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20 ago 2017

Huancapi por Ronald Gamarra

Un cuarto de siglo le tomó a una corte peruana emitir una sentencia sobre la desaparición forzada de siete personas cometida en la base militar de Huancapi (provincia de Víctor Fajardo, Ayacucho) el 19 de abril de 1991. Las víctimas Zenon Huamaní Chuchón, Eleuterio Fernández Quispe, Napoleón Quispe Ortega, Onofredo Huamaní Quispe, Luis Amaru Quispe, Julia Arotoma Cacñahuaray y Honorata Oré. Todos ellos habitantes del lugar que, salvo el caso de Honorata, prentendían presentarse a las elecciones municipales  complementarias de su ditrito por la lista de izquierda Unida Socialista, enfrentándose abiertamente a los senderistas que haían llamado al boicot electoral y decretado un paro armado. Los responsables: militares de la base ontrasubversiva, acantonados en el campo deportivo de Huancapi, bajo el mando del alférez José Luis Chávez Velásquez, que actuaba bajo el alias de "Centauro". 

Un cuarto de siglo para dictar, además, una sentencia a media caña. Porque si bien, por un lado, la sentencia reconoce los hechos, es decir, que se cometió un crimen atrz contra la vida de siete personas, y admite al mismo tiempo la responsabilidad del Estado en ese crimen atroz, cometido por miembros de las Fuerzas Armadas que ejercían autoridad político-militar en el distrito, por otro lado, la sentencia no emite contra los responsables la pena que corresponde, pues los ampararía una decisión judicial de 1998, que establecería cosa juzgada.

La sentencia se limita entonces a señalar una reparación civil de 200 mil soles que el Estado deberá pagar a los familiares de cada una de las siete víctimas. El único militar que compareció en juicio, precisamente José Luis Chávez Velásquez, alias, "Centurión", se pudo ir a su casa, impune, aunque perseguido por los reclamos que le hacían las numerosas personas que asistieron a la lectura de la sentencia y sobre todo los familiares de las víctimas, que lo conocían y lo recordaban bien. Los otros cuatro militares procesads no se presentaron en ningún momento del proceso.

El 19 de abril de 1991 las víctimas fueron detenids por efectivos de la base militar de Huancapi mientras celebraban la inscripción de su lista para las elecciones municipales complementarias del distrito. Iban alegres. Brindando con amigos y vecinos. Pero fueron intervenidos delante de testigos, molidos a golpes y llevados a la base militar, de la cual nunca más volvieron a salir. ¿Qué ocurrió con ellos? Obviamente, tuvieron un destino horroroso en el interior de la base, y fueron asesinados y enterrados cladestinamente. Eso es la desaprición forzada; por eso es un crimen atroz, de lesa humanidad.

El entonces alférez Chávez Velásquez, "Centurión", prosiguió su carrera hasta retirarse con el rango de teniente coronel. Hoy recibe pensión del estado, pero no pagará ni un centavo a sus víctimas. Ya hemos visto qe también en el tribunal le reconoce la protección de la cosa juzgada. Pero los familiares de las víctimas están decididos a que esto no siga así. Por eso han planteado el correspondiente recurso de nulidad para que la Corte Suprema corrija esta decisión del tribunal que desgraciadamente permite esta vía de impunidad.

Hay que recordar que la decisión judicial absolutoria invocada, de los años 90, no se emitió en el juicio, sino que apenas fue la ratificación de una instrucción pésima, que "no halló" responsables. La instrucción era la investigación preliminar hecha por un juez. Hay que recordar, además, las condiciones en que se desarrollaba el sistema de justicia sometido por entero a la dictadura cívico-militar de Alberto Fujimori, secundado por Vladimiro Montesinos y el general Nicolás Hermoza Ríos. La supuesta cosa juzgada de los años 90 no vale ni el papel en el que está impresa.

Artículo de opinión de Ronald Gamarra Herrera publicado en el Semanario Hildebrandt en sus trece el día viernes 18 de agosto de 2017.

