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7 jun 2014

Leonor Watling: “Ojalá fuera posible un Pepe Mujica en España”

foto-25.jpgActriz y cantante. Nació en Madrid en 1975. Ha actuado en 40 filmes, entre los que destaca "Hable con Ella" de Pedro Almodóvar. También es vocalista y compositora de la banda de pop Marlango.

El que diga, hombre o mujer, que no ha estado al menos una vez en su vida enamorado de Leonor Watling, miente. Muchos la recuerdan como la chica que se pasa el ochenta por ciento de Hable con ella, la película de Pedro Almodóvar, dormida. Nunca una mujer en coma transmitió tanto magnetismo y dulzura. Han pasado 12 años desde aquella experiencia que, según contó, le trastornó un poco el ego –mientras ella esperaba impresionar como “chica Almodóvar”, el director le pedía quedarse quietecita– pero que también la puso en un lugar privilegiado casi, diríamos, sin mover un músculo. Leonor, madrileña que tomó de su madre inglesa el apellido (su padre, gaditano, se apellida Ceballos) y es, además, líder de la banda de pop español Marlango, acaba de estrenar su película número 40, Amor en su punto, una comedia romántica, rodada en inglés, con trasfondo culinario. El periodista gastronómico Richard Coyle,  autor de una exitosa columna sobre la buena mesa y la búsqueda del amor, ve trastocada su existencia al conocer a una curadora de arte (Watling), que le enseñará que hay cosas más importantes que llenarse la panza con un platillo gourmet de cocina peruana. Hablamos con ella, por fin, sobre el amor, la cocina y el humor; y claro, sobre España y Uruguay, el revolucionario país de su marido, el cantautor Jorge Drexler.

¿Qué tienen las películas con cocina incluida que seducen tanto? 
Yo creo que todos comemos tres veces al día. Es una cosa que nos ocupa bastante tiempo mental y que sirve de metáfora de muchas cosas, especialmente para contar historias de amor. 

Entre El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante, El festín de Babette o Ratatouille… ¿con cuál te quedas? 
Con las tres, son tres mundos distintos que no se tocan en ningún lado. El festín de Babette me conmovió mucho, me pareció un cuadro en movimiento. Ratatouille me divierte mucho y El cocinero, el ladrón... es una película muy inquietante. 

Tú que eres medio inglesa y medio española. Y acabas de protagonizar una comedia, ¿cuál dirías es la mayor diferencia entre el humor británico y el humor castizo? 

Seguramente hay alguien que puede darte una respuesta brillante a eso... Me parece que el español es un humor más negro y el inglés juega mucho con el doble sentido. Creo que la diferencia tiene más que ver con la relación que establecen con el ridículo. El inglés le tiene mucho menos miedo al propio ridículo que el español. Quizá me hace reír más el inglés, me siento más próxima. 

En el Perú se recuerda mucho tu papel en Hable con ella. Cuando leíste el guión y te diste cuenta de que durante gran parte de la película estabas en coma, ¿tuviste dudas? 

Sí, pero dudas de si podría ser capaz de aguantarme, de cómo lo llevaría... La verdad es que es una mezcla extraña que te llame tu director favorito para estar dormida casi toda la película. Y, sin embargo, todo me conmovió de ese papel. 

¿Viajas mucho a Uruguay, donde nació tu marido, Jorge Drexler? 
 Sí. 

¿Que tu pareja sea un latinoamericano te ha acercado de alguna manera a esta otra parte de la cultura común? 

Sí, mucho. Ya antes había rodado en Ecuador. Había estado en México. En Argentina. Y sí que tenía contacto y lo conocía, pero es distinto tener familia ahí. 

¿Cómo ves lo que está pasando en Uruguay ahora mismo? 

Muy bonito, la verdad. Toda Latinoamérica está floreciendo a su ritmo y con su tiempo. Y noto que tenemos mucho que aprender de vosotros y mucho que disfrutar, muchas películas, mucha literatura, mucha música. Mucho de todo. 

¿Conociste a Pepe Mujica? 

Sí, tuve la oportunidad de conocerlo una vez. Es maravilloso, es tal cual, es relajado, tiene las prioridades superclaras. Es una persona maravillosa. 
¿Crees que en España sería posible un Pepe Mujica? 

