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29 mar 2019

Perú: Audiencia del caso Manta y Vilca serán pública

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El Caso Manta y Vilca, de acuerdo a la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR), informó que mujeres de estas comunidades fueron abusadas sexualmente en las bases militares de Manta y Vilca en Huancavelica, durante una década, desde mediados de los 80' hasta mediados de los años 90'. Elementos militares de las mencionadas bases militares -oficiales y subalternos- usaron la violación sexual como arma de guerra, tortura y castigo contra las mujeres de  Manta y Vilca.

La Fiscalía mediante la acusación fiscal ha considerado el caso como un delito de lesa humanidad, prevaleciendo el derecho de conocer la verdad. En este caso, las agraviadas han manifestado y renunciado a un proceso en audiencia privada. Y, los magistrados del Colegiado "A" de la Corte Superior Especializada en Delitos de Crimen Organizado Y corrupción de funcionarios, resolvieron: 

Primero: Declarar el juzgamiento en audiencia pública. Disponer la privacidad de la audiencia siempre y cuando el caso lo amerite, a fin de proteger a las víctimas, testigos, acusados y/o actuación de la prueba.
Segundo: Declarar como medida de protección a las agraviadas la reserva de su identidad.

Notas relacionadas: #Opinión "Espanto enn Huancavelica", por Ronald Gamarra Herrera: http://kausajusta.blogspot.com/2015/05/espanto-en-huancavelica-por-ronald.html

Fuente Legis.

27 mar 2016

ONU aboga por el derecho a la verdad en memoria de Óscar Arnulfo Romero

La ONU celebró el Día Internacional del Derecho a la Verdad y para la Dignidad de las Víctimas, una jornada en la que rinde homenaje a Monseñor Óscar Arnulfo Romero, asesinado el 24 de marzo de 1980.

Monseñor Romero denunció activamente las violaciones de los derechos humanos de las personas más vulnerables de El Salvador, por ello, en esta fecha Naciones Unidas recuerda que todas las víctimas del mundo tienen derecho a saber la verdad sobre los abusos que las hayan afectado.
En su mensaje para la ocasión, el Secretario General de la ONU señaló que la verdad también beneficia a las comunidades en su conjunto porque constituye una salvaguarda contra la repetición de las atrocidades.

"El derecho a la verdad está estrechamente vinculado al derecho a la justicia", apuntó Ban Ki-moon.

Indicó que la ONU apoya los esfuerzos por esclarecer la verdad y devolver la dignidad a las víctimas, como las comisiones de investigación y los procesos de examen que documentan las violaciones de derechos humanos.

Ban subrayó que Naciones Unidas ha abogado por la celebración de consultas inclusivas y genuinas con las víctimas y los grupos afectados.

El titular de la ONU aseveró que se requiere la participación de las víctimas en todas las etapas de los procesos de justicia y enfatizó que estos deben reconocer la necesidad de medidas de reparación.

Llamó también a establecer mecanismos adecuados para la protección de las víctimas y los testigos, y pidió preservar los archivos y otros documentos relativos a las violaciones de los derechos humanos para asegurar que no se distorsionen los registros históricos y se preserve la memoria.


6 mar 2016

México: Resumen ejecutivo del informe Comisión de la Verdad “¡Ya Sabemos!

"¡Ya sabemos! ¡No más impunidad en Oaxaca! Resumen Ejecutivo del Informe Comisión de la Verdad, Oaxaca - México.
La Comisión de la Verdad de Oaxaca concluye formalmente sus trabajos de investigación sobre los hechos que motivaron violaciones a los derechos humanos acontecidos en los años 2006 y 2007. Se entregará a los tres poderes del Estado.

10 sept 2015

Impulsan creación de banco genético para identificar a desaparecidos en Paraguay

Por Braulio Moro.
La Dirección de Reparación y Memoria Histórica (DRMH) de Paraguay impulso la creación de un banco genético para que se pueda identificar los restos de desaparecidos de la dictadura de Alfredo Stroessner (1954-1989).
 
La dictadura militar de Alfredo Stroessner que gobernó Paraguay de 1954 a 1989 dejó miles de víctimas entre asesinatos, desaparecidos y exiliados. El proceso de recuperación de la democracia ha sido complicado, tuvo que atravesar no pocos obstáculos, como terminar con el miedo para que puedan expresarse los sobrevivientes. Un paso importante en ese camino es el impulso de la creación del banco genético paraguayo para identificar a los desaparecidos de esa larga dictadura.

Rogelio Goiburú, el director de la Dirección de Reparación y Memoria Histórica del Ministerio de Justicia de Paraguay. "Soy funcionario del Estado, pero a su vez spy víctima de terrorismo de Estado, hijo del médico Goiburú desaparecido desde febrero de 1977". Cuenta que "desde el inicio de los trabajos de excavación, hemos recuperado 34 cuerpos de personas que presuntamente serían restos de desaparecidos de la dictadura. Para ello hemos decidido crear en Paraguay el banco nacional de datos genéticos de familiares de desaparecidos y hemos contratado al equipo argentino de antropología forense, el equipo que más prestigio tiene debido a su experiencia y a su capacidad en el trabajo de investigación e identificación de desaparecidos en América Latina y en el mundo". 

