El Museo Violeta
Parra es uno de los centros culturales emblemáticos de Santiago y de todo Chile
y uno de los más queridos y concurridos por parte de los chilenos, muy
especialmente por la juventud. La noche del viernes 7 de febrero, este lugar
tan querido y venerado fue incendiado sin miramientos. Obviamente, un siniestro
provocado por quienes odian la orientación democrática, social y liberal de un
museo como éste, tan detestado por los sectores pinochetistas que gobernaron
con mano de hierro a través del dictador y que desde entonces, a pesar de la
restauración democrática, se encuentran en Chile siempre activos y sobre todo
agresivos.
El fuego no
produjo la destrucción total de los valiosos contenidos y archivos
museográficos y artísticos del Museo porque sus directivos tomaron a tiempo la
precaución de trasladarlos a lugar más seguro. Pero el incendio afectó parte del
edificio; eso no se pudo evitar. La policía, según sus investigaciones,
reconoce que los autores de la quema serían un grupo organizado de 10
encapuchados. La tesis del incendio provocado ya no deja lugar a dudas, ni
siquiera para los carabineros. Lo que hace falta es que identifiquen con
nombres y apellidos a esos feroces vándalos pinochetistas, émulos tristes de
Nerón.
Pero no es el
único caso, es apenas el más reciente de toda una retahíla. El 27 de diciembre
pasado, hace apenas poco más de un mes, se registró el devastador incendio
provocado del Centro de Arte Alameda, un centro cultural muy frecuentado y
amado por la juventud chilena, donde funcionan varias salas de cineclub que
proyectan filmes del más alto nivel; además, el centro alberga cada vez más
expresiones culturales diversas, constituyéndose en un polo cultural de grandes
dimensiones.
Ubicado a menos
de media cuadra de la plaza Italia, epicentro de las grandes manifestaciones de
protesta de la población santiaguina en los últimos meses, el Centro de Arte
Alameda cometió el “delito” de albergar a los heridos en las manifestaciones.
En consecuencia, lo quemaron ya sabemos quiénes. La pérdida, en este caso, fue
total, y se convirtieron en cenizas tanto las salas como los archivos
filmográficos y artísticos laboriosa y amorosamente acumulados en años.
El incendio del
Museo Violeta Parra y el del Centro de Arte Alameda son las acciones más
audaces y notorias de una serie sistemática de agresiones brutales contra
centros culturales orientados hacia la cultura popular. Pero un número muy
grande de agresiones de todo tipo se han venido cometiendo especialmente contra
los lugares y centros dedicados a la memoria de las víctimas de la criminal
dictadura de Augusto Pinochet en todo el país. Los lugares de la memoria, al
igual que en nuestro país, son un blanco preferido de los ataques de los
momios, los ultraderechistas que respaldan hasta hoy la metodología del
asesinato y la tortura que la tiranía de Pinochet impuso en Chile entre 1973 y
1990.
La magnitud de
los sucesos en curso ha sido identificada y corroborada por la Comisión
Interamericana de Derechos Humanos, que acaba de realizar una visita de
investigación a Chile, como resultado de la cual acaba de expresar “su preocupación por los reiterados
ataques a sitios de memoria ubicados en distintas regiones de Chile”, al mismo
tiempo que “llama al Estado a investigar tales hechos, así como a adoptar
medidas para asegurar la preservación de estos espacios”.
La CIDH hace la precisión de que, “entre 18 de
diciembre de 2018 y 19 de enero de 2020, fueron registrados nueve episodios de
daños a memoriales ubicados en las ciudades de San Antonio, Osorno, La Serena,
Concepción y Coquimbo, así como la invasión y daños a sitios de memoria en
Santiago. Los monumentos
construidos con el fin de evitar que las graves violaciones de derechos humanos
cometidas durante la dictadura chilena no caigan en el olvido y como un
homenaje a las víctimas, fueron vandalizados con rayas, manchas y, en diversos
casos, inscripciones que hacían referencia a grupos de extrema derecha del país
o escritos como ‘faltan algunos’ y ‘se vienen más’ ”.
La CIDH añade que “a
lo largo de 2019, hubo al menos otros 6 casos de ataques a sitios de memoria en
Santiago, Panguipuli, Antofagasta, Paine y en Pichoy, Región de Los Ríos”. El
carácter y patrón de estos sucesos está claro, salvo para quien se niegue a ver
la realidad. Se trata de una ofensiva terrorista de la ultraderecha
pinochetista que empieza vandalizando los sitios y lugares de memoria, e
incendiando los centros culturales emblemáticos de la cultura popular. Esto es
intolerable y debe ser investigado y sancionado drásticamente, aplicando a sus
autores e instigadores la legislación que corresponde a los actos de
terrorismo.
Joel Hernández, comisionado de la CIDH y Relator
para Chile, declaró que “las repetidas agresiones a los memoriales relacionados
a las víctimas de la dictadura chilena constituyen un preocupante
escenario de intolerancia que debe ser objeto de atención de las
autoridades. Esperamos
que el Estado adopte las acciones pertinentes para determinar tanto si los
ataques están conectados entre sí como a los responsables”.
Sin embargo, las autoridades, hasta el momento,
parecen no ver ni oír lo que está ocurriendo con esta ofensiva terrorista de la
ultraderecha. Hasta el momento no hay sospechosos detenidos o identificados.
Solo ante el incendio del Museo Violeta Parra, por primera vez la policía ha
aceptado que se trató de un incendio provocado “por un grupo de diez
encapuchados”, como anotamos más arriba. Bueno pues, agarren a esos galifardos
e impidan que sigan destruyendo el patrimonio cultural y tratando de aterrorizar
a la población.
Los terroristas de la ultraderecha no
conseguirán nunca doblegar a ese pueblo que resistió y finalmente logró
deshacerse de Pinochet. La cultura popular y la memoria dedicada a las víctimas
de la tiranía no desaparecen con las cenizas y resurgirán de ellas como el ave
fénix antes de lo que esos miserables imaginan. Es ese pueblo de Chile que hoy
lucha por transformar su sociedad para hacerla más justa y solidaria.
Artículo de Ronald Gamarra Herrera publicado en Hildebrandt en sus trece el viernes 14 de febrero de 2020.
Fuente: http://www.hildebrandtensustrece.com/

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