fue eso?!”, salta Vanesa interrumpiendo sus memorias.” ¡Es que acá hay unas ratotas! Por eso yo no saco a mi perrita, porque a la perra grande de la vecina la agarró una rata y le arrancó medio labio. Es que hay unas así, vea”. (A mis ojos les parece que en la forma que hacen sus manos cabría un rinoceronte). “Entonces a cualquier ruidito yo miro. También hay muchos alacranes por la guadua y la esterilla… pero aquí frío no me da”. 

II 

A la mañana siguiente de nuestra primera conversación, Vanesa sale de su madriguera. Vamos a una peluquería para que le cepillen el pelo y se lo alisen, quiere salir bien en las fotos del periódico. “Lástima que no tenga conmigo mi trajes, me hubiera puesto uno. En Bogotá una amiga me tiene guardado todo y yo sólo me vine con unos tacones”. (Tiene cinco pares de tacones colgando en las sábanas de su cuarto). Mientras la arreglan le pregunto si hay más transgeneristas en Circasia. Responde que hay otras dos. Le pregunto si alguna vez la han agredido. Vanesa aprieta los labios y su silencio lo interrumpe quien la peina, un hombre de 20 años, delgado, de piel blanca, pelo negro y acento muy paisa llamado Juan David Jaramillo Builes.

“¡Claro que sí! A las chicas trans las insultan, les tiran cosas, jalan sus vestidos en las fiestas que hace el pueblo cada año. Es la maldición de las P: o son putas o son peluqueras, pero, ¿cuándo ha visto usted a una chica trans profesional? A los LGTBI no sólo nos agrede la gente, nos agrede también el Estado con su exclusión”. Juan David cuenta que fue activista un buen tiempo, que hacía campañas de derechos sexuales y reproductivos, que trabajaba con hospitales, pero que las ganas de un mundo mejor se le escaparon a cuentagotas por la grieta del mundo real, que le fue cerrando una puerta tras otra, con su familia, inicialmente, y en el trabajo, principalmente. Juan David, por falta de plata, no ha podido sacar la libreta militar.

De la peluquería salimos hacia el parque principal. Con su pelo largo arreglado y su contoneo de costumbre, Vanesa se vuelve un ser difícil de ignorar. “¡Papasote!”, le grita un hombre. Ella, de buen humor, le replica: ¡Ja! Oigan a éste: ¡Mamasota!” El cielo de Circasia, invadido de nubes hoscas, amenaza con arruinar el trabajo de Juan David el estilista. En una esquina del parque, a unos pasos de la Alcaldía, tres mujeres de unos 60 años la miran y secretean. Por esa misma esquina, en unas horas, pasarán tres colegialas de falda gris y saco rojo que al mirarla estallarán de risa. Vanesa sigue caminando hacia un andén del parque para sentarse y retomar la conversación. Antes de que se siente, un par de caballeros ensombrerados le miran de reojo las nalgas.

“A mí me hubiera encantado estudiar criminalística. Me apasiona el tema de los asesinatos, descubrir quién lo hizo, arreglar a los muertos…”. Hubo una vez en que Vanesa arregló a uno: “A un amigo mío, no le gustaban los gais ni nada, era muy serio, lo mataron por vender drogas. Como su familia era tan pobre, yo no sé nada de muertos, pero lo preparé. Les dije que consiguieran el cloroformo y las agujas y que yo ponía mi maquillaje. Le saqué los gases. Con un tiro le habían sacado un ojo, entonces yo le metí algodón y le hice un ojo postizo, le puse micropore y en el micropore le pinté una ceja. La mandíbula se la pegué con ‘super bonder’ porque la tenía partida. Es que le metieron siete tiros: uno en la pierna, dos por acá y el resto en la cabeza”.

Pero Vanesa no pudo estudiar criminalística. Ni siquiera terminó el colegio, dice que no le gustaba. Apenas aprendió a leer en Bogotá hace un par de años, cuando la banda criminal –cuyo nombre seguiremos omitiendo– la expulsó a ella y a su mamá de su casa, en donde tuvo una peluquería con su mismo nombre durante ocho años. En esos años, Vanesa da fe de que no ejerció la prostitución ni un solo minuto. Pero, amenazada, le tocó irse a Bogotá a buscar refugio. Y lo encontró en un proyecto del Distrito que daba techo a mujeres transgeneristas. Pero el refugio no fue eterno. Y Vanesa, para mantener a su madre –la única de su familia que la aceptó tal cual era– y mantenerse, volvió a los callejones de la prostitución, como cuando tenía 19 años. 

