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8 nov 2019

HRW: México: Riesgos en la frontera para personas con discapacidad


Se debe identificar a solicitantes de asilo que enfrentan obstáculos y asegurar servicios necesarios

(Ciudad Juárez) – Los solicitantesde asilo con discapacidad que esperan en Ciudad Juárez, México, a que se tramiten sus solicitudes de asilo en Estados Unidos enfrentan obstáculos para acceder a servicios básicos, señaló hoy Human Rights Watch. El Gobierno de México debería identificar y garantizar servicios a las personas con discapacidad y con problemas de salud crónicos.

Las investigaciones realizadas por Human Rights Watch en Ciudad Juárez –una ciudad al otro lado de la frontera desde El Paso, Texas– concluyeron que el Gobierno mexicano no cuenta con un sistema adecuado para evaluar e identificar a solicitantes de asilo con discapacidad y problemas de salud crónicos. Las autoridades no han garantizado la accesibilidad física en los albergues, incluso en los más nuevos. Tampoco proporcionan en forma sistemática información ni acceso a la atención de la salud para solicitantes de asilo con discapacidad o problemas de salud crónicos. 

“Las personas con discapacidad enfrentan obstáculos significativos cuando se ven obligadas a permanecer durante meses en México a la espera de que se tramiten sus solicitudes de asilo en EE. UU.”, expresó Carlos Ríos Espinosa, investigador sénior sobre derechos de las personas con discapacidad de Human Rights Watch. “Si el Gobierno no identifica a las personas con discapacidad, no podrá asegurar adecuadamente que accedan a servicios básicos como atención de la salud, alimentos y albergue”.

Un número creciente de solicitantes de asilo, en su mayoría procedentes de América Central, han estado varados en México desde enero de 2019, cuando el gobierno de Trump adoptó una política que denomina Protocolos de Protección de Migrantes, también conocida como política de “Permanencia en México (Remain in Mexico)”. Esta política obliga a los solicitantes de asilo a esperar en México mientras se encuentran pendientes sus trámites ante las autoridades inmigratorias estadounidenses. Aunque la política estadounidense establece que “sobre la base de un análisis de cada caso específico, se podrá excluir a personas de poblaciones vulnerables” de ser enviadas de regreso a México, Human Rights Watch ha comprobado que la identificación de las personas con discapacidad que realizan los agentes fronterizos estadounidenses y las decisiones que toman de excluirlas de la devolución no han sido consistentes.

Al 4 de octubre, casi 50 000 personas se encontraban en México a la espera de audiencias de asilo en el marco del programa. La práctica del Gobierno de EE. UU. por la que se limita la cantidad de nuevas solicitudes de asilo a entre 15 y 30 por día implica además que los solicitantes de asilo suelen esperar entre tres y cuatro meses en ciudades de la frontera mexicana para recién entonces empezar el procedimiento de solicitud de asilo en Estados Unidos.

En agosto y septiembre, Human Rights Watch entrevistó en Ciudad Juárez a 10 solicitantes de asilo con discapacidad o problemas de salud crónicos, sus familiares y funcionarios del Instituto Nacional de Migración y del Consejo Estatal de Población Chihuahua, dos organismos que se ocupan de los migrantes. Human Rights Watch también visitó el albergue para migrantes y solicitantes de asilo que gestiona el Gobierno Federal en Ciudad Juárez y tres albergues privados.

En ninguno de los cuatro albergues había instalaciones completamente accesibles para las personas con discapacidad. El Centro Integrador del Migrante Leona Vicario, que abrió en agosto y tiene capacidad para 3000 personas, no cuenta con baños accesibles para personas con discapacidad física. Cuando empezó a funcionar, no había camas y las personas dormían en colchones en el piso, incluso personas con discapacidad. No hay medios de transporte accesibles que conecten el albergue con otros sitios.

La evaluación que realizan las autoridades de los problemas de salud y la discapacidad de los solicitantes de asilo que ingresan en los albergues no es consistente. Un funcionario público y algunos solicitantes de asilo manifestaron que un médico realiza un examen médico básico de todas las personas que ingresan en un albergue público. En el albergue Leona Vicario, un funcionario señaló que el 86 % de los solicitantes de asilo que ingresan se registran como personas con problemas de salud.

No obstante, la evaluación que realiza el albergue no identificó a algunas personas con discapacidad.