17 mar 2016

“La vida ya no era vida”: memorias de Ayacucho

Congresista Pérez Tello invita a presentación del Libro:


“LA VIDA YA NO ERA VIDA”

·         Memorias de Ayacucho

·         Decenas de voces narrando su tragedia




En homenaje a la vida y memoria de las víctimas de las comunidades ayacuchanas de Allpachaka, Chiara y Quispillaqta, el Despacho de la Congresista Marisol Pérez Tello presentará mañana viernes 18, el libro “La vida ya no era vida”, escrito por Felimón Salvatierra, Honorato Méndez y Oseas Núñez, quienes recopilaron información y testimonios de la zona.



“La vida ya no era vida”, es un libro singular porque recoge el esfuerzo conjunto de tres comunidades ayacuchanas por dar a conocer los sucesos en relación al conflicto armado interno en el Perú entre los años 1980 y 2000.



Familiares de personas asesinadas y desaparecidas, torturadas, forzadas a participar en actividades armadas, dan testimonio de sus vivencias, registran la violencia y dolor en el pasado y el esfuerzo que hacen por seguir viviendo.



Esta publicación, patrocinada por Impunity Watch, Hivos y la Asociación Paz y Esperanza, tiene como objetivo contribuir, a la recuperación de la salud mental de las víctimas y sus familiares.



La presentación de este Libro se realizará el viernes 18 del presente a las 10 am. en la Sala Miguel Grau del Congreso de la República.



Lima, 17 de marzo del 2016





  Marlene Cahuana

Prensa

Despacho Congresal

13 sept 2015

Magallanes, por Emilio Bustamante

Magallanes se estructura como un thriller que emplea como figura preferente  la paralipsis, es decir, el ocultamiento sistemático de información para luego revelarla y provocar sorpresa. En ocasiones el recurso es demasiado obvio. Por ejemplo, cualquier espectador medianamente entrenado en las convenciones del género puede adivinar que el primer fajo del que se apropia Magallanes no contiene billetes. Que Magallanes ni lo sospeche es un ardid no recomendable mediante el cual se convierte provisionalmente en tonto al personaje para que el truco surta efecto, confiando en la complicidad o la benevolencia del público. El principal defecto deMagallanes es la evidencia del artificio narrativo; se notan las costuras de la trama. 

Sin embargo, la trama –a pesar de sus defectos- logra sostener un contenido complejo. Magallanes no es solo un filme sobre un hombre que busca conseguir dinero para ayudar a una chica, es una película sobre la culpa, el perdón y la memoria respecto de un período clave de nuestra historia reciente (el del conflicto armado interno) cuyas consecuencias aún afrontamos. Y es sobre esto queMagallanes aporta una mirada perturbadora, mediante personajes  que trascienden sus roles simbólicos, una buena dirección de actores y una representación de la ciudad de Lima y los tiempos actuales nada concesiva.

La figura narrativa de la paralipsis, de otro lado, se relaciona con una significación más profunda de un relato en el que existen personajes y situaciones ocultas, aparentemente relegados al pasado y el olvido, pero que se hallan presentes y cuya develación conmociona.

Una comparación de Magallanes con La teta asustada descubre dos puntos de vista casi opuestos con relación a la memoria del conflicto, e invita al debate. En ambas hay una víctima interpretada por Magaly Solier. En ambas hay una clase social alta vinculada a las fuerzas armadas  (y al Estado) de la que real o simbólicamente se quiere obtener una reparación económica: Magallanes extorsionando a la familia del coronel, Fausta entregando sus canciones a Aída a cambio de las perlas.  En La teta asustada la protagonista consigue las perlas para poder enterrar a su madre (el pasado), superar su trauma e iniciar una nueva vida en la capital. En Magallanes, Celina no acepta el dinero ofrecido primero por Magallanes y luego por el hijo del coronel, haciéndonos notar que no hay reparación económica posible para aquello de lo que fue víctima.  El coronel no se acuerda de lo acontecido, el hijo del coronel no quiere saberlo y desea que todo se olvide; pero Celina no puede olvidar: su hijo (el equivalente a Fausta (otro ser amamantado por una teta asustada) está allí para recordarle físicamente  lo  terrible que le sucedió y su falta de remedio.