La Dirección de Reparación y Memoria Histórica volvió a impulsar esta campaña en conmemoración del Día contra las Desapariciones Forzosas, que se recuerda el 30 de agosto.

El abogado Martín Almada, quien descubrió los llamados "Archivos del Terror" de la dictadura paraguaya, da las cifras registradas en estas 700.000 páginas: "Personas detenidas 19.862, personas torturadas 18.700, exiliados 126, paraguayos en Argentina cerca de un millón, desapariciones forzadas 459". Sin embargo, se considera que son cifras inferiores a la realidad, dadas en un momento en que la gente seguía viviendo con miedo (subrayado nuestro).

Más de dos décadas después del fin de la dictadura, la mayoría de la población paraguaya espera aún justicia... "Hay que tener en cuenta que en el interior de nuestro país hay muchísima gente que todavía no denunció la desaparición de sus amigos, su compañero, su pariente. Esto debido a la desconfianza en la Justicia, porque en nuestro país hay verdaderamente impunidad, y a su vez al miedo", explica Rogelio Goiburú.

El banco genético cuenta ya con más de 80 muestras de sangre y esperan alcanzar las 200 antes de octubre, aunque el proceso será largo y costoso. La mayoría de los responsables de los crímenes de la dictadura están libres y sin haber sido juzgados, no obstante la creación del banco genético es un paso cualitativo para el logro de la Justicia en Paraguay. 

Entrevistados: Rogelio Goiburú, director de la Dirección de Reparación y Memoria Histórica del Ministerio de Justicia de Paraguay, y Martín Almada, abogado quien descubrió los llamados "Archivos del Terror" de la dictadura paraguaya.

4 may 2015

Carlos Beristain “No hay que tenerle miedo a una comisión de la verdad”

Desde hace varios meses el gobierno y las Farc discuten en La Habana qué mecanismo de verdad o esclarecimiento de la historia construirán para resarcir a las víctimas del conflicto. ¿Qué tanto debemos esperar de ella?

Carlos Beristain ha seguido de cerca el proceso de paz colombiano como pocos. Él es uno de los expertos mundiales en comisiones de verdad. Nacido en el País Vasco, es defensor de derechos humanos y escritor, con más de 20 libros publicados, varios de ellos sobre su experiencia acompañando a víctimas de conflictos en todo el mundo. Es médico doctorado en psicología, y ha participado como asesor en procesos de verdad y memoria en Guatemala, El Salvador, Perú, Paraguay, Ecuador y España, entre otros países. Conoce nuestro país a profundidad, pues lo ha recorrido desde 1994 de la mano de comunidades de base. Junto a Alejandro Valencia Villa tuvo la experiencia en los años recientes, de asesorar la Comisión de la Verdad de las Mujeres Víctimas del Conflicto, de la Ruta Pacífica, un trabajo hecho con y desde ellas, que es un interesante precedentes para lo que se viene en Colombia en esta materia.

VerdadAbierta.com habló con Beristain sobre los retos y dificultades de tendrá que afrontar una eventual comisión de verdad sobre el conflicto en nuestro país. 

Verdad Abierta: En La Habana, gobierno y Farc empezaron a trabajar el tema de justicia por el de la verdad, porque pensaban que era el camino más fácil. Sin embargo, llevan meses en él y no han logrado un acuerdo. ¿Por qué este asunto se puede volver tan tortuoso?

Carlos Beristain: Porque cada vez que se discute sobre la verdad, se está discutiendo también sobre la legitimidad de cada parte del conflicto. Y porque siempre está en juego la relación entre verdad y la justicia. Eso limita la discusión sobre la verdad, a la que hay que entrarle en serio. En Colombia hay una negación de la historia reciente y se necesita la verdad para contribuir a la despolarización social.

 V.A: Las Farc confían en que un mecanismo de verdad absuelva su papel en la historia. ¿Usted cree que una comisión de este tipo le daría legitimidad a la guerrilla?

C.B: La verdad de un conflicto armado no es para darle legitimidad a nadie. Debe ser una investigación independiente, que tiene una legitimidad tanto por su metodología como por su integridad moral. Lo que sí creo es que deben esclarecerse no solamente las violaciones a los derechos humanos, sino también las causas de ese conflicto y los mecanismos que han hecho posible la violencia a gran escala que se ha vivido en Colombia. Eso tiene que hacer parte del mandato de esa comisión.

En parte ha sido lo que se intentó con la Comisión de Historia del Conflicto y sus Víctimas, pero lo que hemos visto es la construcción de dos relatos diferentes, en lugar de un relato básico de consenso que permitiera un punto de inicio para una comisión de la verdad. Eso revela cómo están las cosas en el país: la falta de una narrativa conjunta, unos mínimos que permitan un piso común. 

