Mostrando entradas con la etiqueta Memoria. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Memoria. Mostrar todas las entradas

22 abr 2020

Argentina: A 35 años del juicio a las Juntas Militares

El 22 de abril de 1985 comnezaron las audiencias contra los comandantes de la última dictadura cívico militar.
Por Juan Pablo Csipka vía Página12.

El 22 de abril de 1985, la democracia recuperada un año y medio antes entró en una nueva fase cuando en el Palacio de Tribunales de Buenos Aires comenzaron las audiencias de la Causa 13/1984, la más trascendental de la historia argentina: la Cámara Federal juzgó desde ese día a las tres primeras juntas militares de la dictadura cívico militar instaurada en 1976. El juicio no tenía antecedentes en el mundo.

Su único precedente era el juicio a los comandantes de la dictadura griega (cuyo nivel represivo no alcanzó los niveles de los militares argentinos) y, más atrás, en materia de derechos humanos, el juicio de Nüremberg contra los jerarcas nazis en 1946. A diferencia del proceso contra los criminales del Tercer Reich, en la Argentina no había habido una guerra (salvo en la imaginación de los represores para justificar el terrorismo de Estado) ni la Patria estaba bajo ocupación de otro país: la guerra de Malvinas había terminado de derrumbar el autodenominado Proceso de Reorganización Nacional y las primeras elecciones desde el Golpe de 1976 habían llevado a la Casa Rosada a Raúl Alfonsín.

El camino al juicio
En la campaña de 1983, el candidato radical propuso tres niveles de responsabilidad para juzgar la responsabilidad de los genocidas: quienes dieron las órdenes, quienes las  cumplieron y quienes se excedieron. Al mismo tiempo, había propuesto declarar nula la autoamnistía del último dictador, Reynaldo Bignone. Por el contrario, Ítalo Luder, candidato del Partido Justicialista, daba por válida la autoamnistía.

El 13 de diciembre de 1983, apenas 72 horas después de haber asumido, Alfonsín puso la piedra basal del juicio con la firma del decreto 158, que ordenaba el juzgamiento de las juntas. Dos días más tarde se creó la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas. El 20 de septiembre de 1984, el informe de la Conadep certificó 8961 desapariciones durante la dictadura, así como el funcionamiento de más de 300 centros clandestinos de detención y el modus operandi de la represión: secuestro, tortura y asesinato.


Mientras la Comisión hacía su investigación, Alfonsín abrazaba la idea de la “autodepuración” de las Fuerzas Armadas que, a través del Consejo Supremo, juzgaría y condenaría a los responsables de la represión. Sin embargo, en el verano de 1984 sucedió un hecho clave: la reforma del Código de Justicia Militar, aprobada por el Congreso Nacional, habilitó la posibilidad de que la justicia civil apelara si los militares eran absueltos por sus camaradas de armas.

El plan original de aquella reforma no consideraba la dilación del Consejo Supremo. En el Senado, el neuquino Elías Sapag logró modificar el proyecto aprobado en Diputados y la nueva ley finalmente contempló la intervención de las cámaras federales si el Consejo dilataba sus sentencias.

Fue lo que ocurrió en octubre de 1984 cuando, tras la entrega del informe de la Conadep, el Consejo, que no había dado señales de una pronta decisión, hizo saber que consideraba “inobjetables” las órdenes impartidas para la represión ilegal. La Cámara Federal tomó las actuaciones y comenzó la carrera hacia el histórico 22 de abril del 85.

Aquel día, al igual que en la jornada en que la Conadep entregó su informe a Alfonsín, una multitud marchó en reclamo de justicia. La noche anterior, y por Cadena Nacional, el Presidente denunció que había movimientos de “los enemigos de la democracia” y llamó a una movilización a Plaza de Mayo para el 26 de abril, la noche en que desde el balcón de la Rosada anunció una “economía de guerra”, mientras se pergeñaba el Plan Austral.

"Se va a iniciar una etapa nueva de un juicio sin antecedentes en el mundo, de tal importancia que, de acuerdo con mi opinión, terminará con 50 años de frustración democrática y decadencia nacional", había dicho Alfonsín 24 horas antes que los jueces León Arslanian, Ricardo Gil Lavedra, Jorge Torlasco, Andrés D'Alessio, Guillermo Ledesma y Jorge Valerga Aráoz dieran inicio a la audiencia en la que Ítalo Luder declaró como primer testigo.

La estrategia del fiscal
La clave del juicio se basaba en que la fiscalía pudiera probar la responsabilidad penal de los nueve comandantes: por el Ejército, Jorge Rafael Videla, Roberto Viola y Leopoldo Fortunato Galtieri; Emilio Massera, Armando Lambruschini y Jorge Anaya, por la Armada, y  Orlando Agosti, Omar Graffigna y Basilio Lami Dozo por la Fuerza Aérea.

Para ello, el fiscal Julio Strassera recurrió a una figura del derecho alemán, usada en los casos contra oficiales del nazismo: el autor mediato. Es decir, aquel que media entre el delito y quien lo comete, que es el autor inmediato. El teórico alemán Claus Roxin fundamentó así que comandantes que no habían torturado ni asesinado con sus manos tenían la misma responsabilidad penal que de por sí cabía a quienes cometieron los delitos.

El argumento de Strassera fue determinante para conseguir la condena, si bien la Cámara Federal analizó la responsabilidad de cada arma y no la de las Juntas Militares, lo cual disminuyó la responsabilidad de los jefes aeronáuticos. Eso fue lo que permitió que Agosti recibiera 4 años y medio de cárcel frente a las perpetuas de Videla y Massera, sus compañeros en la junta de 1976. Viola recibió 17 años y Lambruschini fue condenado a 8 años. Los demás resultaron absueltos.

