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5 abr 2018

Erradicando la Impunidad de las atrocidades cometidas en dictaduras en América Latina

Nueva publicación "Erradicando la impunidad de las atrocidades cometidas en dictadura, régimenes autoritarios y conflictos armados en América Latina".
Retos y buenas prácticas en Argentina, Chile, Colombia, Guatemala y Perú.
Autores: Ronald Gamarra Herrera, Nelson Camilo Sánchez, Magdalena Garcés Fuentes, Gastón Chillier, Verónica Torras, Herminia Saquimux Canastuj.

Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos.
The Fund Global for Human Rights.

27 feb 2018

Argentina: Murió Menéndez, el represor que amaba las flores

El genocida Luciano Benjamín Menéndez, condenado a trece perpetuas por crímenes de lesa humanidad, murió hoy a las 11:20 en el Hospital Militar de Córdoba.

El 6 de febrero de 2018, después de la primera audiencia del juicio por la causa Vergés, el ex jefe del Tercer Cuerpo de Ejército había sido trasladado al Hospital Militar por problemas de salud. REsta mañana recibió la visita de los peritos oficiales enviados por el Tribunal que lo jzgaba. Veinte minutos después que se fueron, murió.

Esta nota de Waldo Cebrero obtuvo l primer lugar en la categoría investigación del premio Rodolfo Walsh, orgnizado por el Círculo Sindical de Prensa y Comunicación de Córdoba.
Murió Menéndez x Cosecha Roja

21 dic 2017

Argentina juzga a dos ex directivos de la empresa Ford por torturas en la dictadura

Es un hecho histórico, el Tribunal Oral Federal 1 de San Martín, en Argentina, inició la primera audiencia por la tortura de veinticuatro trabajadores en la planta de la empresa Ford. Dos directivos están imputados por proporcionar datos personales de los obreros sindicalizados y prestar sus instalaciones para perpetuar las masacres.

El ex gerente de manufactura Pedro Müller; el ex jefe de seguridad de la planta, Héctor Francisco Sibilla; y el ex responsable del Cuerpo 4 de Seguridad del Ejército, Santiago Omar Riveros deberán responder a los jueces por proporcionar información de los miembros del sindicato de la empresa Ford y permitir la tortura de estos dentro de la planta durante la dictadura en Argentina.

Todo comenzó el 24 de marzo de 1976, el mismo día del golpe militar encabezado por el general Jorge Rafael Videla. Como miles de argentinos, Carlos Propato y veintitrés de sus compañeros fueron arrestados por los militares.

Según las investigaciones de la causa, el sindicato de la época trataba de renegociar un incremento de sueldos. Cuando estalló la crisis política, la empresa filtró información de los miembros sindicalizados para amenazarlos. Carlos Propato fue arrestado en horas de trabajo, golpeado y lanzado por unas escaleras. Luego fue trasladado hacia un penal de máxima seguridad donde sufrió escarmientos extremos hasta dejarle parcialmente ciego y fracturarle la columna. 

"Me llevaron a un lugar llamado el pincho, era un centro de tortura, dentro de la planta Ford, dentro de la planta Ford. Luego nos derivaron a uno de los penales más tristes y de máxima seguridad, me llevaron a un penal en la sierra chica, y ahí me dejaron ciego de un ojo al 50% y me fracturaron la columna", dijo Carlos Propato.

Sin trabajo, sin posibilidades de exilio, sin justicia, Carlos Propato pasó varios años en prisión. Con atisbo de dolor, vio envejecer a sus padres y escuchó las primeras palabras de su hija al pie de su celda.

Todos los agraviados intentaron lograr justicia desde la década de los 80. Pero las leyes y armisticios impidieron el progreso judicial de la causa. Recién en el 2012 se iniciaron las primeras investigaciones dentro de la planta.
 
Hoy, las posibilidades de una reparación judicial están cercas. Todo dependerá del enfoque judicial y la contundencia de las pruebas.

En este caso, los imputados son personas que bordean la ancianidad. Según la coordinadora del equipo de memoria, verdad y justicia del Centro de Estudios Legales y Sociales, Luz Palmás Zaldúa, si hay una sentencia se deberá determinar el arresto domiciliario o la prisión.

31 ago 2017

CIDH saluda histórica decisión del Tribunal Oral Federal de Mendoza, Argentina

Washington D.C. - La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) aplaude la decisión del Tribunal Federal de Mendoza, Argentina, del 27 de julio de 2017, mediante la cual se condenó a 4 ex operadores de justicia a penas de prisión perpetua e inhabilitación absoluta por su colaboración con los crímenes de lesa humanidad de la dictadura cívico-militar (1976-1983). Esta decisión representa un histórico paso hacia adelante en la lucha contra la impunidad de las graves violaciones a los derechos humanos.


Según el fallo el fallo de la Corte, los ex jueces federales Rolando Carrizo y Luis Miret, el ex defensor oficial Guillermo Petra Recabarren, y el ex fiscal federal Otilio Romano, fueron partícipes primarios de los crímenes del terrorismo del Estado mientras servían en el Poder Judicial durante la dictadura. Tal fallo consolida la interpretación de que los ex operadores de justicia  son responsables activos y directos de la comisión de actos de secuestro, tortura y asesinato. Además, la decisión es histórica en la medida en que representa un avance en la responsabilización de  civiles y de otros poderes por los crímenes de la dictadura.

“Esta decisión es un importante paso en los avances de la justicia en Argentina y un ejemplo para la región en cuanto a los graves crímenes del pasado. El fallo demuestra que hubo una conducta sistemática también del Poder Judicial argentino de colaboración con el terrorismo de Estado en el pasado”, afirmó el Comisionado Paulo Vannuchi, relator a cargo de la nueva Unidad de Memoria, Verdad y Justicia de la CIDH. “En un contexto de amenazas de retroceso en la materia en la región, esta decisión representa un avance en términos de lucha contra la impunidad de civiles. Es necesario fortalecer y avanzar la promoción de la memoria, verdad y justicia en las Américas”, agregó el Comisionado Vannuchi.

La CIDH saluda este paso hacia la verdad y la justicia, y llama al Estado a continuar con su deber de investigar, juzgar y sancionar a todos aquellos involucrados en la perpetración de graves crímenes y violaciones de derechos humanos.

La CIDH es un órgano principal y autónomo de la Organización de los Estados Americanos (OEA), cuyo mandato surge de la Carta de la OEA y de la Convención Americana sobre Derechos Humanos. La Comisión Interamericana tiene el mandato de promover la observancia y la defensa de los derechos humanos en la región y actúa como órgano consultivo de la OEA en la materia. La CIDH está integrada por siete miembros independientes que son elegidos por la Asamblea General de la OEA a título personal, y no representan sus países de origen o residencia.

Notas relacionadas:
"Los jueces cómplices de la dictadura", vía Revista Anfibia.
"La Familia judicial y el terror", vía Pagina12..

28 mar 2016

RFI: Argentina, buscando justicia 40 años después del golpe

Este 24 de marzo se conmemoran en la Argentina los 40 años del golpe de Estado. También este año, se festeja otra fecha importante: hace diez años, se reabrieron los juicios de la dictadura. El proceso judicial que empezó con la democracia en 1983 no duró mucho. Algunos militares fueron condenados. Pero pronto, dos leyes de amnistía e indultos presidenciales permitieron a los culpables gozar de la impunidad la más completa. Todo esto acabó gracias al enorme trabajo de las asociaciones de defensa de los Derechos Humanos y la llegada al poder de Néstor y Cristina Kirchner.