V.A: ¿Un relato único es posible y deseable?

C.B: No, un relato único nunca va a ser posible, pero un relato básico de consenso de las dos partes no sólo es posible sino necesario. 

V.A: Los militares le tienen miedo una la comisión de la verdad porque creen que tendrá consecuencias jurídicas. ¿Están en lo cierto?

C.B: Entiendo que las Farc tenga temores de que se cree una comisión que les diga que han cometido diferentes crímenes de guerra o que el Ejército tema que una comisión les diga que han participado en masacres. Pero no son ellos sino la sociedad colombiana la que necesita del esclarecimiento. La comisión de la verdad ayudaría a que una buena parte de la sociedad que ha vivido fuera del conflicto, justificando las acciones de ambos lados, y mirando hacia otro lado, tenga conciencia de lo sucedido.

V.A: Colombia a pesar de todo, es una democracia. ¿Podrá el Estado reconocer su cuota de barbarie?

C.B: El Estado debe reconocer las violaciones de derechos humanos que se cometieron en el marco del conflicto armado que estén documentadas y probadas. Tiene que reconocer eso, porque esa es la base que cualquier construcción de democracia. No es una discusión de calificativos. La discusión se debe llevar a contenidos: hechos, mecanismos que los han hecho posibles, y responsabilidades. Si empezamos la pelea por los calificativos se bloquean el esclarecimiento y la investigación. 

V.A: ¿Qué tan lejos ve a los dos actores que están sentados en La Habana de reconocer las atrocidades cometidas?

C.B: Esto ha sido un problema universal. Los guatemaltecos nunca quisieron ir a la comisión de la verdad. Los militares ni siquiera aceptaban que se llamara así. En el Salvador los militares tampoco querían la comisión y la guerrilla en la práctica estaba muy poco interesada, porque había cosas que les podían afectar a ellos. En el caso colombiano ha habido avances significativos como el proceso de consulta a las víctimas. Y creo que la Mesa debe dar respuestas a las demandas que éstas han hecho. Las Farc han hecho algunos actos de reconocimiento. Creo que estos actos son necesarios y hay que seguirlos haciendo. La discusión es cómo, con qué garantías, con qué consecuencias. 

V.A: ¿Una comisión de la verdad tiene consecuencias jurídicas?

C.B: Es muy difícil decir a priori las consecuencias jurídicas que pueda tener. Eso creo que depende mucho del diseño del proceso. Llegado a un punto la comisión debe plantearse temas como la justicia y la reparación. 

V.A: O sea que verdad y justicia no son secuenciales…

C.B: Al inicio se puede hacer secuencial, pero después esas cosas deben discutirse a la vez. Si esas investigaciones van a tener efectos jurídicos o no es algo que debe estar claramente definido. Pero si iniciamos la discusión por lo judicial, se puede retrasar el esclarecimiento de los hechos. Ahora, las partes del conflicto necesitan una seguridad jurídica y eso lo van a exigir antes de firmar un acuerdo. De todos modos esa seguridad jurídica no quiere decir que no haya consecuencias. 

V.A: ¿Cuál debería ser el diseño para el caso colombiano?

C.B: Hay que tener cuidado porque en Colombia todo se termina judicializando, o dicho de otra manera, los aspectos legales dominan la discusión y eso puede terminar limitando el derecho a la verdad. Hay que dejar que una eventual comisión trabaje ampliamente y que supere los obstáculos que se dieron en otros países. Por ejemplo, tiene que tener acceso a la información oficial. Las comisiones deben tener un cierto poder para entrevistar a gente que no va directamente a dar testimonio, pero que la comisión considera que es importante. 

V.A: Aunque esos testimonios queden sellados y no sean públicos…

C.B: Por supuesto. La comisión establecerá acuerdos con testigos claves o protegidos. Pero tiene que tener cierto poder y no depender de la voluntad política de los gobiernos. Los casos de Guatemala y el Salvador fueron muy negativos en ese sentido porque hubo negación de información que años después se descubrió que sí estaba en archivos. Información que el Estado le negó a la comisión. En el caso colombiano estas cosas deben superarse. Que a los temas relativos a la confidencialidad, a la seguridad interna no terminen imponiéndose sobre el esclarecimiento y la verdad. 

V.A: Entonces ¿verdad y justicia van de la mano?

C.B: Es muy difícil que mientras se va trabajando una comisión de la verdad se pongan en marcha procesos jurídicos. Eso complica todo. Lo que ha habido en la mayor parte de países, después de la comisión de la verdad, es muy poca justicia. Creo que primero se necesita un esclarecimiento. Eso no significa que mientras tanto no se pueda hacer el diseño de la justicia transicional. Mientras trabaja la comisión, las partes deberían tratar de hacer cosas que sean útiles para las víctimas, que sirvan de reconocimiento. Eso contribuiría a despolarizar la sociedad y superar un cierto descredito que tienen. 