Doble vara
Los testimonios de aquel juicio, que no se televisó, fueron estremecedores. Las presiones de los poderes de facto hicieron que apenas se difundiera un resumen diario de tres minutos y sin audio en los noticiosos de la noche. El 9 de diciembre de 1985 sí se transmitió por Cadena Nacional la sentencia. El 18 de septiembre, Strassera había culminado su alegato, en medio de aplausos y llanto, un momento de desahogo después de “17 dramáticas semana de audiencia”, como él mismo afirmó.

El fallo del 9 de diciembre consagró el fin de la idea alfonsinista de los tres niveles de responsabilidad, y ordenó juzgar las responsabilidades de los mandos inferiores: tras la condena de los autores mediatos, era el turno de los responsables inmediatos. El plan criminal de la dictadura cívico militar había sido probado por el Poder Judicial: la frontera entre el cumplimiento de órdenes y "los excesos" quedaba desterrada.

Después de la sentencia
A partir de allí comenzó otra historia, que culminó con la aprobación de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, alzamiento de Semana Santa mediante, que suspendieron los juicios contra los mandos intermedios. Los indultos de Carlos Menem hicieron el resto. Habría que esperar hasta 2003 para que se reactivaran los juicios contra los delitos de lesa humanidad, que reconocen en el juicio a las Juntas Militares de 1985 su momento fundante.

¿Qué dijo Borges de aquel juicio?
Uno de los asistentes a aquel primer juicio fue Jorge Luis Borges. Presenció la audiencia del 22 de julio de 1985, la más extensa del comienzo del debate. El escritor escuchó el testimonio de Víctor Basterra, prisionero en la ESMA. A los pocos días, Borges volcó sus impresiones en un breve texto, Lunes, 22 de julio de 1985, cuyo párrafo final alertaba sobre los riesgos de un negacionismo que, además de abominable, desde entonces sería insostenible:


“Es de curiosa observación que los militares, que abolieron el código civil y prefirieron el secuestro, la tortura y la ejecución clandestina al ejercicio público de la ley, quieran acogerse ahora a los beneficios de esa antigualla y busquen buenos defensores. No menos admirable es que haya abogados que, desinteresadamente sin duda, se dediquen a resguardar de todo peligro a sus negadores de ayer".


22 oct 2019

ONU: El antisemitismo es tóxico para la democracia, asegura un relator de la ONU

"Estoy alarmado por el uso creciente de temas recurrentes de carácter antisemita por parte de los supremacistas blancos, incluidos los neonazis y los miembros de grupos islamistas radicales, en consignas, imágenes, estereotipos y teorías de conspiración para incitar y justificar la hostilidad, la discriminación y la violencia contra los judíos. También me preocupan las crecientes expresiones de antisemitismo que emanan de fuentes de la izquierda política y las prácticas discriminatorias del Estado hacia los judíos", asegura Ahmed Shaheed, relator especial* sobre la libertad de religión o de creencias.

Shaheed hizo esa declaración al presentar a la Asamblea General su informe sobre la Eliminación de todas las formas de intolerancia religiosa.

"La violencia, la discriminación y las expresiones de hostilidad motivadas por el antisemitismo son un serio obstáculo para el disfrute del derecho a la libertad de religión o de creencia", agregó el relator especial, quien explicó que “los ataques a sinagogas, la profanación de cementerios o las restricciones al uso de símbolos religiosos y la práctica de ritos religiosos constituyen violaciones del derecho a la libertad de religión o de creencia de los judíos”.
el experto recoge una serie de incidentes antisemitas excepcionalmente violentos que han tenido un impacto desproporcionado en la sensación de seguridad de las personas judías en los últimos años.

“Sus comentarios durante el ataque y su actividad en los medios sociales en los días previos revelaron su creencia en multitud de teorías antisemitas de conspiración, arraigadas en una ideología de extrema derecha y supremacismo blanco”, resalta el informe.Entre ellos, menciona el del 27 de octubre de 2018, cuando un hombre armado atacó la sinagoga Tree of Life de Pennsylvania, en Estados Unidos, y asesinó a 11 fieles, hiriendo a otros siete, en lo que fue el atentado más mortífero contra los judíos de la historia del país norteamericano.




Fuente Noticias ONU: https://news.un.org/es/story/2019/10/1464131

15 sept 2019

Lurgio Gavilán: “Ya no soy guerrillero, ya no soy del ejército, ya no soy monje, pero admiro todas las vidas que he vivido”


El antropólogo Gavilán ha publicado Carta al teniente Shogún (Debate. 2019), un ejercicio de reflexión y memoria que, en clave epistolar, reconstruye su paso por Sendero Luminoso y agradece al militar que lo rescató del abismo, lo asimiló al ejército y le dio una segunda oportunidad. Domingo conversó con él esta semana.