Una residente indicó que a su hijo de un año se le había diagnosticado microcefalia y asma mientras estuvieron en Honduras. Al llegar al albergue en mayo, las autoridades no le hicieron preguntas sobre la salud de su hijo ni lo registraron como una persona con discapacidad.

Cuatro adultos con discapacidad o problemas de salud crónicos en un albergue privado gestionado por una organización religiosa también dijeron que nadie había identificado su discapacidad ni sus problemas de salud cuando llegaron allí.

Investigaciones llevadas a cabo por Human Rights Watch en diciembre de 2018 en Tijuana detectaron muchos de los mismos obstáculos para los solicitantes de asilo con discapacidad.
Algunos solicitantes de asilo terminan en albergues privados porque no hay espacios de alojamiento suficientes en centros estatales para todos los solicitantes que son enviados de regreso a México. Con independencia de dónde encuentren albergue, el derecho internacional impone al Gobierno mexicano la obligación de proteger los derechos de los solicitantes de asilo con discapacidad. Esto incluye evaluar su estado de salud y discapacidad y tomar medidas para impedir que desarrollen nuevas discapacidades, observó Human Rights Watch.

Funcionarios federales y estatales reconocieron que la evaluación era insuficiente. El titular del Instituto Nacional de Migración en Chihuahua indicó que su organismo únicamente detectaba “discapacidades visibles” y no hacía controles adicionales. “Todavía no hemos consensuado un concepto con respecto a qué deberíamos entender por discapacidad”, explicó.

Cuatro solicitantes de asilo con discapacidad entrevistados también dijeron que las autoridades no les dieron información suficiente ni facilitaron su acceso a la atención de la salud. Los solicitantes de asilo en México reúnen las condiciones para acceder al seguro popular destinado a personas de bajos ingresos; sin embargo, Human Rights Watch entrevistó a solicitantes de asilo que no contaban con información sobre el plan.

Un hombre de 55 años procedente de Cuba, que tiene problemas de audición, adquirió un audífono con sus propios fondos. Gastó 200 pesos (USD 10), el importe total que su familia le envía cada mes para mantenerse. Human Rights Watch supo después que podría haber recibido un audífono gratuitamente a través del seguro popular. Ningún funcionario le había informado sobre el beneficio.

Otro caso es el de una mujer hondureña que indicó ser hipertensa y que afirmó que ningún funcionario le había dado información sobre el seguro de salud estatal. No ha recibido ningún tratamiento ni medicación por su condición de hipertensa desde que llegó a México en mayo.

Un hombre de Guatemala indicó que su hijo tiene una prótesis ocular que debe limpiarse a diario pero que, aun así, los funcionarios no le dieron información sobre el seguro popular que le permitiría consultar a un médico. “Estábamos a ciegas, no sabíamos nada sobre los servicios de salud”, explicó. Este hombre pudo conseguir un turno con un médico para su hijo nueve meses después de llegar a México, luego de que una organización no gubernamental le informara sobre el seguro.

Pese a que la legislación mexicana establece el derecho de los solicitantes de asilo que no hablan español de contar con el acompañamiento de un intérprete sin costo alguno,  el servicio no siempre está disponible. Las personas con discapacidad pueden ver su salud afectada de manera desproporcionada si no tienen acceso oportuno a un intérprete.

Un hombre de 39 años con parálisis parcial en la pierna y el brazo derechos a causa de un derrame cerebral sufrido antes de que huyera del contexto de violencia en Camerún, indicó que en los tres meses que pasó en un albergue privado en Ciudad Juárez había visto a un médico pero no había podido comunicarse eficazmente. “No he podido tener una consulta médica adecuada porque casi nadie habla inglés, y no puedo explicar lo que me ocurrió”, aseveró. “No entendí lo que me decía el médico”. Dos días después de la entrevista, fue internado por una intensa jaqueca y alta presión arterial.

Para algunos solicitantes de asilo, las opciones limitadas de alimentos en los albergues agravan su discapacidad y problemas de salud. Los alimentos proporcionados en tres de los albergues que visitó Human Rights Watch consisten principalmente en carnes grasas y frijoles, y suelen estar muy condimentados. Un funcionario responsable de las comidas en el refugio Leona Vicario indicó que este no realiza adecuaciones según necesidades médicas o alimentarias específicas.