V.A: Estos reconocimientos suelen hacerse bajo cálculos políticos pero no de corazón…

C.B: La comisión debe tener una posición independiente que le permita decir lo que está bien y lo que está mal y tiene que llamar a las cosas por su nombre. Los responsables, también tienen que llamar las cosas por su nombre. Se llama así y no de otra manera y vine a reconocer mi responsabilidad. Porque eso es un elemento de limpieza interna, de demostrar una actitud de cambio. Todas las formas de reconocimiento y perdón deben estar asociadas a una demostración de ruptura con el pasado. 

V.A: Las Farc creen que la verdad va a resolver la carga de impunidad que hay en 50 años de conflicto. ¿Será así?

C.B: Todas las comisiones han trabajado sobre períodos históricos muy grandes, pero en la práctica se concentran en las violaciones a los derechos humanos más graves. En Guatemala la comisión trabajó desde el año 76 hasta el noventa y pico. No pudo esclarecer mucho lo de los años 60 porque no había testigos vivos y porque las víctimas no se presentaron. Entonces creo que no hay que tener una idea muy pretenciosa de que se va a aclarar todo. En el caso colombiano son 50 años, es verdad, pero ya hay muchas cosas hechas. 

V.A: Hay sectores civiles, cómplices de actos actores, asustados con esto de la verdad y se prevé que se opongan a ella...

C.B: Cuando la violencia penetra en el tejido social y hay un involucramiento cada vez mayor de la sociedad civil en el conflicto, se generan enormes desafíos para la reconciliación. Si los perpetradores siguen teniendo control y capacidad de coacción sobre las víctimas, no hay reconciliación ni verdad sino una imposición de condiciones materiales que las víctimas deben asumir, y eso se ha dado en muchos países. El que mató no solamente mató, sino se quedó con la tierra, y en fin todo eso debe ser revisado.

Hay otro nivel de participación de los civiles, al margen de la dinámica militar del conflicto, y es lo que lo hemos visto con la parapolítica. Porque los mecanismos de la guerra no son solamente militares, sino que la guerra da paso a relaciones políticas y económicas. Lo que necesita Colombia es un reconocimiento global de la participación y responsabilidad en el conflicto de todos, porque esa es la puerta para una transformación. 

V.A: ¿Ese tipo de verdad ayuda al cambio político?

C.B: Ayuda porque supera las memorias defensivas; aquellas en las que yo me centro en las cosas que me duelen, con la gente que me identifico: los soldados secuestrados, asesinados etc; por un lado; o los guerrilleros asesinados y comunidades masacradas, por el otro. Anclados en las memorias defensivas no se ve el dolor del otro lado, solo se cohesiona el grupo, y con el tiempo este tipo de memoria agudiza el conflicto. 

V.A: Los militares colombianos se niegan a reconocer una responsabilidad institucional y apelan a la tesis de las manzanas podrida. Los guerrilleros minimizan sus actos ¿Qué hacer con el negacionismo?

C.B. El proceso de reconocimiento va a ser eso: un proceso que no se da de la noche a la mañana. En Chile al jefe de los carabineros le tomó ocho años admitir lo que hicieron. Eso va a tener su camino pero hay que empezar a discutirlo para que se flexibilicen las actitudes. Sí la comisión parte de la defensa de una tesis, no hay nada que hacer. Como pasó en Argentina con la tesis de los dos demonios, que consagró el informe y que se ha venido desestructurado con los años y la investigación posterior. En el caso de Guatemala la tesis era que los indígenas estaban engañados por la guerrilla.

Creo que una comisión tiene que promover el esclarecimiento y tiene que trabajar con datos que no se puedan negar. ¿Algunos van a seguir negando? Por supuesto que sí. La masacre de Srebrenica todavía es negada. Todavía es imposible hablar en Serbia de lo que pasó allí, y el centro de documentación sobre la guerra que hay en Bosnia, está vacío, porque hay una tendencia a la negación de la historia. Eso es parte de los procesos. Eso no va a ser fácil. 

V.A: ¿Sirve la verdad para sanar heridas morales?

C.B: Elementos de restauración deben estar presentes precisamente por el impacto de la violencia en el tejido social, por las múltiples responsabilidades en la violencia en lo local, lo cual lleva al desafío de cómo se reconstruye esa convivencia local. Debería haber medidas restaurativas como parte de una política que nace de los acuerdos de paz. Eso sería importante. 

V.A: ¿La comisión debe ser de sabios o con participación popular?

C.B: Esas dos cosas no son disyuntivas. La verdad no es un estudio hecho por expertos que vienen al país por uno o dos años y sacan un libro. Claro que la comisión debe dar como resultado un informe que esclarezca, y que dé recomendaciones para la transformación política y la prevención de la violencia. Ese debe ser su resultado. Pero también es un proceso que debe lograr que en el camino se asimile la verdad, debe haber audiencias públicas. En el caso colombiano, a pesar de que el tejido social ha sido muy golpeado, todavía está vivo y creo que una comisión tendría que abrirle el espacio a este tejido social. 

