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4 sept 2018

JC Agüero: “Apelar al ‘contexto’ son justificaciones para hacer razonable un abuso masivo”


Premio Nacional de Literatura peruano: "Apelar al "contexto" son justificaciones para hacer razonable un abuso masivo".

Una serie de actividades cumplirá en Chile José Carlos Agüero (Lima, 1975), quien ha escrito un conjunto de libros sobre el tema del terrorismo de Estado y la violencia política en su país. Agüero ha cobrado fama en Perú por abordar estos temas de forma íntima y personal, siendo además hijo de dos militantes del Sendero Luminoso que murieron en el enfrentamiento entre esta organización maoísta y el Estado entre 1990 y 1993. Según cifras oficiales, el conflicto causó unas 30 mil víctimas. "Los senderistas cometieron terrorismo, sí, cometieron miles de crímenes bárbaros en nombre de la revolución", sostiene. En agosto pasado obtuvo el Premio Nacional de Literatura en la categoría de no ficción  por "Persona".

"En su casa, en un Barrio de Lima Norte, una señora guarda en una bolsa de plástico un trozo de falange. Es de su esposo. Lo sacó a escondidas de un fosa mal hecha, antes de venir a la capital huyendo de su pueblo. No solo lo guarda. Le reza. A veces le habla".

Esta historia es parte del Libro Persona (FCE, 2017), del escritor e historiador José Carlos Agüero (Lima, 1975), quién desde este martes cumple una serie de actividades en Chile.


Lea también "Memoria Personal. José Carlos Agüero Premio Nacional de Literatura en la categoría de No Ficción, señala que todos tienen derecho a narrar su versión de la historia", vía El Peruano:  https://elperuano.pe/noticia-memoria-personal-70759.aspx

Fuente El Mostrador de Chile: http://m.elmostrador.cl/

28 may 2018

La República: “Tal vez la reconciliación no es el camino” por José Carlos Agüero


Historiador, poeta e investigardor sobre el tema de violencia y memoria hitórica. Autor del libro Los Rendidos (IPE. 2015). Sus padres fueron militantes de Sendero Luminoso.

Aunque para la derecha local es solamente "el hijo de dos terroristas" (sus padres fueron militantes de Sendero Luminoso ejecutados extrajudicialmente), José Carlos Agüero es bastante más que eso. Historiador y escritor, su libro Los rendidos es un valioso testimonio que ayudó a echar nuevas luces sobre las víctimas del conflicto armado interno. También ha sido miembro del a Comisión que elaboró los lineamientos del Lugar de la Memoria, institución que en las últimas semanas ha sido objeto de durísimos ataques. Por cierto, su presencia en la mencionada comisión fue unos de los argumentos favoritos de quienes quieren arrasar con el LUM, y, de paso, con nuestra memoria colectiva.
El mensaje detrás de los cuestionamientos que te han hecho en el caso del LUM es algo así como: "hijo de terrucos, terruco es". ¿Qué responderías a eso?
Es un poco fuerte, la verdad. Creo que, en realidad, es una manera de instrumentalizarme, de atacarme a mí, pero atacar a otros temas que realmente son más importantes. Entonces, los agravios personales los puedo pasar por alto, pensando que hay cosas más importantes por discutir. 

¿Qué es lo que no se puede pasar por alto? 
Hay un intento de controlar el pensamiento, una especie de comisariato o policía del pensamiento que intenta imponer un pensamiento único a la fuerza, excluir otras sensibilidades, estigmatizar otras memorias y personas, a menos que estas pasen por el filtro de una censura o autocensura o superen la vigilancia de ese pensamiento "sospechoso". Y es bien amplio todo lo que se define como sospechoso desde esta mirada.

En algunos sectores se ha dicho que tu caso es comparable al de Keiko Fujimori, porque se les culpa por lo que hicieron sus padres...
Creo que a nadie se le debe responsabilizar por culpas de otros, ni a Keiko Fujimori ni a Kenji Fujimori. Tampoco me ha parecido justo la manera en que los han tratado en relación con sus padres. No me gusta el lenguaje que se usa para denigrarlos, no lo comparto. Sin embargo, creo que no son comparables en cuanto a nuestra actuación en la comunidad.


