Nuestro país enfrenta un momento crítico que lo pone a
prueba de modo radical. Una infección global, originada en una ciudad de China
y no contenida a tiempo, ha llegado a nuestro país y ha trastocado radicalmente
la vida política, social, familiar e individual. Lo que antes parecía de
extrema importancia y era motivo de arduos debates, de pronto ha dejado de ser
materia de discusión e interés. La atención, de pronto, desde hace poco más de
diez días, está fijada en el grave problema sanitario.
Y no es para menos. Contrarrestar el avance de la
epidemia en nuestro país es una tarea de extrema urgencia y gravedad, y es
impostergable. De lo contrario, las consecuencias serán desastrosas a todo
nivel. Sin duda el gobierno demoró en tomar ciertas medidas de precaución, pero
ante el brote se han dictado medidas radicales dentro de las facultades
constitucionales para casos de emergencia como ésta relacionada con la
preservación de la salud de la gente.
Se ha decretado el estado de emergencia nacional y en
particular se han impuesto limitaciones radicales a la libertad de movimiento
de las personas. Todo el mundo ha de quedarse en su casa por un período de
cuarentena, fijado inicialmente en 15 días para detener la expansión geométrica
de la enfermedad, tal es la idea que fundamenta en último caso las medidas de
limitaciones radicales de la libertad de movimiento que se han dictado.
Al momento de escribir este artículo es difícil saber
cuál es el grado de acatamiento que logrará la medida dictada. Es evidente que,
sin un importantísimo grado de conciencia social, la medida no será cabalmente
obedecida y sus efectos no serán los mismos. Esperemos que prime la sensatez y
la prudencia, y sobre todo el espíritu de solidaridad social, por el cual entendamos
que acatar la cuarentena social es una obligación, una contribución al país,
antes que una imposición arbitraria.
Por cierto que, en un país como el nuestro, con
importantes sectores que viven en la precariedad y con frecuencia en el
desamparo, donde la mayor parte de la economía es informal y hay mucha gente
que vive estrictamente al día, sin ahorros ni reservas, no es tan fácil
decretar que todo el mundo se quede en casa. Porque habrá gente que se
encontrará ante el dilema terrible de qué hacer para sobrevivir durante el
periodo de cuarentena.
Por eso es imprescindible llegar con ayuda efectiva a
los sectores carenciados; con subsidios, reparto ordenado de alimentos,
distribución de material de desinfección, difusión masiva de las razones de las
medidas radicales dictadas y el peligro gravísimo que entraña la infección para
todos, no solo para algunos sectores etáreos o sociales, como algunos pretenden
presentar las cosas. El apoyo a los sectores carenciados debe estar llegando ya
de manera concreta y efectiva. Ojalá.
Cuando llueve, todos se mojan. Hay mucha gente, a todo
nivel, incluyendo también a gran parte de los sectores populares, que tienen
deudas por el uso de tarjetas de crédito, que tan alegremente se distribuyeron
en los últimos años. Bueno, si esas personas no van a tener ingresos por el
tiempo que dure la cuarentena, lo justo es que las deudas que están por vencer
sean pateadas hacia adelante, sin intereses. El sector financiero tiene que
aportar algo a aliviar las angustias de las personas.
En esta crisis, se ve cuánta falta nos hace contar con
un sistema de protección de la salud extenso, fuerte, que cubra a toda la
población y que sea tan eficaz y decidido como un ejército. Los médicos chinos
han dado un gran ejemplo, luchando sin descanso hasta dominar una enfermedad
con unas dimensiones mucho mayores. Claro que nosotros no tenemos sus recursos.
Pero en todos estos años debimos construir ese sistema de salud, en vez de
favorecer el dudoso camino de la privatización.
Ahora vemos las consecuencias. Hoy tenemos que
improvisar un gran equipo de médicos y personal sanitario para enfrentar la
crisis sanitaria porque no lo teníamos preparado ni entrenado. Y no hablemos ya
del equipamiento médico necesario para atender los casos graves. Sencillamente,
no lo tenemos. Por eso es indispensable detener ahora la curva ascendente de la
enfermedad, antes de que coja un impulso que la torne inmanejable. Ojalá
podamos lograrlo.
En esta circunstancia que hoy nos toca vivir y
padecer, a pesar de nuestras carencias y deficiencias, a pesar de nuestra
tradicional desorganización, estamos obligados a vencer. Sí o sí. No podemos
permitir que un virus arruine la vida de nuestro país, cuando con medidas
sencillas, pero perseverantes, que exigen esfuerzos sociales extraordinarios,
pueden permitirnos reducir la curva de la infección y finalmente vencerla. Lo
están haciendo otros países, nosotros no podemos ser menos. Si los peruanos nos
unimos en esta lucha, venceremos.
Artículo de opinión de Ronald Gamarra Herrera publicado en Hildebrandt en sus trece el viernes 20 de marzo de 2020.Fuente Hildebrandt.
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