V. A: ¿Puede la verdad contribuir a una mayor polarización?

C.B: Yo creo más bien lo contrario. La pólvora para el conflicto es la negación. La comisión debería hacer las cosas de una manera que evite el uso político de la verdad, para eso debe hacer una investigación amplia y tiene que haber un reconocimiento plural de las responsabilidades, y no concentrarse en un solo tipo de evento o responsabilidades.

En el país Vasco hemos sufrido un fenómeno de violencia política durante muchos años y hemos hecho encuentros de víctimas diferentes y ellas nos han mostrado un espacio de reconocimiento mutuo mucho más amplio del que permite la sociedad. 

V.A: Si lo acordado en La Habana no sale con el nombre de comisión de la verdad ¿deberíamos preocuparnos?

C.B: Yo creo que sí. A las cosas hay que llamarlas por su nombre. A la comisión de la verdad no hay que tenerle miedo, porque es un proceso de sanación colectiva que va a ser muy importante para Colombia.

Notas relacionadas:

15 abr 2015

Ariel Dulitzky: “Las comisiones de la verdad son importantes para esclarecer qué pasó”


Lo aseguró Ariel Dulitzky, que dirige la Clínica de Derechos Humanos de la Universidad de Texas. Para el abogado argentino, este tipo de comisiones son fundamentales para “reestablecer la verdad histórica”. Y aclaró que “no reemplazan a la justicia".
El argentino Ariel Dulitzky es director de la Clínica de Derechos Humanos de la Universidad de Texas, en Estados Unidos, y un reconocido experto en la materia avalado por una larga trayectoria en distintos organismos. En diálogo con Infojus Noticias habló, desde su despacho en Austin, sobre la importancia de las Comisiones de la Verdad, el antecedente sentado por la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP) y la propuesta incluida en el Memorándum de Entendimiento con Irán.
“Las Comisiones de la Verdad son sumamente importantes y en general se han utilizado para procesos de transición a la democracia, salidas de conflictos armados, de guerras civiles”, enumeró Dulitzky. Y agregó que el ejemplo más típico es la CONADEP en Argentina: este modelo “sirvió para desarrollarse en muchísimos países del mundo en distintos contextos”.
No hay un solo modelo de Comisión de Verdad como no hay un solo actor, conflicto o solución. Hay modalidades que van desde investigaciones “muy limitadas a un hecho determinado” hasta otras que pueden “otorgar perdones o amnistías” y las que implican “investigar todo tipo de violaciones a derechos humanos”, explicó Dulitzky. Los casos que se dieron en Perú, Guatemala, Sudáfrica, y El Salvador son algunos de ellos.
“Por ejemplo, la CONADEP no investigó toda la dictadura militar, sino un aspecto puntual”, explica Dulitzky sobre el caso argentino. Mientras que la comisión de la verdad de Sudáfrica fue para todo el apartheid. “Incluso para aquellos que daban confesiones sobre algunas de las violaciones que habían cometido durante el apartheid, la Comisión podía otorgarles amnistía”, distinguió Dulitzky. Algunas de las comisiones fueron creadas por el Estado, otras por particulares y en otras oportunidades por organismos como Naciones Unidas, “que son más comisiones de investigación y no necesariamente llamadas Comisiones de la Verdad”, detalló Dulitzky.
“Lo que es importante es que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) en muchísimos casos ha dicho que las Comisiones de la Verdad son muy importantes para esclarecer lo que pasó, reestablecer la verdad histórica, pero que no reemplazan a la justicia y nunca pueden reemplazarla. Son dos procesos paralelos. Uno es verdad y el otro es justicia. Y que nunca puede ser una comisión de la verdad utilizada para reemplazar a la justicia”.
En el caso del memorándum, la Comisión de la Verdad propone que haya dos miembros nombrados por Argentina y otros dos por Irán. Entre los cuatro se ponen de acuerdo en la designación de un quinto miembro, internacional.  “Esto es una modalidad que no es nueva y que permite esta composición que es mixta. Que lo que hace muchas veces es garantizar cierta independencia, cierta imparcialidad, darle mayor legitimidad, porque no es solamente un sector del Estado el que la integra, por ejemplo”, agregó. “Una de las particularidades que tiene el acuerdo con Irán es que crea una Comisión donde habría un acuerdo entre dos Estados”, dijo Dulitzky.
Y resaltó la necesidad de que las Comisiones de la Verdad, cuando tienen claras facultades de investigación, puedan acceder a todos los documentos que se necesitan, que accedan a la posibilidad de interrogar todos los testigos, víctimas. “Que tengan la posibilidad de digitar todos los lugares que crean importantes, que tengan un presupuesto que les permita funcionar adecuadamente y que puedan nombrar el personal que sean y estén bajo absoluto control de los miembros de la comisión”. Dulitzky subrayó que estos son algunos de los elementos esenciales para los resultados de una comisión de la verdad junto con la protección a testigos que vayan a comparecer. “Todos estos son elementos que hacen que sea más o menos exitosa una comisión de la verdad. Tenemos ejemplos de todo tipo”, detalló.
Sobre el final, Dultizky arriesgó una reflexión, “las Comisiones de la Verdad no solo sirven para conocer la verdad, sino para hacer recomendaciones para que hechos así no se vuelva a repetir en el futuro. En este sentido es muy importante entender cuáles fueron las causas sobre un atentado terrorista, por ejemplo como funcionaron los servicios de inteligencia previos al atentado para ver si estaban en capacidad de predecir la posibilidad de un atentado terrorista, o incluso si estaban involucrados. Es muy importante lo previo para poder adoptar políticas públicas posteriores a partir de las recomendaciones que pueda hacer la Comisión por la Verdad”.