¿A qué te refieres?
Supongo que quienes son enemigos o rivales políticos de Keiko Fujimori lo son por las acciones de Keiko Fujimori, no porque sea hija de Alberto Fujimori. Es porque ella sigue siendo hoy representante de un sector muy duro, muy conservador y finalmente debe hacerse cargo de las responsabilidades que emanan de las acciones de su partido. Yo no  tengo por qué hacerme cargo de las acciones que emanan de Sendero Luminoso.

En Los rendidos, tu primer libro, de alguna manera te disculpas por lo que hicieron tus padres. ¿Por qué cierto sector de la gente no te cree?
No se trata de que no me crean, sino que es funcional decir lo que están diciendo. La verdad es un valor que no es caro a sus discursos y lo que les importa es imponer un tipo de interpretación de las cosas donde los demás somos instrumentalizados. Así como soy instrumentalizado yo por decir "hijo de terrucos, terruco", así, genéticamente, hasta el fin de los tiempos, igual instrumentalizarán a la pobre pedagoga del Lugar de la Memoria sin importar los costos personales.

E hicieras lo que hicieras, dijeras lo que dijeras, ¿se te seguirá tratando igual?
¿Qué tendría que hacer yo para esperar que alguien con una posición tan dura me crea? Tendría que desenterrar los huesos de mispadres... Por cierto, los de mi padre no sé dónde están, pero sigamos, los de mi madre, escupi sobre su tumba, quemarlos... Y sería insuficiente, porque no se están jugando en el terreno de la verdad ni el de la buena fe; se está jugando en el terreno de la tergiversación, y del intento de la imposición de un pensamiento único.

¿Por qué referirse a los miembros de Sendero Luminoso y el MRTA, e incluso a sus hijos, como seres humanos despierta rechazo?

Es una buena pregunta y hay que dividirla en dos respuestas. Creo que es muy válido que la gente esté muy sensible, y tenga temor, y se preocupe por la salida de la gente que es excarcelada de Sendero Luminoso y del MRTA, porque ha sufrido mucho. La otra parte de la respuesta es que hay, sobre esa base de ansiedad normal en un país de postconflicto, una manipulación de parte de fuerzas políticas que quieren entrampar los procesos de violencia para poder usarlos en el presente. Finalmente, el pasado les importa poco. Les importa generar un contexto de ansiedad, miedo, chantaje y autocensura y, en este sentido, exarcebar las sensibilidades es parte de la estrategia.

Tú has dicho que es un error expulsar de nuestra historia a los senderistas. ¿Por qué hay que traerlos de vuelta? ¿Para qué sirve?
Para pensar. Siempre digo que más importante inclusive que hacer memoria es pensar. ¿Pero cómo podemos hacerlo si nos faltan elementos, si en vez de conocer a las demás personas, actores o agentes que participaron, lo que hacemos es solo imaginarlos o tener solo arquetipos o fatasmas o cosas construidas solo para efectos de generar historias casi góticas del terror? No digo que no sean sujetos que hayan generado terror. Lo que digo es que hay que conocerlos para poder reflexionar a fondo y sacar las conclusiones para el presente.

Otro argumento es que tú no podías ser asesor del LUM porque debes odiar a quienes mataron a tus padres...
Ya, pero no odio. Sin embargo, es un buen punto ese, porque no podría demostrar yo que no odio y, como es indemostrable, es un punto interesante en el sentido de cómo varios valores han perdido vigencia en nuestro país. Por ejemplo, la primacía de la verdad. Entonces se puede jugar con lo que ahora se llama la postverdad y diferentes formas de información. Tampoco importa la buena fe. Básicamente estamos pensando todos cínicamente o generando sospechas sobre los demás.