Un hombre de 29 años de Uganda que había estado en un albergue privado por cuatro meses indicó sufrir de úlcera y dolor de espalda debido a torturas infligidas por militares ugandeses. “Mi condición aquí es muy precaria”, comentó. “Estoy sumamente agradecido con el albergue, pero no me encuentro bien aquí. Todos los días nos dan la misma comida, y necesito una dieta sin grasas debido a la úlcera”.

La Secretaría de Trabajo de México cuenta con un programa para facilitar que los solicitantes de asilo encuentren trabajo mientras tramitan sus pedidos. Sin embargo, el administrador del albergue Leona Vicario señaló que el programa todavía no brinda igualdad de oportunidades de empleo a las personas con discapacidad.

La Convención de los Derechos de las Personas con Discapacidad, ratificada por México en 2007, obliga al Gobierno, incluidos el Instituto Nacional de Migración y la Secretaría de Trabajo, a identificar y registrar a los solicitantes de asilo con discapacidad, y a cerciorarse de que tengan un acceso igualitario a albergue, empleo y servicios de salud mediante la información y la comunicación accesibles.

“México está obligado a proteger a todas las personas con discapacidad y problemas de salud crónicos, incluidas aquellas que piden asilo”, destacó Ríos Espinosa. “El Gobierno debería mejorar la eficacia de los procedimientos para identificar y registrar sus condiciones y para asegurar la accesibilidad de la información y otros servicios”.


2 sept 2018

NYT: Más de 500 niños aún están en custodia del gobierno estadounidense


La tragedia de los niños migrantes separados de sus padres continúa

"No me gustó ni la imagen ni el sentimiento de saber que las familias eran separadas", dijo el Presidente Trump el 20 de junio, cuando firmó una orden ejecutiva  para detener la práctica depravada de su gobierno de separar a niños migrantes de sus padres que buscan asilo en la frontera sur de Estados Unidos. "Esto resolverá el problema".

Tal vez firmar una orden así fue una cuestión de conciencia para Trump, quien se sintió moralmente obligado a abordar la crisis humanitaria causada por su propia política fronteriza de tolerancia cero.

Si es así, el asunto todavía debería preocuparle. Aunque las separaciones familiares han dejado de ser el foco de atención -lo que ha permitido a Trump disfrutar su momento ejecutivo de la mañna sin tener que enfrentar las imágenes televisadas de niños migrantes que lloran-, la crisis en sí está lejos de resolverse. Cientos de niños permanecen separados de sus padres. Muchos de los que han sido reunificados llevan las  cicatrices del trauma. Familias de migrantes continúan siendo llevadas a centros de detención del gobierno, aunque ahora están detenidos juntos.

Con la brutalidad de su tolerancia cero, el gobierno de Trump encontró la manera de hacer una cantidad de daño impresionante en un periodo muy breve. En las seis semanas que la política estuvo en vigor, más de 1600 niños fueron separados de sus padres, sin ninguna consideración o planeación sobre cómo se reunificaría a las familias al final.

Menos de una semana después de la orden ejecutiva, el juez federal Dana Sabraw, al dar su fallo sobre una demanda colectiva presentada por la Unión Estadounidense de Libertades Civiles (ACLU), impuso una orden judicial temporal sobre las separaciones familiares y ordenó al gobierno reunificar a todos aquellos que había separado. Se fijó la fecha límite del 26 de julio y los niños menores de 5 años fueron tratados de manera expedita.

Más de un mes después de esa fecha límite, el progreso ha dado resultados mezclados. Después de un difícil comienzo, y con ciertos retrasos burocráticos de parte del gobierno, más de dos mil niños se han vuelto a reunir con sus padres. Sin embargo, permanece la sombra de lo que esos inocentes han sufrido. Voluntarios que trabajan con las familias reportan señales de trauma por la separación y otros problemas de salud mental en los niños. Algunos se han vuelto retraídos y callados. Algunos experimentan pánico alrededor de desconocidos. Otros sienten un temor enorme de dejar que sus padres se aparten de ellos, incluso para ir al baño. Profesionales relacionados con la medicina advierten daño psicológico y emocional a largo plazo, incluidos trastornos de ansiedad, depresión, retraso en el desarrollo, así como problemas de confianza y de memoria.