Cuando Fausta corre en La teta asustada se dirige a liberarse del pasado; cuando lo hace Celina en Magallanes, está reviviéndolo. Mientras que La teta asustadaapuntaba al olvido (el entierro del pasado) para poder seguir viviendo; Magallanessugiere que no se puede ni se debe olvidar lo sucedido,  hay que vivir con ello. Quienes olvidan o prefieren olvidar (quienes desean enterrar el pasado) son enMagallanes los victimarios o los hijos de los victimarios, representantes de una sociedad criolla; no las víctimas. Y así como el coronel que ha perdido la memoria es “un hombre enfermo”,  según lo define su hijo, una sociedad sin memoria es una sociedad enferma.

La representación de la ciudad capital es también muy significativa. La comparación aquí con La teta asustada es también sugerente. En la película de Claudia Llosa el asentamiento humano donde vive Fausta es colorido y su gente emprendedora y creativa; la casa de Aída parece una fortaleza rodeada por una nueva ciudad-mercado que está siendo construida por  inmigrantes emergentes. La Lima deMagallanes es distinta. La casa del coronel y la oficina de su hijo  alojan a  los sectores altos, y están representadas por interiores cerrados al mundo exterior como los de la casa de Aída; pero la ciudad emergente donde vive Celina carece de la idealización de La teta asustada, es violenta y hostil. Es una ciudad donde las deudas se cobran a golpes, las vendedoras de celulares -probablemente robados- timan a sus clientes, los delincuentes de barrio se alquilan, y las charlas de autoayuda son farsas. Un lugar de supervivencia y crueldad  donde la solidaridad de la vecina interpretada por Liliana Trujillo es una excepción, pues las personas no interesan por lo que son sino por su dinero, como le hace notar brutalmente la prestamista a Celina. Es inevitable preguntarse, viendo esta ciudad de postconflicto, si para eso se ganó la guerra. 

Magallanes distingue dos espacios populares igual de agresivos, aquel creado por migrantes en décadas más o menos recientes (el que habita Celina), y el de los viejos limeños (de donde provienen Magallanes y Milton), con sus callejones y bares añejos donde se escucha todavía música criolla. Mientras los habitantes de los espacios de clase alta no recuerdan o tratan de olvidar, Magallanes y Milton (dos criollos populares, dos subalternos victimarios y, en cierto modo, también víctimas) sí recuerdan, con excitación o culpa; pero su memoria es, por cierto, diferente a la de la víctima Celina. 

Hay, sin embargo,  una conexión entre los personajes que va más allá de la clase y la cultura. Queda expresada en la impactante performance en quechua de Magaly Solier. Ni el hijo del coronel ni Magallanes entienden el idioma, tampoco la mayoría de los espectadores limeños. Pero comprendemos, al igual que los personajes,  la indignación y el dolor de la víctima, lo imposible del olvido, la dificultad inmensa del perdón y la reconciliación. Una dimensión humana  nos vincula y no puede ser negada sin cinismo o patología de por medio. En el plano final, tras descorrerse una cortina metálica,  Celina muestra su rostro y nos obliga a mirarla de frente.Magallanes es inquietante porque no da soluciones ni consuelo, pero es un filme necesario que nos interpela sobre nuestras posturas en torno a un problema vigente.

20 jul 2015

“La PORTÁTIL de URRESTI” por Ronald Gamarra

"Con la misma integridad con que ha luchado prácticamente sola, por más de veinte años, para lograr que la justicia vea el caso del aleve asesinato de su esposo, con la misma integridad con que nunca declinó en su exigencia de verdad y justicia, emplazó a Urresti claramente a defenderse en juicio sin escucharse en el tumulto de una portátil a jornal."