III 

Vanesa tenía 29 años cuando la dueña del Noches de Medialuna la expulsó. Se fue al Santa Fe, ese barrio del centro de Bogotá que siempre ha sido como la sede principal de las trabajadoras sexuales. Ahí conoció al tercer y último hombre que le rompió el corazón. Él tenía 17 años cuando se le acercó y le preguntó que cuánto por el rato, y de rato en rato terminaron viviendo juntos seis años. Al cuarto año la convivencia se malogró: “Me cogía del pelo, me pateaba, me escupía, decía que no sabía por qué se había enredado con esa marica. Yo no más me sentaba a llorar”. Al quinto año, en un agarrón, él sacó un cuchillo y ella, otro. “Casi lo mato. Me tocó envolverlo en una sábana e irnos heridos pa’ el hospital. Nos cosieron y nos fuimos a tomar aguardiente”.

En los últimos meses de su relación, se alternaba entre ir a rescatar a su novio de la calle del cartucho e ir a donde una bruja. Sospechaba que él tenía a alguien más. “Yo andaba desesperada. Me sentaba con la bruja desde las 10 de la noche y daba la 1 y yo todavía fume, fume tabaco, fume y escupa, fume y escupa; se me ampollaban los labios y los dedos. Le echábamos Vick Vaporub y café y azúcar y clavos y canela. Así uno va llamando al hombre. Y claro, me llegaba. Pero el tabaco, así como atrae, hace que el hombre lo aborrezca a uno”. Un día, él le confesó que había embarazado a otra mujer. Se llamaba John Freddy. O quizá se llama, ella no sabe en qué tiempo conjugar ese verbo porque, igual que con Juan, nunca más supo de él.

Esta última parte de la entrevista tiene lugar en una caseta que, explica Vanesa, le asignó el municipio para el trabajo de la mesa de la comunidad LGBTI. Apenas entramos a la caseta, una mano invisible exprime las nubes hoscas de Circasia: el trabajo de Juan David el estilista está a salvo. En unas horas, Vanesa se presentará en Armenia a impugnar un fallo, el cual señaló que ella y su madre desplazadas tienen derecho a una reparación administrativa, sí, pero que su caso no será priorizado. Con ayuda de la Defensoría del Pueblo, Vanesa le respondió al Juzgado resaltando que, según las normas, las víctimas con enfermedades como VIH y las víctimas con identidad sexual diversa deben ser priorizadas por su vulnerabilidad. O sea, víctimas como ella.

Como Vanesa aprendió a leer de adulta no lee mucho. Tan poquito lee que ni leyó la tutela que el conocido defensor de la comunidad LGTBI, Germán Rincón Perfetti, envió al Tribunal Superior de Bogotá para pedirle al Ejército que le expidiera una libreta militar a ella, documento que exigía la Alcaldía de Bogotá para contratarla. Una abogada del Distrito la contactó con Rincón, a quien le pagó haciendo cosas para su oficina: aseo, diligencias, mensajería. El 5 de agosto de 2014, el Tribunal le dio la orden al Ejército de emitir la libreta. El caso se fue a la Corte Constitucional, pero el Ejército refutó: “Este Comando es una unidad seria, (ella) no es la única persona que hemos atendido en condición de transgénero, gay, bisexual”.

(La Real Academia Española, por cierto, no ha registrado aún en su diccionario la palabra “transgénero”).

Como Vanesa no lee mucho, no ha leído aún el fallo de la Corte Constitucional. Ella se presenta así: “Mi nombre es Gina Vanesa Hoyos, soy una chica transgenerista y soy quien demandó el Ejército para que a las chicas trans nos entreguen la libreta militar”. Le digo que lo que hizo fue mucho más, que gracias a su tutela se sentó el precedente de que a las transexuales no pueden pedirles libreta militar porque son mujeres, no hombres disfrazados. “¿Ah, sí? Ah, ¡eso! Es que no me he leído lo que sacó la Corte, me duele la cabeza cuando leo mucho. Ahora estoy leyendo esto”, dice, y saca un libro rojo de su bolso: “Apocalipsis, ¡se acerca su magnífica culminación!”. ¿De dónde sacó ese libro?, le pregunto. “Me lo dieron los evangelistas del barrio”, contesta. Y se ríe.

