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2 sept 2018

NYT: Más de 500 niños aún están en custodia del gobierno estadounidense


La tragedia de los niños migrantes separados de sus padres continúa

"No me gustó ni la imagen ni el sentimiento de saber que las familias eran separadas", dijo el Presidente Trump el 20 de junio, cuando firmó una orden ejecutiva  para detener la práctica depravada de su gobierno de separar a niños migrantes de sus padres que buscan asilo en la frontera sur de Estados Unidos. "Esto resolverá el problema".

Tal vez firmar una orden así fue una cuestión de conciencia para Trump, quien se sintió moralmente obligado a abordar la crisis humanitaria causada por su propia política fronteriza de tolerancia cero.

Si es así, el asunto todavía debería preocuparle. Aunque las separaciones familiares han dejado de ser el foco de atención -lo que ha permitido a Trump disfrutar su momento ejecutivo de la mañna sin tener que enfrentar las imágenes televisadas de niños migrantes que lloran-, la crisis en sí está lejos de resolverse. Cientos de niños permanecen separados de sus padres. Muchos de los que han sido reunificados llevan las  cicatrices del trauma. Familias de migrantes continúan siendo llevadas a centros de detención del gobierno, aunque ahora están detenidos juntos.

Con la brutalidad de su tolerancia cero, el gobierno de Trump encontró la manera de hacer una cantidad de daño impresionante en un periodo muy breve. En las seis semanas que la política estuvo en vigor, más de 1600 niños fueron separados de sus padres, sin ninguna consideración o planeación sobre cómo se reunificaría a las familias al final.

Menos de una semana después de la orden ejecutiva, el juez federal Dana Sabraw, al dar su fallo sobre una demanda colectiva presentada por la Unión Estadounidense de Libertades Civiles (ACLU), impuso una orden judicial temporal sobre las separaciones familiares y ordenó al gobierno reunificar a todos aquellos que había separado. Se fijó la fecha límite del 26 de julio y los niños menores de 5 años fueron tratados de manera expedita.

Más de un mes después de esa fecha límite, el progreso ha dado resultados mezclados. Después de un difícil comienzo, y con ciertos retrasos burocráticos de parte del gobierno, más de dos mil niños se han vuelto a reunir con sus padres. Sin embargo, permanece la sombra de lo que esos inocentes han sufrido. Voluntarios que trabajan con las familias reportan señales de trauma por la separación y otros problemas de salud mental en los niños. Algunos se han vuelto retraídos y callados. Algunos experimentan pánico alrededor de desconocidos. Otros sienten un temor enorme de dejar que sus padres se aparten de ellos, incluso para ir al baño. Profesionales relacionados con la medicina advierten daño psicológico y emocional a largo plazo, incluidos trastornos de ansiedad, depresión, retraso en el desarrollo, así como problemas de confianza y de memoria.

esos son los “afortunados”. A finales de agosto, más de quinientos niños todavía permanecen en custodia del gobierno, con miedo, confundidos y con la incertidumbre de si algún día volverán a ver a sus padres. Unos cuantos son hijos de padres que han sido calificados como no aptos para la reunificación debido a antecedentes criminales u otras circunstancias. (Los delitos que los descalifican incluyen cargos por posesión de drogas, problemas con identificaciones y condenas por manejar en estado de ebriedad)

No obstante, en la mayoría de los casos —343, en el último conteo— los padres han sido deportados. Ubicarlos requiere de mucho tiempo y trabajo que consume muchos recursos de los grupos sin fines de lucro que encabezan el esfuerzo. Un comité directivo formado por ACLU tiene a cincuenta personas que trabaja con número telefónicos que el gobierno les dio después de cierto retraso; algunos números no son correctos. Para empeorarlo, algunos padres son difíciles de localizar debido a que se han perdido entre las sombras de sus devastados países de origen de los que huyeron aterrorizados. Grupos como Justice in Motion han enviado investigadores a buscar a esas personas en lugares remotos de México y Centroamérica. En una audiencia reciente de estatus, el juez Sabraw expresó optimismo de que las cosas parecían avanzar por buen camino. Sin embargo, la ACLU espera que el proceso continúe por dos meses más, mientras los niños siguen esperando.


Como era de esperarse, el gobierno de Trump ha sido menos entusiasta en arreglar el problema que lo que fue en crearlo. Hace unos meses, trató de zafarse de gran parte de sus responsabilidades sobre la reunificación al asegurar que era el trabajo de la ACLU localizar a todos los padres que habían sido deportados por el gobierno sin sus hijos. Nuevamente, el juez Sabraw tuvo que interceder y reprobar la reacción, y ordenó que el gobierno se coordine con la ACLU.

Para complicar el asunto, el gobierno ha decretado que las reunificaciones deben llevarse a cabo en el país de origen de las familias. Lo que significa que, una vez que son contactados, los padres enfrentan una decisión imposible: renunciar a la solicitud de asilo de sus hijos y regresarlos a casa, o dejar a sus hijos en Estados Unidos para que intenten navegar por su cuenta a través del proceso de asilo.




