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19 sept 2017

Los jueces en el cine» de José Narváez Hernández

No fue el Derecho la disciplina que primero se inte­resó por el cine: ni para efectos didácticos ni por parte de los investigadores, pero una vez que comenzó a hacerlo ya no hubo marcha atrás. Antes que el Derecho, fueron, principalmente, la historia y también la antropología, la sociología, la filosofía o la política, junto a otros saberes, los que utilizaron el cine para ampliar su visión y perspec­tiva. Entre los que se dedicaban a esas disciplinas, siempre hubo escépticos que renegaron del uso del cinematógrafo, como hoy los hay entre los juristas, pero a medida que se iban editando obras de mayor calado y ensayando nuevos experimentos, los prejuicios contra el uso de este medio artístico de masas fueron quedando atrás. Muchos de los que nos dedicamos al Derecho y Cine solo querríamos que, tras la explicación de una temática jurídica, bien oral­mente o por escrito, además de apuntarse la bibliografía al uso, se indicara la filmografía correspondiente: el saber sigue y seguirá siendo fundamentalmente literario, pero el cine aporta un instrumento que, en relación con los cono­cimientos adquiridos, hace surgir las preguntas; fuerza a la reflexión. En el caso del Derecho, esto es así en muchos ámbitos, pero en unos más que en otros: para el Derecho constitucional, el Derecho penal o el procesal; para la fi­losofía y la historia del Derecho, parece que el cine es más útil que para el Derecho registral, el administrativo o el concursal. Pero me desagrada emplear el término “útil”, porque del cine, de este uso particular del cine, se beneficia -creo- todo el estudio del Derecho; lo mismo que ocurre con las otras humanidades jurídicas, enfrentadas a criterios meramente utilitarios y reduccionistas.

3 oct 2015

"Magallanes" las secuelas del conflicto armado

Está ópera prima del peruano Salvador del Solar conmocionó a la audiencia del Festival de Cine Biarritz-América Latina al abordar el reencuentro en Lima de dos víctimas de la época del terrorismo en Perú: un ex soldado del ejército peruano y una mujer de origen quechua.

Magallanes” es la única película peruana este año en la competencia del Festival Biarritz-América Latina. Una intriga magistralmente construida sobre un hombre humilde que se desempeña como taxista en la ciudad de Lima. Un día, Magallanes recoge en su carro a Celina, una chica de rasgos indígenas que había conocido años antes en Ayacucho, cuando era soldado del ejército peruano contra los insurgentes de Sendero Luminoso. Poco a poco se descubre un pasado insoportable en el que Celina fue la principal víctima de un alto mando militar. Recuerdos de vejaciones y abusos que Magallanes intentará resarcir a su manera.

Se trata de la primera película dirigida por el conocido actor peruano Salvador del Solar, basada en el relato “La pasajera” de Alonso Cueto. Una historia que suscitó una gran emoción en el público de Biarritz, al abordar el conflicto armado en Perú a través del prisma de dos de sus víctimas y que para su director es el reflejo de un país que todavía carga las heridas de los años negros de Perú, y donde queda mucho por hacer.

“El reencuentro entre Magallanes y Celina simboliza ese fantasma que nos acompaña en el presente. Este presente que vivimos que parece orientado hacia un futuro enfocado solamente en el crecimiento económico. Pero más bien es un presente empapado de un pasado que pretendemos ignorar. Esta historia de Alonso Cueto llevada al cine busca presentar las consecuencias del conflicto peruano a través de las personas que lo sufrieron. Hay muchos peruanas y peruanos que siguen cargando las cicatrices de ese pasado atroz, del que tenemos que responsabilizarnos todos”, aseguró Salvador del Solar ante los micrófonos de Radio Francia Internacional.

“Magallanes” impacta por un acertado manejo del suspenso a medida que el rompecabezas se va construyendo. Pero el clímax de la película es sin duda el momento en que Celina reclama dignidad y respecto en lengua quechua, una escena que el director Salvador del Solar decidió dejar sin traducción.

“Celina es mujer y quechua hablante, es decir, representa a las mujeres que más sufrieron el conflicto, bajo una forma muy específica que fue la discriminación y la violencia de género. Y ese monólogo en quechua es efectivamente un momento culminante de la película. No quisimos traducirlo para poner al público ante la imposibilidad de no entender del todo, que es parte de la tensión que encierra el Perú todavía hoy en día. Porque hay un desinterés en comprendernos e integrarnos”, agregó Del Solar.

