12/30/2017

El indulto a Alberto Fujimori reabre las heridas por los crímenes de su gobierno

Tras la decisión del presidente Pedro Pablo Kuczynski, familiares de las víctimas de las masacres autorizadas por el ex mandatario reviven el horror.

Angel Paez, desde Lima. Especial para Clarin.
Los cuerpos, de cinco de los diez masacrados y desaparecidos de la Universidad La Cantuta, el peor de los crímenes autorizados por el ex presidente Alberto Fujimori (1990-2000), no han sido encontrados hasta el momento, debido a que los responsables intelectuales y materiales se niegan a revelar a los familiares de las víctimas la ubicación de las tumbas clandestinas. Mientras los padres, hermanos y abuelos de los asesinados continuaban en la búsqueda de lo que queda de sus seres queridos, el presidentePedro Pablo Kuczynski indultó a Fujimori, quien no ha cumplido ni la mitad de la condena de 25 años que se le impuso por haber consentido la matanza de La Cantuta, el 18 de julio de 1992.

Raida Cóndor no ha recibido el cuerpo de su hijo Armando Amado, secuestrado, torturado y ejecutado por un “comando de la muerte” del Servicio de Inteligencia del Ejército, que dependía directamente de una cadena de mando que vinculaba al asesor presidencial Vladimiro Montesinos y al mandatario Fujimori. El jueves Raida Cóndor salió a las calles por tercera vez para protestar por el indulto concedido por Kuczynski a Fujimori en la noche buena del 24 de diciembre.

“Kuczynski nos engañó. Cuando era candidato presidencial se reunió con los familiares de Barrios Altos y La Cantuta y nos prometió que no indultaría a Fujimori, que haría cumplir su condena e incluso firmó un compromiso. Nos ha traicionado”, dijo Raida Cóndor a Clarín.

Fujimori sufría condena por la matanza de 15 pobladores de un solar llamado Barrios Altos –en el que una de las víctimas fue un niño de 8 años-, el 3 de noviembre de 1991, y por la ejecución de un profesor y 9 estudiantes de la Universidad La Cantuta, en julio de 1992, en cumplimiento de una estrategia antisubversiva que consistía en responder con acciones terroristas selectivas de agentes del Estado, a la organización maoísta Sendero Luminoso.

En todo su gobierno, Fujimori jamás repudió las matanzas, siempre negó la relación de su gobierno, tampoco se solidarizó con las víctimas, los congresistas de su partido fraguaron una “investigación” que lo sustraía de cualquier responsabilidad –junto a Montesinos- y en 1995 amnistió a los homicidas que estaban bajo su mando.

Fujimori no solo calló respecto a los casos Barrios Altos y La Cantuta

El comando del Servicio de Inteligencia del Ejército también asesinó a 9 pobladores en El Santa (Chimbote, norte del país), a otros 6 en la localidad de Huaura y 6 más en Pativilca, además del periodista de oposición Pedro Yauri; todos en localidades en las afueras del norte de Lima. Sobre esos caso Fujimori nunca dijo nada.

Y, sin embargo, Kuczynski, además del indulto humanitario, le concedió el Derecho de Gracia, para cancelar el proceso judicial por la masacre de Pativilca, un juicio que estaba en curso y por el que Fujimori podría haber recibido 25 años más de cárcel.

“Durante el gobierno de Fujimori, cuando reclamamos los restos de nuestros familiares, nos entregaron cajas de cartón de leche con pedazos de restos humanos, cenizas, huesos desintegrados por el fuego, y ninguna disculpa, ningún perdón, ni nada parecido. ‘Ahí están sus familiares’, nos dijeron. No era cierto. Solo un cuerpo está completo y es el de mi hermano”, afirmó a Clarín Gisela Ortíz, hermana del estudiante Luis Enrique Ortíz, una de las víctimas de La Cantuta.

Los cuerpos de los 10 ejecutados fueron enterrados clandestinamente por las agentes militares en un campo de tiro del Ejército en la carretera Ramiro Prialé, a 15 minutos del centro de Lima, en julio de 1992. Pero luego que el congresista de oposición Henry Pease acusó a Fujimori y Montesinos de estar vinculados con el “comando de la muerte”, en abril de 1993 los militares sustrajeron los cuerpos de los tumbas, los incineraron y los inhumaron clandestinamente en una zona donde se arrojaba basura, en Cieneguilla, a 35 minutos al este de la capital.