esos son los “afortunados”. A finales de agosto, más de quinientos niños todavía permanecen en custodia del gobierno, con miedo, confundidos y con la incertidumbre de si algún día volverán a ver a sus padres. Unos cuantos son hijos de padres que han sido calificados como no aptos para la reunificación debido a antecedentes criminales u otras circunstancias. (Los delitos que los descalifican incluyen cargos por posesión de drogas, problemas con identificaciones y condenas por manejar en estado de ebriedad)

No obstante, en la mayoría de los casos —343, en el último conteo— los padres han sido deportados. Ubicarlos requiere de mucho tiempo y trabajo que consume muchos recursos de los grupos sin fines de lucro que encabezan el esfuerzo. Un comité directivo formado por ACLU tiene a cincuenta personas que trabaja con número telefónicos que el gobierno les dio después de cierto retraso; algunos números no son correctos. Para empeorarlo, algunos padres son difíciles de localizar debido a que se han perdido entre las sombras de sus devastados países de origen de los que huyeron aterrorizados. Grupos como Justice in Motion han enviado investigadores a buscar a esas personas en lugares remotos de México y Centroamérica. En una audiencia reciente de estatus, el juez Sabraw expresó optimismo de que las cosas parecían avanzar por buen camino. Sin embargo, la ACLU espera que el proceso continúe por dos meses más, mientras los niños siguen esperando.


Como era de esperarse, el gobierno de Trump ha sido menos entusiasta en arreglar el problema que lo que fue en crearlo. Hace unos meses, trató de zafarse de gran parte de sus responsabilidades sobre la reunificación al asegurar que era el trabajo de la ACLU localizar a todos los padres que habían sido deportados por el gobierno sin sus hijos. Nuevamente, el juez Sabraw tuvo que interceder y reprobar la reacción, y ordenó que el gobierno se coordine con la ACLU.

Para complicar el asunto, el gobierno ha decretado que las reunificaciones deben llevarse a cabo en el país de origen de las familias. Lo que significa que, una vez que son contactados, los padres enfrentan una decisión imposible: renunciar a la solicitud de asilo de sus hijos y regresarlos a casa, o dejar a sus hijos en Estados Unidos para que intenten navegar por su cuenta a través del proceso de asilo.




En medio de todo este inmenso dolor,  los desafíos de la corte siguen proliferando. La ACLU lleva a cabo procesos en nombre de los padres deportados que afirman que, en medio del caos de pesadilla de que les arrebataran a sus hijos, fueron forzados o engañados para que firmaran la renuncia de su propio derecho a solicitar asilo. Sin embargo, probar esos hechos no es fácil y muchos de esos hombres y mujeres siguen traumatizados por lo que han vivido.

También falta de responder a la pregunta de cómo acabará esta situación. El gobierno de Trump no ha hecho ningún movimiento hasta ahora para desafiar la orden judicial sobre separaciones familiares, pero la semana pasada, durante sus reportes de avance semanal al juez Sabraw, el Departamento de Justicia silenciosamente presentó una notificación de apelación que conserva el derecho del gobierno a volver a litigar prácticamente cualquier aspecto de la orden judicial. Al notificar al juez Sabraw, el subprocurador adjunto Scott Stewart aseguró a la corte que simplemente era un asunto de protocolo que no afectaría la continuación del proceso de reunificación. Sin embargo, podrían surgir problemas, por ejemplo, sobre si se debería permitir regresar a Estados Unidos a los padres deportados para la reunificación o si el gobierno tiene alguna responsabilidad sobre ofrecer tratamiento por el trauma a los niños cuyas vidas ha destrozado.


Nadie sabe qué elementos de la orden judicial el gobierno decidiría desafiar, si lo hace. Sin embargo, dado que el atractivo político del presidente ha sido construido en gran parte con base en sus furiosos ataques a los migrantes, es mejor estar atentos.

1 jul 2018

"Como Herodes" por Ronald Gamarra


La crueldad de la política migratoria de los Estados Unidos, impuesta por el Presidente Donald Trump con fines demagógicos, ha quedado al descubierto de la peor manera posible. Pues no sólo se sabe ahora que esta política tiene características abiertamente discriminatorias, dirigidas contra los migrantes pobres procedentes de países que no son "blancos", sino que se ha evidenciado que esta política no se detiene ante los derechos más elementales de personas absolutamente indefensas como las niñas y los niños.