Un grupo de soldados rodea a un joven senderista. Llevan fusiles y granadas; chompas negras; gorros de lana; y tirantes unidos a correas, de las que cuelgan cartucheras y cantimploras. El subversivo tiene la ropa hecha harapos, llena de agujeros por las balas que ha esquivado y está recostado sobre una roca. Todo debe terminar en ese instante. Pero nadie dispara. Un oficial ha ordenado que cese el fuego. Es una mañana fría de marzo de 1985. En las alturas del cerro Razuhuilca, provincia de La Mar, una columna de Sendero Luminoso que se refugiaba en una cueva ha sido aniquilada. Los ronderos que acompañan a los militares insisten en que maten al muchacho, al único sobreviviente del grupo subversivo. “Wañuychiychik chay terrucuta” (Maten a ese terruco), gritan en quechua. Él no responde. Quiere repetir todas las consignas que le han enseñado, citar a Gonzalo, Marx o Lenin, pero solo atina a decir el nombre que le asignó Sendero Luminoso: “Me llamo Carlos”. El hombre que le ha salvado la vida tampoco le dirá su verdadero nombre. Durante los cinco meses que lo criará en la base militar de San Miguel solo dejará que lo llame por su apelativo: Shogún, como la miniserie japonesa-estadounidense que Panamericana Televisión estrenó en 1981. Luego, el mismo muchacho se enrolará como soldado, siempre bajo la supervisión de Shogún. Será parte de Los Cabitos y conocerá a otros jóvenes sobrevivientes de la guerra contraterrorista, con los que participará en incursiones y patrullas. Años después será fraile franciscano, antropólogo, catedrático. Lurgio Gavilán, el verdadero nombre del muchacho que fue tomado como prisionero en Razuhuilca, se dedicará a tratar de entender por qué ocurrió la guerra que enfrentó a peruanos contra peruanos. En 2012 escribirá un primer libro de memorias. Y otro más, Carta al teniente Shogún (Debate. 2019), mucho más íntimo, en el que dialoga con el padre que conoció en el bando enemigo. El mismo oficial, hoy ausente, del que habla en esta entrevista.

Lurgio, ¿quién es el teniente Shogún?
Es el jefe de una patrulla militar que operaba en la década de los ochenta. Él fue el teniente que me capturó cuando yo pertenecía a Sendero Luminoso, en las alturas de Ayacucho. Él es el teniente Shogún. No sé si logramos entendernos.

Ese día, el día que la patrulla del teniente Shogún interceptó a la columna de Sendero Luminoso que integrabas, ¿tú, Lurgio, estabas dispuesto a morir?

Sí. Nos habían enseñado eso. Pero yo esperaba la muerte porque había mucho sufrimiento, mucha hambre. Había un ritual que hacíamos todos los días, todas las tardes: Uno podía morir al rato y hacíamos una despedida. La mayoría esperaba la muerte, con la muerte uno podía estar más tranquilo.

Esperaban la muerte para descansar de los horrores de la guerra o para comvertirse en mártires de Sendero?
No. En teoría decían que íbamos a hacer historia, que íbamos a ser mártires, pero la verdad es que no soportábamos tantas cosas.

En tu libro dices que otros jefes militares imitaron a Shogún y que luego de lo que él hizo contigo dejaron vivir a otros niños senderistas y los asimilaron al ejército. ¿Ese es el valor real del gesto de Shogún?
Sí, por supuesto. en mi primer libro (Memorias de un soldado desconocido. IEP. 2021) está narrado lo que vivieron otros niños senderistas en el cuartel. Lo de Shogún fue un gesto de humanidad, eran tiempos muy difíciles, se mataba niños.

Cuando recuerdas tu paso por Sendero, lanzas una pregunta: “No sé si éramos terroristas infames o luchadores sociales. ¿Qué cosa éramos?”. ¿Ya tienes una respuesta para esa interrogante?