“Magallanes” de Salvador del Solar, protagonizada por Damián Alcázar y Magaly Solier, es una de las diez películas candidatas al premio “El Abrazo” del Festival de cine Biarritz-América Latina. La película ya se vio en Perú y en el Festival de Toronto.

13 sept 2015

Magallanes, por Emilio Bustamante

Magallanes se estructura como un thriller que emplea como figura preferente  la paralipsis, es decir, el ocultamiento sistemático de información para luego revelarla y provocar sorpresa. En ocasiones el recurso es demasiado obvio. Por ejemplo, cualquier espectador medianamente entrenado en las convenciones del género puede adivinar que el primer fajo del que se apropia Magallanes no contiene billetes. Que Magallanes ni lo sospeche es un ardid no recomendable mediante el cual se convierte provisionalmente en tonto al personaje para que el truco surta efecto, confiando en la complicidad o la benevolencia del público. El principal defecto deMagallanes es la evidencia del artificio narrativo; se notan las costuras de la trama. 

Sin embargo, la trama –a pesar de sus defectos- logra sostener un contenido complejo. Magallanes no es solo un filme sobre un hombre que busca conseguir dinero para ayudar a una chica, es una película sobre la culpa, el perdón y la memoria respecto de un período clave de nuestra historia reciente (el del conflicto armado interno) cuyas consecuencias aún afrontamos. Y es sobre esto queMagallanes aporta una mirada perturbadora, mediante personajes  que trascienden sus roles simbólicos, una buena dirección de actores y una representación de la ciudad de Lima y los tiempos actuales nada concesiva.

La figura narrativa de la paralipsis, de otro lado, se relaciona con una significación más profunda de un relato en el que existen personajes y situaciones ocultas, aparentemente relegados al pasado y el olvido, pero que se hallan presentes y cuya develación conmociona.

Una comparación de Magallanes con La teta asustada descubre dos puntos de vista casi opuestos con relación a la memoria del conflicto, e invita al debate. En ambas hay una víctima interpretada por Magaly Solier. En ambas hay una clase social alta vinculada a las fuerzas armadas  (y al Estado) de la que real o simbólicamente se quiere obtener una reparación económica: Magallanes extorsionando a la familia del coronel, Fausta entregando sus canciones a Aída a cambio de las perlas.  En La teta asustada la protagonista consigue las perlas para poder enterrar a su madre (el pasado), superar su trauma e iniciar una nueva vida en la capital. En Magallanes, Celina no acepta el dinero ofrecido primero por Magallanes y luego por el hijo del coronel, haciéndonos notar que no hay reparación económica posible para aquello de lo que fue víctima.  El coronel no se acuerda de lo acontecido, el hijo del coronel no quiere saberlo y desea que todo se olvide; pero Celina no puede olvidar: su hijo (el equivalente a Fausta (otro ser amamantado por una teta asustada) está allí para recordarle físicamente  lo  terrible que le sucedió y su falta de remedio.

Cuando Fausta corre en La teta asustada se dirige a liberarse del pasado; cuando lo hace Celina en Magallanes, está reviviéndolo. Mientras que La teta asustadaapuntaba al olvido (el entierro del pasado) para poder seguir viviendo; Magallanessugiere que no se puede ni se debe olvidar lo sucedido,  hay que vivir con ello. Quienes olvidan o prefieren olvidar (quienes desean enterrar el pasado) son enMagallanes los victimarios o los hijos de los victimarios, representantes de una sociedad criolla; no las víctimas. Y así como el coronel que ha perdido la memoria es “un hombre enfermo”,  según lo define su hijo, una sociedad sin memoria es una sociedad enferma.

La representación de la ciudad capital es también muy significativa. La comparación aquí con La teta asustada es también sugerente. En la película de Claudia Llosa el asentamiento humano donde vive Fausta es colorido y su gente emprendedora y creativa; la casa de Aída parece una fortaleza rodeada por una nueva ciudad-mercado que está siendo construida por  inmigrantes emergentes. La Lima deMagallanes es distinta. La casa del coronel y la oficina de su hijo  alojan a  los sectores altos, y están representadas por interiores cerrados al mundo exterior como los de la casa de Aída; pero la ciudad emergente donde vive Celina carece de la idealización de La teta asustada, es violenta y hostil. Es una ciudad donde las deudas se cobran a golpes, las vendedoras de celulares -probablemente robados- timan a sus clientes, los delincuentes de barrio se alquilan, y las charlas de autoayuda son farsas. Un lugar de supervivencia y crueldad  donde la solidaridad de la vecina interpretada por Liliana Trujillo es una excepción, pues las personas no interesan por lo que son sino por su dinero, como le hace notar brutalmente la prestamista a Celina. Es inevitable preguntarse, viendo esta ciudad de postconflicto, si para eso se ganó la guerra. 