Ahora se sabe, con pruebas contundentes que han conmovido a los Estados Unidos y al mundo entero, que no menos de 2,300 niñas y niños de muy corta edad han sido separados de sua padres por la fuerza, por el solo hecho de ser migrantes ilegales. Separar a los niños de sus madres y padres, sobre todo a una edad tan corta como es el caso de los infantes menores de seis años, y retenerlos en esa situación  por tiempo indefinido, es una crueldad que no tiene nombre y por eso ha causado indignación absoluta y rechazo general a todo nivel.

No sólo eso. Las niñas y niños, al.ser separados de sus padres en el momento inmediatamente posterior a la detención, son colocados en jaulas metálicas que han sido consideradas similares a las que se utilizan para los terroristas detenidos en Guantánamo. Luego, los pequeños son trasladados a instalaciones, donde se les mantiene bajo estrictas reglas? Vigilancia, escasa comida y sobre todo ningún contacto con sus padres. Se trata, en la práctica, de prisiones para niños, aunque no lleven ese nombre, niños que no han cometido ninguna falta.

Todo esto es insólito. ¿Para esto es que el gobierno y el.congreso de los Estados Unidos se niega a firmar la Convención sobre los Derechos del Niño? Después de este escándalo, lo menos que podrían hacer es suscribirla cuanto antes y, sin que eso sea un requisito, empezar a corregir desde ya todo lo que hay de abuso y violencia contra la niñez en los Estados Unidos, empezando por reparar el daño que se está infligiendo a miles de niños y niñas hijos de migrantes. Porque el atropelmo y la arbitrariedad contra la niñez existen en los Estados Unidos como en cualquier otra parte y hay que combatirlo.

La reacción de la administración Trump ante las primeras denuncias sobre esta injusticia innombrable contra las niñas y los niños migrantes fue arrogante. Altanera. Descarada. Dijeron con toda crudeza que simplemente estaban "haciendo cumplir la ley" y que la culpa de lo que ocurría recaía sobre los mismos migrantes. Pero tuvieron que recular ante la denuncia contundente de la prensa libre, demostrada con videos, fotografías y hasta testimonios de empleados de los centros de retención de niños que habían decidido negarse a cumplir lo que se les ordenaba por sentirlo inmoral e inhumano.

Pero Trump intentó, de todos modos, una última jugarreta afirmando que su administración solo cumplía con aplicar las leyes vigentes y que correspondía al Congreso reformarlas. Ante ello, la prensa le demostró, sin lugar a dudas que no existe ninguna ley norteamericana que ordene separar a los niños de sus padres, tratándose de migrantes, y que esta medida se aplicaba en cumplimiento de órdenes puramente administrativas. Entonces, antes de que alguien averiguase de quién procede una orden tan inhumana, Trump dió marcha atrás.

Por lo menos, es lo que ha dicho, que se va corregir este procedimiento y que no se seguirá  separando a los niños de sus familias. Ver para creer. A Trump no se le puede creer nada. ¿cumplirá? En todo caso, no ha dicho qué van hacer con los 2,300 niños y niñas que ya fueron separados de sus padres y siguen retenidos y aislados en condiciones inhumanas en establecimientos especiales. Hay que temer que trate de encontrar una nueva forma de sacarle la vuelta a las normas con nuevas órdenes administrativas que legitimen el abuso.

Más allá del atropello contra los niños, queda sin aletración una política migratoria de una dureza absolutamente innecesaria, de un ensañamiento gratuito con quienes solo van en busca de trabajar y son tratados como si fueran peligrosos delincuentes. En un momento en que la migración a los Estados Unidos se ha reducido a mínimos históricos, lo cual cuestiona la necesidad y la pertinencia de medidas tan drásticas y hasta brutales. Estados Unidos está prácticamente gozando de pleno empleo y en algunos sectores se siente la falta de mano de obra.

Trump dice que no permitirá que su país sea tomado por los migrantes. ¿Ignora que los Estados Unidos es un gran país forjado al 100% por migrantes, que son los que hicieron su grandeza, bonanza y prosperidad? Sin los migrantes de toda procedencia, los Estados Unidos simplemente no existirían. Tras la política de Trump simplemente lo que hay es racismo dirigido contra migrantes que ya no son predominantemente europeos nórdicos, sino latinoamericanos, asiáticos o africanos. Racismo y discriminación, en suma, odio irracional.