¿Todos somos sospechosos para alguien...?
Exacto. Y, por último, todos somos culpables de antemano de algo, en particular si no estás alineado a cierta línea de pensamiento que básicamente adscribe a un grupo y cuyo mensaje es que este grupo tiene la capacidad de interpretar la historia y de representarla de modo legítimo, porque representa los valores principales de la patria y se adjudica para sí el logro de la paz. Para lograr que su discurso se imponga, tienen instrumentos como el negacionismo, la relativización de las violaciones de derechos humanos, la reescritura de la historia, la estigmatización de personas... En medio de eso, personas como yo, que en ese contexto aparecen como sospechosas, en efecto no encajan. Lo que nos toca sería o no participar o autocensurarnos o mantenernos al margen o permitir que nos agravien continuamente. 

Desaparecer, en otras palabras...
Básicamente. Yo a veces no sé si debo hablar o no, si debo participar o no. Inclusive en causas muy justas, donde me invitan, y tengo que pensarlo dos o tres veces, porque no sé si estaré haciendo más un daño que constribuyendo con mi participación, porque sé que detrás está todo este montaje que es mucho más grande y fuerte, y que es un proyecto que supera inclusive la crisis del LUM.

Pero también no aparecer es una victoria para ellos, no?
También lo pienso, pero es difícil resolver el dilema. Cuando me invitaron a formar parte de la comisión del LUM -yo soy miembro ad honorem-, lo pensé bastante también. Obviamente soy consciente de la situación de estigmatización en la que me intentan colocar. Pensé que podría generar, en efecto, un problema en el futuro si la cuestión se endurecía. Sin embargo, cuando se me propuso, el LUM estaba también en un momento de crisis y pensé que podía ayudar, y se me dijo, creo que con muy buena fe, que se esparaba un trabajo con mucha apertura y que yo podía contribuir justamente a generar consensos, que es lo que intento hacer siempre.

¿Te arrepientes de tu decisión de participar?
Viéndolo en retrospectiva, dado que hay cosas que no están superadas en el país y que son usadas con mala fe, tal vez pude no participar, porque abro un flanco para la defensa de los derechos que ya tiene bastantes flancos abiertos. Entonces, sí. A mi no me pesa haber participado. Creo que lo he hecho con transparencia, con honestidad y con muy buena fe, y creo que todos los que trabajaron ahí también. Además, quien quiere investigar puede escuchar todos los audios que están absolutamente grabados en relatorías, en fin. No hay nada que sea malintencionado o que haya tenido una intención apologética; todo lo contrario.
La ministra (de Cultura, Patricia Balbuena), de alguna manera sacó cuerpo cuando te atacaron en el Congreso, porque dijo que no se te había contratado en su gestión. ¿Qué opinas de su actitud?
Creo que la ministra, desde lo que puedo ver, requiere mayor respaldo. La veo muy débil en relación con todo lo que te estoy mencionando. Y necesita respaldo del más alto nivel, porque esto del LUM es solo un signo de una pelea más grande que tiene que ver con sentidos, interpretación del país y, finalmente, poder. Y no está en manos de ella, pues, enfrentar sola, y menos en un tema tan controversial, una batalla de este tipo. Creo que sí debería hacer todo lo que pueda por defender lo que se ha conseguido. No todo se trata solo de acciones de apaciguamiento, a lo Chamberlain (primer ministro del Reino Unido en la segunda guerra).

Pero el presidente Vizcarra ha dicho que más bien está preocupado por la apología del terrorismo. O sea, no hay mucho apoyo por ahí...
Bueno esperemos que cambie de opinión y visite el LUM. Creo que visitar el LUM es un buen antídoto ante posiciones tan irracionales.

