3/05/2017

"Castañeda, el culturicida", artículo de opinión de Ronald Gamarra

Lima padece el triste privilegio de tener como alcalde a un campeón mundial del oscurantismo, el inefable Luis Castañeda Lossio, desde hace ya 15 años. ¿Y qué es el oscurantismo? Lo define claramente el diccionario de la real Academia Española: "Oposición sistemática a la difusión de la cultura". Y claro , si alguien ha sido muy eficaz en nuestro país por destruir iniciativas culturales prometedoras, ese es Castañeda. Sus hechos lo demuestran. No sus palabras porque, como sabemos, el tipo es o se hace el mudo.

Porque Castañeda ostenta, seguramente con mezquino orgullo, varias hazañas que lo ponen con todo derecho en el ranking mundial de los Atilas que arrasan con la cultura, de los Goebbels que cuando escuchan la palabra cultura, inmediatamente sacan la pistola y disparan a matar. Con certera puntería, todo hay que decirlo. Porque cuando a Castañeda se le cruza en el camino una inicitiva cultural, la mata ipso facto sin que le falle el pulso ni le atormente la conciencia. Es un auténtico serial killer de las iniciativas culturales. Un tipo de cuidado.

Su primer crimen cultural lo cometió apenas asumió la alcaldía de Lima, en el año 2002. Entonces asesinó sin miramientos la Bienal de Lima, una fiesta internacional de las artes plásticas en nuestra ciudad, impulsada por ese alcalde criollo y simpático que fue Alberto Andrade. Esta gran iniciativa cultural tenía la virtud de animar el ambiente local en interacción viva con el movimiento del arte a nivel internacional y contemporáneo. Con ella, Lima se ponía por primera vez en el mapa mundial de la actividad cultural, abriendo una amplia ventana para contrarrestar el atraso y el aldeanismo.

Pero la Bienal sólo tuvo dos o tres versiones y no pudo seguir más porque entró Atila, digo Castañeda. ¿Artes plásticas? ¡Cojudeces, hombre! ¡Eso es para maricas! ¡Y además, no deja comisiones! Peor aún, se trataba de una iniciativa de su detestado antecesor, motivo que sólo podía reforzar su decisión de asesinarla sin concederle la menor oportunidad. ¡Y la mató de inmediato! Con frialdad estremecedora y sin conceder la menor atención a las protestas de aquellos tontos que creen en la necesidad de las artes. ¡Pamplinas!
   




Artículo de opinión de Ronald Gamarra Herrera publicado en Hildebrandt en sus trece, el viernes 03 de marzo de 2017.
Fuente: http://hildebrandtensustrece.com/

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