No la tengo. Me pregunto estas cosas. Muchos dicen “estos monstruos sanguinarios”. Me pregunto por qué estábamos allí. Es muy complejo. Se me hace difícil dar una respuesta. Hay muchas zonas grises, pero hay gente que dice que solo hay blanco y negro, o eres perpetrador o eres víctima. Pero este conflicto armado fue distinto.
¿Qué fue lo más atroz que viste en Sendero?
Morirse de hambre. Vi a muchos senderistas morir de hambre.
Comían raíces.
Raíces, tierra, perros, caballos.
¿Perros?
Lo que había. Lo que se podía cazar.
Tú dices: “(Abimael) Guzmán era un monstruo, asesinábamos a nuestros propios compañeros”. Eso debió ser muy fuerte para un jovencito.
Sí, fue muy fuerte. Pero la vida normalizó todo esto. Eso era cotidiano, parte de la guerra. Si lo ves desde la ciudad, es atroz. Pero era muy normal eso, ver morir a tus compañeros, sangrando por las esquirlas. O que atacaras a las comunidades. Había que participar.
¿Quién fue Rosaura, Lurgio?
Cuando llegué a Sendero Luminoso, buscando a mi hermano, ella estaba allí. Fue la primera mujer joven que conocí. Hubo muchas veces que hicimos vigilancia. Hicimos una buena amistad. Siempre me animaba a estar allí, conversábamos, pasamos mucho sufrimiento, mucha hambre, y un día la mataron. Yo vivo con una culpa. Habíamos dicho que íbamos a morir juntos, o escaparnos, pero yo no cumplí mi palabra. Escapé para vivir. Me arrepiento de no haber muerto junto a ella. Me arrepiento de no buscar a mi hermano muerto. Eran tiempos de guerra, pero pienso que eso no es excusa.
Pero eras un niño. Qué culpa podías tener.
Éramos jovencitos. Yo tenía 13 o 14. Rosaura tenía 16. Éramos jóvenes pero nos sentíamos adultos.
¿Viste como cabito, ya en el ejército, algunas situaciones similares a las que viviste en Sendero?
Eran similares. Empezando por la disciplina, la pobreza, la obediencia muy vertical.
Eso es algo que no se dice. El ejército que representaba al Estado también era muy pobre.
Se vivía totalmente en pobreza. La ropa estaba agujereada. No había zapatos. Los soldados robaban a las comunidades. O les preparaban comida cuando llegaban a las comunidades.
¿Viste muchos abusos de los soldados contra las comunidades? ¿Viste crímenes sin motivo real?
Es que para identificar era difícil. Sendero Luminoso no decía “estoy aquí”. Estaba en todas partes. También había mucha gente que había venido de la costa a la fuerza, los habían llevado al cuartel Los Cabitos. Escuchaba “por culpa de estas comunidades, por culpa de Sendero estoy aquí”. Y tenían razón. Eran jovencitos, de 16 o 18 años, buscando a Sendero con el fusil.
¿La gratitud que sientes por Shogún no te ha llevado a idealizarlo? ¿No pudo ser él un violador de derechos humanos?
Eso es algo que aparece en el libro. La gratitud es lo que más resalta pero también aparecen otras cosas. Acá nada es blanco y negro. Tienes un ejército que es perpetrador pero al mismo tiempo tiene esta otra cara que es lo humano. Shogún fue un gran hombre, pero también estaba entrenado para matar al enemigo. Tampoco reniego con el ejército, allí encontré casa, familia, educación.
Cuentas que Shogún, cuando ya no estaba en la base, una Navidad, te envió de regalo una mochila verde y unos zapatos de cuero, ¿dirías que son los mejores regalos de Navidad que te han hecho?
Sí. Quizá. Duraron una eternidad. En Sendero Luminoso tuve unos zapatos de jebe…
Los “sietevidas”…
Sí. Se rompían y se parchaban. Y los seguí usando en el cuartel porque no había zapatos. Shogún buscaba pero no había. Algunos eran grandes, talla 40, pero no me quedaban. Yo era 34. Siempre estuve con los mismos zapatos hasta que estas cosas llegaron una Navidad. Era un paquete que decía “Para Carlitos”. Sus compañeros me decían: “Shogún te ha mandado”. Siempre pensaba que él llegaría para la próxima Navidad, pero nunca volví a verlo.
¿No sabes el nombre de Shogún?
No, todos usaban seudónimos.
Carlos Iván Degregori te recomendó buscar a Los Cabitos, los chicos que fueron soldados junto a ti, ¿tuviste éxito? ¿Los encontraste?
Sí los encontré. Eso está narrado en la segunda edición de mi primer libro, todo lo que vivieron está narrado allí.
¿Y ellos recuerdan a Shogún de la misma manera que tú?
No lo recuerdan. Recuerdan a otros militares que los salvaron. Shogún vivió solo 5 meses conmigo.
¿Y ellos, los otros cabitos, han leído tus libros?
Sí, leyeron uno. Nos hemos encontrado por la publicación de “Memoria de un soldado”. A veces hablamos, nos tomamos un café, para recordar la vida. A pesar de todas esas cosas, nos hemos superado, nos hemos levantado. Seguramente tenemos algún problema con nuestras memorias, estas cosas viajan a veces como un río subterráneo, para hacernos daño. A veces lloramos, caminamos en silencio. Algunos no pudieron estudiar. Yo estudié gracias a Shogún y a otros militares que me dieron oportunidades.
¿Por qué te convertiste en fraile franciscano?
(Se ríe) Habían unas monjas muy especiales, extraordinarias, misioneras de Jesús Verbo y Víctima. Ellas nos acompañaban en las patrullas, nos hablaban de Dios. Llevaban ropas, ostias, a los pueblos devastados por la violencia. Ellas me hablaban de Dios y me gustó. Creo que siempre estuve buscando algo de justicia social entre todo esto que pasaba. Ellas hablaban de eso, de amor al prójimo, en medio de los maltratos a las comunidades campesinas. Ellas me animaron a estudiar. Ya era otro tiempo. El tiempo del conflicto ya no era muy intenso. Ya habían capturado a Abimael Guzmán. Por eso me animé y dejé el ejército.
¿Y eres católico ahora mismo?
No. Ahora no soy nada. Ya no soy guerrillero, no soy del ejército, no soy monje, pero admiro todas las vidas que he vivido. Vivo agradecido también. Aprendí muchas cosas en las vidas que me tocaron.
En el noviciado sacaste algunas conclusiones sobre el concepto de Dios. En tu primer libro dices: “No había ni Adán ni Eva, ni diluvio, ni Abraham. Esos personajes solo eran ropajes literarios para explicar cosas más importantes (…) Por, último, ni dios existía como persona; pues decía el padre que si existiese no tendría sentido ser Dios. Dios estaba en el tiempo y el espacio. Dios era el bien y el mal. Dios era nuestro prójimo”. ¿Sigues creyendo eso?
Eso es lo que me enseñaron muy bien. Dios es prójimo. Dios no está en el cielo o en otra parte. Creo en eso. No hay un cielo, un limbo, no hay un infierno. Son como personajes, no existen. Pero sí existe nuestro prójimo. Y hay necesidad de vivir en grupo. Sin el otro es imposible vivir. Somos personas gregarias.
Conociste a dos cardenales, Juan Landázuri Ricketts y Juan Luis Cipriani, ¿qué recuerdas de ellos?
Recuerdo que en sus cumpleaños Juan Landázuri venía al convento de Los Descalzos, en Lima, allí vivía yo. A veces venía también a hablarnos. Hablaba de los franciscanos, nos animaba mucho. Celebrábamos muy bien los cumpleaños, con buena comida, con vino. Luego murió el viejo Landázuri, cantamos en su funeral, lloramos mucho. También recuerdo al otro, a Cipriani. Cuando quería iniciar mi carrera de fraile, las monjas me llevaron con él (Cipriani fue obispo auxiliar y arzobispo de Ayacucho de 1988 a 1999). Me decían: “Es buena gente, recibe al que quiere ser fraile”. Pero allí tengo un mal recuerdo, porque me botó, literalmente.
Te botó porque te preguntó si al ejército entraban prostitutas.
Es que yo tengo que contar las verdades cuando me preguntan, no podría contar otra cosa. No le gustó lo que le dije. Además era del Opus Dei, y yo creo que no servía para ese grupo. Luego tocamos la puerta de los franciscanos. Ellos me preguntaron: “Dónde has estado”. Yo les dije que en el ejército. Y ellos me respondieron: “Muy bien, necesitamos soldados”.
¿Como misionero franciscano volviste a ver la crueldad de la guerra?
Sí. Mucha gente venía para hablarnos. Cuando estuve en Puerto Ocopa, habían casas de los franciscanos en las que se criaba a los niños huérfanos de la guerra.
¿A qué nombre te sientes más cercano? ¿Al camarada Carlos, al Sargento Primero Gavilán o a Fray Lurgio?
(Se ríe) Mis niños me dicen Lurgio. No me dicen papá. Me siento más cómodo cuando me dicen Lurgio. O “Carlitos”, cuando me encuentro con los exsoldados, con mis compañeros.
Es el mismo nombre que usabas en Sendero.
Ah. Es que yo quería morir ese rato. Cuando me atraparon los soldados, me preguntaron cómo me llamaba. Y dije: “Carlos”, pensando que allí terminaba todo. Como escucharon ese nombre, siempre me llamaron así.
Tú querías ser enfermero, ¿por qué estudiaste antropología?
Sí, quería estudiar enfermería. Fui monje bastante viejo. Y no sabía mucho de estas cuestiones de ciencias sociales y antropología. Alguien me recomendó que me inscribiera, estudié en la Universidad de Huamanga. Yo creo que en segundo año empezó a gustarme, entender al otro, entenderme a mí mismo.
¿Dirías que la antropología te ha ayudado a entender tu propia historia, las circunstancias en las que viviste?
Me ayudó mucho. Creo que la antropología me ayudó mucho para ser más libre, para estar tranquilo, fue como una catarsis. Y la escritura también me ha servido para pensar lo que nos pasó, más allá de juzgar a la gente y decir: “Estos son malos, yo soy el bueno”. Esa no es la tarea del antropólogo. La tarea del antropólogo es comprender al otro, más allá de juzgar. Para juzgar al otro tenemos a los abogados.
Empezaste a escribir tus memorias en el convento.
Sí. En una segunda etapa en el convento había mucho tiempo. Escribía para mí. Nunca escribí para que lo leyera otra gente.
¿Y la carta al teniente Shogún dónde la escribiste?
Mira, tenía una pequeña cartita desde que él se fue, una mechita, una notita. La tenía guardada hasta que se rompió. Después, en México (donde estudió su maestría y su doctorado), empecé escribiendo dos hojitas. Así las tenía. Hasta que me animó José Carlos Agüero: “Escríbele a Shogún”. Y así empezó todo.
Dices en tu libro: “Somos los soldados de un conflicto que pudo evitarse si el Perú no tuviera tantas separaciones y brechas”. ¿Eso ha cambiado hoy?
Esa es una buena pregunta que me hago también. Mira, toda la historia del país, particularmente la de la región Ayacucho, está caracterizada por la pobreza, la desigualdad, la violencia. Sí hemos cambiado. Hoy tenemos carreteras, luz, pero las brechas aún son tremendas. Hay gente que vive el día a día. Les pagan 30 soles por día. Y no saben qué pasará mañana. Hay gente que vive en invasiones, año tras año, sin agua, sin desagüe.
Ahora eres maestro en la Universidad de Huamanga.
Sí, aquí aprendí, me formé como antropólogo. Y ahora esto devolviendo todo eso. Estoy compartiendo con la academia, con los alumnos, ayudando a pensar un poquito.