El fujimorismo habla bastante de la reconciliación. ¿Consideras que le interesa realmente?
Espero que sí, que a algún sector (del fujimorismo), porque también creo que las cosas no son monolíticas. Ahora, al que hemos visto, no le importa la reconciliación. Lo que le importa es ostentar el poder con la mayor soltura y control que pueda, incluido el control del pensamiento, la reescritura de la historia... Si la reconciliación que nos quieren imponer significa impunidad, y yo creo que eso es lo que están intentanto transmitir, bueno, ojalá que no nos reconcilien así a la fuerza. Va a ser dolorosa esa reconciliación. 

Ya no solo desde este papel que te ha puesto la historia, sino también como historiador, ¿qué podría reconciliar al país? ¿Hay alguna manera en que se pueda acelerar ese proceso?
Yo creo que no hay una fórmula para reconciliar al país y tal vez no es el camino la reconciliación, pero sí por lo menos establecer algunas normas de convivencia y respeto mutuo, donde nadie tenga la capacidad de imponer al otro su voluntad. Y, sobre todo, en relación con el tema de la memoria, una cosa muy básica es que tenemos que aceptar. No se puede intentar establecer un diálogo o una conversación sobre estos temas rechazando, olvidando o mintiendo. Aunque sea doloroso, tenemos que aceptar costos y las responsabilidades que nos caen. Más que exigir del otro, hay que dar. Entonces, quienes cometieron errores, delitos, crímenes, se equivocaron, tienen que decirlo, tienen que aceptarlo, tienen que darnos a los demás algo, aunque eso sea doloroso, y no solamente negarlo. Eso nos va ayudar, en efecto, como decía, a pensar.

Maritza Espinoza.
Fuente La República: https://larepublica.pe/domingo/1250165-vez-reconciliacion-camino

27 may 2018

WAYKA: Un mapa de memorias, por José Carlos Agüero


Dice Vicente Serrano que "Quién sea capaz de controlar la imaginación es también capaz de controlar los afectos". Estos ataques cada vez más agresivos y abiertos hacia la memoria, en este caso hacia el Lugar de la Memoria (LUM) son sólo el más reciente capítulo de un cerco mayor hacia el pensamiento. Para quienes impulsan esta crisis, su país soñado sería uno en el que todos calláramos, o pensáramos de acuerdo a cierto molde, y además, tuviéramos miedo

Y claro que algo de temor genera tanta agresividad, vigilancia y estigmatización. Pero quizá podamos apoyarnos desde nuestras soledades en la solidaridad y en lo que hemos aprendido estos años: que es justo no olvidar; que el amparo que brindan los derechos no debe hacerse más angosto sino que debe ampliarse; que es digno y necesario hacernos cargo de los agravios que hemos cometido; que es duro pero valioso escuchar y reconocer la experiencia del prójimo, aunque esto sea un reto y nos afecte. Y que el sufrimiento no es patrimonio exclusivo de nadie.

Visitemos los lugares de memoria, que nuestra comunidad no se construya sobre la mentira y la amenaza, sino sobre la difícil búsqueda de la verdad y la reflexión, aunque esta nos enfrente a dilemas y preguntas dolorosas. Visitemos el LUM, la muestra Yuyanapaq, el Ojo que llora, el Museo de la Memoria de Anfasep, el santuario de La Hoyada, el Museo de la Memoria de Huancavelica, el Lugar de la Memoria de Junín-Yalpana Wasi, acompañemos los recorridos del Museo Itinerante Arte por la Memoria, de Yuyachkani, los de tantos grupos de cultura local.

Visitemos y defendamos los cientos de sitios y memoriales que pueblan barrios, comunidades, distritos y centros poblados en todo el país, en una cartografía que va a ser complicada que la borren de nuestros suelos y de nuestros recuerdos. Porque ese mapa no es solo pasado y seña, es historia, lucha, vida. Cuerpos y tierra.