El viernes se dio inicio al juicio contra el ex ministro del Interior, Daniel Urresti, quien afronta cargos formulados por el Ministerio Público como responsable del asesinato del periodista Hugo Bustíos, perpetrado en Huanta el 24 de noviembre de 1988, cuando Urresti se desempeñaba como responsable de inteligencia de la base militar de Castropampa. La audiencia fue breve por esta primera vez, pues se limitó a dar por iniciado el juicio oral. El tribunal fijó la siguiente sesión para el 31 de julio.

Urresti asistió a la audiencia acompañado de una portátil vocinglera y agresiva. Su táctica es politizar el juicio a todo trance, presentándose como un político que es perseguido por tener aspiraciones presidenciales. Cree que con ello puede impresionar al tribunal y a la opinión pública. Tal vez su cálculo no sea del todo absurdo, considerando la extrema debilidad institucional y la fragilidad o ausencia de convicciones de mucha gente. Pero si con ello creyó que le bastaría para ganar puntos, se equivocó.

No contaba con la firmeza de la señora Margarita Patiño, viuda del periodista asesinado. Ella, al salir de la sala de audiencias, fue agresivamente rodeada por la portátil de Urresti mientras prestaba declaraciones a la prensa. Intentaron acallarla a gritos en coro y a empujones, pero ella no se intimidó ni bajó la voz. Con la misma integridad con que ha luchado prácticamente sola, por más de veinte años, para lograr que la justicia vea el caso del aleve asesinato de su esposo, con la misma dignidad con que nunca declinó en su exigencia de verdad y justicia, emplazó a Urresti claramente a defenderse en juicio sin escudarse en el tumulto de una portátil a jornal.

El asedio hostil de la portátil a la señora Patiño fue al fin y al cabo contraproducente para Urresti, que cosechó una reacción adversa y se vio obligado a balbucear alguna excusa por las redes sociales, negando toda responsabilidad en la actitud de sus seguidores. ¿Alguien puede creerle?

A Urresti lo acusa su propio colega de armas, el ex oficial Amador Vidal Sambento, número tres del cuartel de Castropampa en la época del asesinato de Bustíos, sentenciado por este crimen en el año 2007 junto con el ex comandante La Vera Hernández, jefe del cuartel de Castropampa cuando se cometió el crimen. Ambos fueron encontrados directamente responsables del asesinato del periodista. El ex capitán Vidal Sambento, después de ser sentenciado, se animó a relatar al Ministerio Público toda la verdad del caso. No le parecía justo, y en verdad no lo es, que ciertos responsables del crimen pasen piola mientras él pagaba el pato.

Urresti era el jefe de inteligencia de Castropampa. Es imposible que no supiera nada del crimen contra el periodista Bustíos. Su afirmación de que se enteró del caso “por las noticias” es inverosímil. ¿Qué razón tendría Vidal para involucrarlo sin motivo? Por el contrario, la participación del jefe de inteligencia parece lógica y necesaria. Urresti tiene mucho que explicar, personalmente, con razones y pruebas, no con el vocerío matonesco de una portátil.

Porque no solo se trata del asesinato del periodista Hugo Bustíos. En la base de Castropampa ocurrieron decenas de desapariciones forzadas de detenidos en aquellos años en los cuales Urresti fue el responsable de inteligencia. ¿Tampoco sabe nada de esos casos tan numerosos? Han pasado más de 25 años desde el asesinato de Bustíos. La justicia para los poderosos avanza con pies de plomo.


Artículo de Ronald Gamarra Herrera publicado en Diario16 el domingo 19 de julio de 2015.

18 jun 2015

¡Justicia para Accomarca! Memoria y Protesta en el Carnaval Ayacuchano

Las ejecuciones extrajudiciales en Accomarca (1985), "el 14 de agosto de 1985, una patrulla del Ejército, perteneciente a la compañía “Lince” de Huamanga, al mando del entonces SubTeniente Telmo Ricardo Hurtado Hurtado, asesinó a 62 comuneros, entre mujeres, ancianos y niños, habitantes del distrito de Accomarca, provincia de Vilcashuamán, Ayacucho. La matanza se llevó a cabo como parte del “Plan Operativo Huancayoc”, una acción antisubversiva planificada por la organización militar de la Sub Zona de Seguridad Nacional No.5, con desprecio por la vida de civiles inocentes": Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación.