Es interesante que alguien trate de interpretar qué pasó cuando surgió el terrorismo, desde las aulas de la Universidad de Huamnaga, cuando precisamente Abimael Guzmán salió de allí.
Sí. Yo no estaba enterado de que estudió aqui.

¿Es una presencia fuerte dentro de la universidad o nadie habla de él?
No, nadie habla de él. Aunque hay un estigma, gente que dice que en la universidad hay gene violenta. Pero somos gente tranquila, gente que escribe.

¿Hay posibilidades reales de que vuelvas a ver a Shogún?

Algo que me han dicho. Aunque no sé cuántos años tendrá, quizá 50. Me basta con que haya podido escribirle, con que alguien pueda leerme. Este libro también está escrito para mis paisanos, para mi familia, para los peruanos.
Fuente La República: https://larepublica.pe/domingo/2019/08/11/lurgio-gavilan-ya-no-soy-guerrillero-ya-no-soy-del-ejercito-ya-no-soy-monje-pero-admiro-todas-las-vidas-que-he-vivido/

28 ago 2019

Corte Constitucional: La decisión de incluir o no a una persona en el Registro Único de Víctimas requiere una debida motivación


En el presente caso, la Unidad Administrativa para la Atención y Reparación Integral a las víctimas (UARIV) negó la inscripción de la accionante, y su hijo menor en el Registro Único de Víctimas (RUV), por el hecho victimizante de desplazamiento forzado, presuntamente ocurrido, en la ciudad de Medellín, al parecer por un grupo armado al margen de la Ley, invocando como razón principal que los actos que dieron lugar al desplazamiento alegado, no guardaban relación con el conflicto armado interno, según lo dispuesto en la Ley 1448 de 2011.