Cómo funcionan las Comisiones de la Verdad en el Mundo

Bolivia llevó adelante la primera investigación sobre los crímenes del Estado. La Conadep fue el segundo cuerpo de su tipo en la región y su tarea sirvió de base para la acusación en el juicio a las Juntas Militares. La Comisión de la Verdad y Reconciliación de Sudáfrica tuvo poder para ordenar arrestos.


A lo largo de la historia, las comisiones por la verdad fueron un intento de las sociedades y los Estados por transitar desde un período traumático, generalmente teñida por la violencia política institucional, hacia nuevas sociedades que persiguen la paz social. Según la definición del jurista francés Louis Joinet, estos cuerpos son “órganos oficiales, temporales y de constatación de hechos que no tienen carácter judicial y se ocupan de investigar abusos de los derechos humanos o el derecho humanitario que se hayan cometido a lo largo de varios años”

Desde 1974 se han creado más de treinta alrededor de todo el mundo. En noviembre pasado por ejemplo, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) convocó a un grupo de expertos para investigar la masacre de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, en México. Desde su nacimiento hasta hoy, las comisiones por la verdad fueron modificando sus formas, su naturaleza y su influencia para buscar esclarecer los hechos y lograr justicia. Aquí, un repaso por algunas de las que tuvieron un rol significativo. 

Argentina: la Conadep 
En la década del ’70, en la mayoría de los países latinoamericanos surgieron movimientos guerrilleros insurgentes. También se produjo un proceso político y gremial de ampliación de derechos y de mejoras en las condiciones laborales y salariales. Ese movimiento tuvo una reacción: las dictaduras militares que pusieron en marcha una feroz represión. Hacia mediados de la década del ’80, los Estados implementaron investigaciones oficiales para determinar el saldo de la masacre y las violaciones a los derechos humanos. El primer antecedente continental fue la Comisión Nacional de Desaparecidos Bolivia en 1982 y un año más tarde se creó en Argentina la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep), que se convirtió en una de las más importantes porque su trabajo sirvió como corpus para la acusación a los militares ante la justicia penal.

Cinco días después de asumir el gobierno, el presidente Raúl Alfonsín firmó el decreto 87/83 y creó la Conadep, que presidió Ernesto Sábato e integraron otros trece notables. “Aunque las acusaciones y los juicios iban a estar limitados a aquellos que ordenaron la represión o la ejecutaron con excesiva crueldad –quedando eximidos los oficiales de menor rango y los soldados que estrictamente obedecían órdenes-, la CONADEP debía proveer de un relato lo más exhaustivo posible de las ‘desapariciones’, el método preferido por los militares para disponer de los percibidos como enemigos”, escribió el investigador de la New York University (NYU), Greg Grandin, en “Las instrucciones de las grandes catástrofes: Comisiones por la verdad, historia nacional y formación del Estado en Argentina, Chile y Guatemala”.

Entre diciembre de 1983 y septiembre de 1984, la comisión recopiló miles de testimonios y visitó cientos de tumbas clandestinas y centros de detención y tortura. En noviembre de ese año, presentó su informe final, en el que documentaba la desaparición de 8.960 personas. Al concluir su trabajo, la comisión entregó 1.086 casos a la justicia y recomendó al gobierno crear una oficina permanente para recibir nuevas acusaciones. Aquél dossier, en el que se narraban las atrocidades cometidas por el horror militar, sirvió como base para recuperar los relatos de las víctimas que desfilaron por el estrado durante al Juicio a las Juntas Militares.

Esta tarea de la Conadep fue rescatada al momento de discutir el rol de la Comisión por la Verdad que se crearía en el marco del Memorándum de Entendimiento Argentina-Irán. Uno de los argumentos de la Cámara Federal porteña para declarar la inconstitucionalidad de ese documento fue una supuesta intromisión de la futura comisión en un trabajo que correspondía a la justicia argentina. En la audiencia pública del martes pasado, ante la Sala II de la Cámara de Casación Penal, el subprocurador del Tesoro de la Nación, Horacio Diez, reflotó el papel del cuerpo creado por Alfonsín para echar por tierra el argumento.