El fallo de la Corte es tan reciente –hace apenas una semana se divulgó– que ella aún no ha constatado si servirá para algo. Como quien se agarra del borde de un precipicio para no caer al abismo, se aferra a la idea de que sin el requisito de la libreta militar alguien pronto la contratará. Se rehúsa a seguir siendo la protagonista de esas escenas que se amontonan en su memoria: un hombre ofreciéndole $50.000 pesos extra por tener sexo sin condón; una compañera rabiosa echándole gas pimienta en los ojos; un cliente que después del sexo la amenaza con un cuchillo y le roba el producido del día; la dueña de un prostíbulo arrojándola a la calle porque está demasiado cansada para trabajar, así le ofrezcan $50.000 extra por tener sexo sin condón.

Vanesa todavía sobrevive del trabajo sexual: cuando viaja a Bogotá, va al Santa Fe y le alquila una pieza a un tal don Guillermo por $12.000 diarios, aunque hay días tan malos que queda debiéndole. “Ya no es igual, si trabajo una semana me enfermo 15 días: que los tacones, que el trasnocho, que el sereno… Si trabajo en la mañana por la tarde ya me siento deteriorada”. Su plan A es recibir pronto la reparación y volver a montar su peluquería. Su plan B, que alguien le dé “un trabajo digno”, aunque teme que sus 43 años sean un obstáculo. “¡¿Entonces me la voy a pasar trabajando como prostituta?! ¡¿Así va a ser mi vejez?! Le pido al Gobierno Nacional, al alcalde Petro, a quien sea, que me colabore. Yo no puedo ni quiero putear toda la vida”. 

Avanzan las políticas para la comunidad LGTBI 

En diálogo con este diario, el ministro Juan Fernando Cristo señaló que la cartera del Interior está trabajando con organizaciones civiles para profundizar las políticas que garantizan los derechos de la comunidad LGTBI. Hace poco les envió una comunicación a los 800.000 funcionarios que tiene el país, exigiéndoles respeto por las personas en relación a su orientación sexual.

Cristo señaló que, de lejos, un eje fundamental en este propósito es la construcción de una política pública para generar una cultura ciudadana que fomente el respeto a la diversidad sexual. El Ministerio del Interior, resalta, creó además una mesa de casos urgentes en noviembre de 2012, para ayudar a coordinar con Fiscalía y Policía la atención de las situaciones críticas. 

La Corte dijo 
La Corte Constitucional concluyó que se habían violado los derechos de Gina Vanesa Hoyos a la autonomía, al libre desarrollo de la personalidad, a la dignidad y a la igualdad. A raíz de su caso, le ordenó al Ministerio de Defensa desarrollar un protocolo y divulgar que el servicio militar obligatorio no incluye a las mujeres transgeneristas. Y le pidió al Ministerio del Interior propuestas para remover los obstáculos que tienen las personas transgénero a la hora de modificar su identidad en documentos.

Lea la sentencia aqui: 
Fuente Corte Constitucional de Colombia: http://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/2015/T-099-15.htm

15 jun 2015

Colombia. Ángela María Buitrago, la exfiscal del caso Plazas Vega por los desaparecidos del Palacio de Justicia

"Dicen que la justicia es política para neutralizarla". 

Ánglea María Buitrago, la exfiscal del caso Plazas Vega por los desaparecidos del Palacio de Justicia, contesta las sorpresivas acusaciones que la representante María Fernanda Cabral lanzó esta semana en su contra, cuando en plenaria de Cámara aseguró que ella era la responsable de la "persecución judicial a un periodista".

Esta semana, la representante Cabal afrimó, en plenaria de Cámara, que un periodista estaba sufriendo “persecución judicial por el delito de defender la democracia”. Y la mencionó a usted como responsable de esa supuesta persecución. La persona a la que se refirió la congresista es Ricardo Puentes, un hombre al que, según recuerdo, usted denunció penalmente, ¿por qué?

Esta semana, la representante Cabal afirmó, en plenaria de Cámara, que “un periodista”

Primero, debo decirle que la representante María Fernanda Cabal hizo parte de la Fiscalía como directora de la Oficina de Asuntos Internacionales, al mismo tiempo en que yo era fiscal delegada ante la Corte Suprema (años 2006-2007). Me acuerdo que ella me solicitó, en varias ocasiones, el expediente sobre los hechos de la retoma del Palacio de Justicia y sobre la actuación de coronel Plazas Vega, que yo investigaba. Como funcionaria que era de la Fiscalía, ella tenía que atender algunas reuniones con la Cancillería sobre el caso del Palacio, por el tema de derechos humanos que interesa a la comunidad internacional. Pero nada tenía que ver con la totalidad del expediente. Cuando ella quiso obtener copia de la investigación, le manifesté que era imposible acceder a la misma porque se trataba de información con reserva legal. Desde aquella época, y por este proceso, he sido objeto de acusaciones irresponsables de un grupo de defensores del coronel, entre otros, de ella y del señor Ricardo Puentes.

