8/23/2014

Abuelas de Plaza de Mayo encuentran a la Nieta 115

Argentina. "Licha", la primera Presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo y la restitución de la nieta 115, Ana Libertad. 

A la abuela "Licha" le dejaron un papelito anónimo debajo de la puerta de su casa en 1977. "16/6 la señora tuvo una nena, que no saben dónde está la nietita, los padres estan bien, de la cuadra", decía. Ese fue el primer paso de la búsqueda de su nieta. Su hija Elena dio a luz a Ana Libertad, el 16 de junio de 1977 en un calabozo de la comisaría 5a de La Plata. Elena fue secuestrada cuando tenía 5 meses de embarazo, junto a su pareja Héctor Carlos Baratti.

Cuando se llevaron a Elena y a Héctor la familia de la Cuadra ya sabía qué hacer. Para entonces sus hijos eran intensamente buscados por las fuerzas de la represión. Elena y Héctor militaban en el Partido Comunista Marxista Leninista (PCML), el 23 de febrero de 1977, poco después de la noche, los secuestraron junto a otras personas con las que estaban reunidos en un consultorio odontológico de La Plata. Cinco meses antes, el 2 de septiembre de 1976, una patota había secuestrado a Roberto José, el hermano de Elena.

 Dos días después del secuestro de Elena, sus padres presentaron un habeas corpus por ellos. Y contactaron a un obispo que los mandó a ver al vicario castrense Emilio Graselli. En 2011, cuando Estela de la Cuadra declaró en el juicio por el plan sistemático de robos de bebés ante Tribunal Oral Federal Nº 6 llevó una valija con apuntes de esa búsqueda. Estaba el hábeas corpus y, de puño y letra los apuntes que Roberto de la Cuadra tomó de la reunión con Graselli.

“Dice que Elenita estaba bien, que estaba en los alrededores de La Plata”, leyó Estela ante los jueces y aclaró que el vicario castrense les aconsejó dejar la búsqueda. También les dijo que volvieran, que si Elena pasaba a disposición del Poder Ejecutivo entonces, quizá, podía ayudarlos.

La valija que llevó Estela al juicio demuestra que no lo hicieron, no dejaron de buscar a sus hijos, ni a su nieta. En el archivo de la familia de la Cuadra está cada anónimo que recibieron con noticias de Elena, de su esposo Héctor y de la bebe que nació en cautiverio y llamaron Ana Libertad. También los datos de su historia que pasaron de boca en boca entre los detenidos desaparecidos que compartieron cautiverio con ellos en la comisaría Quinta de La Plata, un centro que funcionó bajo el mando del entonces coronel Ramón Camps, y de la Dirección General de Investigaciones a cargo de Miguel Etchecolatz.

En agosto de 1977, Luis Velasco, uno de estos sobrevivientes se contactó con la familia de Elena. Les contó que había estado con Héctor en la comisaría, y que “él estaba obsesionado porque si alguno salía con vida le avisara a los abuelos del nacimiento de Ana Libertad”. Por el testimonio de otros liberados, entre ellos Adriana Calvo, la familia de la Cuadra pudo saber que la nena estuvo unos días con su madre en esa comisaría, después la pesaron y la arrancaron de sus brazos.

En 2012, en el juicio por Circuito Camps ante Tribunal Oral Federal 1 de La Plata, Osvaldo Lovazzano, otro sobreviviente, contó que sin bien no conoció ni a Héctor, ni a Elena, cuando lo liberaron una mujer que continúa desaparecida le rogó que se comunicara con los “de la Cuadra, acordate de la calle, del cordón, (l)e decía”. Al tiempo venció el miedo y se acercó hasta la Plaza San Martín frente a la gobernación, donde Licha y otras Madres hacían la ronda. A los 92 años, Licha falleció sin haber encontrado a su nieta, pero sus tías y primos la siguieron buscando.

Luego de dar a luz, no se supo más de Elena. En diciembre de 2009, el Equipo Argentino de Antropología Forense identificó el cuerpo de Carlos Baratti: había sido enterrado como NN en el cementerio de General Lavalle. Su cuerpo había sido arrojado al mar en un vuelo de la muerte.

LICHA
Alicia Zubasnabar de De la Cuadra, a la que todos llamaban Licha, no va a poder abrazar a su nieta. Se murió hace ocho años pero su tarea fue fundamental para que otras mujeres y hombres pudieran abrazar a los hijos de sus hijos nacidos en cautiverio. Licha fue la primera presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, la organización que comenzó nacer al mismo tiempo que los militares daban rienda suelta al plan sistemático de apropiación de bebés y dio pelea hasta unos días antes de cumplir 93 años.

No hay una fecha exacta pero las Abuelas recuerdan que un día María Isabel Chorobik de Mariani, a los que todos llamaban Chicha, quien también buscaba a su nieta, golpeó la puerta de la casa de Licha, en La Plata. Fue una mañana de diciembre de 1977. Chicha llegó y supo que había otras mujeres como ella. Había al menos tres o cuatro niños desaparecidos. Ahí empezaron a pensar que, tal vez no los encontraban  porque los mismos que se habían llevado a sus hijos e hijas no se los querían dar. Otra de las mujeres que llegó fue Estela Barnes de Carlotto.

En esa casa, en un sillón de pana verde, se fundó Abuelas Argentinas con Nietitos Desaparecidos. Fue el resultado de una necesidad: cuando iban a preguntar solas no les daban ninguna respuesta pero cuando iban en grupo lograban sortear algunas barreras. Tiempo después se convirtieron en Abuelas de Plaza de Mayo.

A esa misma casa habían llegado Licha, su marido Roberto Luis De la Cuadra y sus cinco hijos: Estela, Soledad, Luis Eduardo, Roberto José y Elena. Habían llegado en 1959 desde Sauce, un pueblo al sur de Corrientes, donde Licha había nacido, había conocido a Roberto y había empezado a criar a su familia. Los De la Cuadra eran de una familia con campos en Corrientes y buena relación con la Iglesia. Incluso habían donado campos para la curia pero el matrimonio había llegado a La Plata porque quería criar a sus hijos allí.  

Para mediados de los setenta, todos los chicos De la Cuadra tenían una activa participación política. Era lo que ocurría con otros jóvenes platenses, porteños o cordobeses o rionegrinos. Participaba de la vida política de su país, tenían proyectos de cambio.

Poco más de un año antes de ese diciembre de 1977 en el que Chicha llegó a ver a Licha, varios hombres armados, con la cara tapada con medias y ropa de fajina irrumpieron en su casa. Buscaban a Roberto José, que era obrero en YPF. Lo encontraron y se lo llevaron a punta de pistola. En febrero de 1977 la secuestraron a Elena, con un embarazo de cinco meses, y a su compañero Héctor Carlos Baratti. Y en diciembre detuvieron a Gustavo Freire, esposo de Estela.

Alguien hizo una llamada a la casa de Licha en junio y avisó que Elena había tenido una hija a la que llamó Ana Libertad. Ese aviso aceitó más la voluntad de Licha y redobló los esfuerzos: pensó en las relaciones familiares con la Iglesia católica y llegó al despacho de monseñor Emilio Graselli. Lo que Licha no imaginaba era la estrecha relación que unía a la conducción de la curia y a buena parte de sus integrantes con la dictadura.

No imaginaba, por ejemplo, que dentro de la Comisaría Quinta de La Plata, donde funcionó un centro clandestino de detención, el cura Christian von Wernich le dijo a Héctor, el padre de Ana Libertad, que no le daría la nieta a sus abuelos porque “la iban a criar igual que a sus hijos”.

#Nieta115

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