7/17/2014

Una lista de qué hacer y qué no hacer para el nuevo Alto Comisionado

Se acaba de designar a un nuevo Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU: el príncipe Zeid, embajador de Jordania ante la ONU en Nueva York. El nuevo Comisionado tendrá que actuar rápidamente para mejorar la visibilidad y viabilidad del mandato de su oficina en un ambiente mundial en transformación.

El representante permanente de Jordania ante las Naciones Unidas, el príncipe Zeid Ra’ad Zeid al-Hussein (“príncipe Zeid”) fue nominado recientemente como el próximo Alto Comisionado para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas. La Alta Comisionada saliente, Navi Pillay de Sudáfrica, ocupó el puesto durante seis años 
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Se espera que el Alto Comisionado tome control de los esfuerzos de la ONU para proteger los derechos humanos alrededor del mundo, al mismo tiempo que debe apoyar el trabajo y responder a las exigencias del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, un organismo con motivaciones políticas. Se espera que el Alto Comisionado, que le reportará directamente al Secretario General de la ONU, también ofrezca una opinión independiente, y que pueda alzar la voz incluso (o quizás especialmente) cuando dicha voz resulte incómoda para la organización. Se trata de un complicado acto de equilibrio, como muestra el hecho de que ningún Alto Comisionado para los Derechos Humanos ha ocupado el puesto durante los 8 años completos permitidos para ello. Así, en vez de apresurarse a juzgar los resultados de un plazo terminado, tal vez sería más útil ver hacia adelante. ¿Cuáles deberían ser las principales prioridades del príncipe Zeid? 
A continuación se presenta una lista inicial de qué hacer y qué no hacer:
  1. Buscar un perfil público mucho más visible. La verdadera fuerza del mandato del Alto Comisionado reside en aprovechar la autoridad moral de su puesto; y para ello, la visibilidad es un elemento fundamental: visibilidad ante los gobiernos, los medios y particularmente ante las cada vez más amplias redes mundiales, regionales y locales que se están movilizando para obtener cambios. El Alto Comisionado y su Oficina (OACNUDH) tienen un perfil mediático mucho más bajpo que el de UNICEF o el de  ACNUR, particularmente en las redes sociales. Si consideramos el mandato más amplio  e igual de urgente, si no es que más, de la OACNUDH, esto es simplemente injustificable.

  2. Relacionado con el punto (1), desarrollar una estrategia de comunicación mucho más dinámica para el trabajo de la oficina y del gran número de organismos expertos de la ONU a los que respalda. Es posible decir mucho al respecto; pero cualquier persona que haya intentado recuperar un informe de la ONU sobre algún país en el sitio web de la OACNUDH comprenderá inmediatamente cuál es el problema. Lo que debería ser un núcleo de información y espacio de debate sobre derechos humanos en todo el mundo es, por el contrario, un portal amateur, incomprensible e increíblemente aburrido hacia la burocracia y el lenguaje complejo de la ONU. La información es un elemento fundamental para la mayoría de las luchas a favor de los derechos humanos, y la OACNUDH está haciendo un esfuerzo deplorable para que dicha información sea fácilmente accesible. 

  3. No perder las esperanzas de reformar los órganos de tratados de derechos humanos de la ONU. Desempeñan un papel crucial. Sin embargo, el recién terminado esfuerzo para mejorar su funcionamiento, que duró varios años y cuyo resumen se expresa en una resolución de la Asamblea General de la ONU reciente, en el mejor de los casos los deja vivos tan solo gracias a un sistema de soporte vital (y en el peor de los casos, con una orden de ‘no resucitar’ en caso de una nueva crisis). El hecho de que la Alta Comisionada haya logrado tan poco, a pesar de su considerable esfuerzo, puede representar una tentación para que su sucesor evite este asunto, pero eso sería un error. Hacen falta ideas nuevas, independientes y audaces sobre los órganos de tratados, y se puede argumentar que el esfuerzo reciente incluyó muy pocas ideas con esas características (y quizás ésa sea una de las razones por las que no tuvo éxito). 

  4. Interactuar con las autoridades subestatales. Los órganos de tratados están limitados a lidiar con autoridades gubernamentales centrales: las secretarías de gobierno, justicia y asuntos extranjeros. Pero no hay nada que le impida al Alto Comisionado establecer diálogos con las autoridades municipales, locales, regionales y provinciales que tienen responsabilidades en muchas áreas importantes para el ejercicio de los derechos humanos: policía, vivienda, tierra y propiedad, salud, agua y otros servicios esenciales, disputas laborales y más. Para la mayoría de la gente, el gobierno central es algo remoto, y la urbanización y otras tendencias harán que la distancia se amplíe. 

  5. Tratar de duplicar el número de integrantes del personal de la OACNUDH, pero sin aumentar el personal que trabaja en Ginebra. Los debates en el Consejo de Derechos Humanos son importantes, pero la verdadera lucha por los derechos humanos se lleva a cabo en otros lugares, y la OACNUDH necesita estar en el campo de batalla. El nuevo Alto Comisionado debería incrementar los esfuerzos de sus predecesores para establecer una presencia local en regiones y países clave. También necesita acelerar los esfuerzos para reparar el desequilibrio entre el personal de la OACNUDH, ya que apenas el 5% de sus integrantes provienen de los países BRICS y casi el 50% son de Europa Occidental y Norteamérica. 

  6. Preocuparse mucho menos sobre cómo aumentar la visibilidad de los derechos humanos en el sistema de la ONU y mucho más sobre cómo colocar los temas de derechos humanos en la lista de prioridades de los organismos poderosos que controlan y guían las políticas económicas y financieras mundiales, incluidos el G7/8, el G20, el FMI y las redes privadas de influencia que cada vez tienen mayor importancia: Davos, Bilderberg y muchas otras. Aunque todo el sistema de la ONU adoptara plenamente los derechos humanos, no tendría un gran efecto en la forma en que se ejerce el poder en el mundo.

  7. No sucumbir ante el malestar general debido a los supuestos ‘últimos días’ de los derechos humanos, que se dice son el resultado inevitable del debilitamiento del poder occidental. El cambio de poder a nivel mundial ofrece tanto riesgos como oportunidades para el avance de la protección de los derechos humanos, y es sólo una de muchas tendencias mundiales. Hay otras tendencias, que incluyen el impresionante crecimiento de la clase media global, el incremento en los niveles mundiales de educación y el aumento de la difusión de (y acceso a) la información a través de medios electrónicos, que indican un interés en los derechos humanos cada vez mayor y presente en nuevos lugares. El desafío para el nuevo Alto Comisionado no es detener una supuesta caída, sino encontrar la mejor manera de fomentar, dar forma y después incorporarse a la nueva ola de interés en los derechos humanos. 

  8. Finalmente, por favor, no anunciar en el primer discurso, como lo ha hecho cada uno de los Altos Comisionados anteriores, que ‘se ha terminado la era de establecer estándares y ahora es momento de implementarlos’. Más allá de su banalidad, simplemente no es correcto pensar que el proceso de desarrollar estándares legales internacionales se puede paralizar, particularmente en un área tan dinámica como la protección de derechos humanos. También les resta importancia a los esfuerzos extenuantes de implementación que se han llevado a cabo durante décadas, y ciega al Alto Comisionado ante la necesidad de ver hacia el futuro y promover activamente las reformas y el desarrollo jurídicos, en vez de sólo reaccionar a las propuestas de los demás.
Este artículo fué publicado primero en oGR Blog el 07 de junio del 2014.

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