¿A diez años de la reapertura de estos juicios y pocos meses después de la elección de un presidente conservador, en qué etapa de este proceso de "Verdad, Memoria y Justicia" se enuentra Argentina?

Cada jueves desde 1977, las Madres de Plaza de Mayo marchan frente a la Casa Rosada, la sede de la Presidencia de la Nación argentina. A unos kilómetros de la Plaza de Mayo queda el Espacio Memoria y Derechos Humanos. Así se llama ahora lo que fue el centro clandestino de detención más importante de la dictadura, la ESMA. Hoy, el predio de 17 hectáreas y sus 34 edificios es un espacio de memoria, cultura y educación abierto al público. Cualquiera puede ir a conocer el antiguo casino de oficiales donde han sido torturadas 5.000 personas, de las cuales sólo doscientas siguen vivas.

Para que no vuelva a pasar, se necesita juzgar a los culpables. Desde el 2006, 612 personas fueron condenadas, militares más que nada, pero también algunos civiles. Sin embargo, a veces la Justicia sigue lenta.

Algunos expertos piensan que si se hubiese ofrecido reducciones de pena a los militares a cambio de información, los juicios hubieran permitido obtener más datos concretos. También hubiese permitido tener una lectura menos maniquea de lo que pasó durante la dictadura.

La parte más conservadora de la sociedad argentina va mucho más lejos. Defiende a los militares y justifica su accionar con la "teoría de los dos demonios". Para esta minoría, los militantes de izquierda –quienes luchaban contra la dictadura cometiendo atentados– eran terroristas, y el Estado se tuvo que defender.

El Centro de Estudios Legales sobre el Terrorismo y sus Víctimas, una asociación fundada por la abogada Victoria Villarruel, pide que los militantes de izquierda, como los Montoneros por ejemplo, sean juzgados. Algo imposible ya que estos crímenes han prescrito.

A 40 años del golpe de Estado, los organismos de Derechos Humanos se dicen preocupados por la continuidad de los juicios y las políticas de memoria. Algunas decisiones del nuevo gobierno de Mauricio Macri, como por ejemplo, los despidos masivos de empleados estatales de varios sectores encargados de promover los Derechos Humanos, parecen justificar su inquietud. 

Entrevistados: Nora de Cortiñas, madre de Plaza de Mayo, Bibiana Falcón, manifestante de la Plaza de Mayo, Valeria Barbuto, del Directorio de Organismos de Derechos Humanos del Espacio Memoria, Enrique Fuckman, exdetenido en la ESMA, Luz Palmas Zaldúa, abogada, Victoria Villarruel, fundadora del Centro de Estudios Legales sobre el Terrorismo y sus Víctimas, y Óscar Arquez, exMontonero.
Por Marine de la Moissonnniére.
Fuente Radio Francia Internacional: http://es.rfi.fr/americas/20160323-argentina-buscando-justicia-40-anos-despues-del-golpe

23 jul 2015

INFOJUS. "Los Quemados": siete militares detenidos por un crimen del pinochetismo

En Chile no hay juicios por delitos de lesa humanidad –sólo algunas sentencias aisladas a represores, como al ex jefe de la DINA, Manuel Contreras- y la mayoría de los crímenes del pinochetismo aún siguen impunes. Sin embargo, después de 29 años, el pacto de silencio se quebró en el hecho conocido como “Caso Quemados” y la justicia no pasó desapercibida. El año pasado Fernando Guzmán, un ex miembro de la patrulla militar que participó del operativo que terminó en el asesinato del fotógrafo Rodrigo Rojas Denegri y el intento de homicidio de la estudiante Carmen Quintana, entregó nombres de militares. El arrepentimiento generó un efecto inmediato. Ahora, el juez Mario Carroza ordenó la detención de siete de ellos, entre oficiales y suboficiales: Luis Zúñiga, Francisco Vásquez, Sergio Hernández, Julio Castañen, Iván Figueroa, Nélson Medina y Jorge Astengo. Los indagará en las próximas horas y decidirá si dicta procesamiento. Los organismos de derechos humanos y familiares celebraron la medida y pidieron que la justicia avance en otros delitos de la dictadura. Sobre la decisión de reabrir el caso, la única sobreviviente del ataque, Carmen Gloria Quintana, dijo estar “contenta de que una vez por todas la verdad se sepa”. Por el hecho, el único condenado es Pedro Fernández Dittus, jefe de la patrulla.

Es un caso emblemático que podría romper la impunidad en una sociedad que todavía está dividida a la hora de hablar sobre el pasado. Aquella siniestra noche del 2 de julio de 1986, la oposición política a la dictadura de Augusto Pinochet culminaba una serie de actos de protesta, en lo que habían denominado como "El año de la victoria". La respuesta del gobierno fue enviar militares a patrullar las calles. El fotógrafo Rodrigo Rojas Denegri, de 19 años, y su compañera, Carmen Quintana, 18, intentaron cubrir las manifestaciones. En cuestión de minutos, fueron detenidos, golpeados y rociados con bencina. El hecho fue atroz: los quemaron vivos y luego los arrojaron, al borde la muerte, en un descampado.

El ex conscripto Guzmán presenció cómo los quemaron vivos. “Los milicos me pagaron para que me quedara callado. Si tengo que ir a la cárcel, perdonen, pero yo no soy un asesino. No quemé a nadie”, confesó, ante los medios. La versión oficial de la época quedó en tela de juicio. El mismo Pinochet, en conferencia de prensa, había dicho: “No quiero pensar mal, pero me da la impresión que llevaban algo oculto que reventó”. Los agentes, entre ellos Fernando Guzmán, patrullaban la zona en dos camionetas y un camión cuando detuvieron a Rojas y Quintana. Ambos fueron abandonados en la comuna de Quilicura. Rodrigo murió tras una agonía de tres días. Carmen sobrevivió tras largos años de difíciles tratamientos. Hoy reside en Canadá.

La primera reacción del gobierno militar había sido negar la presencia de las patrullas. Sin embargo, corresponsables extranjeros lograron entrevistar a personas que fueron testigos directos de la represión. Ese material, sin embargo, no fue tenido en cuenta por la justicia chilena, que creyó en la versión militar. En ese sentido, Guzmán entregó detalles del montaje apócrifo: dijo que recibieron instrucciones de qué decir –y callar- ante la justicia y fabricaron hasta una maqueta que explicó los hechos.

En su rectificación ante el juez, Guzmán se arrepintió de no haberle dicho antes a Carmen: “Este huevón lo quemó y este no prestó ayuda. Pero no se lo dije, me callé de miedo”. En el lugar donde ocurrió el hecho había dos camionetas de los militares. Dijo que se acercó a la vereda y vio a un hombre tendido sobre el suelo y a una mujer mirando hacia la pared. Un oficial ordenó rociarlos con combustible y otro jugaba con un encendedor en la mano. Los golpearon salvajemente. Según su testimonio, habría sido el teniente Julio Castañen quien dio la orden de rociarle gasolina a De Negri y Quintana. Luego, los militares apagaron el fuego con frazadas. Castañen dijo que sería mejor matarlos, pero el teniente Sergio Fernández Dittus se negó y ordenó que los cuerpos fueran cubiertos con mantas. Horas más tarde, fueron abandonados en un sector rural de Quilicura, en la periferia de Santiago.