Ojalá fuera posible un Pepe Mujica en España. Tendría que relajarse mucho todo. En España a la gente le cuesta mucho opinar sin discutir y escuchar las opiniones de los otros sin sentirse atacado. Cuanto más extremo se pone uno más extremos se ponen los demás. Sin embargo, creo que la mayor parte de mi país es una tercera España. No existen solo dos españas. Aparecen cuando te ponen contra la pared. Pero yo creo que en una situación normal hay una España más relajada, aunque ahora mismo esté un poco tenso todo. 

La crisis global y los recortes que ha efectuado el gobierno español parecen querer noquear al cine de tu país, pero resiste… ¿de dónde sacan fuerzas? 

Ha sido un golpe fuerte pero no solo para el cine, ha habido recortes en todo. Pero la industria del cine en España se mueve por una pasión muy personal de los productores, directores y actores. Eso no se apaga con la falta de dinero. Cuesta más y es más duro pero no desaparece. 

Tienes dos hijos pequeñitos, Luca y Leo. ¿Quién les canta las canciones para dormir, tú o Jorge? 
Los dos. 

¿De qué género sería la película de tu vida? 

Si tuviera que vivir en algún género casi que preferiría la comedia romántica que un drama. 

¿Sabías que los peruanos tenemos un tema con la comida? Vivimos en el género de la película gastronómica. 

Sí, es maravilloso. En eso sí que nos parecemos porque en nuestros países la comida nos une, para hacer negocio, para juntarnos con la familia… Mientras comes hablas de las comidas que recuerdas. 

En la película hay como dos polos opuestos, el racional, que es el que representa el crítico gastronómico, y el de la chica, que tú interpretas, que es más la pasión y el disfrute. ¿Con qué lado te sueles identificar? 

Tengo un acercamiento racional pero realmente lo que tira de mí es lo visceral. Lo que pasa es que tarde o temprano necesito construirle un discurso racional alrededor. No lo puedo evitar. Pero manda la emoción. 

¿Qué comida te devuelve a un pasado feliz? 

Un pollo asado maravilloso. Es el olor que relaciono con la casa de campo y la comida familiar. 

¿Tú cocinas? 

Sí, disfruto, pero no soy especialmente brillante en la cocina. Me gusta hacer cosas muy sencillas. 

¿Has probado alguna vez un platillo especialmente afrodisíaco? 
Yo creo que es más la situación y la compañía lo que lo hace afrodisíaco. Una pizza puede ser afrodisíaca. Eso lo hacía muy bien Bigas Luna: convertía cualquier cosa en un manjar.


Entrevista de Gabriela Wiener Bravo.

26 jun 2013

“Decir que la vida del concebido está por encima de la vida de la madre me parece perverso”