En medio de todo este inmenso dolor,  los desafíos de la corte siguen proliferando. La ACLU lleva a cabo procesos en nombre de los padres deportados que afirman que, en medio del caos de pesadilla de que les arrebataran a sus hijos, fueron forzados o engañados para que firmaran la renuncia de su propio derecho a solicitar asilo. Sin embargo, probar esos hechos no es fácil y muchos de esos hombres y mujeres siguen traumatizados por lo que han vivido.

También falta de responder a la pregunta de cómo acabará esta situación. El gobierno de Trump no ha hecho ningún movimiento hasta ahora para desafiar la orden judicial sobre separaciones familiares, pero la semana pasada, durante sus reportes de avance semanal al juez Sabraw, el Departamento de Justicia silenciosamente presentó una notificación de apelación que conserva el derecho del gobierno a volver a litigar prácticamente cualquier aspecto de la orden judicial. Al notificar al juez Sabraw, el subprocurador adjunto Scott Stewart aseguró a la corte que simplemente era un asunto de protocolo que no afectaría la continuación del proceso de reunificación. Sin embargo, podrían surgir problemas, por ejemplo, sobre si se debería permitir regresar a Estados Unidos a los padres deportados para la reunificación o si el gobierno tiene alguna responsabilidad sobre ofrecer tratamiento por el trauma a los niños cuyas vidas ha destrozado.


Nadie sabe qué elementos de la orden judicial el gobierno decidiría desafiar, si lo hace. Sin embargo, dado que el atractivo político del presidente ha sido construido en gran parte con base en sus furiosos ataques a los migrantes, es mejor estar atentos.

20 oct 2017

El caso de Weinstein revela que el silencio del entorno sobre la violencia sexual apuntala la impunidad

Escribe Marta Borraz.

Las cascada de acusaciones no ha cesado desde el pasado 5 de octubre.  Un artículo publicado esa noche en The New York Times resquebrajaba el imponente secreto del que parece haberse servido uno de los hombres más influyentes del cine, el productor Harvey Weinstein.  Pero las denuncias por acoso sexual de actrices y empleadas contra el ejecutivo no han venido solas. 

Trabajadores de la industria cinematográfica han reconocido que se trataba de "un secreto a voces" y han revelado que no es una sorpresa, según un artículo publicado en The Guardian (Hollywood sabía de las acusaciones a Harvey Weinstein y nadie hizo nada). ¿Por qué hemos tenido que esperar tres décadas para que acabe traspasando las fronteras de la meca del cine?

"Toda la industria le protegió a él directa o indirectamente", decía la semana pasada la productora de Los Ángeles Emily Best. Dieciséis antiguos y actuales empleados del productor de éxitos como La vida es bella o Pulp Fiction han afirmado haber sido testigos o tener conocimiento de los hechos relatados por las denunciantes. Incluso en un audio grabado por la Policía de Nueva York, el magnate admite haber manoseado a una modelo y dice estar "acostumbrado" a este tipo de comportamientos.

"Hay un sistema que ampara todo tipo de violencia contra las mujeres. Y tiene unas características específicas que consiguen hacer impune al agresor, entre ellas, la cultura del silencio que la rodea y que está íntimamente relacionada con el poder que ejerce", explica la doctora en estudios interdisciplinares de género, Bárbara Tardón. "El poder es utilizado por el agresor porque sabe que puede imponer el secreto sobre la víctima, pero también sobre el entorno", prosigue.

Normalizar, dudar

Un manto de silencio que las expertas relacionan con varios factores. Entre ellos, los mitos que rodean a todo tipo de violencia machista y que generan un clima de cierta aceptación de lo que el entorno está viendo u oyendo. "Convivimos día a día con situaciones de acoso sexual, pero no hay una condena social unánime, más bien al contrario, hemos acabado normalizándolas a no ser que interese políticamente quitarse de en medio al hombre acusado, como ocurrió con el exdirector del FMI Strauss-Kahn", argumenta la socióloga experta en violencia sexual y de género, Beatriz Bonete. 

No son pocos los testimonios de víctimas que relatan la hostilidad con la que viven el proceso posterior a la denuncia y aseguran haber sido revictimizadas por la sociedad y el sistema judicial. Un trayecto lleno de obstáculos "perpetrados por los prejuicios que recaen sobre la víctima", dice Tardón. Entre ellos, la duda constante sobre lo que está contando, pensar que su testimonio es exagerado, creer que tiene parte de culpa o concluir que busca algo a cambio, por ejemplo.

"Nadie me creyó", ha asegurado la modelo y escritora Zoë Brock al relatar el presunto acoso al que fue sometida por parte de Weinstein en una habitación de hotel. Este tipo de mitos también funcionan con el entorno: "Lo que hacen es convencer a todo el alrededor para que no se posicione respecto a lo que tienen delante.  El entorno también tiene miedo a que no le crean, a perder su trabajo, a que duden de su honestidad, a ser víctima del ostracismo. Y se calla. De esta manera la cultura de la impunidad consigue ser hermética", sostiene Tardón.