El propio Trump es nieto de un alemán, Friedrich Trump, campesino baváro. Pobre hasta los huesos. Que no sabía lo que era usar zapatos. Que fue a buscarse un destino en los Estados Unidos en 1885, a penas a los 16 años, y que se fue allí como migrante ilegal. Ilegal. Claro que el abuelo Trump no era un santo y se hizo rico en su nuevo país gracias al negocio de los burdeles y las cantinas en Yukon, durante la fiebre del oro en Alaska, según han demostrado diversos investigadores que han escarbado en la biografía y la genealogía de Trump.

¿Será por ese antecedente familiar que Trump prejuzga tan malamente contra los migrantes de hoy y les atribuye inclinaciones inmorales como las de su abuelo? Pero todo el mundo sabe que la inmensa mayoría de migrantes trabajan honradamente, esforzadamente, con enorme sacrificio, en los oficios m'as duros que los norteamericanos ya no quieren asumir. Que los migrantes traen valores de superación y autosacrificio que renuevan la moral, y contribuzen positivamente a una economía norteamericana en constante crecimiento.

Hay que estar vigilantes contra este abuso de Trump contra los niños y las niñas hijos de migrantes y no cesar de exigir que se corrija y repare de modo efectivo. Y claro, no dejar de lado la crítica contra una política migratoria discriminatoria, racista, abusiva, indigna de un gran país que proclama la vigencia irrestricta de los derechos humanos. Felizmente los Estados Unidos tienen fuerzas que están dando esta batalla con decisión y que, tarde o temprano, terminarán por erradicar este episodio vergonzoso que es el gobierno de Trump.


Artículo de opinión de Ronald Gamarra Herrera publicado en Hildebrandt en sus trece el viernes 30 de junio de 2018.

1 feb 2017

CIDH expresa preocupación por órdenes ejecutivas sobre migración y refugio en los Estados Unidos

Washington, D.C. - La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) expresa profunda preocupación con las órdenes ejecutivas sobre "Mejoras a la Seguridad Fronteriza e Inmigración en Estados Unidos" y "Fortalecimiento de la Seguridad Pública en el Interior de los Estados Unidos", anunciadas por el gobierno de Estados Unidos el 25 de enero de 2017, así como por la orden ejecutiva sobre "Proteger a la nación de la entrada de terroristas extranjeros en los Estados Unidos", del 27 de enero de 2017. La implementación de estas órdenes agrava la grave crisis humanitaria que afecta a todas las personas migrantes, refugiados y solicitantes de asilo, por lo cual la CIDH urgen a Estados Unidos a dejarlas sin efecto.

La Comisión observa con suma preocupación que las órdenes ejecutivas ordenan, entre otros, a la construcción inmediata de un muro fronterizo físico a lo largo de la frontera de Estados Unidos con México, reforzar medidas de contención migratoria a partir del aumento de agentes con funciones migratorias, el cierre de la frontera a solicitantes de asilo, la expansión de un sistema de encarcelamiento masivo a partir de la creación de más centros de detención migratoria a lo largo de la frontera, el énfasis en procedimientos de deportación expedita, la cancelación de fondos federales a las llamadas "ciudades santuario", la suspensión del Programa de Reasentamiento de Refugiados, la prohibición indefinida para el ingreso de refugiados sirios, y la prohibición de ingreso temporal a los Estados Unidos a nacionales de siete países predominantes musulmanes, incluso cuando son portadores de tarjetas de residencia o visas válidas. Estas órdenes ejecutivas, la construcción de más centros de detención migratoria y el énfasis de deportaciones expeditas representan una política dirigida a estigmatizar y criminalizar a los migrantes o a cualquier persona percibida como migrante.

La CIDH también observa a lo largo de la frontera de casi 1.900 millas entre los Estados Unidos y México ya hay cerca de 700 millas de valla. La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) estimó que al menos 436 inmigrantes murieron a lo largo de la frontera entre Estados Unidos y México en 2016. La construcción de partes adicionales de un muro fronterizo y el aumento de la militarización de la frontera pondrán en mayor riesgo las vidas de migrantes y refugiados. La experiencia histórica demuestra que los migrantes se verán forzados a buscar rutas más peligrosas para ingresar a los Estados Unidos. La ausencia de canales legales para migrar también empujará a las personas a recurrir a traficantes de migrantes, poniendo en grave peligro su vida e integridad personal.