Visitemos,  busquemos, integremos en este mapa de nuestro suelo los lugares simbólicos de quienes formaron parte de la policía nacional, de los licenciados, de los militares, de los ronderos y de las autoridades locales y funcionarios que sufrieron en defensa de lo que ahora es nuestra democracia, y acojamos la sensibilidad y el dolor de sus familias. Que una agenda de odio no instrumentalice este reconocimiento. La sociedad civil hoy debe defender el LUM, pero hoy también debe reafirmar su voluntad de salir a conocer estas historias y sitios que también debemos defender de la manipulación y la semilla del odio. Que no se imponga la falsa dicotomía que quiere enfrentar el derecho a la memoria de las víctimas de los agentes de seguridad, con las de quienes también sufrieron violación a sus derechos siendo parte del Estado, afectados por el terror de las organizaciones subversivas.

Hoy el Estado  y los grupos de poder están actuando con irresponsabilidad, apostando por el conflicto y el cinismo. En un país con tanta historia dolorosa y compleja no deberían actuar para incrementar la zozobra y generar grietas. Deberían mostrar su amplia voluntad de garantizar derechos, aceptando y no negando una historia de horror, aceptando y no negando las responsabilidades, aceptando que la verdad no es la que conviene, sino la que se elabora con dificultad y se procesa con seriedad y respeto.


Acoger, respetar, consolar, tender puentes, conversar. Pensar juntos. Quitémosles a quienes quieren aprovechar todo lo que aún no hemos superado para abrir una brecha entre los ciudadanos. Disputemos esa imaginación desde el respeto y la ampliación del consuelo que somos capaces de ofrecer.

Visitemos los lugares de memoria, que nos confronten con nosotros mismos. Que al pasar por ellos nuestra reflexión no se quede en el pasado sino que nos conecte con una larga y penosa tradición de construcción de nuestra ciudadanía. Que al defender estos espacios pensemos que también nos resistimos al control de la educación pública desde valores autoritarios, al desmantelamiento de lo avanzado en género, derechos colectivos, respeto por las culturas y diversidad. Que resistimos la estigmatización, la degradación de la idea de derechos o el haber convertido en un acto impuro, infeccioso y peligroso la protesta, la crítica o la disidencia. En suma, que nos enfrentamos a todo lo que antes y hoy ha puesto en cuestión a la democracia.

Visitemos el LUM, y si en algún momento esta fuerza de la mentira y el odio se llegara a imponer y no quedaran sino escombros o mentiras (otra forma de escombro), igual, llevaríamos en nosotros el recuerdo de lo que vimos, sentimos y nos preguntamos. Nuestra reflexión libre y crítica no podrá ser detenida. Y ese mapa de memoria, el pequeño mapa de los pasillos del LUM y el gran mapa de la memoria de todo el país, no se extinguirá, se reproducirá en nuestras palabras y se hará más grande. Porque se extenderá por el mundo con nuestros pasos.

21 ene 2018

José Carlos Agüero: "La reconciliación no se puede fundar en la mentira"

Entrevistamos al escritor José Carlos Agüero Solórzano (Lima, 1975), quien mañana presentará ‘Persona’, en el LUM.
Escribe Mijail Palacios.

Historiador, poeta, experto en derechos humanos. En 2015 presentó ‘Los rendidos’, texto en el que abordó su historia familiar: hijo de senderistas. Un libro fundamental para entender sobre el perdón. Momento cumbre para la literatura peruana de no ficción.

José Carlos Agüero Solórzano (Lima, 1975) publicó en el último tramo del año pasado ‘Persona’ (FCE Perú), otro experimento biográfico-testimonial, y lo presentará mañana en el Lugar de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión Social-LUM (Bajada San Martin 151, Miraflores), a las 7 p.m. Ingreso libre.

Esta entrevista va de la reconciliación, el perdón y la memoria. Tópicos que son parte del universo editorial de Agüero Solórzano.