Hace dos años, en un homenaje al fotógrafo asesinado, Carmen Quintana dijo: “Ese día de 1986, la dictadura quiso dar un mensaje de horror. Ese día nos dejaron abandonados, salimos como unos zombis a pedir ayuda, Rodrigo murió con el 70 por ciento del cuerpo quemado. Yo logré sobrevivir con el 65 por ciento. Ha sido muy dramático, pero mi pueblo quiere decir basta y quiere saber la verdad”. A su lado, Verónica, la madre de Rojas Denegri agregaba: “El dolor, porque nuestro país decidió no hacer justicia. No hablemos únicamente de Pinochet, sino de los gobiernos democráticos que no quebraron la impunidad”. Según cifras oficiales la dictadura de Pinochet, entre 1973 y 1990, dejó más de tres mil 200 personas asesinadas en Chile, casi mil 200 detenidos desaparecidos y cerca de 40 mil personas fueron objeto de torturas y encarceladas sin el proceso judicial correspondiente. El Decreto Ley de Amnistía, aprobado en 1978, exime de responsabilidad penal a todas las personas que cometieron violaciones de derechos humanos entre el 11 de septiembre de 1973 y el 10 de marzo de 1978. Si bien algunas sentencias han eludido la aplicación de la norma, el hecho de que siga existiendo es incompatible con las obligaciones internacionales de Chile en materia de derechos humanos.

Por el caso "Quemados", la Corte Suprema condenó en 1993 a 600 días de cárcel a Pedro Fernández Dittus, jefe de la patrulla, mientras que en el 2000, un tribunal ordenó pagar a Carmen Quintana una indemnización cercana a los 500.000 dólares. Ahora se abre un escenario impensado, donde todos los involucrados en la represión podrán ser procesados por delitos de lesa humanidad.


13 jul 2015

Obama entrego a Rousseff documentos desclasificados sobre la represión en Brasil

Estados Unidos, al tanto de todos los crímenes, por Darío Pignotti, desde Brasilia.

Los archivos fueron entregados en coincidencia con la reunión de ambos presidentes y muestran cómo Estados Unidos era informado en tiempo real sobre los crímenes que cometía la dictadura en Brasil. Un dossier con 538 cables diplomáticos e informes de InteligenciaH
La presidenta Dilma Rousseff, ex prisionera política, recibió de Barack Obama documentos que revelan crímenes cometidos durante la dictadura respaldada por Estados Unidos. El Palacio del Planalto anunció ayer que informaciones sobre desaparecidos, como el guerrillero Stuart Edgard Angel Jones y el diputado Rubens Paiva, fueron cedidas la semana pasada, cuando Dilma fue agasajada por su colega con una cena reservada en la Casa Blanca.
“La liberación de los archivos es fruto del trabajo de la Comisión Nacional de la Verdad que en 2012 solicitó al presidente Barack Obama la desclasificación de documentos relacionados con el período de excepción.”
En el dossier constan 538 cables diplomáticos e informes de inteligencia que estuvieron durante décadas en poder de la CIA, el Departamento de Estado y el Departamento de Defensa.
“Es interesante ver cómo los órganos de seguridad norteamericanos tenían conocimiento del aparato represivo de la dictadura”, observó el ministro Aloísio Mercadante. “Ellos sabían casi en tiempo real sobre las torturas, sobre quién había sido muerto, sobre quién estaba desaparecido pero no lo informaron a las familias de las víctimas ni a Brasil, que sólo ahora está accediendo a esas informaciones.”
Uno de los papeles desclasificados dice que en 1971 el cónsul norteamericano James Reardon fue informado por la policía brasileña sobre la detención del ciudadano norteamericano-brasileño Stuart Edgard Angel Jones, quien continúa desaparecido desde ese año.
Jones era parte de la organización armada Movimiento Revolucionario 8 de Octubre, la que en 1969 había secuestrado y liberado con vida al embajador Charles Elbrick, en una la operación de extraordinario impacto político realizada poco antes de la llegada al poder del dictador Emilio Garrastazú Médici. Tras ese rapto, Médici, considerado el mayor carnicero del régimen, endureció la represión en la que cayeron Jones y Rubens Paiva, entre otros.
En febrero de 1976, cinco años después del asesinato de Jones, su madre, la famosa diseñadora de modas Zuzú Angel, abordó personalmente al secretario de Estado Henry Kissinger, que había viajado a Brasil para estrechar la relación “preferencial” con el dictador Ernesto Geisel. La valentía de Zuzú Angel, que desafió a los custodios norteamericanos, fue inútil, pues Kissinger no la puso en conocimiento de los datos que el Departamento de Estado manejaba desde hacía tiempo.
Y lo más inquietante: meses después de haber pedido explicaciones al secretario de Estado, la señora Angel falleció en un accidente automovilístico que podría haber sido un atentado urdido por los servicios, similar a otros que mataron a opositores.
En enero de 1971, efectivos de la Aeronáutica secuestraron al diputado Rubens Paiva, exonerado poco después del golpe de Estado de 1964.
Paiva murió un día después de su captura en una base próxima al aeropuerto carioca Santos Dumond, según lo determinó una investigación de la Comisión de la Verdad concluida el año pasado.
Un telegrama diplomático “confidencial” de febrero de 1971 confirma que la Embajada de Estados Unidos estaba al corriente de lo sucedido a Paiva y mantuvo un silencio a pesar de los ruegos de su viuda e hijos.
“Paiva murió durante el interrogatorio o murió de un paro cardíaco o por otras causas” mientras estaba en poder de sus captores, señala el informe elaborado por funcionarios estadounidenses.
Paiva se había sumado a las filas de la resistencia política asumiendo tareas riesgosas como la de llevar y traer correspondencia a los exiliados en Chile, donde los servicios de inteligencia brasileños desarrollaban una tarea intensa: actividades de espionaje político y represión que se incrementarían con el golpe de Estado de 1973, apadrinado por Estados Unidos y los generales brasileños. Está documentado que Brasil envió refuerzos a Chile para interrogar a conciudadanos presos en el Estadio Nacional tras la caída de Salvador Allende.
Otro de los materiales recientemente liberados demuestra que Washington sabía de los cursos de formación que tomaron al menos 16 agentes chilenos en la escuela del Servicio Nacional de Informaciones, instituto que habría sido tomado como modelo por Augusto Pinochet y Manuel Contreras antes de crear la DINA.
Estados Unidos hizo entrega de los papeles el 30 de junio, en coincidencia con el encuentro entre Obama y Dilma que formalizó la recomposición de relaciones. Rousseff pasó la noche del 30 de junio hospedada en la Blair House, residencia para visitantes oficiales próxima a la Casa Blanca, la misma donde pernoctó el dictador Emilio Garrastazú Médici en convite de Richard Nixon, escoltado por Henry Kissinger. En aquella noche de diciembre de 1971 “Wanda”, alias de guerra de Rousseff, estaba presa en San Pablo, donde permaneció casi tres años.
Esta fue la tercera entrega de papeles solicitados por la Comisión de la Verdad y la primera que aporta precisiones que podrán contribuir al esclarecimiento tanto de operaciones ejecutadas por el terrorismo de Estado brasileño como de su sociedad con Washington. Coincidentemente (o no), las autoridades norteamericanas resolvieron liberar parte de sus secretos siete meses después de entregado el informe final de la Comisión de la Verdad creada por Dilma. Los dos envíos anteriores “tenían papeles que nos ayudaron muy poco para nuestro trabajo, no decían prácticamente nada de importancia”, declaró a Página/12 tiempo atrás María Rosa Cardoso, ex abogada de la presa Dilma Rousseff en los años ’70 y luego miembro de la Comisión de la Verdad.