9 jun 2015

Perú: "15,731 desaparecidos" por Ronald Gamarra

"Sí, busco a mi hijo. Mátame, mátame, pues; baléanos, pues. ¿Eso también vas hacer? Háganlo. ¿Dónde está mi hijo? ¿Dónde están los hijos de estás señoras? ¿Dónde están sus esposos? ¿Ah?, ¡Qué has hecho!" (testimonio de Mamá Angélica).

La primera vez llegaron en junio de 1985. La delegación la integró Toine Van Dongen, un holandés, y Luis Varela Quirós, un tico. El Grupo de Trabajo de Naciones Unidas (ONU) sobre Desapariciones Forzadas o Involuntarias oscilaba entre la incredulidad y el espanto. Si bien para entonces Argentina había legado al mundo la infamia de las desapariciones forzadas, las denuncias bajo el gobierno de Belaunde, específicamente las de los años 1983 y 1984, colocaban al Perú como el país de mayor número de desapariciones en el mundo. Triste récord. En aquella ocasión, ya con un pie fuera de la presidencia, el arquitecto aceptó invitarlos y darles audiencia. El dúo se entrevistó con autoridades civiles y militares (incluido Mori Orzo, todopoderoso comandante político - militar de Ayacucho), con familiares de las víctimas y organizaciones de derechos humanos. Visitó Huamanga y Huanta. Sin embargo, las puertas de Cabitos y otras bases castrenses, en ese tiempo verdaderos centros de detención, tortura, violencia sexual y ejecuciones extrajudiciales, les fueron cerradas.




"El Ministerio de Defensa debe entregar la información que hoy niega respecto de los militares que prestaron servicios en las zonas de emergencia en los años de violencia".
 
Artículo de Ronald Gamarra Herrera publicado en Hildebrandt en sus trece el viernes 05 de junio de 2015.
Fuente Hildebrandt: http://www.hildebrandtensustrece.com/

20 may 2015

Gisela Ortiz: Morir buscando a los desaparecidos

Conocimos a la familia Ucharima en junio del 2013 cuando en el distrito de Hualla, provincia de Víctor Fajardo, Ayacucho, conmemorábamos el de la memoria como un acto simbólico de recuerdo a cada una de las víctimas del distrito asesinadas, desaparecidas, torturadas o violadas durante el conflicto armado Interno que sufriera nuestro país.

Como parte del Equipo Peruano de Antropología Forense –EPAF, trabajamos en Hualla desde el año 2010, recogiendo testimonios de las víctimas, ubicando sitios de entierro, reconstruyendo casos, algunos de los cuales han sido presentados ante la Fiscalía para su exhumación. Es necesario recordar que, en nuestro país, la única manera de buscar a un desaparecido, de desenterrarlo de su fosa del olvido, de devolverle a su familia, es a través de una denuncia penal que no necesariamente busca al desaparecido sino que se centra en los hechos y las responsabilidades. Esta búsqueda, por tanto, no tiene un carácter humanitario, no prioriza los derechos de los familiares ni la dignidad del propio ser humano a un entierro digno.

La familia Ucharima nos contó lo ocurrido, militares de la base de Chimpampa, llegaron hasta su estancia ubicada 3, 800msnm en el paraje conocido como Wecheccpata acompañados de dos informantes del pueblo, señalando que en esa casa se alimentaba y acogía a los senderistas. Esta acusación fue suficiente prueba para acabar con la vida de 7 personas: 3 adultos y 4 niños y enterrarlos de manera clandestina en medio de la nada.

Después de presentado el caso a la Fiscalía el año pasado, se programó la diligencia de exhumación de los cuerpos. El fiscal acompañado de los peritos del Instituto de Medicina Legal llegaron hasta Hualla para realizar esta diligencia. Desde Lurín, al sur de Lima viajaron los familiares preocupados, ansiosos por encontrar a sus seres queridos después de 30 años.

