26 sept 2020

Ronald Gamarra: Pobre colegio en que tenemos

"No sería raro que un día de estos, a la cabeza de una turba bien remunerada, intente tomar por asalto la sede del CAL".

El ilustre Colegio de Abogados de Lima, fundado hace más de dos siglos, todavía en tiempos del virreinato, es el gremio profesional más antiguo del país. Ha vivido estos dos siglos en forma prácticamente ininterrumpida, desempeñando un rol que durante mucho tiempo gozó de innegable importancia en nuesttro país. Incluso, en ciestas épocas de su historia, el CAL fue un referente no solo estrictamente gremial, pues abanderó y representó con decoro las aspiraciones democrácticas de amplios sectores de la sociedad peruana. 

Este nivel de representatividad y dignidad del CAL se fue perdiendo lamentablementeen las últimas décadas, hasta reducirse casi a la insignificancia. Dsede hace ya mucho tiempo se suceden a la cabeza del CAL juntas directivas y decanos que carecen del nivel y de la prespectiva de los directivos de antaño. Por supuesto, dicho esto con las excepciones de que son de rigor y que siempre se presentan, precisamente, para confirmar la regla. Y la regla de los últimos años es la abrumadora y la medianía de sus respectivas juntas directivas.

En este año 2020, el CAL parace haber llegado a un compromiso terminal. En realidad, la crisis se desató a fines del año pasado, cuando el proceso electoral para renovar la junta directiva fracasó rotundamente por la increíble incompetencia del comité electiral que estuvo a un paso de provocar un desastre de proporciones al aglomerar a los miles de abogados votantes en el estrecho local del antiguo colegio nacional Nuestra Señora de Guadalupe. El resultado de ese fracaso fue la nulidad de aquel proceso eleccionario y, en consecuencia, la no elección de una nueva junta directiva.

Este año se intentó superar el impasse, pero una medida cautelar emitida por un juez civil impedía momentáneamente hacer una nueva convocatoria a elecciones. En eso estaba el CAL cuando en marzo estalló la crisis sanitaria y entonces todo quedó paralizado a nivel nacional. La desastrosa junta directiva cuyo mandato ya había vencido debió prorrogar necesariamente su permanencia hasta que se dieran las condiones que permitieran  una nueva convocatoria a elecciones bien organizada y con la seguridad física y sanitaria del caso.

De pronto, en este mes de septiembre apareció por internet una convocatoria a elecciones realizada por solo dos de los tres miembros del comité electoral, un dúo harto cuestionado , y en clara colisión con los reglamentos y normas internas del gremio. Un llamamiento que fijaba el acto electoral... ¡para el día siguiente de la aparición de la convocatoria! Nunca se ha visto timo y tratacería emejantes en el CAL. Además, con amenaza de mukta y todo para quien no fuera a votar. Citación hecha sin conocimiento de la junta directiva ni supervisión de nadie, tan solo con la contratación de una empresa para que la votación se hiciera por internet.

¡Y saben quién ganó? Sí, don Javier Villa Stein, el eterno candidato a... todo, que ahora quiere hacernos creer que nada tuvo que ver con esta maniobra de opereta. Compitió como losta única, pues los demás candidatos se negaron a participar en la sospechosísima y precipidata convocatoria electoral de este comité electoral formado por dos náufragos que hicieron de todo para entregarle ala victoria bien servida en tiempo de récord. Solo hay que ver quién es el único que podía beneficiarse de esos manejos tan turbios. Y ese no es otro que el indescriptible abogado Villa Stein. 

Villa Stein fue hace unos años juez supremo y presidente de la Corte Suprema. Si se vale de artimañas  tan descaradas como la orquestada para apoderarse así del CAL, solo cabe imaginar las que debe haber hecho como juez. Además de perpetrar diversas sentencias para la antología de la sinrazón judicial. Algunas terribles, espantosas, ofensivas, como la que confirmó el fallo que dejaba en la impunidad la explotación laboral y sexual de una menor de 15 años en un prostíbar de un campamento minero de Madre de Dios. 

Ahora gracias a él y sus asociados en la maniobra, el CAL tiene dos directivas paralelas, pues Villa Stein no se ha detenido hasta hacerse proclamar decano por el Comité electoral de sus dos amigotes. Y no sería raro que un día de estos, a la cabeza de una turba bien remunerada, intente tomar por asalto la sede del CAL para poder sentarse en la silla de decano.  

Villa Stein es el enterrador del CAL. Gracias a él, el Ilustre Colegio de Abogados de Lima, antaño de digna solera, ahora se resuelve en el fango, disputado como cualquier baratija de oro falso. Y todo esto en plena pandemia. Mientras hay miles de peruanos que mueren por el Covid-19, otros no dejan de complotar para satisfacer sus ambiciones. Por eso no es extraño que la primera declaración pública de Villa Stein al proclamarse "decano" fuera exigir la vacancia del presidente de la República, muy seguro de que jugaba a ganador. Así es este extremista.

Para colmo de males, en este contexto, un seudo -Comité -separado en Asamblea Extraordinaria y denunciado ante el Ministerio Público- pretende llevar adelante elecciones para elegir un representante del gremio ante el jurado Nacional de Elecciones. Pobre Colegio el que tenemos, triste Jurado el que nos espera.

Artículo de opinión de Ronald Gamarra Herrera publicado en Hildebrandt en sus trece el día viernes 25 de septiembre de 2020.

Fuente Hildebrandt.

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