¿Qué es la reconciliación?
Empezaré por decirte qué no es la reconciliación. No es abuso de poder, no es imposición ni se funda en una mentira, y si haces eso generas justamente todo lo contrario: que nos enfrentemos, que se ahonden nuestras distancias, porque me estás ofendiendo otra vez. Hay familiares que siguen desaparecidos. Una inmensa cantidad de peruanos jamás obtendrá justicia. Cientos de miles que han sido torturados nunca siquiera lo denunciarán, igual que mujeres violadas. Pero había un efecto simbólico –quizá no era reparador, pero tenía algo de consuelo– en la sentencia a uno de los grandes responsables de estas violaciones de derechos humanos, que era Alberto Fujimori. Si les quitas eso, es como si los volvieras a ser víctimas. Una ofensa nueva sobre una herida dolorosa es todo, menos un esfuerzo de reconciliación. Lo que han hecho es traficar con una palabra y concepto valiosos.

Sin embargo, también existe este sentimiento: hay familiares de, por ejemplo, víctimas del senderismo que les parece bien el indulto a Fujimori porque es una forma de reivindicar a una persona que sienten que acabó con el terrorismo.

Hay tres cosas que tenemos que separar. Uno, el respeto y valorización de la experiencia de las personas que desde las fuerzas de seguridad del país enfrentaron el conflicto y la violencia política, que nadie ha tomado en cuenta. Los licenciados del Ejército, la gente que era conscripta, los reclutas, los oficiales, suboficiales y la gente de la policía nacional eran usados, una y otra vez, por las fuerzas políticas para convertirlos en héroes de la pacificación, pero no preocuparse de sus personas. Ahí hay un nuevo abuso. Incluso, ahora se puede ver en las últimas acciones en el Vraem, donde muere un comando, le ponen la bandera, le hacen homenajes. ¿Pero sabes lo que le pasa al día siguiente a la familia? De eso no se entera nadie. La familia empieza un largo proceso, muy triste, de reclamar por sus derechos, beneficios que les corresponden por ley, seguro, etc. Terminan haciendo juicios para que se cumpla con sus seguros de vida. Procesos que duran años. Nadie les ha preguntado a ellos. No se sienten representados en los juegos de la clase política.

¿También desde la izquierda no se ha oído esas voces de los familiares de miembros de las fuerzas de seguridad?
 
Claro. Es algo que yo he escrito. El movimiento de los derechos humanos se fundó sobre la base de la izquierda peruana, que le tomó un tiempo adaptarse a la democracia liberal. El enfoque para la defensa de derechos humanos estaba en los actos cometidos por las fuerzas de seguridad. En esa lógica les ha costado mucho tiempo y aprendizaje darse cuenta de que también tenían que ver la experiencia, la vida y el padecimiento de los que formaban parte de esas fuerzas. Por mucho tiempo el movimiento los vio solo como perpetradores de crímenes. Creo que ha llegado el momento de la madurez. Dudo mucho que el proyecto de vida de esas personas haya sido: ‘yo quiero ir a luchar en una zona de emergencia para torturar gente’.

Entonces, tratemos de definir reconciliación.
Y ahí vienen los otros dos puntos. Hay dos tipos de proceso, uno macropolítico y otro micropolítico. Sobre el primero, te voy a poner el caso de Colombia, donde hay dos fuerzas beligerantes (gobierno y las FARC) que deciden ponerse de acuerdo a través de un pacto negociado para generar una serie de condiciones de convivencia política y cese de hostilidades. Antes ya habían involucrado, incluso, a los grupos paramilitares. A eso los amigos colombianos le llaman un pacto de reconciliación. Es muy parecido a lo que están diciendo PPK, Fujimori, Meche Aráoz. Dicen: nos vamos a reconciliar porque nos estamos poniendo de acuerdo grandes actores políticos. En realidad, en estricto sentido, lo que han hecho en Colombia es un acuerdo político de convivencia. Eso no es reconciliación.