Fuente Página12: http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-276805-2015-07-10.html

14 jun 2015

Argentina. El exjuez tucumano Manlio Martínez fue condenado a 16 años de prisión por delitos de lesa humanidad

La pata judicial de la última dictadura. Es el primer condenado por delitos de lesa humanidad que fue juez durante la última dictadura. Fue considerado culpable de encubrir el asesinato de cinco jóvenes y participar en el secuestro de una persona, asociación ilícita y abuso de autoridad, entre otros delitos.

El tucumano Manlio Torcuato Martínez se convirtió en el primer argentino en ser condenado por haber cometido crímenes de lesa humanidad en el ejercicio de sus funciones como juez federal durante la última dictadura cívico-militar. El Tribunal Oral Federal de Tucumán lo sentenció ayer a 16 años de prisión por los delitos de asociación ilícita, abuso de autoridad, incumplimiento de deberes de funcionario público, prevaricato, encubrimiento del asesinato de cinco militantes populares y privación ilegítima de la libertad de otra persona en mayo de 1976. Los familiares de las víctimas y querellantes en el juicio, así como quienes en ese debate representaron al Ministerio Público Fiscal, celebraron el veredicto y lo analizaron como “un paso adelante”, tanto para la Justicia local cuanto para la nacional. “Es una vergüenza menos para la sociedad tucumana”, entendió Agustín Chit, fiscal ad hoc.

Si bien las partes acusadoras exigieron penas más altas durante sus alegatos, evaluaron positivamente el fallo de los jueces Hugo Cataldi, José Asis y Mario Garzón, que resolvieron condenar a Martínez. El debate oral y público en el que se evaluó la responsabilidad del ex juez en los homicidios de María Alejandra Niklison, Fernando Saavedra, Eduardo González Paz, Juan Carlos Meneses y Atilio Brandsen, asesinados en lo que en Tucumán se conoce como la Matanza de la Calle Azcuénaga, y en la privación ilegítima de la libertad de Miguel Romano, duró poco más de tres meses y contó con el testimonio de alrededor de 60 personas.

Martínez es el primer ex magistrado que resulta condenado por haber cometido delitos de lesa humanidad en el marco de sus funciones. El ex juez Víctor Brusa fue condenado a 21 años de prisión hace algunos años. La diferencia es que cuando torturó a casi una decena de jóvenes, durante la última dictadura, era secretario, no magistrado. Los mendocinos Luis Miret, Otilio Romano, Guillermo Petra Recabarren y Rolando Carrizo aún están siendo juzgados por su rol durante el terrorismo de Estado. El resto de los casos que mantienen bajo la mirada de la Justicia a ex miembros del Poder Judicial por delitos de lesa humanidad permanecen, aún, en investigación o no llegaron a juicio. “Martínez fue el juez federal más importante de la provincia durante la dictadura, gozó de los privilegios que la magistratura le dio desde entonces, fue profesor universitario y caminó impune por las calles de la ciudad durante 40 años. Que se lo haya condenado es algo con lo que soñábamos y un procedente de peso para avanzar en causas similares en el resto del país. Detrás de él vienen Miret, Romano, los secretarios de Bahía Blanca y los funcionarios de Chaco y Santiago del Estero”, analizó Chit.

El TOF consideró que Martínez cometió abusó de la autoridad que tenía como juez, incumplió los deberes que esa función le dictaba y encubrió el asesinato de los cinco militantes populares que se hallaban en una vivienda de Azcuénaga al 1600, en la ciudad capital de la provincia, perpetrado por una patota el 20 de mayo de 1976. Según consta en registros y tal como él mismo reconoció en la primera audiencia del debate, el ex juez estuvo en el sitio de la matanza, pero no la investigó. El hecho ya cuenta con otros dos condenados: el entonces jefe del Tercer Cuerpo del Ejército, Luciano Benjamín Menéndez, y Roberto “Tuerto” Albornoz, el jefe del centro clandestino de detención tucumano conocido como Jefatura.

Pero la pena de 16 años de cárcel que recibió Martínez no sólo comprende esos hechos: también fue condenado por prevaricato, abuso de autoridad y la privación ilegítima de la libertad de Miguel Romano, el dueño de la casa en la que sucedió la matanza. Días después de los asesinatos, Romano se presentó en el juzgado de Martínez con la intención de desligarse de las víctimas, quienes le alquilaban la vivienda. Martínez lo detuvo y lo dejó a disposición de la policía provincial. Romano, por entonces paciente psiquiátrico, “paseó por diferentes centros clandestinos”, señaló Chit. Su esposa y su hija reclamaron ante Martínez, quien no movió un dedo, tal como testimoniaron ante los jueces.

Por último, el ex magistrado fue condenado por integrar una asociación ilícita en la que su rol era “ejercer la magistratura para permitir y asegurar el plan sistemático de tortura y exterminio”, remarcó el fiscal ad hoc, quien trabajó junto con Diego Velasco: “Formó parte de una organización criminal destinada a cometer delitos en el marco del terrorismo de Estado”, completó.

La hija de Niklison, que se llama igual que su mamá, integró una de las querellas junto a Emilio Guagnini. “Recibimos esta sentencia como mucha alegría, si bien habíamos solicitado una pena de 25 años estamos conforme con la resolución”, evaluó. “La sentencia era un momento muy esperado por toda la familia, llevamos muchos años de lucha esperando un juicio justo para Manlio Martínez y muchos otros que hicieron tanto daño a toda la sociedad”, sostuvo.

Bernardo Lobo Bougeu, quien junto con Pablo Gargiulo querelló a Martínez en nombre de la Secretaría de Derechos Humanos y parte de la familia de Romano, sopesó la importancia del fallo a nivel general. “Es una sentencia de máxima importancia, sobre todo por el rol que cumplieron las instituciones civiles durante la última dictadura militar”, indicó. De la misma manera lo analizó Chit, quien además de indicar que “es un precedente muy importante en Tucumán, que implica una vergüenza menos para la sociedad tucumana”, lo postuló como “un hecho histórico que ojalá siente precedentes en todo el país. 

26 may 2015

Uruguay: Crean Grupo de trabajo por la Verdad y Justicia. investigará los crímenes de lesa humanidad de 1968 y 1985

Crean Grupo de Trabajo por la Verdad y la Justicia, en Uruguay. Tendrá como objetivo esencial investigar los crímenes de lesa humanidad cometidos por agentes del Estado o quiénes, sin serlo, hubiesen contado con la autorización, apoyo o aquiescencia de éste, dentro o fuera de fronteras, en el marco de la actuación ilegítima del Estado y el terrorismo de Estado, durante los períodos comprendidos entre el 13 de junio de 1968 hasta el 26 de junio de 1973 y del 27 de junio de 1973 hasta el 28 de febrero de 1985. 

Adjuntamos el Decreto.


Foto Página12.

