4/02/2017

Álvarez Rodrich: Sigue ataque fujimorista al periodismo

El control de la prensa sigue en la esencia de su visión

Ante una crítica amplia y plural, de dentro y fuera del país, Fuerza Popular cambió su proyecto sobre medios pero sin eliminar el riesgo para la libertad de expresión, y confirmando que el fujimorismo mantiene invicta la esencia de su vocación por atacar al periodismo.

Se insiste en que el Estado regule la pluralidad, objetividad y veracidad. Al no haber un criterio uniforme para ello, es claro que lo hará el gobernante, lo cual mellará gravemente la libertad de expresión. Eso lo debe decidir el público, no el Estado.

La Constitución establece libertad para difundir contenidos sin control previo. Si alguien cree que un medio se ha excedido, puede recurrir a lo establecido en los códigos penal y civil.

El proyecto, sin embargo, pretende ejercer censura previa al indicar que busca evitar la influencia en la información y la opinión por la interferencia de los actos de corrupción.

Los sentenciados por cualquier delito tienen limitaciones de comunicación por razones de seguridad —si están en prisión— pero no pierden el derecho a la expresión.

Además, ¿por qué los sentenciados por corrupción son más nocivos para la información que los de otros delitos, como la pedofilia en el Sodalicio, que el fujimorismo ha blindado?

Las patinadas constitucionales del proyecto fujimorista revelan su claro propósito de controlar los medios, mediante la limitación de las libertades para informar y la práctica prohibición del derecho a opinar.

Esto ocurre en un contexto en el cual proliferan las expresiones en ese sentido en distintas instancias del Estado. Por ejemplo, en la judicial, donde se acaba de emitir una sentencia atentatoria de la libertad de opinión contra el ex procurador Ronald Gamarra solo por criticar a una ex integrante del Consejo Nacional de la Magistratura.

Uno habría pensado que, luego de la experiencia fujimontesinista contra la prensa, en el Perú ya no sería necesario tener que pelear por un derecho elemental como la libertad de expresión, pero hoy se constata que no es así porque la amenaza está ahí nomás, a la vuelta de la esquina, en la bancada de Fuerza Popular.

Asimismo, se podría haber pensado que el fujimorismo debió haber aprendido de las graves violaciones de la libertad de expresión que ejecutó, pero lo que está haciendo solo confirma que no aprendió nada, y que sigue creyendo –como lo hizo en la última campaña con la patraña que organizó en el programa Las cosas como son– que controlar al periodismo está en la esencia de su espíritu político.
 
Escribe Augusto Álvarez Rodrich.

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