26 feb 2015

Uruguay en la Secretaría General de la OEA

Ya no queda margen para la menor duda: el 18 de marzo los países miembros de la OEA votarán para la Secretaría General de la OEA al actual canciller uruguayo Luis Almagro, quien el 25 de mayo pasará a suceder al chileno José Miguel Insulza tras sus dos períodos al frente del organismo.

Se han venido sucediendo los pronunciamientos favorables a la candidatura señalada, sin que se resgistrara ninguno en contra.

Otras dos candidaturas para el cargo que se habían insinuado, las del ex vicepresidente guatemalteco Eduardo Stein y la del juez peruano de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, Diego García Sayán, se han borrado del mapa. En este marco se destaca la trascendencia de la presentación efectuada por el canciller Almagro ante los otros 34 integrantes del Consejo Permanente de la OEA el pasado miércoles 18 de febrero en la sede de Washington, en que bosquejó el papel que deberá asumir una nueva OEA en el próximo período, hasta el año 2020 (y sin reelección), ''para dejar atrás definitivamente la OEA de la Guerra Fría y dar los pasos necesarios hacia una OEA del siglo XXI''. Un aspecto esencial de la presentación es que se propiciará el reintegro de Cuba a la organización interamericana.


Por el reintegro de Cuba

 
En el capítulo IV (y penúltimo) del documento, titulado ''Una organización sin exclusiones'', Almagro recordó que el sistema interamericano se ha ido ampliando con la incorporación de todos los Estados que componen la región. Afortunadamente, se ha dado vuelta la página, y Cuba fue reincorporada en junio de 2009 a la Asamblea General de la OEA, en la reunión efectuada en San Pedro Sula, Honduras, bajo la presidencia de Manuel Zelaya. Esta decisión revirtió la que había asumido el organismo en enero de 1962 en la conferencia de cancilleres de San Rafael, Uruguay, en que excluyó a Cuba del sistema interamericano.


Sin embargo, aún resta su reingreso efectivo. ''Para ello expresó Almagro- considero que deberíamos encontrar la forma viable y consensual  para que así suceda, y Cuba pueda enriquecer con sus aportes la agenda de la Organización''. Trajo a colación en ese sentido los hechos de candente actualidad: ''El histórico anuncio hecho por los Presidentes de la República de Cuba y de los Estados Unidos de América el 17 de diciembre de 2014, y la importancia de que como señalara la OEA en su Declaración- se implementen las medidas en favor de la completa normalización de las relaciones bilaterales entre ambos países, generan un contexto favorable. Estoy cada vez más persuadido lo he advertido en mis innumerables reuniones con los Estados de la Organización- que el reingreso efectivo de Cuba a la OEA se convertirá en un hito fundamental en la historia de nuestra Organización''. Y anticipó que ''la próxima Cumbre de las Américas que tendrá lugar en Panamá en el mes de abril será histórica al convertirse en un hito por la presencia cubana en dicho encuentro''.

Una OEA del siglo XXI, una América unida y para todos

 
Esta definición esencial está precedida por una serie de consideraciones generales sobre la OEA del siglo XXI, que ''debe ser global, debe salir al mundo, relacionarse con países y entornos estratégicos, con organismos multilaterales globales y regionales''. A su juicio, ''América ha estado dividida, es hora de reparar las heridas del pasado y construir una América unida y para todos''. Y enfatiza: ''Mi norte es América. Mi sur también es América. Mi centro y el Caribe son América. Toda ella, su gente, su mezcla, sus penurias y sus oportunidades. Mi objetivo es poner a la OEA al servicio de todos los americanos, sin discriminación alguna por razones de género, grupo étnico, pueblos indígenas, origen, extracción social, credo religioso, orientación sexual, discapacidad, condición migratoria, afrodescendientes, grupo etario o cualquier otra condición o grupo vulnerable''.


En este campo hay un desarrollo particularizado sobre el problema de género, tanto desde la necesaria perspectiva de derechos para la mujer como de su papel como vector para el desarrollo de nuestras sociedades, habida cuenta de que constituye más de la mitad de la población del continente. Se establece taxativamente que ''la igualdad de género, el empoderamiento de la mujer, tanto en sus aspectos de representación política como de participación económica, y la lucha contra la violencia basada en género resultarán prioridades de la OEA''.

