6/22/2015

“Obra pública” por Ronald Gamarra

Los carteles resaltan el nombre del alcalde distrital y su retrato sonriente, acompañado de diseños de cómo quedarán las nuevas veredas de adoquines rojizos. Noto que en los diseños no se ven árboles.
 
La vereda no se ve mal, no tiene huecos ni se está desgranando. Es verdad que algunas líneas irregulares marcan la superficie por el diario caminar, pero aún no se sienten al pasar y tardarán mucho antes de convertirse en grietas que amenacen con hacernos tropezar. Al lado, corre una pista con el asfalto hecho añicos en numerosos sitios, grietas que pronto serán fosos dado el desgaste acelerado por el paso de vehículos pesados. Entonces viene la autoridad y rompe la vereda para reconstruirla y ponerla pintona reemplazando el humilde cemento por vistosos adoquines rojizos.

Grandes carteles anuncian la buena nueva de la obra municipal y el resanamiento integral de las veredas de esa calle que en realidad hubiera podido seguir como estaba durante buen tiempo más. Los carteles resaltan el nombre del alcalde distrital y su retrato sonriente, acompañado de diseños de cómo quedarán las nuevas veredas de adoquines rojizos. Noto que en los diseños no se ven árboles. Por lo menos hubieran aprovechado la oportunidad de botar la plata de la comuna en una obra no urgente para sembrar árboles, me digo.

Los peatones se ven privados de la vereda por la cual transitaban tranquilamente, una vereda que en realidad, insisto, no necesitaba reparación integral ni urgente. Y ahora se ven obligados a caminar por una vía improvisada peligrosamente en un costado de la pista, separada del tráfico de vehículos por una línea de separadores de algún material sintético. Todos a andar en fila india durante un buen número de semanas, porque la obra se toma su tiempo. Al costado, los vehículos pasan raudos tropezando pesadamente en los baches. Si uno de ellos se despista, algunos peatones probablemente no podrán contarla.

Pero entonces, se produce lo previsible. Los trabajos se paralizan, quién sabe el porqué, y las semanas se convierten en meses. Luego de larga y paciente espera, la obra llega a su culminación y se inaugura. Todos a caminar sobre los nuevos y relucientes adoquines rojos, que no resultan tan resistentes ni aparentemente serán tan durables como el modesto cemento, porque ya se ven algunos medio flojos y que están a punto de salirse de su sitio. Y eso que la obra solo tiene unas semanas de inaugurada.

Precisamente no pasan ni dos meses desde la reapertura de las veredas, cuando un buen día comienzan a perforarla nuevamente con tremendo entusiasmo. Esta vez es una empresa de servicios que va a instalar o reemplazar cierta tubería. No se preocupen, señores, se trata de una molestia pasajera por el bien de todos, en un tiempo corto (que no lo será, ya lo sabemos) las veredas quedarán como nuevas. Solo tengan un poco de paciencia, por favor.

Paciencia tiene la gente, y en exceso, qué duda cabe. La empresa termina sus trabajos y repone la vereda. ¡Al fin, señores, podemos volver a caminar como gente! Claro que sí… Pero entonces apenas unas semanas más tarde, aparecen unas máquinas que revientan la pista para reconstruirla. Efectivamente era una obra necesaria, ¿pero por qué no empezaron por allí? La reconstrucción de la pista es una obra mayor del alcalde provincial, que también pone sus grandes carteles con su retrato sonriente. Transitar por las veredas se vuelve nuevamente imposible, a menos que uno esté dispuesto a sortear todo tipo de peligros, zanjas, maquinaria, montañas de material, y que no le importe llegar a la siguiente esquina cubierto de polvo.

Más de dos años pasan entre la reconstrucción de las veredas y la pista. Paciencia, claro que ha habido derroche de ella. La gente aguanta. Imagino horrorizado cómo habrá sido vivir en esa calle durante esos dos años, tirando para tres. Un infierno, sin duda, pues así lo era para quienes ocasionalmente pasábamos por ella. Para colmo, los adoquines rojos se están desprendiendo. Y no hay árboles en la calle reconstruida.

Columna de Ronald Gamarra en Diario16 publicada el domingo 21 de junio de 2015.

Foto de Carlin.

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