Las medidas previstas en estas órdenes ejecutivas conllevan un alto grado de discriminación de las comunidades migrantes y grupos minoritarios, en particular las personas latinas y musulmanas o quienes sean percibidas como tales. La implementación de estas órdenes ejecutivas pone a migrantes y refugiados en grave riesgo de violación de sus derechos a la no discriminación, la libertad personas, el debido proceso, la protección especial de las familias y los niños, el derecho a solicitar y recibir asilo, el principio de no devolución, la prohibición de tratos crueles, inhumanos y degradantes, la libertad de circulación, entre otros. En particular, a la Comisión le preocupa el grave riesgo en el que estas órdenes dejan a los niños y niñas no acompañadas, familias y mujeres que puedan ser devueltos a los países de los cuales huyeron, donde su vida e integridad estaban amenazadas.

Las normas y estándares en materia de derechos humanos prohíben la discriminación basada en el origen nacional o en la religión. El Estado tiene la obligación de identificar dentro de las personas migrantes a aquellas que tengan necesidades especiales de protección, tales como solicitantes de asilo y refugiados, víctimas de trata, entre otros, y adoptar medidas para su protección. Los Estados también deben adoptar medidas para garantizar los derechos al debido proceso y a la protección judicial en el marco de procedimientos migratorios y de determinación de la condición de refugiado, a la unidad familiar, a solicitar y recibir asilo, el principio de no devolución (non-refoulment), a la prohibición de rechazo en frontera y la prohibición de expulsión colectiva de extranjeros.

La Comisión recuerda a los Estados Unidos que la detención migratoria debe ser una medida excepcional, de último recurso y siempre por el menor tiempo posible, una vez realizada una evaluación individualizada de cada caso y a la consideración de medidas alternativas. Asimismo, el Estado no puede recurrir a la detención migratoria de niñas o niños y sus padres a fin de disuadir la migración irregular.

De conformidad con sus obligaciones internacionales en materia de derechos humanos, Estados Unidos tiene la obligación de implementar todas las medidas que sean necesarias para proteger la vida, integridad y seguridad de todas las personas migrantes bajo su jurisdicción. Los procedimientos migratorios en particular los que puedan conllevar la deportación de migrantes, deben analizar, fundamentar y decidirse de forma individual y respetar  garantías mínimas tales como el derecho a ser escuchado por la autoridad competente en el marco del procedimiento tendiente a su deportación y a tener una oportunidad adecuada para ejercer su derecho de defensa; a contar con interpretación y traducción; a contar con representación legal; a la protección consular; a recibir una  notificación de la decisión que ordena su deportación; a acceder a un recurso efectivo para impugnar la decisión de deportación; y a que los recursos interpuestos tengan efectos suspensivos sobre la decisión de deportación.

La Comisión insta a los Estados Unidos a dejar sin efectos las tres órdenes ejecutivas y a garantizar que cualquier medida oficial en materia de migración y refugio se enuentre acorde con sus obligaciones internacionales en materia de derechos humanos y del derecho internacional de los refugiados. La CIDH afirma su interés de colaborar con el Gobierno de los Estados Unidos en la búsqueda de solucioens que garanticen la plena observancia de los derechos humanos de los migrantes y refugiados.

CIDH expresa preocupaçao pelas orden executivas sobre migraçao e refugio nos Estados Unidos: http://www.oas.org/pt/cidh/prensa/comunicados.asp

IACHR Expresses Concern over Executive Orders on Immigration and Refugees in the United States: http://www.oas.org/en/iachr/media_center/PReleases/2017/008.asp

1 de febrero de 2017
Fuente CIDH: http://www.oas.org/es/cidh/prensa/comunicados.asp

ONU: Antonio Guterres advierte sobre la adopción de medidas que creen ansiedad e indignación a nivel mundial

El Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, afirmó que la orden ejecutiva firmada por el Presidente Donald Trump, que prohíbe temporalmente la entrada de nacionales de siete Estados musulmanes y que suspende el programa de admisión de refugiados sirios, no es la forma adecuada para proteger a Estados Unidos.

En declaraciones a la prensa en la sede de Naciones Unidas, consideró que esas medidas violan principios básicos y que no son efectivas.