¿Pero no es un primer paso?
En el caso colombiano, salva vidas y genera procesos de posible encuentro, tejer redes, posibilidades de vivir mejor. Ahora, todo muy tenso. Sin embargo, al mismo tiempo hay procesos que sí son de reconciliación en Colombia, donde no son los actores políticos guiados por sus intereses, sino es la gente, las víctimas, la ciudadanía, en los barrios, que quieren dejar atrás lo pasado pero sin olvidar, porque tú no puedes olvidar que mataron a tu hermano. Olvidar, pasar la página son frases hechas. Es pura retórica para decirte, en el fondo, que podemos pasar por alto tu dolor y recuerdo, porque nos ayuda a otra cosa. En este caso, a PPK le ayuda a sobrevivir. En Colombia, las víctimas han generado y permitido, en procesos lentos, complejos, respetuosos, transparentes, espacios de encuentro con ex guerrilleros de las FARC, algunos que cometieron crímenes desde el Estado y paramilitares, para intentar de manera honesta y sin eludir responsabilidades, reconstruir los lazos. Por ejemplo, llego a tu pueblo y pido perdón, no me escabulló con palabras. Digo discúlpenme, no cometí errores sino crímenes. Si quieres podemos conversar. Eso es reconciliación. No puedes perdonar en nombre de otros. Cuando perdonan en nombre de otros la gente es reducida a nada, a espectadores de su propio calvario. Hay alguien que está usando sus temas, sus sentimientos, sus dolores para la negociación política. Hace pasar como un bien moral lo que es un simple acuerdo político, encima inmoral. La reconciliación no se puede fundar en la mentira, en el engaño, en la nula transparencia. Hay que generar espacios donde podamos expresarnos con libertad y acercarnos, pero no a través de la mediación de estos políticos, porque siempre nos van a usar para sus fines.

¿Y cómo se hacen realidad tales espacios? 
Lo primero que tenemos que hacer, porque sí cuenta el escenario político, es ir generando cada vez un espacio mayor, simbólico, para que todos nos podamos expresar. En una red social no se puede, todo se vuelve injuria, agravio. Hay que detener la cadena de agravios y escuchar la experiencia del otro, aunque no me caiga bien. Hay que escuchar con respeto, no pidas reconciliación de inmediato.

En una entrevista señalaste que parte del proceso de reconciliación es el uso del lenguaje. Por ejemplo, no llamar a un soldado “cachaco”
El lenguaje puede ser no solo agraviante sino estigmatizante. Resumir toda la experiencia vital de alguien en una sola etiqueta no nos permite ver a la persona completa. Si digo milico, cachaco, gorila, tombo no estoy pensando en cómo se llama, cuánto gana, cuántas veces ha tenido que estar lejos de su familia, a quiénes extraña. Se está traficando con la reconciliación.

¿Los indultos no son parte de un proceso de reconciliación? 
Podría serlo, pero no de esta manera.

¿Y un indulto a Fujimori pudo haber sido parte de un proceso de reconciliación o era un caso cerrado y él debió cumplir condena hasta el último de sus días?
La justicia es necesaria, repara, hace que te sientas que vales algo. Pero creo también que una justicia que no está acompañada por esfuerzos de tender puentes podría no tener efectos más grandes para el resto de la comunidad. Hay otras formas de justicia donde podemos ser más generosos. Pero eso no te lo puede imponer nadie. No creo que Fujimori, en efecto, debía morir en la cárcel. No creo que deba morir nadie en la cárcel. Esperar que los familiares sean más generosos es, en principio, que reconozcas sus derechos, que les des su espacio, que los repares bien, que los escuches. Y quizá sean generosos. La base de la reconciliación no es qué gano, sino qué pierdo, porque es un esfuerzo de entrega.
 
Fujimori pretendió pedir perdón desde la clínica. Y falló. ¿Cómo es el perdón?
La forma típica de pedir perdón es el reconocimiento de algo. El reconocimiento de un agravio u ofensa. Hay una absoluta conciencia: Yo sé lo que hice, no voy a esquivar esa conciencia y lo voy a poner sobre la mesa. Fujimori no pidió perdón, dio una opinión. No cometió errores, sino delitos. Quien participa de ese pacto tiene que dejar de defenderse.

Tenemos la reconciliación y el perdón. ¿Qué debemos entender por memoria?

