6/17/2015

El Comercio: El embarazo después de una violación por Elmer Huerta

La semana pasada una noticia sobre el embarazo hizo noticia en el Perú, noticia que se difundió rápidamente en el extranjero. Se trata de las perversas declaraciones del congresista Juan Eguren, quien dijo que, debido al “estrés y la falta de lubricación”, era “casi imposible” que una mujer violada salga embarazada. Veamos que nos dice la ciencia acerca de esas afirmaciones.

Al pie de la letra, las expresiones del congresista Eguren fueron las siguientes: “Es casi imposible que se produzca un embarazo después de una violación eventual, callejera, porque se produce un estado de estrés, un estado de shock en la persona donde obviamente en la mujer no hay ningún tipo de lubricación, etc. y es casi imposible que se produzca un embarazo”.

Esas afirmaciones tienen tres elementos que merecen un análisis científico. La primera es que “es casi imposible que se produzca un embarazo después de una violación eventual, callejera”, la segunda es que “el embarazo no se produciría por un estado de estrés o de shock” y la tercera es que “la falta de lubricación” evitaría también el embarazo.

Ovulación y embarazo
El embarazo es un fenómeno muy complejo que requiere de la integridad de diversas estructuras anatómicas y sistemas funcionales en el organismo, tanto del varón como de la mujer. Genitales externos e internos normales, adecuado balance hormonal cerebral y glandular, producción de espermatozoides y óvulos normales son algunos de los elementos necesarios para que se produzca un embarazo.

Suponiendo que una mujer tiene sus estructuras anatómicas y sistemas hormonales normales, el aspecto más importante para que se produzca un embarazo es que una relación sexual coincida con la ovulación.

La ovulación es el fenómeno que ocurre una vez al mes, y en el cual el ovario libera una célula especializada llamada óvulo, el cual debe ser fecundado por otra célula especializada llamada espermatozoide. La unión del óvulo y del espermatozoide (que ocurre en el tercio externo de la trompa de Falopio) forma el huevo, el que migra al útero, órgano en el que se anida y forma el embrión, que a los tres meses, se convierte en un feto.

Si los espermatozoides (que viven de 3 a 5 días) llegan a la trompa de Falopio y fecundan al óvulo liberado horas antes del ovario (el óvulo solo vive 24 horas), el embarazo ocurrirá de todas maneras, independientemente de que la relación sexual haya sido o no consensual.

Estudios

En el único estudio publicado y diseñado para estimar la posibilidad de que una violación cause embarazo, investigadores del departamento de obstetricia y ginecología de la Universidad de Carolina del Sur publicaron en la Revista Norteamericana de Obstetricia y Ginecología de agosto de 1996 los resultados de su investigación, hecha en una muestra probabilística de 4008 mujeres entre 12 y 45 años de edad, participantes de un estudio de seguimiento de tres años.

Contabilizando el número de violaciones que ocurrieron en esas mujeres durante ese tiempo, los autores calcularon que la probabilidad de que una violación cause un embarazo es del 5% por cada violación, lo cual produce 32.101 embarazos por violación cada año en los Estados Unidos (50.000 para la población actual).

En una publicación en la revista Human Nature en el 2003, investigadores norteamericanos hacen una revisión de la literatura y encuentran que el 6.5% de las violaciones puede terminar en embarazo. Por otro lado, en un estudio europeo sobre las posibilidades de que ocurra un embarazo en diversos días del ciclo menstrual y publicado en la revista Demographic Research en el 2000, investigadores italianos encontraron que si la relación sexual ocurre dos días antes de la ovulación, la posibilidad de embarazo puede llegar al 25%.

Ahora ya sabe entonces Sr. Eguren, una sola violación, del tipo que usted llama “callejera” si puede causar un embarazo en la víctima, y el número es importante, se cuenta por millares.
Este mismo estudio da respuesta también a la interrogante que se hacía el Cardenal Juan Cipriani en su programa radial, cuando se preguntaba si era factible que una mujer que queda embarazada a consecuencia de una violación pueda escoger el aborto. El estudio demostró que el 50% de las mujeres embarazadas a consecuencia de una violación escogió el aborto, 32.2% decidió continuar con el embarazo, 5.9% cedió al recién nacido en adopción y el 11.8% sufrió un aborto espontáneo.

