8 mar. 2015

"EL ALCALDE ORIÓN", por Ronald Gamarra

El alcalde Castañeda ha cumplido dos meses completos al frente de la tan maltratada ciudad de Lima, que está como está porque, entre muchas otras razones, él la gobernó durante ocho largos años.

¿Qué ha hecho en estos 70 días? Aparte de pintar con el color de su partido, el amarillo, todo lo que puede: locales municipales, parques zonales, páginas web de la comuna y hasta uniformes de los trabajadores, y de poner por todas partes carteles con su nombre, ¿ha hecho algo que valga la pena?

Ah sí, despidió de un porrazo, sin evaluación alguna, apenas entró, a más de dos mil trabajadores, y sobre todo se trajo debajo de un tirón la importante labor cultural de la Municipalidad. Este verano no hubo las ya acostumbradas actividades culturales y de vacaciones útiles, animadas por la municipalidad desde la última gestión, en múltiples espacios de la capital. Simplemente porque el alcalde tiene la obsesión fatal de borrar todo lo que pueda recordar a su predecesora, que tenía la modestia de poner en las obras que impulsaba la frase “Lima lo hizo” en vez de su propio nombre, en letras de molde, como acostumbra Castañeda.

El alcalde se toma las cosas con pachorra. No se deja ver, no presta declaraciones, no se sabe si va a trabajar o si se queda en cama hasta el mediodía, no responde a nadie, no tiene planes, ni sabe si los tendrá, pero deshace todo lo que puede usando a sus cancerberos más obsecuentes y valiéndose del silencio general y la timidez de la prensa y de los políticos de los demás partidos que, salvo alguna excepción, buscan acomodarse a su mayoría en el Concejo. Para efectos prácticos, como ya lo sabe todo el mundo, la alcaldesa en ejercicio se llama Patricia Juárez.

¿Alguien habló de transparencia? Pues bien, desde que empezó su actual tercera administración, Castañeda ha suspendido la transmisión de las sesiones del Concejo, que era una sana práctica de la administración anterior. Qué va, ni siquiera participa en las sesiones; abre la reunión y se retira, tal vez a echar una siestecita, sin prestar la más mínima atención a los concejales que discrepan, con la seguridad de que su mayoría de todos modos y sin mayor debate impondrá lo que a él le da la gana. Porque él no trabaja con planes ni acuerdos, ni estudios previos, él hace lo que le sale del forro. Y si a él le da el capricho de un monorriel en cualquier parte, pues eso será, sin importar lo que cueste ni si cuenta con el respaldo de estudios de factibilidad.

Pero hay un aspecto en el cual el alcalde Castañeda se ha mostrado muy activo y preocupado, y enormemente efectivo en estas nueve semanas. Se trata de una efectividad muy llamativa, incluso sospechosa; en realidad, absolutamente reveladora. Y se trata de las medidas que, una tras otra, como una cascada, ha dado para favorecer a la mafia del transporte público, representada por empresas con prontuario de muerte y otros innumerables abusos contra los limeños, empresas cascarón que violan la ley en todo aspecto y matan masivamente en las pistas.

¿Ha hecho algo por usted el señor alcalde en este lapso? Nada, ¿verdad? Salvo que sea usted un microbusero de Orión o El Chosicano y otras empresas de transporte tristemente célebres. Empezó por anular 40 mil papeletas que debían pagar por sus infracciones anteriores: impunidad para conducir y atropellar. A usted que maneja su carrito, ¿le han condonado alguna vez una infracción? Ah no, pues, tiene que reemplazar su auto por una combi y afiliarse a Orión. Y hace solo unos días, hizo aprobar sin mediar debate, con el silencio del Apra y el apoyo del PPC y el fujimorismo, una ordenanza cuyo proyecto presentó apenas momentos antes de la sesión, por la cual se prorrogan todas las líneas de micros, custers y combis, con la perspectiva de darles cuatro años más de predominio en las pistas. Sin licitación, todo a dedo.

Por si fuera poco, ha decidido limpiarles el camino deshaciendo lo que se había avanzado en la reforma del transporte, saboteando años de trabajo conjunto entre la municipalidad y los transportistas que sí aceptaron cambiar y formalizarse y formaron consorcios para ello. A estos ni siquiera los ha recibido en estos dos meses. Y la prórroga de las líneas de micros comprende las rutas ya licitadas a los consorcios. Lo que busca es la quiebra de estos y obligarles a renunciar y volver a retormar sus viejas rutas, de cuando eran informales.

Pero eso no es todo. Anuló el proceso de licitación de las rutas de acercamiento e integración, complementarias a los corredores, dejándole todo eso a los informales. Y anuló la concesión ya otorgada para el boleto único electrónico. Todo en beneficio de Orión, El Chosicano y sus secuaces. Ya vemos para quién trabaja este alcalde que, para todo lo demás, es tan remolón. ¡Pie derecho, pie derecho! ¡Al fondo hay sitio! ¡Avance de costado!... ¿Es que Lima no tiene derecho a un transporte decente, propio de una ciudad moderna?
 

Artículo de Ronald Gamarra Herrera publicado en Diario16, el domingo 08 de marzo de 2016.
Foto Andina.

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