Para resolver la cuestión planteada, la Sala (i) reiteró la jurisprudencia relativa a la procedencia excepcional de la acción de tutela contra actos administrativos expedidos por la UARIV; (ii) aludió al concepto de "víctima por desplazamiento forzado" previsto en la Ley 387 de 1997 y la incidencia de la Ley 1448 de 2011 en dicho concepto según la jurisprudencia constitucional; y, finalmente (iii) se ocupó de precisar el alcance del derecho al debido proceso de las víctimas respecto del deber de motivación de los actos que resuelven sobre la Inscripción en el Registro Único de Víctimas (RUV).

Señaló que los actos administrativos que decidieron sobre la petición de inclusión adoptaron la definición de víctima dispuesta en la Ley 1448 de 2011, la cual establece que el hecho victimizante debe estar relacionado con el conflicto armado interno. Igualmente advirtió que la accionada solo se limitó a realizar un análisis genérico de los hechos, para definir si se enmarcaba en dicho supuesto y al no encontrar relación alguna, sin más, negó la inclusión. La anterior decisión se emitió desconociendo los parámetros previstos en la Ley 387 de 1997, que establece otras formas de victimización y, de los pronunciamientos emitidos por esta Corporación en sentencia C-280 de 2013 y en auto 119 del mismo año, en los que se advirtió que la ley 1448 de 2011 no podía entenderse como una restricción al sistema de protección establecido en la Ley 387 de 1997.

Por consiguiente, la Sala Octava de Revisión, consideró que por tratarse de un acto administrativo que carecía de una motivación suficiente, principalmente, por la ausencia de valoración de los escenarios dispuesto en la Ley 387 de 1997, concedió el amparo del derecho fundamental al debido proceso administrativo de la actora y de su hijo menor de edad y, ordenó a la entidad demandada que realizará una nueva evaluación en la que se definiera de manera clara, comprensible y precisa (i) si los hechos del caso se encontraban comprendidos por los supuestos mencionados en la Ley 387 de 1997 teniendo en cuenta los pronunciamientos de esta Corporación, apoyando su decisión (ii) en las herramientas técnicas y de contexto. Lo anterior, en concordancia con el principio de buena fe.


7 jul 2019

Valijas viajeras por la identidad: todo está guardado en la memoria

Seis Valijas viajeras con libros inicia su primer viaje esta semana. Visitarán escuelas primarias y secundarias, centros culturales y bibliotecas culturales.

La Nueva Mañana, por Barbi Couto.

"Un día cualquiera nos sentamos alrededor de una mesa, ponemos el mantel, nos tomamos un té o mate cocido y entre todos nos servimos los libros que contiene la Valija Viajera por la Identidad.Los miramos, elegimos relatos que nos gusten, los compartimos con nuestros compañeros y disfrutamos de este rato de lectura. Podemos sentir a través de los libros el sabor de una frase que nos recuerda viejos tiempos, degustar las comidas de las abuelas relatadas en una narración, viajar en el tiempo y conocer nuevos mundos, compartir la búsqueda de uno mismo, sintiéndonos libres, sabiendo quiénes somos y de dónde venimos".

La invitación incluye un cartel colgado en la puerta del aula avisando al resto que se estará disfrutando de un momento de lectura, un mantel, vasitos térmicos y cajas de té y mate cocido para no dejar nada librado al azar. Porque así de cuidado, hasta el mínimo detalle, está el proyecto de Valijas Viajeras por la Identidad.

Reconociendo que que en la lectura dichosa y tranquila empieza un viaje que permite la identificación, la imaginación de mundos posibles, la empatía, el reconocimiento del otro y de uno mismo, la democratización en el acceso a los saberes culturales de todas las épocas, la construcción de un imaginario común y una memoria colectiva. Y si esa lectura, además de dichosa y tranquila, es compartida, no hay dudas de que será de esas experiencias que quedan guardadas para siempre en la memoria

A pocos días de la presentación oficial del proyecto, que tuvo lugar el martes 7 de mayo en elArchivo Provincial de la MemoriaLa Nueva Mañana conversó con Susana Gómez, docente y licenciada en psicopedagogía, quien es integrante del equipo de educación de Abuelas de plaza de Mayo junto a sus compañeras María Alonso, Silvina Alonso y Gina Fanchín

Desde el área de Educación de Abuelas queremos vincular la lucha de las Abuelas por el derecho a la identidad (creemos que ellas son realmente un faro en esta lucha) con la literatura", explica Susana. 

"Creemos que la literatura permite vincular estas temáticas y permite generar espacios de diálogo. Por eso queremos promover la lectura, tanto en las escuelas como en otros lugares como espacios culturales o bibliotecas populares, para que las temáticas relacionadas al terrorismo de estado y la apropiación de los nietos durante esa etapa pueda ser discutida, pensaba, reflexionada. Y que además aporte a la búsqueda hoy con nuevos datos, que aparezcan todavía muchos nietos y nietos que nos faltan buscar, que se le restituye la identidad a esos nietos y nietas pero también a los bisnietos porque estamos hablando de gente que tiene entre 38 y 42 ó 43 años y muchos de ellos tienen hijos a su vez".

Las valijas, que son seis y están intervenidas artísticamente (los artistas son Eugenia Contreras, Gisela Rossi, Hernán Cappelletti El Cape y Gina Fanchin), están dirigidas dos a nivel primario y cuatro a nivel secundario.

Cada una incluye, una incluye una selección de libros, cuentos, relatos y poesías; una carpeta para el docente con sugerencias de actividades y material didáctico, en la que se destacan dos (el momento de lectura descripto más arriba, acompañado de la creación de un archivo biográfico sobre la propia historia de vida y el armado grupal y colectivo de un juego didáctico cuyos ejes sean memoria e identidad); también forman parte del equipaje una bitácora para que los lectores plasmen sus experiencias de lectura y así cada valija pueda documentar su propia memoria de viajes; afiches y láminas y un “sobre mensajero” para que las abuelas puedan recibir de primera mano notas, comentarios y datos de las chicas y chicos que accedan a este viaje lector. Las instituciones que soliciten las valijas, que pueden ser escuelas primarias y secundarias, centros culturales y bibliotecas populares, podrán acceder a ellas sin costo y las tendrán en sus aulas durante un mes, después del cual la valija visitará otro destino. En octubre está prevista una muestra de la que formen parte todas las instituciones participantes en conmemoración del Día del Derecho a la identidad el 22 de octubre.