La síntesis de este capítulo es: ''Más derechos para más americanos será nuestro lema, con la OEA cada vez más cerca de la gente''.

Sobre esta base, plantea una serie de iniciativas basadas en cuatro pilares para una nueva visión estratégica: democracia, derechos humanos, desarrollo integral y seguridad multidimensional. Entre ellas, llamó a fortalecer la independencia de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y a crear un sistema regional de prevención de conflictos sociales  relacionados con proyectos  mineros o productivos de impacto en comunidades locales, colocando a la OEA en el papel de facilitadora  de soluciones a la medida de los países miembros.  Prometió asimismo enfocar los problemas de la trata de personas y la violencia relacionada con el tráfico de drogas, mediante enfoques alternativos. Se refirió también a la criminalización de las migraciones irregulares en la región, tema relevante en México y América Central, donde millones de personas intentan llegar a Estados Unidos. Promovió la creación de un fondo de contingencia para desastres naturales, centrado en el Caribe y Centroamérica, y otro fondo destinado a la interconectividad tecnológica en el Caribe. En el orden interno, también expresó su preocupación por problemas de sustentabilidad financiera de la propia OEA, dejando en claro que la restructuración de algunos gastos asoma como imprescindible.  

Complementariedad con organimos regionales

 
En el capítulo II, titulado: ''Hacia una visión estratégica de la OEA. El consenso político desde la solidaridad continental'' se plantea un tema fundamental: el de la relación de la nueva OEA con los organismos regionales recientemente creados en el continente. El problema se resuelve en términos de convergencia y complementariedad, lo que debe ser destacado especialmente, bajo el lema de ''la convergencia con otros mecanismos regionales y subregionales''.


Esta parte del documento se inicia con los siguientes conceptos: ''Desde la creación de la OEA el escenario continental ha cambiado y las instancias de concertación e integración se han multiplicado. La existencia creciente de espacios de diálogo subregional y regional no debe ser vista como un escenario competitivo, sino como una oportunidad para generar mejores canales de interacción en el continente. En este sentido, la acción de la OEA y la realizada por CELAC, UNASUR, CARICOM y SICA, no deben ser vistas como ejercicios competitivos y antagónicos, sino complementarios. Reconocer estas realidades regionales y subregionales, cuya validez y vigencia es indudable, será la clave para alcanzar un grado de complementariedad de la que todos nuestros países se verán beneficiados. Debemos ejercer una coordinación, para que nuestra agenda sea global y no solamente receptiva de la agenda de otros. En ese sentido, proponemos  instancia de coordinación periódicas de la Secretaría General de la OEA y Secretarías Pro-Témpore de las Organizaciones regionales referidas'' (tales como la CELAC, la UNASUR y la Comunidad del Caribe, CARICOM).

Abundando en este aspecto, Almagro señaló en su exposición: ''Quiero que la OEA vuelva a ser el foro político de la región. No tiene por qué ser el decimonónico de sus primeros años. Tiene que adaptarse a las nuevas realidades, que le dicen que debe coordinarse con nuevas voces, que a veces pueden actuar más rápido que la OEA'', señalando en particular a la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). ''Es la voz de los países de América Latina y el Caribe agregó- eso es insoslayable, es insustituible, es algo que no puede ser reemplazado en este foro'', al tiempo que reiteró la propuesta de instancias de coordinación periódicas entre la secretaría General de la OEA y las secretarías pro-témpore de los citados organismos regionales.

Es sobre estas bases que Uruguay volverá a desempeñar la secretaría general de la Organización de Estados Americanos, lo que no ocurría desde hace más de medio siglo, en que el representante de nuestro país José Antonio Mora Otero  ocupó el cargo en el período inicial, entre 1958 y 1962. En el caso actual, podemos vislumbrar que con la presidencia de Luis Almagro entrará en escena una nueva OEA, en la perspectiva de una nueva América Latina y caribeña

Periodista Niko Schvarz
Fuente Bitacora:
http://www.bitacora.com.uy/noticia_7035_1.html

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