Magallanes distingue dos espacios populares igual de agresivos, aquel creado por migrantes en décadas más o menos recientes (el que habita Celina), y el de los viejos limeños (de donde provienen Magallanes y Milton), con sus callejones y bares añejos donde se escucha todavía música criolla. Mientras los habitantes de los espacios de clase alta no recuerdan o tratan de olvidar, Magallanes y Milton (dos criollos populares, dos subalternos victimarios y, en cierto modo, también víctimas) sí recuerdan, con excitación o culpa; pero su memoria es, por cierto, diferente a la de la víctima Celina. 

Hay, sin embargo,  una conexión entre los personajes que va más allá de la clase y la cultura. Queda expresada en la impactante performance en quechua de Magaly Solier. Ni el hijo del coronel ni Magallanes entienden el idioma, tampoco la mayoría de los espectadores limeños. Pero comprendemos, al igual que los personajes,  la indignación y el dolor de la víctima, lo imposible del olvido, la dificultad inmensa del perdón y la reconciliación. Una dimensión humana  nos vincula y no puede ser negada sin cinismo o patología de por medio. En el plano final, tras descorrerse una cortina metálica,  Celina muestra su rostro y nos obliga a mirarla de frente.Magallanes es inquietante porque no da soluciones ni consuelo, pero es un filme necesario que nos interpela sobre nuestras posturas en torno a un problema vigente.

14 mar 2015

“El Auténtico American Sniper”, columna de Ronald Gamarra

Cuando era pequeño quería ser militar. Pero me preguntaba: ¿Cómo se sentiría con respecto a matar a alguien? Ahora lo sé: no es problema.

Aún está en cartelera el film American Sniper, dirigido por el extraordinario Clint Eastwood, adaptación del libro de Chris Kyle, personaje central de la película, acreditado como el francotirador más letal del ejército norteamericano, con más de 250 muertes durante las cuatro temporadas que combatió en Irak como integrante de las fuerzas de élite SEAL. Tras ver la película y leer el libro, creo que el film de Eastwood oculta aspectos centrales, altamente perturbadores, del personaje, que se encuentran abundantemente en su libro, del cual reproduzco algunos pasajes. Juzgue el lector.

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La gente me pregunta todo el tiempo: ¿a cuántas personas has matado? Mi respuesta estándar es: ¿la respuesta me hace menos o más hombre? El número no es importante para mí. Ojalá hubiera matado a más. No para exigir derechos, sino porque creo que el mundo es un lugar mejor sin salvajes sueltos que maten a estadounidenses… Tenía un trabajo que hacer como SEAL. Maté al enemigo, un enemigo que veía día tras día conspirando para matar a mis compatriotas estadounidenses. Estoy obsesionado por los éxitos del enemigo. Eran pocos, pero incluso una sola vida estadounidense es una pérdida demasiado grande.

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Hay otra pregunta que me hace mucho la gente: ¿Te ha molestado tener que matar a tanta gente en Irak? Yo les digo: No. Y lo digo en serio. La primera vez que disparas a alguien, te sientes un poco nervioso. Te preguntas: ¿Realmente podré dispararle a ese tipo? ¿Está bien lo que hago? Pero después de matar a un enemigo, ves que está bien. Dices: ¡Bien! Entonces lo haces de nuevo otra vez. Y otra vez. Lo haces para que el enemigo no pueda matar a tus compatriotas. Lo haces hasta que no queda nadie por matar… Yo amaba lo que hacía. Lo sigo haciendo. Si las circunstancias hubieran sido diferentes, si mi familia no me hubiera necesitado, regresaría en un santiamén. No miento ni exagero al decir que fue divertido.
 
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Cuando era pequeño quería ser militar. Pero me preguntaba: ¿Cómo me sentiría con respecto a matar a alguien? Ahora lo sé: no es problema.