Los libros viajeros
"Hemos elegido libros con una línea temática que tiene que ver con la dictadura, la memoria y la identidad. Básicamente el eje es la identidad, el derecho a la identidad. Se incluyeron distintos libros de autores cordobeses y también de Buenos Aires que creemos que nos bridarán ese espacio para fisfrute de la lectura, para que la fente y los chicos puedan conectarse con esto", explica Susana.

En la valija para escuelas secundarias los lectores se encontrarán con “El colectivo”, de Eugenia Almeida, “El país de Juan” de María Teresa Andruetto, “Entonces el libro”, de Alex Appella (quien tiene ella misma una trayectoria de seis años llevando adelante un proyecto de Biblioteca Ambulante que ya hemos comentado en este espacio), “La casa de los conejos” de Laura Alcoba, “Los sapos de la memoria”, el clásico de Graciela Bialet, “El mar y  la serpiente”, de Paula Bombara, “El año de la vaca” de Márgara Averbach, entre muchos otros textos.

La valija para escuelas primarias incluye “Cuero negro vaca blanca” de Pablo Bernasconi, “El Secreto del gorrión” de Mario Lillio, “Mi hermano Jaci” de Alicia Barberis, “El pueblo que no quería ser gris” de Beatriz Doumerc, “Quién soy” una obra que compila cuatro historias de nietos recuperados en las voces e imágenes de grandes autores de la literatura argentina, “Matilde” de Carola Martinez Arroyo, entre muchos otros.

Las valijas se completan con láminas, postales, cuadernillos institucionales, el libro “Abuela Sonia”, historias de vida de las embarazadas desaparecidas en Córdoba y un anexo digital impresionante en el sitio web de Abuelas donde se pueden encontrar videos, documentales, cortos animados, posters y muestras, mensuarios, una inagotable cantidad de material en pdf y formato audiovisual para descargar.

"Pensamos este proyecto desde la pedagogía de la memoria, esto implica pensar cómo transmitir la historia del pasado reciente a los jóvenes, a los niños, a las nuevas generaciones, desde donde pensamos el pasado, cómo lo transmitimos. Las valijas incluyen muchísimas herramientas didácticas para que los docentes realicen actividades con los chicos y tengan una guía, que no tengan que estar buscando porque ya nosotros hicimos esa tarea de búsqueda", cierra Susana.

En la investigación para esta nota ingresé a navegar en la web de abuelas y me perdí y me encontré múltiples veces entre las palabras, los relatos, las imágenes y tanto material que habla de nuestra memoria, nuestra historia, nuestro pasado y nuestro presente, que habla de nosotros, como jóvenes, como adultos, como nietos, como argentinos, que habla de nuestros padres y nuestros hijos, y que busca incansablemente a nuestros hermanos y hermanas, que nacieron  entre 1975 y 1981… y seguimos y seguiremos buscando


Las valijas viajeras por la identidad empezaron a viajar esta semana y lo harán ininterrumpidamente hasta el mes de octubre. El proyecto cuenta con la adhesión del Plan Provincial de Lectura de la Secretaría de Igualdad y Calidad Educativa, la Biblioteca Popular Casa del Pueblo Alberdi y el Archivo Provincial de la Memoria.

Fuente La Nueva Mañana:  https://lmdiario.com.ar/noticia/148833/valijas-viajeras-por-la-identidad-todo-esta-guardado-en-la-memoria

4 jul 2019

CIDH: Informe No. 91/19, Caso 13.017 C, Familiares de víctimas de dictadura militar, octubre 1968 a diciembre 1989 de Panamá

Washington, D.C.- La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) comunica su decisión de aprobar el acuerdo de solución amistosa relativo al Caso 13.017 C, Familiares de víctimas de la dictadura militar de octubre de 1968 a diciembre de 1989 en Panamá y publicar el correspondiente Informe de Homologación. Al mismo tiempo, comunica su decisión de incluirlo en su Informe Anual a la Asamblea General de la OEA y continuar con la supervisión de su implementación hasta su total cumplimiento, según el análisis contenido en el Informe de Homologación. La CIDH congratula al Estado y a los peticionarios por sus esfuerzos para alcanzar este resultado.

El caso se relaciona con la responsabilidad internacional del Estado de Panamá por las graves violaciones de los derechos a la vida, la integridad personal, la libertad personal, las garantías judiciales, la protección judicial, y los derechos del niño en perjuicio de 109 personas quienes fueron víctimas de ejecuciones extrajudiciales o desapariciones forzadas presuntamente atribuibles a elementos de las fuerzas de seguridad del Estado.

En diciembre de 2018, las partes informaron a la Comisión sobre el inicio del proceso bilateral de solución amistosa, el cual fue facilitado por la Comisionada Flávia Piovesan en su calidad de Relatora del país, en el marco de una reunión de trabajo celebrada durante el 171 Período de Sesiones de la Comisión, y posteriormente, materializado mediante la firma de un acuerdo de solución amistosa el 23 de mayo de 2019 a favor de 15 víctimas y sus 66 familiares.

