2/27/2016

El Comercio: Niños sordos acabaron primaria pero no hay colegio secundaria


Jessica, Soledad y Katherine son tres de las miles de madres que luchan por conseguir para sus hijos sordos una educación de calidad en el Perú. Ellas, como muchas otras madres de niños con discapacidades físicas o mentales, no solo pasaron por el difícil proceso de aceptación de la sordera en sus pequeños sino que también deben lidiar a diario con la indiferencia y discriminación de la sociedad y autoridades.



"Yo detecte la sordera de Diego cuando él tenía dos años y medio, pero me rehusé a aceptarlo, hice muchos diagnósticos y demoré un año más para tener el resultado final. Llegué al colegio cuando mi hijo ya tenía 6 años porque yo quería que escuche, que hable, como cualquier niño", cuenta Soledad Castañeda, madre de un adolescente con sordera severa bilateral que hoy tiene 15 años. Ella dejó su natal Chanchamayo para que su hijo tenga en Lima acceso a ese derecho que es de todos, pero que para las personas con discapacidad parece lejano: la educación.

Diego llegó así a la institución educativa Ludwig van Beethoven, primer y único colegio estatal del Perú para niños sordos que fue inaugurado en el 2010. Junto a otros 50 escolares sordos como él, estudió primero con niños oyentes, pero en lugar de aprender, sintió la discriminación de un sistema educativo inclusivo que no contaba con profesores que dominen el lenguaje de señas.

Los años en primaria para Diego y sus compañeros del colegio Beethoven se convirtieron también en años de lucha para ellos y sus padres. Estos escolares, según información de la Defensoría del Pueblo, fueron los primeros menores de edad en interponer sus quejas y exigir una mejor educación. De esa forma consiguieron que en el 2013 el Ministerio de Educación ponga en práctica en su plantel el sistema bilingüe y bicultural, con el que cada aula pasó a contar [y sigue contando] con un profesor oyente y un auxiliar experto en lenguaje de señas.

SECUNDARIA INCOMPLETA

Tras terminar la primaria, los primeros egresados del sistema bilingüe y bicultural del colegio Beethoven siguieron enfrentando la desidia de un sistema educativo público que no está preparado para atender a las personas con habilidades diferentes. El año pasado estos chicos de primero y segundo de secundaria empezaron recién a fines de mayo sus clases en el Centro de Educación Básica Especial (CEBE) Hipólito Unanue, y solo estudiaban dos horas y 15 minutos al día. Esto porque el Estado no previó, y si sigue sin atender, el nivel secundario para los sordos del Perú.

"¿Qué información pueden recibir en tan poco tiempo?, más aun cuando son escolares que viene de muchos retrasos y de mucha vulneración de su derecho a nivel educativo. Ellos requieren tener maestros que conozcan de la temática, un colegio que haga adecuaciones en materiales, evaluaciones, en el ambiente, para que así accedan a la misma educación que un niño de la escuela regular", precisa la coordinadora académica del colegio Bethoven, María Padilla Acosta, también responsable del Servicio de Apoyo y Asesoramiento a las Necesidades Educativas Especiales (Sanee).

POBLACIÓN INVISIBLE

La jefa del Programa de Defensa y Promoción de los Derechos de Personas con Discapacidad, Malena Pineda Ángeles, advierte que el simple hecho de que el Estado no conozca el número de personas con discapacidad auditiva [la única encuesta sobre discapacidad se realizó en el 2012. Según la información recogida, en el Perú vivían 532.209 personas no oyentes, de ellos 14,3% menores de 14 años] constituye el principal obstáculo para implementar una política de educación inclusiva.

"¿Si el propio Ministerio de Educación no tiene interprete en lengua de señas, cómo podemos esperar que se preocupe en implementarla a los colegios y universidades? Para el Gobierno, las personas con discapacidad, y más aún las personas sordas, son invisibles", refiere la funcionaria.

LA LUCHA NO CESA

Las madres de los escolares sordos que cursan la secundaria (este año el 1er grado sec. se suma a 2do y 3ero) temen que los problemas educativos del año pasado se repitan. Ellas piden que el Ministerio de Educación mejore el perfil para las personas que serán contratadas [por la UGEL y el CEBE Hipólito Unanue] como intérpretes.

"Tras dos años de espera, la Dirección General de Educación Básica Especial aprobó recién para el 2016 la plaza de intérprete de lengua de señas, pero el perfil es bajo y no garantiza la calidad de la información que recibirán los estudiantes", sostiene la especialista María Padilla Acosta.

Jessica García, madre de una adolescente sorda de 14 años que este año cursa el 2do de secundaria, comenta que este año la UGEL les aseguró que las clases serán de 4 horas diarias y que sus hijos continuarán con un traductor por cada aula. "Si contratan a intérpretes que no están capacitados, nuestros hijos corren el riesgo de seguir retrocediendo en su educación", precisa.

Hay algo que une a estas madres, además de tener todas hijos con sordera profunda, y es el sueño de verlos profesionales y valiéndose por sí mismos.

"Nuestros hijos nos demuestran a diario lo capaces que son al salir solos a las calles y regresar bien a casa. Hace ocho años decidimos iniciar esta lucha por el acceso a la educación y creemos que podemos lograr que tengan una universidad, solo queremos igualdad para ellos", afirma Margarita Cabrera Guerrero, presidenta de la Asociación de Padres y Amigos de los Sordos (APAS) y madre de Dan, un adolescente sordo que sueña con ser profesor de Educación Física.



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