19 may 2015

Argentina. Las repercusiones de una sentencia histórica. Las cinco claves del fallo Arruga

INFOJUS noticias recorrió el fallo de casi cién páginas que marca un antes y un después en la causa Arruga. Los casos de violencia institucional cuentan con un precedente que explica por qué detener y torturar a un niño de 16 años es un delito  que no puede ser pasado por alto.

Desde el viernes, los casos de violencia institucional cuentan con un precedente que explica por qué detener y torturar a un niño de 16 años es un delito que no puede ser pasado por alto. El “fallo Arruga”, que condenó a diez años de prisión al ex policía bonaerense Julio Diego Torales, recoge los estándares del Sistema Interamericano de Derechos Humanos para determinar si hubo tortura. Se trata de la primera condena que hace foco en la gravedad y las consecuencias que provocan los tormentos psicológicos.

“Desconocieron la Convención sobre Derechos del Niño, la Constitución y la Convención Americana de Derechos Humanos. No importó nada, sólo amenazarlo, pegarle y colocarlo en una situación de humillación que generó en el menor un temor y angustia que, a mi modesto entender, nunca superó”, dijo en su voto la jueza Diana Nora Volpicina, presidenta del Tribunal Oral Criminal 3 de La Matanza. Sus pares Gustavo Omar Navarrine y Liliana Logroño los acompañaron en la decisión. Infojus Noticias recorrió el fallo de casi cien páginas que marca un antes y un después en la causa Arruga.
1-Luciano era un niño y vulneraron sus derechos
A lo largo del escrito se destaca una y otra vez la condición de niño de Luciano. Para la Convención sobre los Derechos del Niño, a la que adhiere nuestro país, un niño es tal desde su concepción y hasta los 18 años de edad. Él tenía 16 años. Y a pesar de eso quedó comprobado en el juicio que estuvo alrededor de nueve horas detenido en la cocina del destacamento de la calle Indart aquel 22 de septiembre de 2008. Ya en ese momento regía la resolución 1623/04 del Ministerio de Seguridad bonaerense que establece que los menores no deben ser alojados en comisarías.
“Luciano Arruga estaba amparado por la Convención de los Derechos del Niño donde el Estado debe según el Artículo 19 de la Convención Americana, asumir la posición especial de garante con mayor cuidado y responsabilidad. La prevención policial debe accionar ante la detención de un menor con un trato especial otorgándole al menor la posibilidad de comunicarse con sus padres o responsables legales”, explica el fallo.
“¿Ignoraba la normativa contenida en el artículo 16 de la ley 13.482 de la que había sido notificado al ser interceptado Luciano?”, se pregunta la presidenta del TOC 3 sobre Torales, quien aquel día como Oficial de Servicio tenía poder real y de hecho sobre la custodia de Luciano. De inmediato responde: “La respuesta es no, sabía perfectamente los derechos que tenía el niño y sus familiares y se los negó. Luciano tenía derecho a comunicarse con su familia, comunicarle el motivo de su demora pero le fue negado”.
“Pese a que el menor tenía derecho a comunicarse con un allegado o familiar, fue el personal policial que se acercó a la casa de la progenitora”, describe el fallo. Ese día Mónica Alegre y Vanesa Orieta, madre y hermana de Luciano, fueron hasta el destacamento en el que estaba demorado. Lo oyeron a través de una pared. “Vane, sácame de acá que me están matando a palos”, gritó Luciano cuando reconoció la voz de su hermana. Tanto ella como la madre reclamaron verlo. No pudieron. “Pese a que insistió en verlo, las respuestas negativas frustraron su petición”, dijo la jueza.
2-Lo torturaron física y psicológicamente
Luciano entró al destacamento de Lomas del Mirador sin lesiones ni moretones. Se fue con golpes en la cara y miedo a que lo maten. “Mal que le pese a la Defensa Técnica, Luciano no tenía lesiones visibles cuando fue demorado”, dijeron los jueces criticando a los abogados de Torales que plantearon que los golpes no fueron tales.
Según se desprende del fallo, Torales “le infringió intencionalmente sufrimientos físicos, mediante golpes con un elemento duro o romo de superficie lisa, mientras otro funcionario policial lo retenía sujetándolo el brazo y actuando ambos mancomunadamente, le ocasionaron un traumatismo en la región facial, en la frente y pómulo izquierdo”.

Pero las torturas no fueron únicamente físicas. Menosprecio, humillación, amenazas, degradación de la dignidad, angustia moral: son algunas palabras que describen el sufrimiento del chico en el fallo. “Luciano se encontraba sumergido en un notable estado de nerviosismo, angustia y miedo, su percepción cuando estaba dentro del destacamento y escuchaba la voz de su hermana, la única persona que lo contenía, la desprotección que sintió al no poder contactarse con la misma resulta fundamental, ese sentimiento extremo de temor que padeció en el cual claramente el contexto en el que los padecimientos fueron infringidos: esto es el lugar de alojamiento, la edad que tenía, la calidad del funcionario a cargo, contribuyeron a la sensación de mortificación que experimentó”, detalla.
“El poder que le hicieron sentir los funcionarios policiales degradaron su dignidad y Luciano no sabía lo que le esperaba, su futuro se malogró, sólo contaba con 16 años” expresó la presidenta del TOC 3. La jueza, retomando los testimonios de su familia y amigos, destacó las transformaciones que sufrió el chico tras su paso por el destacamento. “Luciano cambió: no quería salir, no quería trabajar, concurría a la casa de Vanesa en la que vivía con rocío Gallegos”, expresó. Y destacó una frase que Luciano le dijo a la amiga de su hermana: “No sé qué hacer, no puedo circular por mi calle”.
“Si estas conductas no se refieren a una angustia moral de tal grado que puede ser considerada tortura psicológica ¿Cuáles son las que revisten esa entidad? El elemento orientador para afirmar que hubo torturas está dado por la intensidad de las mortificaciones y la causación del dolor físico ¿Cómo sostener que la víctima no fue torturada como lo arguyó la defensa?”, dijo la jueza.
Para evaluar si hubo tortura o no el fallo retomó los estándares internacionales. Uno de los precedentes que se citan en el escrito es el Caso Bueno Alves Vs. Argentina de la Corte Interamericana de Derechos Humanos de mayo de 2007 que sostuvo que los elementos constitutivos de la tortura es que la misma “causa severos sufrimientos físicos o mentales”. Y distingue los factores endógenos (la duración, el modo de producción y los efectos físicos y mentales) y exógenos (condiciones de la víctima) de la tortura.
3-Rechazaron investigar a las víctimas
La defensa de Torales había pedido, durante su alegato, que se inicie una investigación por falso testimonio a Vanesa Orieta y Juan Gabriel Apud, el amigo de Luciano. Los abogados apuntaron a responsabilizar y culpabilizar a la familia y a los amigos de Luciano a quienes tildaron, directamente, de mentirosos. El TOC 3 descartó la posibilidad que se abra esa investigación. “Estoy relajada porque no avanzó el proceso por falso testimonio que quisieron instalarnos a dos testigos”, dijo Vanesa Orieta.
Los jueces valoraron y destacaron a lo largo todo el fallo los testimonios que aportaron aquellos más cercanos al joven torturado. "Luciano Arruga nos habló a través de los relatos brindados por su madre Mónica Raquel Alegre, su hermana Vanesa Romina Orieta, su amigo Juan Gabriel Apud, la amiga de su hermana, Rocío Gallegos a quienes le contó lo que habían padecido y no advierto a esta altura que dichos testimonios estén teñidos de parcialidad, odio o rencor, sino por el contrario fueron certeros al aseverar sin vacilaciones las circunstancias que cayeron bajo sus sentidos”, resaltaron.
4-Abre la posibilidad de investigar al resto de los responsables
Los magistrados Volpicina, Navarrine y Logroño remitieron su decisión a la fiscalía General Departamental de La Matanza. El objetivo: que se investigue al resto de los responsables. Durante el debate oral, pro pedido de la defensa de Torales, declararon dos policías del destacamento de Lomas del Mirador: la oficial Mónica Chapero y el subteniente Miguel Ángel Olmos. Ambos se ubicaron en el escenario y a la hora en la que Luciano fue trasladado al destacamento. 