La dligencia estuvo programada desde el martes 05 de mayo hasta el viernes 08; cuando las autoridades llegaron a Hualla el martes 05 fue solo para informar que descansarían en Huancapi y que al día siguiente, miércoles06 y jueves 07 de mayo se realizarían las exhumaciones en el lugar donde los testigos señalaron haber enterrado los cuerpos, Llegar hasta las fosas toma una hora en carro desde Hualla hasta sus alturas sobre los 4,400 msnm y más de una hora bajar los cerros caminando. En el lugar señalado no se encontró nada. La exigencia de los familiares fue que se siga buscando, que los cuerpos tienen que estar por ahí. Los visitantes se negaron con el argumento que ellos habían ido a exhumar no a buscar. que los familiares los sigan buscando y cuando los encuentren, avisen a las autoridades.

Cuando pensamos en el tiempo que ha tomado para que los familiares denuncien este crimen, la demora en llegar al lugar por lo inaccesible, los recursos económicos que significan al Estado y, por encima de ello, el derecho de los familiares; duele reconocer que somos incapaces de ir más allá, de hacer un poco más, de pensar en el dolor del otro, en su derecho. Nos autolimitamos y apuramos porque salimos de nuestro medio de confort y queremos regresar lo más pronto posible. Y no pensamos. Y no sentimos. No respetamos.

La búsqueda de los desaparecidos en nuestro país es una tarea abnegada, permanente de sus propios familiares. Lo mucho o poco que se ha hecho hasta hoy, es porque los familiares así lo han impulsado. La señora Saturnina Ucharima hija de una de las víctimas fue al encuentro del padre de quien no pudo despedirse. Viajó cargada de sueños, quizás pesadillas, de recordar lo que se vivió en su pueblo: la muerte de sus familiares, el desplazamiento forzado. Ser testigo de esta búsqueda infructuosa, inútil le costó la vida. Se puso mal al regresar a Hualla, fue atendida de emergencia en Cangallo y así enferma partió para Lima acompañada de su esposo Cayo Uzcata para pasar el día de la madre con sus 5 hijos. Ayer, en Pisco, camino a Lima, la muerte se interpuso entre sus sueños y se la llevó sin poder encontrar a su padre, sin poder enterrarlo; pensando en que la justicia para ella, para su familia, para su pueblo simplemente no existe.

¿Quién se hace responsable de esta nueva tragedia para la familia Ucharima Uzcata? ¿Por qué hasta ahora no brindamos acompañamiento sicosocial y médico a los familiares en cada una de las etapas de la intervención forense? ¿Por qué no podemos trabajar desde la utópica justicia, en respetar el derecho de los familiares?

Yo no sé si hay instituciones que "pueden dormir tranquilos" confiando en el trabajo que realizada la fiscalía en general y el Instituto de Medicina Legal en particular, cuando nadie está buscando a los desaparecidos. Lo que se hace es ir a exhumar, levantar cuerpos. No hay estrategia de búsqueda, no nos damos tiempo para ello. Quizá sea injusto buscar culpables por esta muerte pero tiene que ser el momento de preguntarnos si estamos haciendo lo correcto, lo suficiente.

La búsqueda del familiar desaparecido, asesinado injustamente cobra la vida de un familiar. No encuentro palabras para compartir esta impotencia y dolor que me embarga pero que destruye mucho más los sueños de justicia de la familia Ucharima. Qué más debe pasar para que en nuestro país dejemos de lado nuestros egoísmos y pensemos en el derecho a encontrar a sus seres queridos a través de una política pública impulsada desde el Estado con la participación de la sociedad civil y poniendo como prioridad el derecho de los familiares.

La guerra contra los invisibles de siempre que desatara sendero luminoso y que tuvo respuestas crueles también por parte del estado, no ha terminado para muchos. Hoy se enfrentan a un Estado todavía indiferente y a la complicidad de muchas instituciones. Hoy cuesta también que te escuchen, que te respeten, que no te mate el dolor en ese esfuerzo por exigir tus derechos.