Continúo sin entender qué tiene que ver Puentes, quien habría sido “forzado a buscar el exilio”, según se afirma en un artículo, con la congresista que leyó una constancia en la Cámara a favor de él y en contra suya.

La representante Cabal utiliza, hoy, el escenario del Congreso para repetir, de manera temeraria, afirmaciones que hizo Puentes en mi contra por el proceso Plazas Vega. Las falsedades que Puentes publicó sin ningún sustento legal me llevaron a denunciarlo penalmente en 2010. Durante estos cinco años, tiempo en el cual él ha continuado difamándome, incluso poniendo en riesgo mi vida como se desprende de las amenazas que recibí, la fiscalía del caso y el juez han adelantado las diligencias correspondientes. Hace unos días se le imputaron al denunciado los delitos de injuria agravada y calumnia agravada. Debe ser por eso que ahora la congresista asegura que lo persiguen.

¿Sugiere que ella tiene interés personal en el caso Puentes y también en el de Plazas Vega?

A ver: la funcionaria de la Fiscalía María Fernanda Cabal se preocupaba, ayer, por el tema Plazas y el Palacio de Justicia. La congresista María Fernanda Cabal utiliza, ahora, el recinto de la plenaria de la Cámara para dejar una constancia sobre el mismo caso, que estaba por fuera del orden del día y que no tenía ninguna relación con lo que allí se iba a discutir ¿Qué debe entenderse, entonces: que actuaba como legisladora o que tenía un interés particular? Hay otros antecedentes. Por ejemplo, recuerdo que ella firmó, en 2011, una solicitud de libertad de uno de los procesados por la retoma del Palacio de Justicia, en un comunicado de prensa que se publicó en varios periódicos de amplia circulación, junto con José Obdulio Gaviria y José Félix Lafourie, entre otros.

No sólo esta congresista sino otros defensores de Plazas Vega y hasta su apoderado dentro del proceso, que justamente está siendo revisado en la Corte Suprema, afirman que usted se “inventó” la declaración del testigo principal contra el coronel, un cabo que se llama Édgar Villamizar, quien aparece en el proceso atestiguando, frente a usted, contra Plazas, y años después dijo que nunca la había visto.

De él también se dijo que su firma había sido falsificada y que el apellido estaba mal escrito. Pues bien, existe plena prueba sobre la autenticidad de la firma que el señor Villamizar escribió durante la diligencia en que estuvo presente y que rindió ante mí, como fiscal del caso que era, el 1° de agosto de 2007. Es cierto que él se retractó cinco años después, o sea en 2012. ¿Adivine quién gestionó la diligencia de retractación que no quiso hacer sino ante el procurador Ordóñez? El señor Ricardo Puentes que hoy huye, según el artículo que usted menciona, justo cuando le imputan los delitos de injuria y calumnia por los que lo denuncié. Pero, sorpréndase: Puentes también fue quien llevó, personalmente, al testigo del proceso Plazas Vega al Juzgado 55 Penal del Circuito en donde estuvo sentado, durante toda la audiencia y a la vista de los presentes, hasta cuando el testigo negó lo que había afirmado años atrás.

Pues la veracidad de ese testimonio ha sido puesta en duda incluso por un magistrado del Tribunal Superior de Bogotá.

Múltiples pruebas periciales corroboran que el cabo Villamizar sí estampó su firma en la declaración de 2007. La contradicción entre su testimonio de entonces y su retractación, cinco años después, no demuestra una falsedad mía sino, más bien, una presión externa para desconocer hechos confrontados con otras pruebas. Alguien podría preguntarse cómo es posible que varios años después de que se conoce el nombre del cabo a través de la prensa, se dice que él declaró, se exponen fotos de su hoja de vida militar, jamás él hubiera aparecido a desmentir lo que se decía. Y cómo es posible que, repentinamente, aparezca de la mano del señor Ricardo Puentes, el mismo defensor de Plazas Vega y quien venía intentando desprestigiarme, en la Procuraduría y el Juzgado 55 Penal, a negar lo que había dicho y firmado. ¿No le parece más contradictoria la segunda versión que la primera?