5-Ratifica las denuncias: Luciano era víctima de la violencia policial
Cuatro meses después de las torturas que sufrió en el destacamento de Lomas del Mirador, Luciano desapareció. El 17 de octubre de 2014 se encontró su cuerpo y se descubrió que había fallecido el 1 de febrero de 2009 en circunstancias que están siendo investigadas por la Justicia. Los magistrados del TOC 3 decidieron remitir el fallo de ayer al Juzgado Federal de Morón 1, donde tramita la causa por la desaparición, para que sea incorporada al expediente.

26 mar 2015

Argentina “Marimacho y afeminado”: la persecución a los gays durante la dictadura


En muchos de los archivos de la Dirección de Inteligencia de la policía de la provincia de Buenos Aires (DIPBA) quedaron registradas las conductas sexuales de algunos de los detenidos. La Comisión Provincial por la Memoria está catalogando esos documentos para identificar en qué casos la persecución se orientaba por la elección sexual.

Conducta lesbiana”, “costumbres demasiados liberales”, “amanerado”, “temperamento afeminado”, “invertidos”, “amanerados”, “nunca se lo ve acompañado con personas del sexo opuesto”. Esas frases o palabras usó la Dirección de Inteligencia de la policía de la provincia de Buenos Aires (DIPBA) para describir situaciones de la vida de las personas. En esos archivos, más otros de la Prefectura, se evidencia un discurso punitorio sobre las sexualidades no heteronormativas. Durante la última dictadura cívico-militar hubo muchas formas de ser considerado “subversivo”. Ser estudiante, tener participación política o gremial, tener una sexualidad no heteronormativa, eran solo algunas de las razones para ser encerrado y torturado. Pero estas razones se podían combinar. La Comisión Provincial por la Memoria (CPM) está trabajando para catalogar esos documentos e identificar en qué casos la persecución se orientaba por la elección sexual. En Córdoba, en paralelo, lo están haciendo a través del Archivo Provincial por la Memoria. Infojus Noticias accedió a los archivos. 
“En plena dictadura militar, un ex jefe de la policía bonaerense realizó una denuncia por la desaparición de un ciudadano alemán, con quien se cree tenía una relación amorosa. La DIPBA realizó su propia investigación del caso por tratarse de un vínculo entre una persona relacionada con la llamada ‘subversión’ y un ex jefe de la fuerza. En un detallado informe se habla de la dudosa moralidad de ambos, de la ‘convivencia’, de los vínculos del ex policía con ‘la izquierda’, y de cómo este último intenta rescatar a su pareja de la detención y desaparición”, contó a Infojus Noticias Cristian Prieto, de la CPM, que trabajó junto a Samanta Salvatori en la compilación temática de archivos LGBT.

“La búsqueda en el archivo está definida por mesas en las que se archiva la información. Por ejemplo están la ‘mesa laboral’, la de ‘delincuentes subversivos’, y la de ‘factores gremiales’. No hay una particular relacionada a la sexualidad, pero empezamos a encontrar que en los informes aparecían detalladas las conductas sexuales. Por ejemplo, un documento de averiguación de paradero de una persona que estaba detenida por su orientación sexual en una mesa de ‘delincuencia subversiva’. También encontramos información de cómo se comportó la sociedad ante la orientación sexual de sus vecinos y sus vínculos, porque quedó reflejada en los testimonios que le daban a la policía”, explicó Salvatori. 


Según los análisis de la CPM, el término “pederasta” no fue utilizado por los agentes de la DIPBA para perseguir a las personas que cometían abusos a menores, sino para catalogar a los homosexuales de manera despectiva. A esta palabra le agregaban los calificativos de “activo” o “pasivo” con la intención de dar cuenta el rol de las personas en el acto sexual. En varios legajos junto con los datos personales y políticos de los espiados se puso de manifiesto también la homosexualidad. Sobre la comunidad trans, dicen que ya durante los ‘60 la DIPBA comenzó un trabajo de inteligencia sobre “los travestis” o “actos travestis”. En las décadas siguientes, y sobre todo en los ‘90, la inteligencia se abocó a indagar en los casos que fueron relevantes para los medios de comunicación, como también en establecer una relación entre la prostitución y la comunidad trans.

En el archivo figuran volantes hechos por diferentes espacios de la sociedad civil que fueron recogidos por la DIPBA: “Los agentes de la inteligencia estuvieron siempre bien atentos para incorporar en sus informes estas denuncias sobre la presencia de ‘homosexuales’, ‘lesbianas’ y ‘marimachos’ en las organizaciones políticas, en los gremios o en las instituciones gubernamentales”. Todos los nombres del archivo están bajo reserva por la ley de “hábeas data”. El proyecto de la DIPBA se lleva adelante desde el programa de investigación del área de Educación, Investigación y Archivo de la CPM.

Una historia oral: el caso cordobés
Pablo Becerra formó junto a Natalia Magrin un proyecto de investigación en la Comisión Provincial por la Memoria en Córdoba, para registrar testimonios de personas del colectivo LGBT que sufrieron vejámenes por las fuerzas armadas en la dictadura. Su trabajo es audiovisual y forma parte del Archivo de la Memoria cordobés.

"Durante las décadas del ‘60 y comienzo de los ‘70 se encauzaron las reivindicaciones y reclamos a partir de organizaciones como el Frente de Liberación Homosexual (FLH) y la Comunidad Homosexual Argentina (CHA). En 1969 surge en Buenos Aires la revista Nuevo Mundo, fundada entre otros por el sindicalista y militante comunista Héctor Anabitarte, que funcionaba clandestinamente. Este grupo se unió con lo que después fue el Frente de Liberación Homosexual, que se conformó con la intención de construir un frente de lucha", dice el proyecto de la CPM



Con el golpe de Estado de 1976 todos estos movimientos fueron fuertemente golpeados casi hasta su desaparición total. Así muchos de los militantes de estas organizaciones y sus seguidores que habían irrumpido en la esfera política, en un diálogo conflictivo con la izquierda revolucionaria, buscaron refugio en el extranjero, principalmente donde prosperaban las nuevas teorías libertarias, como Europa; pero no todos tuvieron la oportunidad de irse del país y muchos fueron visto en los Centros Clandestinos de Córdoba, como La Perla y el Ex D2”, dice el informe. 
La colección de entrevistas busca reflejar las experiencias y subjetividades vividas por los grupos no heterosexuales y busca aportar nuevos elementos para repensar y analizar la historia reciente. "El trabajo está creado a partir de testimonios frente a cámara que relatan cómo era vivir, sobrevivir y esconderse de la represión. Todavía está en construcción", dijo Becerra.