El poder que silencia

Pero además de los prejuicios, las expertas identifican el poder como uno de los alimentos principales del silencio. "¿Por qué no hablaron sobre ello? Porque él es poderoso, acosó a jóvenes, la mayoría mujeres que tenían unos 20 años cuando ocurrió, vulnerables, con miedo a que si decían algo o hacían algo, les arruinaría la carrera",  ha declarado en una entrevista con la BBC la actriz Jane Fonda tras lamentar no haber hablado antes y asegurar que debió "haber sido más valiente".

"No solo ocurre con las propias víctimas, también el resto de personas están coaccionadas porque siempre hay un elemento de poder. Se da una especie de 'seguir el juego' al agresor para no enfrentarte a él. Además, la gente tiene miedo porque de estos perfiles muy concretos, como el de Weinstein, depende el futuro laboral de muchas de ellas", explica Bonete.

Algo similar ocurre en otros ámbitos, como en los casos de denuncias de agresiones sexuales que se han dado en los últimos años en universidades españolas. De hecho, la sentencia del pasado mes de enero que condena a un profesor de la Universidad de Sevilla revela  cómo forzaba el silencio de las víctimas amenazando sus carreras profesionales.

Pero ¿qué ocurre cuando no hay poder? "Siempre lo hay", dice la socióloga. "En este caso es un contexto laboral, pero fuera de él sigue habiéndolo. De hecho, junto a la dominación, es el elemento definitorio de esta violencia". Para la experta, es clave que sean los hombres los que también rompan el silencio. "Es muy necesario que ellos mismos empiecen a recriminarse unos a otros este tipo de comportamientos, pero no lo hacen y lo reducen a una especie de colegueo. Al final supone enfrentarse a un elemento de la masculinidad, el del privilegio que da el poder hacerlo sin castigo social, al que no quieren renunciar", dice.

Las declaraciones de mujeres de Hollywood que no han sido víctimas tampoco han dejado de sucederse en los últimos días. Así,  la actriz Emma Thompson ha hablado este mismo viernes en una entrevista en BBC para asegurar que se trata de algo endémico en la industria. "Uno de los grandes problemas en el sistema que tenemos es que hay muchos ojos ciegos y no podemos seguir haciendo que las mujeres sean responsables. Ellas son las que tienen que hablar. ¿Por qué?", afirma después de apuntar que el caso Weinstein es "la punta del iceberg".

Montse Pineda, coordinadora de incidencia política de la asociación Creación Positiva, coincide con Thompson al asegurar que no se trata de algo "casual o esporádico", sino que "las violencias sexuales están naturalizadas y forman parte del propio sistema". Por eso, dice Pineda, no se produce la ruptura del silencio: "No es fácil que el entorno pueda identificar cosas que socialmente están permitidas. Denunciar este tipo de violencia no está en nuestro código cultural. No solo debemos hablar de un entorno próximo, sino de un entorno global machista", explica la autora, junto con Patislí Toledo,  de un reciente estudio sobre las violencias sexuales en Cataluña.

8 ago 2017

NYT: ¿Perú necesita una prisión especial sólo para ex-presidentes?

Does Peru Need  a Special Prison Just for former presidents?
Por Sonia Goldenberg

As Peru prepares for the Bicentennial of its independence from Spain in 1821, instead of looking forward with optimism, it is contemplating a dismal political landscape: Four of its presidents are in jail or fugitive from justice for human rights crimes or corruption. A world record? Probably, but hardly one to celebrate.

In response, in his annual address to the nation late last month, the current president PPK, promised a crusade to rebuild the country after devasting floods and a huge scandal, which together have shattered prospects of economic growth and further undermined the trust of Peruvians in the Presidency it self.

All four presidents have left their imprint on the country's history and justice.


Firts Alberto Fujimori, Peru's autocratic ruler from 1990 to 2000, was sentenced in 2009 to 25 years in jail for human rights violations  in the fight against Shining Path guerrilas and later convicted of embezzlement and corruption. He was recently joined in the Barbadillo Lima prison by Ollanta Humala, Mr. Kuczynnski?s predecessor, after judge ordered that he and his wife, Nadine Heredia, serve 18 months of pretrial detention while being investigated on money-laundering and conspiracy charges. Mr. Humala is also accused of extrajudicial killings during his time as an army captain at remote jungle base in 1990s.

El artículo continúa: https://www.nytimes.com/2017/08/07/opinion/does-peru-need-a-special-prison-just-for-ex-presidents.html?mwrsm=WhatsApp


Peruvians are dismayed at having given their votes to so many presidents who have ended up being prosecuted as criminals. The only living former head of stated not incriminated so far is Alan Garcia, who served two terms from 1985 to 1990 and from to 2006 to 2011, and ironically has a legendary reputation for corruption that has haunted him for decades. But he is also under investigation for financial irregularities in the construction of the Lima metro by, once again, Brazil's Odebrecht conglomerate.


Fuente The New York Times: https://www.nytimes.com/2017/08/07/opinion/does-peru-need-a-special-prison-just-for-ex-presidents.html?mwrsm=WhatsApp