Guterres recordó que el mundo se enfrenta a organizaciones terroristas globales muy sofisticadas y afirmó que un ataque de estas probablemente no se realice por personas de los países vetados, sino de naciones desarrolladas o por personas que ya se encuentran en Estados Unidos.

"Es por eso tan importante que no se apliquen medidas que creen ansiedad e indignación. Esto lo que hace es detonar los mecanismos de reclutamiento que estas organizaciones utilizan en todas partes del mundo", dijo.

Ante la amenaza real del terrorismo, el titular de la ONU pugnó por la adopción de medidas enérgicas para el control efectivo de fronteras, pero al mismo tiempo, llamó a que éstas no se fundamenten en la discriminación por nacionalidad, religión u origen étnico.

Entretanto, varios relatores de la ONU de derechos humanos, también expresaron su opinión sobre la medida adoptada recientemente por la nueva administración estadounidense. 

En un comunicado, los expertos independientes afirmaron que la orden ejecutiva del 27 de enero viola la legislación internacional de derechos humanos, que protege el principio de no discriminación.

DECLARACIÓN DEL SECRTARIO GENERAL DE NACIONES UNIDAS

En mi camino de regreso de Etiopía, el país de mayor acogida de refugiados en África que durante décadas ha mantenido sus fronteras abiertas a cientos de miles de refugiados de sus vecinos, muchas veces en situaciones dramáticas de seguridad, quiero decir lo siguiente:

Los países tiene el derecho, incluso la obligación, de manejar responsablemente sus fronteras para evitar la infiltración de miembros de organizaciones terroristas. Esto no puede basarse en ninguna forma de discriminación relacionada con la religión, la etnia o la nacionalidad porque:

- Va en contra de los principios y valores fundamentales en los que se basan nuestras sociedades.
- Provoca la ansiedad y la cólera generalizadas que pueden facilitar la propaganda de las mismas organizaciones terroristas contra las que todos queremos luchar;

- Las medidas ciegas, no basadas en inteligencia sólida, tienden a ser ineficaces, ya que corren el riesgo de ser superadas por lo que hoy son globales y sofisticados movimientos terroristas.

Estoy particularmente preocupado por las decisiones que en todo el mundo han socavado la integridad del régimen internacional de protección a los refugiados. Los refugiados que huyen del conflicto y de la persecución están encontrando más y más fronteras cerradas y cada vez acceso más restingido a la protección que necesitan y que tienen derecho a recibir de acuerdo con el derecho internacional de refugiados.

Nueva York, 31 de enero 2017.

30 ene 2017

New York Times: La exfiscal general interina de Estados Unidos le ordena al Departamento de Justicia que no defienda la orden ejecutiva sobre inmigración

Washington.- La exfiscal general mientras estaba en funciones, Sally Yates, quien fue nombrada por la administración Obama, le ordenó el lunes al Departamento de Justicia de Estados Unidos que no defienda en los tribunales la orden ejecutiva de presidente Donald Trump sobre inmigración.

“Soy responsable de asegurar que las posiciones que tomamos en el tribunal estén en consonancia con la obligación solemne de esta institución de siempre buscar justicia y defender lo que es correcto”, escribió Yates en una carta dirigida a los abogados del Departamento de Justicia. “En la actualidad, no estoy convencida de que la defensa del orden ejecutivo sea coherente con estas responsabilidades, ni estoy convencida de que la orden ejecutiva sea legal”.

La decisión es, en gran medida, simbólica -- es probable que el candidato de Trump a fiscal general, Jeff Sesions, sea confirmao muy pronto--, pero destaca la profunda división que existe en el Departamento de Justicia y en otras instancias del gobierno sobre la orden de Trump.

El presidente tiene la autoridad para despedir a Yates, pero como ella todavía es la principal funcionaria del Departamento de Justicia que ha sido confirmada por el Senado, es la única autorizada para firmar las órdenes de vigilancia a extranjeros, una función esencial de esa institución.

“Mientras yo sea la fiscal general en funciones, el Departamento de Justicia no presentará argumentos en defensa de la orden ejecutiva, hasta que esté convencida de que es apropiado hacerlo”, escribió Yates.  

Al final del día lunes, Sally Yates fue destituída por el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. (Vea: Donald Trump despide a la fiscal general luego de que cuestionara su política migratoria, vía BBC Mundo).