PPK ha hecho un llamado a la amnesia colectiva. Ha planteado una opción por el olvido en contra de una acción por la memoria. En un país que tiene historia reciente de violación de los derechos humanos y dictadura, optar oficialmente por el olvido es infame. Les ha pedido a los jóvenes que no se indignen, no recuerden, que la memoria hace daño, genera atraso, que no nos permite luchar contra la pobreza.

¿Y qué sí permite la memoria?
Un poco de dignidad. La memoria en sí no es un bien. Va depender de qué preguntas les haces a la memoria. Si te llevan al pensamiento crítico o son preguntas cómodas que te ratifican en tu identidad. En el segundo caso, una memoria así no sirve para nada.

‘Los rendidos’, ‘Enemigo’, ‘Cuentos heridos’ y ahora ‘Persona’ parecen también estar escritos para tener por donde dejar respirar a las heridas

Lamentablemente, no lo son. Posiblemente cumplen una función de catarsis sin que yo me lo proponga. Los entiendo como ejercicios políticos. Mis diferentes documentos los entiendo como esfuerzos de comunicación para contactarme con la subjetividad de los demás para en conjunto pensar el problema, entonces dejan de ser mis testimonios o problemas. Yo no quiero que sea mi problema, quiero que se trasladen las preguntas sin respuesta que tengo hacia el espacio público. Un libro en sí no me importa en lo más mínimo. Para mí vale si establece un diálogo, si forma parte de una conversación.

27 ago 2013

¿Hubo racismo durante el proceso de violencia política?

Entrevista a José Carlos Aguero Solórzano, historiador e investigador del Grupo sobre Memoria del Instituto de Estudios Peruanos. Una visión desde los estudios sobre memoria.


16 mar 2011

Mesa de partes y placas de inauguración: eficiente municipio limeño

El informe de la alcaldesa de Lima demuestra en resumen que el municipio bajo la administración de Castañeda, cuando se trató de implementar el grueso de las obras de infraestructura de la comuna, prácticamente abdicó de su autoridad y la trasladó a la OIM. Su rol, decorativo, se redujo a ser mesa de partes y aparecer en la foto de inauguración y colocando las placas para la posteridad. Lo peor de todo esto es que estas obras, de enorme presupuesto, al ser gestionadas por este organismo internacional no han sido objeto de auditoría por la Contraloría. Políticamente, la imagen del ex Alcalde Castañeda como gerente se viene abajo.

Vea también el programa en
Y en LAMULA

9 mar 2011

Todos son compañeros... indultos otra vez y otras vergüenzas



Todos sabemos del pacto político entre el partido de gobierno y el fujimorismo. El pedido de indulto a Fujimori por parte del presidente García, proponiendo incluso la vía de un referendum, creemos que muestra simplemente que:

- Quiere asegurarse una salida del gobierno lo más segura posible.
- Quiere fortalecer esta alianza con el fujimorismo, que le evite futuras investigaciones. Si no gana Keiko, que gane Castañeda sería lo mejor en este plan por su propia impunidad y la de sus "compañeros" más cercanos.
- Quiere recuperar lazos debilitados, por ejemplo con los sectores más duros (Giampietri y otros, debilitados luego del caso BTR).
- Quiere alianzas en un congreso donde su representación será débil (si pasa la valla).

Por otro lado el otro compañero menor, Aurelito Pastor, es encontrado infraganti usando un vehículo del Estado para su campaña política, lo que es un DELITO. Pero como siempre, sin vergüenza alguna dice el abogado, ex ministro de Justicia y actual congresista que "no sabía y que nadie le dijo". En fin.

Lo bueno: PROMSEX presentó un libro notable para discutir el tema del aborto. Discutir, analizar, debatir, con razones, enmarcando un tema que siempre genera controversia y banalización, donde debe estar, en la esfera del debate público serio e incluido en una discusión más amplia por los Derechos Sexuales y Reproductivos.  

Véanos también en PERUNET