Los agentes de inteligencia no contaban con que en horas de la madrugada en que hacían el trabajo sucio, los estaba viendo sin que se dieran cuenta un reciclador de basura, Justo Arizapana. Luego que se largaron, Arizapana, un hombre de izquierdas que estaba al tanto de las noticias, se acercó a las tumbas, escarbó y encontró restos humanos. Recogió algunas evidencias óseas, dibujó un mapa de ubicación de las fosas y entregó la información al congresista de oposición Roger Cáceres, quien a su vez filtró el material a los periodistas de la revista “Sí”. El 8 de julio de 1993, la publicación difundió la información sobre la existencia de las tumbas. Sin la ubicación de los restos, Fujimori y Montesinos habrían salvado de la condena de 25 años de cárcel que recibieron en 2009.

“Yo vi a militares en actuación sospechosa, cavando la tierra, vigilando por todas partes, pero yo estaba en la punta de un cerro, oculto, y desde ese lugar lo pudo ver todo. Cuando introduje mi brazo a una de las fosas, encontré restos calcinados. En ese momento se buscaban a los desaparecidos de La Cantuta. Algo me dijo que eran ellos y así fue”, declaró Justo Arizapana a Clarín.

Fujimori jamás, ni durante su gobierno ni después, pidió perdón por los asesinatos de Barrios Altos y La Cantuta.

Una de las pocas personas que pudo reclamarle cara a cara a Fujimori por los homicidios del comando especial fue Rosa Rojas, esposa de Manuel Ríos y madre del niño de 8 años Javier Ríos, asesinados en Barrios Altos.

“Tres años después de los hechos, en 1994, Fujimori vino cerca a mi casa a inaugurar un colegio y logré acercarme y decirle que yo era familiar de las víctimas de Barrios Altos y que reclamaba justicia por la matanza en la que murieron mi esposo y mi hijo. Me dijo: ‘No te preocupes, yo lo voy a solucionar’. Yo me quedé confiada. Poco después, en junio de 1995, Fujimori amnistió a los asesinos”, relató Rosa Rojas a Clarín.

“Eso me demostró que Fujimori lo sabía todo, que protegía a los asesinos y que me había mentido cuando dijo que haría justicia. Él nunca pidió perdón, jamás se arrepintió, y sin embargo, Kuczynski lo ha perdona sin merecerlo”, afirmó Rojas, con la voz entrecortada por el llanto.

Al día siguiente del indulto Fujimori desde la clínica donde se encuentra grabó un mensaje de agradecimiento a Kuczynski y pidió perdón por sus “errores” y por haber “defraudado” con sus actos en el gobierno. No hubo ni una sola palabra dirigida a las víctimas de Barrios Altos y La Cantuta.
“A mi hijo lo han matado tres veces. La primera cuando lo secuestraron y ejecutaron, la segunda cuando lo desenterraron y quemaron para que no quedara nada él y la tercera vez cuando Kuczynski indultó a Fujimori”, expresó en llanto Raida Cóndor.

Los seguidores de Alberto Fujimori arguyen que los fallecidos de Barrios Altos y La Cantuta eran miembros de Sendero Lumimoso, terroristas, sediciosos, subversivos, para justificar los homicidios autorizados por el ex presidente y ejecutados por intermedio de su asesor Montesinos. Pero cuando el tribunal que sentenció a Fujimori a 25 años de cárcel, dejó claramente establecido que las 25 masacrados ninguno era “terrorista”.

“Calificar de terroristas a nuestros familiares es una versión de los criminales y de sus protectores. Los que indultan criminales como Fujimori, ¿qué son? La historia lo dirá”, afirmó Gisela Ortíz, quien perdió a su hermano de 25 años.

Las
familias recurrirán a las instancias internacionales para tratar de revocar el indulto humanitario –o indulto exprés, como lo llama la prensa- que concedió Kuczynski, un banquero que la mayor parte de los años de plomo de la década de Fujimori vivió fuera del país.

Fuente El Clarin: https://www.clarin.com/mundo/indulto-alberto-fujimori-reabre-heridas-crimenes-gobierno_0_r1H6jmB7G.html

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