De tal modo que el Cardenal ahora ya sabe también que una de cada dos mujeres embarazadas a consecuencia de una violación escoge terminar el embarazo y que es deber de un estado laico como el peruano, darles a esas mujeres la protección legal que les permita ejercer el derecho fundamental de poder elegir su destino.

Por otro lado, no existe ningún estudio científico que haya demostrado que el terrible estrés que sufre una mujer violada evite un embarazo. Esta afirmación solo está en la imaginación y las malévolas intenciones de aquellos que se oponen a los legítimos derechos que tienen las mujeres violadas de decidir sus futuras acciones.

Y por último, un embarazo puede producirse durante la relación sexual ya sea que la mujer esté lubricada o no. La lubricación vaginal es un fenómeno que se produce como consecuencia de la excitación sexual y no tiene nada que ver con la posibilidad de que se produzca un embarazo. Lo importante como dijimos es que la relación sexual coincida con el día de la ovulación. Es muy probable que el perverso congresista haya confundido lubricación vaginal con la producción del moco cervical que se produce durante la ovulación y que favorece el transporte de los espermatozoides. Ese moco cervical se estuvo produciendo en el cuello del útero de la mujer desde antes de la violación y favorece el movimiento de los espermatozoides del violador, este la vagina lubricada o no.

Realidad en el Perú
En el Perú (y copio a la letra del  Plan Contra la Violencia del MINSA), el Estudio multicéntrico de la Organización Mundial de la Salud sobre la violencia de pareja y la salud de las mujeres del 2002 reveló que casi la mitad de las mujeres en edad fértil de Cusco (46,6%) y casi una cuarta parte de las residentes en Lima (22,5%) había experimentado algún tipo de violencia sexual por parte de su pareja, y que las formas más frecuentes de violencia son las relaciones sexuales forzadas físicamente, las cuales han sido vividas por un 37,6% de mujeres en Cusco y un 16,4% en Lima.

Asimismo, este estudio señala que una de cada diez mujeres en Lima y Cusco ha sufrido violencia sexual a partir de los 15 años por parte de alguna persona distinta a la pareja, siendo los principales agresores los propios varones de la familia, amigos o enamorados, y que una de cada cinco mujeres en Lima y Cusco reporta abuso sexual en la infancia, siendo el principal agresor algún familiar masculino.

Por otro lado, el Instituto de Medicina Legal atendió en el año 2002 a 14.393 mujeres víctimas de violencia sexual, cifra que aumentó a 23.635 en el año 2004. Según la ONG Manuela Ramos, el 53% de los casos habrían correspondido a mujeres entre 13 y 17 años y solo el 39% de los atacantes fue detenido. Se calcula también que en el año 2004, cada día por lo menos hubo 65 víctimas de violencia sexual en nuestro país.

Corolario
En resumen, una sola relación sexual, sea esta consensual o producto de una salvaje violación, puede causar embarazo en un número muy significativo de casos y el sugerir que una mujer violada no sale en cinta es una afirmación muy perversa. Eso implica decir que si la mujer sale embarazada, pues no puede decir que haya sido violada porque al creer que “es casi imposible que la violación callejera cause un embarazo”, esas torcidas mentes pueden argüir entonces que no hubo violación.

Pensamos que este delicado asunto no pertenece al ámbito de opinión de varones, religiosos o políticos, este asunto solo debe ser de incumbencia de la mujer que ha sido víctima de una violación y ha salido embarazada a causa de ello. Para eso, toda mujer debe tener el derecho fundamental de decidir su propio destino, y un estado laico como el Perú debe tener las leyes necesarias que le permitan ejercer ese derecho fundamental.

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