“La Conadep, hasta la presentación de su informe, cumplió cometidos de naturaleza cuasi instructoria incluso más amplios que los que el Memorándum le asigna a la Comisión por la Verdad”, introdujo. Recordó que en aquella ocasión, “la propia Cámara Criminal y Correccional Federal –por supuesto que con otra composición- en la histórica causa N°13/84, al igual que la Corte Suprema, descartaron entonces que la labor cumplida por la Conadep hubiera lesionado principio, garantía o derecho constitucional alguno”. Y al final de su intervención, remató: “Igual criterio corresponderá adoptar en el presente caso”. 

El giro hacia la “reconciliación” 
En otros países latinoamericanos, los gobiernos militares y sus aliados salieron más fortalecidos y lograron imponer la impunidad de sus crímenes a cambio de una ilusoria cohesión social. En esos casos, las Comisiones de la Verdad se alejaron de las pretensiones de justicia y quedaron en la esfera de las emociones. La “reconciliación” quedó por encima de la justicia.  

Fue el caso de Chile. La dictadura que encabezó Augusto Pinochet terminó el 11 de marzo de 1990, después de 17 años de represión estatal. Poco más de un mes después, el presidente Patricio Aylwin creó por decreto la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación, más conocida como la Comisión Rettig.

En Perú, la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) fue inaugurada el 13 de julio de 2001 y presidida por Salomón Lerner Febres, entonces rector de la Pontificia Universidad Católica del Perú. En agosto de 2003, el informe listo sobre las violaciones a los derechos humanos -entre 1980 y 2000- concluyó que durante los años de guerra murieron unas 70 mil personas, de las cuales más de 20 mil fueron víctimas de las Fuerzas Armadas.

En Guatemala, la dimensión del horror que alcanzó el genocidio (1958-1994) quedó plasmada en los doce volúmenes del impresionante informe “Guatemala. Memoria del Silencio”, que redactó la Comisión para el Esclarecimiento Histórico de Guatemala (CEH). La investigación, que demoró cinco años y recolectó más de 8.000 testimonios, concluyó que los militares cometieron 626 masacres y fueron responsables del 93 por ciento de los abusos a los derechos humanos, incluidos 200.000 asesinatos políticos. Además, responsabilizó a la guerrilla por el 3 por ciento de las violaciones a los derechos humanos y 32 masacres. Sin embargo, aquel diagnóstico aún está lejos de reflejarse en los tribunales. En mayo de 2013, el exdictador Efraín Ríos Montt fue condenado a 80 años de prisión por genocidio y delitos de lesa humanidad. Dos semanas después, la condena fue anulada por defectos de forma en el proceso y se ordenó un nuevo juicio.

El Comité de Iglesias paras Ayudas de Emergencia (CIPAE) de Paraguay publicó en mayo de 1990 el informe “Paraguay: Nunca Más”. El saldo: 360 mil personas en las cárceles de Alfredo Stroessner, y un millón y medio de paraguayos empujados al exilio.

En octubre de 2011, la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, creó una Comisión de la Verdad que está investigando torturas y asesinatos durante la dictadura militar (1964-1985). La Comisión no podrá castigar a los responsables, beneficiados por la Ley de Amnistía dictada en 1979 por el último presidente del régimen militar, el general Joao Figueiredo. 

En África 
Al menos un tercio de las comisiones de la verdad que han sido creadas en el mundo fueron en el continente africano, uno de los más castigados por la violencia política.

La primera fue en Uganda, tercera en el mundo después de la argentina y la boliviana. Se llamó Comisión de Investigación sobre la Violación de Derechos Humanos y fue creada en 1986 por el Ministerio de Justicia. Presidida por un juez, investigó las violaciones de derechos humanos entre 1962 y 1986. Sin embargo, no tuvo recursos y le costó funcionar. Presentó su primer informe a los nueve años cuando el interés por el tema había perdido peso en la agenda política del país.

En 1991, se creó la Comisión Investigadora de Crímenes y Malversaciones Cometidas por el ex presidente de Chad Hissène Habré, que gobernó el país entre 1982 y 1990. Tuvo falta de apoyo institucional y tomó las entrevistas a las víctimas en un antiguo centro de detención, pero fue el primero de la región en señalar responsabilidades individuales.

En 1995, emergió la Comisión de la Verdad y Reconciliación de Sudáfrica (TRC). Tuvo varios aspectos novedosos: fue la primera en el continente que incluyó explícitamente el objetivo de la reconciliación. Además, permitió la participación popular en la selección de sus miembros, tuvo varias oficinas regionales, un presupuesto anual de muchos millones de dólares y un numeroso equipo interdisciplinario. Además, tuvo poder para confiscar y ordenar arrestos. Y uno inédito: podía otorgar amnistías.

