6/30/2014

HACE UN SIGLO, EL INFIERNO

Hace exactamente un siglo, el 28 de junio de 1914, se produjo el gravísimo incidente que serviría de detonante a la Primera Guerra Mundial: el asesinato del archiduque Francisco Fernando, heredero del trono del Imperio austro-húngaro, y de su esposa Sofía. El atentado se produjo en Sarajevo, capital de los territorios de Bosnia y Herzegovina, que la monarquía gobernante de Austria-Hungría mantenía bajo ocupación jurídicamente provisional y que pretendía anexar definitivamente a sus dominios.

Los autores del atentado fueron un grupo de jóvenes nacionalistas serbios manipulados por la inteligencia militar serbia, que probablemente actuaba a espaldas de su gobierno. Serbia era entonces un país naciente, desgajado del dominio otomano, que aspiraba a unificar en un Estado a los “eslavos del sur”. Bosnia y Herzegovina eran precisamente territorios habitados por eslavos que hablaban la misma lengua que los serbios, aunque en gran parte diferían de ellos en religión. Esta compartida identidad eslava cobijaba una tenaz oposición a la anexión de estos territorios, en inevitable condición subordinada, a un imperio dominado por la etnia de lengua alemana, asociada a la nación húngara, como era Austria-Hungría

Tras todo ello, se jugaba el interés por el dominio de los Balcanes, una gran península europea situada entre el Mediterráneo, el Mar Negro y Europa central, donde el secular dominio otomano había crujido, dejando un vacío de poder que esperaban llenar otras grandes potencias, entre las cuales competían, en primer lugar, Austria-Hungría y Rusia, dos de los más caracterizados imperios europeos, surgidos como potencias tras las guerras napoleónicas y el Congreso de Viena, que configuró la repartición del poder en el viejo continente. Las nuevas naciones recién surgidas eran muy débiles y carecían de toda posibilidad de juego autónomo.

Pero el conflicto de los Balcanes ya no podía ser un conflicto de alcance localizado y limitado. Las potencias europeas habían tejido una densa red de alianzas que obligaban a compromisos militares ineludibles en aras de la seguridad de cada aliado. De tal manera,todos los conflictos en los cuales estuvieran involucradas las potencias europeas estaban conectados, tanto en Europa como fuera de ella, como ya se había visto en las graves tensiones generadas por la competencia colonialista

Si Austria-Hungría aspiraba a anexarse Bosnia y Herzegovina, y contaba con el respaldo de una estrecha alianza militar con el Imperio alemán, en tanto que este mantenía una alianza con el maltrecho pero siempre aguerrido Imperio otomano, la pequeña y débil Serbia, firmemente irrendentista, contaba con el respaldo incondicional del Imperio ruso, que aspiraba a jugar un rol de poder en los Balcanes desplazando a Austria-Hungría. A su vez, el zar tenía una alianza militar con Francia, y esta con el Imperio británico.

El equilibrio precario de la política europea se sustentaba en enormes ejércitos armados durante décadas, cuya efectividad dependía de la rapidez y contundencia con que asestaran el primer golpe. Todos sabían que una vez echado a andar el mecanismo de movilización militar, era difícil dar marcha atrás. Aún se discute hasta qué punto las potencias eran conscientes de esto cuando Austria-Hungría respondió al asesinato de su príncipe heredero con un ultimátum humillante e inaceptable para Serbia. Un mes después, toda Europa, y luego medio mundo, ardía en una conflagración que acabó con esos imperios arrogantes pero también con decenas de millones de vidas.

"LA GUERRA QUE PRODUJO DIEZ MILLONES DE MUERTES.

El Archive of Modern Conflict London difundió imágenes inéditas al cumplirse 100 años del asesinato del archiduque Francisco Fernando, heredero al trono austrohúngaro, en Sarajevo, que desencadenó, cinco semanas después, la Primera Guerra Mundial. Ese crimen ocurrió un 28 de junio de 1924".

Artículo de Ronald Gamarra publicado en Diario16, el día domingo 29 de junio de 2014.

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