7/13/2015

“LIBERTÉ, FRATERNITÉ, ÉGALITÉ”

"Al insurgir el pueblo, las reivindicaciones se radicalizaron y los reformistas del tercer estado, que aspiraban a una monarquía constitucional, perdieron el control. Los hechos se precipitaron. En toda Francia, el pueblo siguió el ejemplo de París y los privilegios de la nobleza, muchos de ellos de carácter feudal, sus castillos, sus latifundios y sus cotos fueron suprimidos de hecho por el pueblo". 

El 14 de julio es la fiesta nacional de Francia. Es el día en que se reafirman los principios y fundamentos republicanos de la nación, sobre los cuales se construye la identidad francesa contemporánea. Pero nadie puede dudar que los ecos del 14 de julio tengan una resonancia que alcanza mucho más allá y abarca el mundo entero. Con derecho, los demócratas del mundo se sienten reflejados y comparten el sentimiento que anida en la conmemoración del 14 de julio. Ese sentimiento que los insurgentes de París, de hace más de dos siglos, condensaron en la fórmula sencilla e imperecedera de Libertad, Fraternidad, Igualdad.

El 14 de julio de 1789 el pueblo de París tomó por asalto el fuerte de La Bastilla y con ello dio inicio a la fase de protagonismo popular que acabaría para siempre con el Antiguo Régimen y la monarquía absoluta, tal como había imperado en Francia por siglos, como un régimen de procedencia divina ejercido por el rey y compartido por la nobleza. Es el momento en que el pueblo entra en la historia para construir a tientas y con innumerables tropiezos, pero con una decisión y fe admirable y a veces terrible, la utopía de una sociedad a la medida del hombre. A partir de entonces, Francia y luego toda Europa y finalmente el mundo, entran de lleno a la lucha por la ciudadanía.

Ya antes del 14 de julio, la monarquía absoluta había empezado a cuartearse. Luis XVI, apremiado por la necesidad de aumentar los impuestos ante los resultados de una administración desastrosa de las finanzas del reino, había convocado después de más de un siglo de receso a los Estados Generales, suerte de asamblea estamentaria de origen feudal que se agrupaba en tres cámaras: la de la nobleza, la del clero y la del tercer estado, que agrupaba a todos los demás sectores sociales, es decir la inmensa mayoría de la nación: burgueses, campesinos, artesanos, comerciantes, profesionales, funcionarios, intelectuales.

El tercer estado consideró inaceptable que la nobleza y el clero, que representaban a minorías privilegiadas, pudiesen hacer mayoría contra ella sumando sus dos cámaras, y desconoció el sistema. En seguida, con el apoyo de importantes miembros de la nobleza y el bajo clero, se proclamó como único representante de la nación y se constituyó en Asamblea Nacional. El 9 de julio dio un paso aun más audaz al proclamar su propósito de dar una constitución al país y en consecuencia se proclamó como Asamblea Nacional Constituyente, desarrollo que el rey no pudo evitar. Las rencillas entre el rey absoluto y la nobleza fueron la brecha por la cual insurgió un nuevo orden.

Hasta allí todo había sucedido, por decirlo de algún modo, en las alturas del poder. Era un tira y afloja al más alto nivel, en el cual el rey y la nobleza tenían un importante margen de negociación y del cual cada uno de ellos pretendía obtener el mejor arreglo posible. El 14 de julio cambió todo esto de una manera radical. Al insurgir el pueblo, las reivindicaciones se radicalizaron y los reformistas del tercer estado, que aspiraban a una monarquía constitucional, perdieron el control. Los hechos se precipitaron. En toda Francia, el pueblo siguió el ejemplo de París y los privilegios de la nobleza, muchos de ellos de carácter feudal, sus castillos, sus latifundios y sus cotos fueron suprimidos de hecho por el pueblo. Entonces, el 26 de agosto de 1789, la Asamblea Nacional proclamó la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. No había marcha atrás.

Aquellos hechos conmovieron al mundo hasta los cimientos y están en el origen del signo republicano bajo el cual surgieron, pocas décadas después, los estados de América Latina y entre ellos el Perú. Pero solo era el inicio de un camino largo y lleno de esfuerzos. A los franceses les tomó más de un siglo consolidar su república, luego de profundas recaídas monárquicas e imperiales. Hoy son una nación lograda, consolidada para enfrentar los nuevos desafíos. Las repúblicas de América Latina todavía luchamos por hacer realidad la promesa republicana de una democracia igual y próspera para todos, sin discriminación. No desmayemos en ello.

Artículo de Ronald Gamarra Herrera publicado en Diario16, el domingo 12 de julio de 2015.

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