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Cuando di un paso, me hundí en barro y mierda hasta la rodilla. El barro era en realidad solo una fina capa encima de un profundo charco de aguas residuales. Apestaba aun peor de lo que Irak apestaba normalmente

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Cuando estás en una profesión en la que tu trabajo es matar personas, comienzas a ser creativo al respecto… Pero a veces era un juego; cuando estás en un tiroteo cada día, comienzas a buscar un poco de variedad.

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Nuestro pelotón tenía su propio apodo… Nos denominábamos los Castigadores… adoptamos su símbolo, una calavera… La pintamos con spray en nuestros blindados y chalecos antibalas, en nuestros cascos y todas nuestras armas. Y la pintamos en todo edificio y pared que podíamos. Queríamos que la gente supiera: estamos aquí y queremos mandarles al carajo. Era nuestra versión de la guerra psicológica. ¿Nos  ven? Somos quienes les van a patear el trasero. Téngannos miedo. Porque los mataremos, malditos. Ustedes son malos. Nosotros somos peores. Nosotros somos unos cabrones.

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Me añadí un par de nuevos tatuajes a mi brazo… En la parte frontal de mi brazo me tatuaron una cruz de los Cruzados. Quería que todo el mundo supiera que yo era cristiano. Hice que me la tatuaran en rojo, significando sangre. Aborrecía a los malditos salvajes con los que luchaba. Siempre lo haré.

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Ni una sola vez luché por los iraquíes. Ellos no me importaban ni un carajo.  

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Después de la primera muerte, las demás son fáciles.
 
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Nuestras reglas cuando comenzó la guerra eran bastante sencillas: si ves a alguien de 16 hasta 65 y es un varón, dispárale. Mata a todo varón que veas. Eso no era el lenguaje oficial, pero era la idea.

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Comencé a enseñar a mi hijo a disparar cuando él tenía dos años, comenzando con lo fundamental, un rifle de balines… Mi hijo ha aprendido a respetar las armas. Siempre le he dicho: si quieres usar una pistola, acude a mí. No hay nada que me guste más que disparar. Él ya tiene su propio rifle, un .22 de palanca, y hace disparos bastante buenos con él. También es sorprendente con una pistola.

Artículo de Ronald Gamarra Herrera publicado en Diario16 el domingo 01 de marzo de 2015.

15 jun 2014

Cine: "La Jaula de Oro"

Una historia de inmigrantes gana el mayor galardón del cine mexicano.

Cada año, 400.000 centroamericanos cruzan México para intentar llegar a Estados Unidos. Libran extorsiones, abusos, asaltos, violaciones. Un infierno que solo busca un trozo del sueño americano prometido para escapar de la región más violenta del mundo. Y La Jaula de Oro (México, 2014) película de Diego Quemada-Diez, es la película que lo retrata así. Esta noche ha ganado el galardón como mejor película de la Academia Mexicana del Cine (Los Arieles) que suma al premio que ya había ganado en Cannes (Un certain regard, también en 2013). Y que retrata un drama invisible, pero que sigue ahí, para tantos, solo evidente cuando aparece una fosa llena de cadáveres víctimas de los cárteles que dominan el país.

Los inmigrantes centroamericanos esperan, pacientes, en las estaciones de autobús de México o en las vías del tren. Pese a que La Bestia gana la fama de ser el gran transporte hacia El Norte (que en México no es otro que Estados Unidos), solo unos pocos son los que llegan ahí a bordo del tren. Muchos se trasladan a bordo de autobuses y coches, hasta llegar a las garitas para intentar que coyotes les consigan trasladar ilegalmente a Estados Unidos. El drama que retrata La Jaula de Oro añade, además, la extorsión que los carteles del narcotráfico que dominan las rutas han sometido a los inmigrantes, que han apostado los ahorros de toda su vida a ese sueño.

El premio al mejor director fue para Amat Escalante, director de Heli, también ganador en Cannes por un retrato sin ningún tipo de paliativo de la violencia en México. Los insólitos peces gato, una entrañable película indie, se llevó el premio a la mejor actriz coestelear, Lisa Owen, el corazón de la película.

La cinta chilena Gloria ganó el galardón a la mejor cinta iberoamericana en la gala celebrada en el Palacio de Bellas Artes.

Por otra parte, la presidenta de la Academia Mexicana de las Artes y las Ciencias Cinematográficas (AMACC), Blanca Guerra, exigió al Gobierno mexicano que políticas que permitan a las películas mexicanas competir de un modo más justo con producciones extranjeras.
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