No sólo hay dudas. Usted ha sido investigada por este testimonio y por otras pruebas que recaudó en el caso Plazas. ¿Concluyeron las causas en su contra y cómo?

He padecido multiplicidad de investigaciones disciplinarias y penales que se formularon contra mí por haber cumplido con la labor de examinar, seriamente, los hechos del Palacio de Justicia. Para mi satisfacción, las instancias competentes concluyeron que no existieron hechos irregulares o indebidos de mi parte. Valga decir que, por segunda vez, y en esta ocasión ante la Corte Suprema de Justicia, la Fiscalía General radicó solicitud de preclusión a mi favor, en la indagación que ya había sido archivada por inexistencia de delitos.

¿Quiénes la denunciaron a usted por su investigación a Plazas Vega?

Además de la señora Cabal, siempre me han atacado, desde cuando fui la fiscal del caso Plazas, varias personas que todavía denigran de mi nombre, de mi ejercicio profesional de abogada y de mi condición de fiscal, y que tienen vínculos ideológicos con ella: Plinio Apuleyo Mendoza, Eduardo Mackenzie, Fernando Londoño y otros. Este es un tema que ha repercutido no sólo sobre mí, que finalmente opté por retirarme de la carrera judicial, sino sobre todos los funcionarios que, de una u otra forma, cumplieron con su deber de investigación y juzgamiento de los responsables del Palacio de Justicia.

Pero nos apartamos del tema: el supuesto “periodista” Puentes, o sus amigos, afirman que él nunca fue notificado de la denuncia en su contra sino ahora, cuando le imputaron los dos delitos de difamación…

No es cierto que no hubiera sido informado de la investigación en su contra. Se cursaron comunicaciones a las direcciones registradas a su nombre y nunca apareció hasta la última diligencia que se celebró hace unos días.

¿En qué fecha puso la denuncia contra Puentes y por qué ahora argumenta que lo persiguen y sale del país?

Lo denuncié por una columna que rebasó mi paciencia y que él tituló la “Caída del muro de Berlín en la Fiscalía” y que publicó en la página web de su autoría, en septiembre de 2010. Lo hice ante el fiscal general (e) de la época (Guillermo Mendoza Diago). Éste decidió enviar mi denuncia a la Unidad de Terrorismo. Posteriormente, se trató de ubicar a Puentes para formularle la imputación, pero como le dije antes, nunca compareció. Sólo decidió asistir a la diligencia del 5 de junio pasado, en donde, de manera extraña, manifestó que no tenía conocimiento de la investigación a pesar de que yo misma la comenté en público y de que sus propios amigos escribieron sobre el tema hace por lo menos cuatro años.

Con independencia de la responsabilidad que pudiera caberle a su denunciado y de su supuesta renuencia a atender la investigación, parece excesiva la medida de embargo que el juez habría decretado contra la vivienda del imputado


Mal habrían podido decretar un embargo cuando no se ha solicitado. No es cierto que se hubiera tomado esa medida. No obstante, creo que acabar con la honra, reputación y nombre de una persona, como él lo hizo contra los míos, bien amerita medidas de esta naturaleza para restablecer los derechos que me violó y siguen violando otras personas, como las afirmaciones irrespetuosas de esta semana en la plenaria de la Cámara.

Para usted, entonces, ¿el señor Puentes no está exilado sino fugado?

Yo no puedo decir si salió del país o no. Sí puedo afirmar que ha faltado a la verdad, que ha escrito inventos y mentiras sin ningún rigor ético, y que a él solo lo asiste la intención de defender políticamente y con cualquier arma a su alcance a sus aliados y amigos de causa.

Esta polémica tiene interés, más allá de su caso, porque el proceso del coronel Plazas está por terminar definitivamente: la Corte Suprema ratificará, en breve, la condena en su contra o la tumbará. Si el fallo condenatorio se cae, como parece, ¿usted aceptaría que se equivocó junto con la jueza y el tribunal que le impusieron el castigo penal?

Creo y sigo creyendo en la justicia y en el derecho. Es claro que, en el sistema jurídico, hay diversas instancias y por eso se justifican los recursos extraordinarios: para que haya diferentes miradas del mismo problema jurídico. Por ahora, lo importante es la coincidencia entre varios funcionarios sobre la evaluación de lo sucedido en el Palacio de Justicia, durante la retoma. Además, no olvide que la Corte Interamericana de Derechos Humanos dio por probado un modus operandi de desaparición. En mi opinión, no se trata de equivocaciones sino de que los hechos son tozudos.