Fiestas, baños y exilios
En Buenos Aires, tanto la Policía Federal como la provincial fueron parte activa de las fuerzas represivas durante la dictadura cívico militar, aportando a los militares  con prácticas ilegales de persecución. En una entrevista de 1982, el entonces jefe de la División de Moralidad, comisario Carlos Alberto Golemme, decía que las brigadas buscaban transgresores del edicto 2H, que penaba a las "personas de uno u otro sexo que públicamente incitaran o se ofrecieran al acto carnal”. Golemme identificaba como  homosexuales “a los que cumplen la función de pasivos y pagan a un taxi boy”, teniendo en cuenta que “en las relaciones con su mismo sexo, quien desempeña el rol activo no es homosexual”. Para el caso de las mujeres, el comisario decía que siempre “se castiga a quien cobra y no a quien paga”.

Flavio Rapisardi escribió en coautoría de Alejandro Modarelli “Fiestas, baños y exilios”, un libro que rescató a partir del testimonio de personas que tenían entre 60 y 80 años cómo había sido la vida durante la dictadura. “Sobre la persecución hacia la diversidad de géneros en la dictadura hay que resaltar la que se dio a través del control policial. El único dato que tenemos en los campos de tortura y exterminio es a través de la palabra del rabino Marshall Meyer. Él le dijo a Carlos Jáuregui que las torturas a las personas judías, a la diversidad sexual y a las personas que tenían discapacidad eran especialmente cruentas. Aunque es muy difícil decir esto, porque ninguna tortura es poco cruenta. Lo que sí puede existir es el ensañamiento, que es lo que dijo Meyer”, explicó Rapisardi.



"Cifras reales de los desaparecidos por su elección sexo genérica no existen. Y transferir el porcentaje de población LGBT a los desaparecidos es una operación ridícula. Básicamente porque muchos de los desaparecidos que fueron torturados y asesinados en los campos de concentración, y pertenecían a la militancia del Frente de Liberación Homosexual, eran además militantes de izquierda, de Montoneros, de la JUP o del ERP. Tenían doble o triple militancia, por lo tanto ¿por qué desaparecieron? Son preguntas contrafácticas", dijo Rapisardi. 

Y agregó que "ese especial ensañamiento y persecución” durante la dictadura luego continuó. “A muchos se les mezclaba la dictadura con el primer tiempo del gobierno de Alfonsín, porque la policía siguió actuando como si estuviera en dictadura y porque los códigos de faltas recién fueron derogados en la década del ‘90. Para nombrar una fecha, en 1985, cuando Antonio Troccoli era ministro del Interior de la derecha de la UCR, se produjeron las peores represiones a la comunidad".
Fotos de los archivos: Gentileza de la Comisión Provincia por la Memoria.


17 feb 2015

Entrevista a Vera Vigevani de Jarach, madre de la Plaza de Mayo.

Se acaba de presentar en los salones de la Embajada de Argentina en Francia Vera Vigevani de Jarach, periodista, pero sobre todo madre de Franca Jarach, desaparecida en junio de 1976 cuando tenía solo dieciocho años de edad.

Desde esa fecha empieza la incansable búsqueda de su hija, tanto en Argentina como en el extranjero; búsqueda puntuada por las manifestaciones de otras madres, en la misma situación, todas las semanas en la Plaza de Mayo de Buenos Aires.

Vera Vigevani de Jarcah, nació en Milán, en Italia, en el seno de una familia judía. En 1938, debido a las leyes raciales, es separada del colegio por ser judía, luego la familia es obligada a exiliarse en la Argentina. Ahí conoció a su esposo, otro italiano exiliado, se casaron y en 1957 tuvieron una hija llamada Franca.

¿Cómo empezaron las manifestaciones de las Madres de la Plaza de Mayo? 

Empezamos por conocernos. Íbamos a los mismos lugares, por lo que nos conocíamos. Recibíamos las mismas respuestas. En cierto momento una de las madres, -se llamaba Azucena y acabó siendo víctima- dijo: “Basta, ahora tenemos que ir a la Plaza de Mayo, porque ahí es donde ocurren las cosas. Tienen que vernos, tenemos que pedir” Incluso se pensó pedir una entrevista con Videla, que era el jefe de la Junta Militar en ese momento.

Esto fue un año después del secuestro de mi hija, el 30 de abril del 1977. Había estado de sitio y no podías ir a una plaza y ponerte a charlar con un grupito de personas. Eso estaba prohibido. Ahí estaba un policía que nos dijo: “¡Circulen, circulen!”. "Gracias", le contestamos. Nos sugirió lo que hicimos, empezar a circular alrededor de una pequeña pirámide que hay en la Plaza de Mayo. Pero no íbamos solas, porque teníamos miedo. Íbamos de dos en dos y de esa manera circulábamos. Eso nos dio una gran fuerza, nos ayudó muchísimo, pero al mismo tiempo el silencio siguió durante mucho tiempo. Como íbamos todos los jueves, nos convertimos en una cosa folclórica de la ciudad de Buenos Aires 

¿Se esperaban que ese movimiento se convirtiese en un símbolo mundial? 

No, no podíamos imaginarlo. Primero fueron pequeñas estrategias y después se convirtió en un movimiento de resistencia. De vez en cuando ocurría alguna cosa, soltaban a alguien, pero era como una ducha escocesa. Había momentos de esperanza, de desesperación. Pero sobre todo había un desesperante silencio en la prensa, local e internacional. ¡Había un silencio de la diplomacia, de los embajadores!

El embajador de Italia (en nuestro caso por que eramos italianos), ¿crees que nos ayudo? ¡Para nada! Yo trabajaba para la agencia de noticias italiana ANSA, un día llegó un grupo de sindicalistas italianos, y nuestro corresponsal los llevó a hablar con el embajador. Se llamaba Enrico Carrara y le preguntaron: “¿Es verdad Sr. Embajador que aquí, a muchos compatriotas nuestros los secuestran, los desaparecen...?”. “No sé –contestó- había una cola de personas inmensa que gritaban que querían ayuda y me molestaban tanto. Entonces lo que hice fue preguntar al policía de la puerta qué podía hacer y me contestó: Si le molestan, cierre la puerta. Y eso fue lo que hice”. Se supone que lo mínimo que puede hacer un diplomático es ayudar a sus ciudadanos. 
Por Jordi Batallé.
Foto de la hija desaparecida.

30 dic 2014

Histórica sentencia en Monte Peloni: "La Justicia no llegó tarde: llegó



Después de 37 años de lucha, los sobrevivientes del centro clandestino que funcionó en Olavarría celebraron un día de victoria: tres represores fueron condenados a prisión perpetua, y otro a ocho años de prisión. A Ignacio Aníbal Verdura, el mandamás de la zona, se le revocó el arresto domiciliario y será trasladado al hospital de Ezeiza. 