El acuerdo responde a las pretensiones principales de la parte peticionaria en lo referente a la reparación integral de las víctimas y sus familiares por las violaciones a sus derechos humanos sufridas durante la dictadura militar, y en particular contempla el reconocimiento público de la responsabilidad del Estado sobre los hechos ocurridos. En ese sentido, el acuerdo suscrito contempla las siguientes medidas de reparación:

- En lo referente al daño material, el Estado a través del Ministerio de Economía y Finanzas ejecutará diligente y oportunamente, el trámite correspondiente al pago de las obligaciones económicas derivadas de los daños o perjuicios sufridos por los familiares de las 15 víctimas de la dictadura militar objeto de este acuerdo, teniendo como base los peritajes técnicos realizados por expertos según el requerimiento del Ministerio para definir los montos correspondientes a las reparaciones por daño material.
- El Estado se comprometió a realizar un pronunciamiento público de perdón y reconocimiento de responsabilidad internacional para aceptar y responsabilizarse como Estado de los hechos ocurridos. El Estado se compromete a que en dicho acto se les pedirá perdón público a los familiares de COFADECHI por los hechos denunciados ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Dicho acto se llevará a cabo en la provincia de Chiriquí con la presencia de autoridades del Estado, los familiares de COFADECHI y familiares de COFADEPA que deseen participar.

- De igual forma el Estado se comprometió a publicar un pronunciamiento público en un periódico de circulación nacional y en la Gaceta Oficial; así como, a entregar una copia de este a cada uno de los peticionarios del Acuerdo de Solución Amistosa, miembros de COFADECHI.

De igual forma el Estado se comprometió a publicar el pronunciamiento público en un periódico de circulación nacional y en la Gaceta Oficial.

- El Estado se comprometió a la remoción y colocación de una nueva placa al monumento obelisco  que se encuentra ubicado en la Plaza Municipal en Volcán, provincia de Chiriquí y que fue construido en memoria de los asesinados y desaparecidos durante la dictadura militar en Panamá.

Dentro de éste mismo componente, se destaca que tanto el Estado como la parte peticionaria reconocen los avances positivos en materia de investigación y sanción de los responsables de los hechos. En particular, las partes reconocieron en el acuerdo los avances en varios procesos de investigación que culminaron con sentencias penales contra algunos de los perpetradores


La Comisión Interamericana siguió de cerca el desarrollo de la solución amistosa lograda en el presente caso y valoró altamente los esfuerzos desplegados por ambas partes durante la negociación del acuerdo para alcanzar una solución amistosa que resultó compatible con el objeto y fin de la Convención. Asimismo, la Comisión saluda los esfuerzos del Estado panameño para construir una política pública en materia de soluciones amistosas y resolución alternativa de conflictos

Finalmente, la Comisión felicita a las partes por su disposición y voluntad de avanzar en la solución de este asunto por fuera de la vía contenciosa, y continuará dando seguimiento a la implementación de las medidas restantes hasta su cumplimiento total.

La CIDH es un órgano principal y autónomo de la Organización de los Estados Americanos (OEA), cuyo mandato surge de la Carta de la OEA y de la Convención Americana sobre Derechos Humanos. 

15 may 2019

Argentina: "Ser mujeres en la ESMA durante la dictadura"

Ser mujeres en la ESMA una muestra sobre la violencia sexual durante la dictadura argentina.

La antigua Escuela de Mecánica de la Armada Argentina (ESMA), hoy convertida en el museo Sitio Memoria Esma, fue un centro de detención clandestino para más de 5,000 hombres y mujeres en tiempos de la dictadura argentina. En ese lugar se lleva adelante la exposición "Ser mujeres en la Esma", donde los testimonios de 28 sobrevivientes son plasmados de una manera artística en la búsqueda de reparar a las víctimas.

En marzo de 1976, el llamado Proceso de Reorganización Nacional instauró en Argentina un gobierno dictatorial que se extendió hasta diciembre de 1993, luego de derrocar a la entonces presidenta del país, María Estela Martínez de Perón.

Durante ese periodo muchas fueron las personas que resultaron detenidas por formar parte de militancias políticas. Unos 5,000 de esos presos fueron hombres y mujeres que resultaron recluidos en la antigua Escuela de Mecánica de la Armada, conocida como Esma, y que fungía como un sitio de descanso para los oficiales.

Casi todas las mujeres que estábamos en la Esma habíamos sido abusadas sexualmente o tocadas o tocadas por los soldados que estaban allí. Fuimos secuestradas por soldados que decidían cada semana sobre la vida de las personas (…) Ellos (los soldados) no lo disimulaban y decían que era un exterminio", dijo Graciela García Romero, dijo sobreviviente de la Esma a France.

Una muestra de arte para reparar a las víctimas de abusos y violencia sexual

La llegada de la democracia al país trajo consigo algunos cambios de reparación. Uno de ellos fue que en la actualidad la antigua Escuela de Mecánica fue convertida en un museo que lleva por nombre Sitio de Memoria Esma, cuya función principal es la de no olvidar los horrores ocurridos durante la dictadura.


En ese lugar, residentes y visitantes de la ciudad de Buenos Aires, capital de Argentina, podrán recorrer la muestra 'Ser mujeres en la Esma', un espacio que cuenta a través del arte la historia de 28 sobrevivientes, 28 mujeres que estuvieron presas en el lugar y que luchan porque esa época no regrese a su país.
"Es una revisión a lo que sucedió en los centros clandestinos de reclusión. Esta revisión la hacemos desde una perspectiva nueva apoyados principalmente por estas nuevas sensibilidades de género (…) Nos preguntamos qué pasó con las mujeres que estuvieron en este lugar, ingresamos a la historia desde una perspectiva de género", explicó Alejandra Dandan, periodista y curadora de arte argentina.