Natalia Iguíñiz. Natalia Iguíñiz. Artista visual, enseña en la Pontificia Universidad Católica del Perú hace 18 años. Es mamá hace 7 años, hace 5 trabaja en el Centro de la Imagen y también dicta de vez en cuando clases en Corriente Alterna.
Texto. Gabriela Wiener.
No podías ser un estudiante universitario de aquellos terribles años 90 en el Perú y no saber quién era Natalia Iguíñiz. La primera vez que la vimos era carne de su propia pintura. Estaban por ahí otros artistas. Miguel Aguirre pintándose borroso, Fito Espinosa haciendo melancólicos hombrecillos en forma de cactus y Max Hernández lavándose los dientes en un video hasta hacerse sangrar. Pero sobre todo, estaba Natalia, mirándose a sí misma, oscuramente, desde algún óleo. Poco después, dejaría de pintarse para pintarnos, para poner en boca de todos la palabra "perra". Por primera vez las chicas a las que llamaban perras en las calles de Lima, todas nosotras, hablábamos, y contestamos a los intentos de reprimir nuestra sexualidad y estigmatizarla. A partir de ahí, Iguíñiz no ha dejado de meterse con los temas más incómodos de la sociedad peruana: con las dinámicas entre empleadas domésticas y patronas, con las vírgenes y la virginidad, con las mujeres violentadas y con la maternidad. Pocas voces tan necesarias como la suya en estos tiempos en que en materia de derechos y libertades parecemos volver a las cavernas.
¿Estás indignada? ¿Por qué?
Porque, una vez más, se demuestra todo lo que falta en el Perú para tener un Estado laico, donde se respeten los derechos sexuales y reproductivos de las personas y en especial de las mujeres.
Nos enfrentamos a una propuesta de ley que pretende “proteger” a nuestros jóvenes del autoconocimiento y la exploración sexual…. A mí se me ocurre que debería haber exhibiciones de arte como el tuyo en cada colegio… Y maestros y maestras capaces de comentarlo.
A través del arte podemos conocer distintas maneras de vivir la sexualidad, que es un campo fundamental de la vida. Constantino Carvallo decía que no creía que debía haber educación sexual en los colegios como curso separado donde te adoctrinaran solo sobre los peligros de la vida sexual; él decía que el sexo no estaba fuera del cuerpo y que lo que había que aprender era cómo cuidar y disfrutar tu cuerpo.
¿Estamos volviendo a la edad media de los derechos fundamentales de las mujeres y los niños en este país?
Decir que siempre la vida del concebido está por encima de la vida de la madre me parece muy perverso. Si la vida de las mujeres no es tan importante, ¿por qué nos sorprende el feminicidio? Me parece que una máxima como esta es heredera de una cultura patriarcal que pretende adueñarse de la autoridad femenina y sobre todo la materna. Se ha construido un discurso en el que la maternidad es una condición de las mujeres y no un acto libre y voluntario. Paradójicamente se les exige mucho a las madres y se les da muy poco. Ser mamá es tener triple jornada laboral. Como decía Simone De Beauvoir, se pretende eternizar una figura femenina como esclava de la especie, no decides, solo eres un vehículo.
¿Qué recuerdos tienes de tu educación sexual ochentera?
Nada muy articulado, cositas en el cole, en la tele, en los libros, en las conversaciones con mi mamá, con mis amigas y primas. Siempre he sido bien zanahoria y el vínculo emocional es lo que prima para mí, pero hubiera preferido perderle miedo a mi sexualidad antes.
¿Abortaste alguna vez en el Perú?
En varios momentos me he puesto en la disyuntiva de qué hacer si el test salía positivo. He tenido dos abortos espontáneos y fue muy duro. Creo que el aborto debería ser una decisión muy personal, según las creencias y los momentos de cada quien. De lo que estoy segura es de que no se gana nada penalizándolo. Poner el tema del aborto como algo a favor o en contra me parece una gran irresponsabilidad. No creo que nadie desee abortar. Ojalá toda esa energía se usara para apoyar el trabajo de miles de madres que crían en condiciones de extrema pobreza o que ven morir a sus hijos por enfermedades curables. ¿Por qué no penalizar más bien el despido de mujeres porque están embarazadas?
En una de tus obras decidiste poner a las trabajadoras del hogar en un primer plano al lado de sus patronas. ¿Que te pareció el proyecto de Daniela Ortiz de las 97 empleadas domésticas que aparecen más bien detrás, muy al fondo?
Me parece que pone el dedo en la llaga. Creo que en un país donde subsisten prácticas serviles y coloniales no es fácil tirar la primera piedra. Tampoco es fácil que otro ventile las contradicciones de tu vida doméstica y menos con la foto de tus hijos. Sé que es complejo y cada caso es distinto, pero creo que lo que es un verdadero escándalo son las condiciones de vida y de trabajo de miles de niñas y mujeres trabajadoras del hogar. Sin contratos formales, sin horario, con media gratificación, con 15 días de vacaciones con suerte… trabajan el doble, ganan la mitad. El trabajo doméstico está atravesado por prácticas coloniales, machistas y sexistas. Si hay gente que no lo quiere ver es porque está cómoda con esta situación.
¿Eres de las que no se consideran feministas pero están a favor de la mujer, o eres de las que se consideran feministas y piensan que las primeras están jorobando el movimiento?
Yo creo que hay una gran ingratitud hacia las mujeres que luchan y han luchado por nosotras. Creo que es de una gran ingenuidad que muchas chicas hoy vean como un valor no ser feministas, ojalá que sea porque no lo necesitan.
¿No te parece que en el Perú todavía existe esta idea extraña de que la mujer tiene una enorme capacidad de sacrificio, de que eso realza su condición femenina?
¡Es un horror! Yo no quiero ser heroína, ni sacrificada, ni abnegada… todos sufrimos, pero no me parece un valor en sí. Llevar la bandera de madre sacrificada es hacerles el juego a quienes demagógicamente exaltan las virtudes femeninas para zafarse de la responsabilidad y la chambaza que es la crianza y el trabajo doméstico.