6/04/2017

¡Qué tal Kontralor! por Ronald Gamarra

Se resolvió el misterio. ¿Cómo es que un Contralor nombrado por iniciativa del apestado gobierno anterior lograba mantenerse en el puesto y ganaba el respaldo de la mayoría absoluta parlamentaria del fujimorismo? Obviamente, no era por sus extraordinarias cualidades personales, pues no las hemos visto. Además, sabemos por experiencia que a los fujimoristas les importaba un rábano l calidad, les resbalaba la integridad, cuando se trata de atropellar y demostrar su fuerza, como ocurrió con un ministro de Educación a quien censuraron con argumentos majaderos y de inmediato ese mismo funcionario fue llamado a desempeñarse como respetadísimo funcionario internacional del más alto nivel.

¿Cómo hacía el Contralor? Pues bién, parecía muy simple: se había pasado con todo al ajedrez fujimorista, se había vuelto funcional a la mayoría parlamentaria. Se había pintado de naranja. Se había unido a la pandilla. Un típico caso de funcionario oportunista que sabe de qué lado sopla el viento. Ungido después de una carrera bajo tres o cuatro gobiernos, pues no se trataba de perder tan alto cargo apenas a un año de lograrlo. Si la mayoría fujimorista del Congreso puede destruirte de sopetón, pues mejor te pones al servicio de ella. Eso parecía ser todo el misterio del asunto; para qué darle más vueltas. Total, el oportunismo es el credo de todo funcionario público que quiera durar y medrar. 

¿Pero eso era todo? Ahora sabemos claramente que no. Que había tremendo entripado en todo ello. Como siempre, un juego perverso. No se trataba solamente  de un funcionario que se pone al servicio de la fuerza avasalladora, que es cooptado por una mayoría parlamentaria prepotente y agresiva. Nada de eso. Se trataba de que, además de todo lo anterior, tenían al Contralor cogido literalmente del cuello. Le sabían sus negocios y sus tráficos. Y, por cierto, mantenían está información en secreto. Se habían encargado muy eficazmente de guardarla. Tenían, pues, a un Contralor completamente sometido.

Creían tener todo bajo control. Como Montesinos, pues. Mismo don Alberto, pues. Pero esta semana la información se escapó y se hizo pública. Ahora sabemos que el señor Contralor traficaba con automóviles y que comerció por lo menos cerca de un centenar, que no declaraba al fisco los ingresos de esas transacciones, que hacía negocios con un proveedor de la Contraloría, de la cual era funcionario, y que hizo esta clase de movimientos mientras era ya Vice Contralor, cargo público que entraña la prohibición absoluta de dedicarse a actividades lucrativs paralelas, salvo la enseñanza.

Y ahora sabemos que los fujimoristas lo sabían al más alto nivel. La propia Luz Salgado, presidenta del Congreso, recibió originalmente la información, presentada por un auditor de la propia Contraloría, que luego pasó a una comisión donde otro frujimorista del copete se encargó de enterrarla "por improcedente". Pusieron el mayor cuidado en que la cosa nos trascendiera y, ellos, que son tan deslenguados, tan malhablados, callaron el asunto en todos los idiomas. Fueron eficaces, al punto que nadie más se enteró. Creyeron tener al funcionario denunciante sino bajo control por lo menos aburrido, asustado y mudo. El Contralor pasaba piola, pero desde entonces pasó a ser Kontralor que convenía a la banKada. 

En apenas unos días se han sabido más cosas sobre las andazas del Kontralor. Por ejemplo, unajugosísima indemnización a una exfuncionaria de la Contraloría, ¡de más de 200 mil soles! Eso es cariño. Se ve que el señor Kontralor hacía y deshacía desde hace mucho tiempo en la Kontraloría. Hacía de las suyas. Toda una ficha. Y el cogollo fujimorista tenía toda la información sobre ello. La mantenía guardada para asegurar la incondicionalidad del flamante Kontralor. Lo tenían de rodillas, pero podían decir que no lo habían nombrado ellos. Excelente jugada. Así se hace patria, con métodos de El Padrino. Al estilo del tío Vladi. A la manera de don Alberto en los años noventa.

Y todavía hay quienes, ante la corrupción de los recientes gobiernos, apoyan al fujimorismo y están decididos a darle todo el poder. Más aún, reprochan a quienes no están dispuestos a facilitar el camino a los discípulos de Montesinos. ¿Pero a quién se le ocurre que la corrupción de hoy de corrige con la megacorrupción de ayer? Será que definitivamente nos quieren mandar a todos los peruanos al pudridero. Si los políticos de los últimos gobiernos resultaron ser unos coimeros, una peste, pues a buscar intensamente otros nuevos y limpios; en ningún caso hay que echarse en brazos de quienes siguen aplicando el método montesinista, como el fujimorismo en el caso del Kontralor.

Artículo de Ronald Gamarra Herrera publicado en Hildebrandt en sus trece el día viernes 02 de junio de 2017.

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