Fuente INFOJUS:
http://infojusnoticias.gov.ar/nacionales/como-funcionan-las-comisiones-de-la-verdad-en-el-mundo-8066.html

10 dic 2014

Comisión Nacional de la Verdad de Brasil presentó su informe final

En el día mundial de los Derechos Humanos, 10 de diciembre, la Comisión Nacional de la Verdad de Brasil (CNV), después de 2 años y 7 meses de trabajo, entregó al Poder Legislativo y Judicial de Brasil el Informe Final de la CNV. 

La ceremonia oficial se llevó a cabo en el Palacio de Planalto, y se entregará a la Presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, de manos de los miembros de la CNV. La CNV fue creada para esclarecer, indicando las circunstancias y autoría de las graves violaciones a los derechos humanos durante 1946 y 1988, con el objetivo de hacer realidad el derecho a la memoria y a la verdad histórica y promover la reconciliación nacional.

El informe está dividido en tres volúmenes. 

El Volumen I, la CNV, las graves violaciones a los derechos humanos, las conclusiones y las recomendaciones. Este volumén está dividido en dos tomos.






El Volumen II, sobre los textos temáticos. 
El volumen III, sobre los muertos y desaparecidos políticos.
                             
Traducción libre del Equipo de Incidencia en Derecho.
Fuente CNV Brasil: http://www.cnv.gov.br/

7 ago 2014

ICTJ y Fundación Kofi Annan: ¿Pueden las Comisiones de la Verdad Fortalecer los procesos de paz?

El Centro Internacional para la Justicia Transicional - ICTJ y la Fundación Kofi Annan presentan el informe conjunto, "Desafiando lo convencional: ¿Pueden las Comisiones de la Verdad fortalecer los procesos de paz?". El informe analiza los factores comunes acerca de las comisiones de la verdad, creadas raíz del conflicto y los factores que hacen probable que tenga éxito o fracaso.

El informe surge de un simposio de alto nivel organizada por el ICTJ y la Fundación Kofi Annan, en noviembre de 2013, con financiación del Gobierno de Finlandia. Esas discusiones se centraron en lo que parece una paradoja singular. A pesar de aumentar el conocimiento de los complejos desafíos que enfrentan las comisiones de verdad en las situaciones posteriores a los conflictos y la creciente uniformidad de sus mandatos, varios procesos de búsqueda de la verdad recientes han sufrido crisis casi paralizante.


23 jul 2014

Argentina entrega a la Comisión Nacional de la Verdad documentos sobre desaparecidos brasileros

A Comissão Nacional da Verdade recebeu esta semana da Comissão pela Memória da Província de Buenos Aires (CPM) e publica a partir de hoje o relatório "Víctimas del Terrorismo de Estado", que reúne documentos encontrados no Arquivo da Divisão de Inteligência da Polícia da Província de Buenos Aires. A nova documentação traz informações sobre as circunstâncias da prisão e desaparecimento de onze cidadãos brasileiros na Argentina.

O conjunto de documentos inclui também informações do Estado Argentino sobre seis argentinos presos e desaparecidos no Brasil e sobre mais outros seis casos de graves violações de direitos humanos envolvendo a colaboração de organismos da repressão de ambos os países. A documentação inclui ainda acervo sobre o monitoramento sofrido pelo ex-presidente João Goulart em solo argentino.

A documentação entregue e que passa a ser divulgada a partir de hoje no site da CNV atende solicitação feita pela Comissão Nacional da Verdade durante a missão realizada pela Comissão ao país vizinho em abril de 2013. 

Durante a missão na Argentina, o secretário-executivo da CNV, André Saboia, reuniu-se com o presidente da CPM, Hugo Cañon, e com a diretora de pesquisa Sandra Raggio. Na reunião, foi definida a pauta de trabalho para a elaboração do relatório.

Os casos de brasileiros sequestrados e desaparecidos na Argentina presentes no relatório são os de Edmur Péricles Camargo; David Chab-Tarab; Francisco Tenório Cerqueira Júnior, o Tenorinho; João Batista Rita; Joaquim Pires Cerveira; Jorge Alberto Basso; Maria Regina Marcondes Pinto; Roberto Rascado Rodriguez; Sergio Fernando Tula Silberberg; Sidney Fix Marques dos Santos e Walter Kenneth Nelson Fleury.

Os casos de argentinos presos e desaparecidos no Brasil são os de Antonio Luciano Pregoni, Horacio Domingo Campiglia, Jorge Oscar Adur, Lorenzo Ismael Viñas, Norberto Habbeger e Susana Pinus de Binstock.

Os outros casos de graves violações de direitos humanos listados são os desaparecimentos de Ary Cabrera Prates e Marcos Arocena, cidadãos uruguaios filhos de pais brasileiros, assim como os casos dos brasileiros Daniel José de Carvalho, Joel José de Carvalho e do argentino José Lavecchia, desaparecidos em julho de 1974, próximo à fronteira da Argentina, no Parque Nacional de Foz do Iguaçu.

Documento de Estado argentino, "Víctimas del terrorismo de Estado. Informe de la Comisión Provincial por la Memoria (Argentina) para la Comisión Nacional de la Verdad de Brasil" (Versión en españól).