Desde la primera fila de la sala de audiencias, Araceli Gutiérrez -la única mujer que estuvo secuestrada en el centro clandestino Monte Peloni- escuchó la lectura sentencia tomada de la mano de la viuda de Alfredo Maccarini. En la otra sostenía un retrato en blanco y negro de Laura Carlotto, y cada tanto usaba la imagen para abanicarse. A la una y media de la tarde, el calor en la sala era agobiante, pero a nadie le importaba. Puntual, tras el cuarto intermedio, el presidente del tribunal, Roberto Falcone, se tomó unos minutos para explicar algunos puntos claves de la sentencia que leyó después. Ignacio Aníbal Verdura, jefe del Área Militar 124 y mandamás de la zona; Walter Jorge "El Vikingo" Grosse, oficial de Inteligencia de la Plana Mayor (S2) del Regimiento de Caballería de Tanques 2 “Lanceros General Paz”, y Omar "Pájaro" Ferreyra, integrante del Grupo Operaciones del Escuadrón Comando, fueron condenados a prisión perpetua. Al ex teniente primero Horacio Rubén Leites, jefe del Escuadrón “A”, del mismo regimiento, en cambio, le dieron 8 años de prisión, muy lejos de los 25 que había pedido la fiscalía. Los fundamentos se conocerán el 25 de febrero.
Lo importante para Araceli, para Silvia -la viuda de Maccarini (desaparecido)-, para Pura -la madre de Rubén Villeres- que llegó con el pañuelo blanco y caminando muy despacio del brazo de su nieto Juan Pablo -huérfanos desde los seis años-; para los sobrevivientes Carmelo Vinci y Carlos Fernández, para su hermana la Tata, y para las decenas de familiares y sobrevivientes que llenaron la sala de la Universidad Nacional del Centro, era que por fin, después de 37 años, el Tribunal Oral Federal 1 de Mar del Plata condenaba a los cuatro acusados por los crímenes cometidos en el centro clandestino de detención Monte Peloni.
Verdura, Grosse, Ferreyra y Leites escucharon las penas cabizbajos, uno al lado del otro y fuertemente custodiados por policías con escudos antidisturbios. Seguían con los mismos trajes impecables con los que acudieron a cada audiencia, pero ya no quedaba en ellos el gesto erguido y desafiante con que se sentaron el primer día del juicio, cuatro meses atrás.
Hoy por la mañana Ferreyra había pedido no presenciar la lectura de la sentencia alegando que necesitaba regresar al Hospital de Olavarría por su condición de salud. Pero el tribunal no le concedió ese privilegio: “Mirala a Pura, con más de 90 años, pesa 34 kilos, está enferma y vino a escuchar la sentencia”, decía la hija de Araceli. En cambio Araceli -la “guardiana de la memoria”, como le llaman por vivir dentro del mismo predio donde la torturaron y la mantuvieron secuestrada- creía que hubiera sido mejor que Ferreyra se fuera al hospital.
“Llevó años pero llegó. La primera vez que declaré fue en el Juicio a las Juntas. Hoy siento que por fin se hizo Justicia, y que se reconoció que a los compañeros que están desaparecidos, los mataron”, dijo Araceli, entre lágrimas y abrazos largos. Fue un juicio atípico: muchos de los sobrevivientes son amigos entre sí. Han pasado estos 37 años reuniéndose para lograr justicia y también, cruzándose en la panadería y en la carnicería con sus secuestradores

Algunos de sus compañeros no llegaron vivos a escuchar la sentencia. “Hoy faltan varios compañeros que estuvieron con nosotros luchando, como Mario Méndez (autor del valioso Informe de la Memoria de Olavarría)  o Cassano. Pero todos ellos están hoy acá. Llevó 37 años, hoy es un día de justicia. La justicia no llegó tarde, llegó. Los que cometieron estos delitos hoy están presos”, dijo a Infojus Noticias Carlos Genson, sobreviviente.
La Tata Fernández y su hermano Osvaldo Roberto Cacho Fernández se abrazaban bajo las 35 mil flores que cubrían las paredes de la facultad. Estaban hechas de papeles de colores y habían llegado desde todo el país para recordar a las víctimas de la dictadura. “Es mucho el dolor, la condena no basta, hay muchos que todavía falta juzgar. Pero creo que mi hermano Oscarcito debe andar contento allí donde esté”, decía la Tata.
Además de las perpetuas, otra línea de la sentencia infundía alegría entre los presentes: el tribunal había decidido revocar la prisión domiciliaria de Verdura y ordenar su “inmediato traslado” al hospital de Ezeiza. Lo hizo por entender que estaba amenazando el proceso y la continuidad del siguiente tramo del juicio, Monte Peloni 2. Consideró que “las amenazas que se han vertido en este juicio han tenido como objetivo intimidar a testigos y colaboradores”. A todos los imputados, además, la sentencia les quitó las jubilaciones y pensiones.



“Verdura va adonde tenía que estar desde el primer momento”, dijo César Sivo, abogado querellante que representa a más de 20 víctimas en Monte Peloni.  “Argentina es el único país del mundo donde los condenados por delitos de lesa humanidad tienen arresto domiciliario. Llega a juicio a los 82 años porque durante mucho tiempo se demoraron estos procesos judiciales. Lo importante no es la edad que tiene, sino lo que hizo”.
Respecto de la condena de Leites, la más baja, entendió que “parece que deja un sabor agridulce, pero en la segunda parte del juicio, donde está imputado en un homicidio, seguramente le corresponderá una condena más intensa. Los procesos avanzan espasmódicamente. Hemos logrado mucho”.
“No ​pido clemencia”
La jornada había empezado a las once y veinte de la mañana, en medio del calor agobiante y con la sala repleta. Hacía tiempo que no se veía a los cuatro acusados presentes. Consultado sobre si iba a hacer uso de las últimas palabras, el exmilitar que en democracia supo ser funcionario municipal de Olavarría dijo que sí, iba a decir algo. Pasó al frente y leyó un papel escrito a máquina.
“No voy a pedir clemencia, porque es lo que piden los culpables. Pido verdad y justicia”, fue la primera frase que dijo el Pájaro, con voz temblorosa, ni bien se sentó frente al tribunal. Vestido de traje y corbata, con anteojos para ver de cerca, leyó su descargo y pregonó su inocencia. “Estoy ilegalmente privado de mi libertad en una causa basada en falsos testimonios”. Además, Ferreyra dijo: “El único remedio para sanar la triste herida de un triste y lejano pasado es la verdad”. Y apelando a sus creencias, pidió a Dios “que ilumine el camino a la hora de hacer justicia”.


Olavarría despierta

Después del veredicto, cientos de personas celebraron al aire libre. En un rincón, 116 muñecas de papel maché, con pañuelos de colores y flores en las manos, recordaban a los nietos restituidos. De ellas colgaban textos y poemas: “De una punta a la otra de la verdad, voy a levantar tu nombre como si fuera mi brazo derecho”, decía una que recordaba las líneas de Paco Urondo en una instalación del grupo Parapetón.
En el parque de la Universidad Nacional del Centro, donde transcurrió el juicio, se había montado un escenario. Los sobrevivientes subieron, levantaron los brazos y fueron ovacionados. En cambio Silvia, la viuda de Maccarini, se quedó sentada en un banco, fumando un cigarrillo. Tenía la mirada perdida en el infinito, la mano apretada en la foto de su marido -un penitenciario que sigue desaparecido-, y murmuraba: “No tengo su cuerpo, pero tengo la constancia de que lo mataron. El primer día del año nuevo, voy a levantar mi copa con Justicia, por primera vez”.​


Más información sobre el juicio histórico en Olavarría, Monte Peloni, ingrese aqui: http://montepeloni.infojusnoticias.gov.ar/