Que la muerte de la señora Saturnina Ucharima pese en nuestras conciencias para ser capaces de comprometernos con la vida, de darle sentido al sufrimiento de los demás. Que estas batallas contra el olvido no acaben con la voluntad de los familiares pero tampoco con la obligación de las autoridades.
Por Gisela Ortíz.

22 nov 2014

"La Cautiva" por Ronald Gamarra

“La Cautiva”, una obra teatral de enorme valor artístico y testimonial sobre la violencia de nuestra historia reciente. Se trata de una apuesta consistente y sin duda valiente que plantea al público una visión sin dorar la píldora acerca de la brutalidad que se enseñoreó de nuestro país.

Afrontar un periodo traumático como el de la violencia que sacudió nuestro país entre 1980 y 1995 no es fácil. Es, al contrario, un propósito erizado de dificultades, controversia, incomprensión, intolerancia, represalias y mala interpretación deliberada por parte de numerosos sectores interesados en negar la plena verdad de los hechos para ocultar sus propias y graves responsabilidades, que con frecuencia son de carácter delictivo. Basta ver la reacción de esos sectores, que tienen mucho poder, frente al Informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación.

Sin embargo, no por difícil se dejará de hacer lo que representa un mandato imperativo de la conciencia nacional. Investigar, afrontar y procesar el pasado de violencia que vivimos es una tarea que debe llevarse a cabo contra viento y marea. Y allí están los avances cada vez más profundos, variados y renovados en el registro, el análisis, la reflexión y la proyección sobre aquellos hechos dolorosos que definitivamente nos marcaron. Aun en un ambiente donde el silencio y la mediocridad pretenden imponerse, siempre se levantarán voces lúcidas que se atrevan a hablar.

Es lo que actualmente ocurre con “La cautiva”, una obra teatral de enorme valor artístico y testimonial sobre la violencia de nuestra historia reciente. Se trata de una apuesta consistente y sin duda valiente que plantea al público una visión sin dorar la píldora acerca de la brutalidad que se enseñoreó de nuestro país y de las vidas de las personas, particularmente de los más humildes, pobres e indefensos, y al mismo tiempo ofrece un espacio catártico donde la reflexión surge al amparo de esa profunda dimensión humana que es la experiencia estética.

Sin dar más detalles sobre el contenido, me limito a reproducir el punto de partida planteado por la producción de la obra: “Ayacucho 1984. María Josefa, la cautiva, despierta en un lugar que nunca imaginó para comprender que será presa del horror. El capitán y su tropa, perpetradores del ultraje, esperan tras la puerta. Mauro, un joven de 22 años, es el responsable de prepararla para el festejo de sus verdugos. En un acto de profunda compasión, el joven se apiada de ella e intenta salvarla transformando la funesta realidad en su fiesta de quince años.”

La obra fue escrita por el artista plástico Luis Alberto León, que con ella se inicia de frente como dramaturgo de primer nivel. Fue escrita en varios períodos, al calor de varios talleres de escritura teatral, hasta llegar a su forma final. Finalmente fue premiada por el jurado del concurso Sala de Parto, que desde hace unos años promueve la creación teatral. La directora es Chela de Ferrari, una de las más vigorosas directoras de nuestro país, a la vez incansable promotora del teatro y de experiencias empresariales que buscan crear un espacio al buen teatro.

El elenco está formado por actores que se desempeñan con excelencia. Quiero nombrarlos a todos: Nidia Bermejo, Alaín Salinas, Carlos Victoria, Emilram Cossio, Jesús Tantaleán y Rodrigo Rodríguez. Particularmente quiero resaltar el desempeño de Emilram Cossio, que asume con desenvoltura y verosimilitud el encargo de representar un rol particularmente difícil sin caer en la truculencia, y el de Nidia Bermejo, que ha logrado dar a su protagonista esa dimensión de consistencia y delicadeza sin artificio que la hará inolvidable.

Vaya a ver esta obra. Se presenta en el teatro La Plaza hasta el 15 de diciembre. Los jueves hay foros de discusión con asistencia libre.

Artículo de Ronald Gamarra Herrera publicado en Diario16, el domingo 16 de noviembre de 2014.