Usted es ahora profesora universitaria y le pido que conteste como académica: nadie duda de que el caso Plazas es mucho más que un proceso de orden personal porque ha llegado a ser emblemático entre los militares. Si se cae esa condena, ¿las repercusiones serían generales o netamente individuales?

Pienso que el caso del Palacio de Justicia no sólo es emblemático, sino que se ha utilizado como fortín político, como un elemento de puja de poderes, como una forma de polarizar concepciones radicales contra otras, primordialmente humanistas. El Estado debe asumir el dolor de las víctimas que en nuestra historia son millares. Por eso, es claro que este caso no debe analizarse de manera aislada, sino en el contexto de los genocidios, de las masacres, de los homicidios agravados, de otras dinámicas perversas que se enquistan en la sociedad. Si la justicia no asume el rol que le corresponde con autonomía e independencia, no habrá esperanza posible para Colombia.

Los defensores de Plazas argumentan lo mismo que usted: que la justicia se ha “politizado”, pero aseguran que fue infiltrada por agentes de izquierda y de la guerrilla…

Es una forma de neutralizar la justicia. E, incluso, de intimidar, deslegitimar y poner en riesgo a los investigadores que cumplen con su deber. Lanzan ese discurso para convencer a quienes están fuera, que hay una guerra desde la Fiscalía o los juzgados y tribunales contra sectores del Estado como los militares, para enardecer los ánimos. Si hay funcionarios que han llegado a la rama con finalidades antijurídicas, quienes así lo afirman deberían entregar las pruebas para depurar la justicia, pero, además, para demostrar que lo que dicen es cierto. Lo que no se puede permitir es que se siga poniendo en la picota pública a todos los que pertenecen a la rama, entre quienes hay muchas personas que han dado la vida por el país, han sacrificado a sus familias y han contribuido al restablecimiento del tejido social.

Visión Cabal del periodismo
 
El pasado martes, cuando la Cámara estaba reunida para votar la reforma al equilibrio de poderes, la representante María Fernanda Cabal leyó una constancia que no tenía nada que ver con el objeto de la citación. Dijo que quería referirse a “un caso de persecución judicial que se sale de todas las proporciones imaginables” y cuya víctima sería “un periodista cuyo único delito es defender la democracia y el Estado de derecho”. (Lea las declaraciones de la representante)

A continuación mencionó a un individuo llamado Ricardo Puentes, que no es periodista profesional y quien solo publica en una página web que él mismo creó, sus opiniones de proselitismo político bastante agresivo, a favor de los uribistas y militares procesados por la justicia y en contra de quien no comparta sus tendencias. Puentes fue denunciado penalmente por la exfiscal “de hierro” Ángela María Buitrago, investigadora del coronel Plazas Vega en la retoma del Palacio de Justicia por las afirmaciones que hizo contra ella. Hace poco  él fue acusado por injuria y calumnia. Según sus amigos, hoy está en el “exilio”. Cabal, en su constancia, también se quejó de Noticias Uno por haber revelado que ella aconsejaba contratar a “un periodista” para neutralizar las denuncias contra el magistrado Jorge Pretelt.

“Me pidieron la renuncia por investigar”

¿Por qué terminó fuera de la carrera muy exitosa que tenía en la Fiscalía?

Por investigar, por trabajar y decidir en derecho lo que políticamente no era conveniente. O lo que, para alguien en particular, no era su prioridad. Los compromisos personales, sociales o políticos del momento (en que investigué el caso Palacio de Justicia) no afectaban mi criterio jurídico, y no entiendo ni entenderé las actuaciones políticas en la justicia que, irónicamente, mis contradictores me endilgan cuando son ellos y sus aliados quienes usan la justicia según sus propósitos partidistas y de ideología.

 
Se refiere a los grupos militaristas, pero, ¿también al fiscal general de su época, Guillermo Mendoza Diago?
Sí. Él fue quien me pidió la renuncia cuando dicté la apertura de instrucción y ordené la vinculación, mediante indagatoria, de tres generales en retiro por el caso de la desaparición y muerte del magistrado Carlos Horacio Urán, ocurridos en la  retoma del Palacio de Justicia.

¿Volvería a la carrera judicial?

Mi vocación siempre ha sido servir. Volvería si considero que puedo aportar algo con sacrificio, pasión y pulcritud, y no para alcanzar intereses personales. Pero también soy feliz en la academia, a la que siempre he pertenecido.

Por Cecilia Orozco.