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4 feb 2021

El País: La CPI declara culpable a ex niño soldado y ex comandante de un grupo rebelde de Uganda, condenado por crímenes de guerra

La Corte Penal Internacional (CPI) condenó este 4 de febrero a Dominic Ongwen, general del Ejército de Resistencia del Señor (LRA, por sus siglas en inglés), por crímenes de guerra cometidos en Uganda, convirtiéndose en el primer miembro del grupo en ser sentenciado por la Justicia internacional (RFI).

La Corte Penal Internacional (CPI) concluye que Dominic Ongwen, del Ejército de Resistencia del Señor de Joseph Kony, cometió secuestros, torturas, violaciones y asesinatos, incluidos bebés (El País).

El antiguo niño soldado ugandés y excomandante de la organización extremista cristiana Ejército de Resistencia del Señor, Dominic Ongwen, ha sido hallado culpable de 61 crímenes de guerra y contra la humanidad cometidos entre 2002 y 2005 en campos de desplazados de Uganda. El fallo, difundido este jueves por la Corte Penal Internacional (CPI) tras cinco años de juicio, considera probado que capturó niños para que pelearan, saqueó, torturó y asesinó a civiles, incluidos bebés. Convirtió, además, a las niñas en esclavas sexuales y las forzó al matrimonio y posterior embarazo, cargos estos últimos calificados por primera vez por la Corte de crímenes de guerra y contra la humanidad.

La cuantía de la condena se dará a conocer en unas semanas, según ha indicado la Corte. Ongwen fue secuestrado de pequeño por milicianos de Joseph Kony, líder del Ejército de Resistencia del Señor (LRA, en sus siglas en inglés), que pretende imponer un régimen teocrático en el país, y llegó a lugarteniente. Los jueces no han considerado una eximente la biografía del condenado, un debate que ha sobrevolado el caso. Al contrario, subrayan que es responsable de unos delitos perpetrados en la mayoría de edad y en pleno uso de sus facultades mentales.

Según el fallo, Ongwen era apreciado por sus subordinados y sus jefes alababan su trabajo. “No era un pelele [de Joseph Kony], sino que tomaba la iniciativa e incluso discutía las órdenes recibidas. Tuvo la posibilidad de abandonar el LRA, como hicieron otros de sus camaradas. En su lugar, ascendió en la milicia y delinquió también en la intimidad. No hay eximente y es responsable de sus actos”, ha dicho Bertram Schmitt, presidente de la sala. La sentencia hace hincapié en los informes de los psicólogos que le han examinado, y que no observaron desorden alguno, así como en las declaraciones de testigos, en particular las mujeres que fueron esclavizadas.

Una vez consumado el rapto en serie de civiles en distintos campos de desplazados abiertos en Uganda, Ongwen “forzó a varias mujeres a convertirse en sus esposas y sirvientas y le dijo al resto que los menores serían entrenados como niños soldado”. Las niñas eran regaladas como esclavas sexuales a los milicianos, y si no cumplían con sus deberes eran apaleadas; a veces hasta la muerte, explica el fallo. Debido a ello, la Corte ha añadido el delito de matrimonio y embarazo a la fuerza como crímenes de guerra y contra la humanidad: “El matrimonio es un estado que se adquiere de forma voluntaria y que tiene efectos sociales, religiosos y personales que afectan a la intimidad de la persona. Si la víctima se ve atada de forma ilegítima, ello deriva en estigma social y en la pérdida de su dignidad”.

El terror de las niñas obligadas a tener relaciones sexuales con sus captores ha resonado en la sala. Las que se negaban o cometían errores al servir a sus dueños, podían morir a golpes o ser obligadas a matar a palos a otras. En su testimonio, una de esas víctimas dijo: “No quería yacer con un hombre mayor y de esta forma. Tenía miedo a negarme a ser su esposa a la fuerza, pero ante una muerte segura ¿qué elegiría usted?”. Ongwen tuvo varios hijos con siete de ellas en estas condiciones.

Es también la primera vez que la Corte juzga un caso relacionado con los crímenes perpetrados por el Ejército de Resistencia del Señor ugandés, y Ongwen ha sido condenado en su calidad de comandante de la brigada Sinia, una de las cuatro que componían la milicia. Perpetró o bien ordenó los crímenes, y el relato de los ataques contra campos de civiles desplazados de sus hogares por culpa de los choques entre el Ejército y los rebeldes de Joseph Kony, resumían en cierto modo su propio pasado.

Ongwen vio de pequeño los horrores que luego ordenó: secuestros de niños y la muerte a tiros y machetazos de los mayores; el terror de las marchas forzadas hasta los campamentos del LRA en las que los bebés eran arrancados de los brazos de sus madres y abandonados en el bosque porque molestaban con su llanto; los débiles golpeados hasta la muerte; el saqueo y la destrucción. Todo ello se ha oído en la sala de vistas, mientras Ongwen escuchaba con la mascarilla puesta, debido a las medidas de seguridad impuestas por la pandemia. La sentencia no solo ha descrito hechos atroces, sino que los nombres de las víctimas han sido leídos en voz alta porque, según ha dicho el juez Schmitt, “tienen derecho a que no se olvide su sufrimiento”.

La familia de Ongwen ha relatado que fue secuestrado en 1990 a los 10 años por los rebeldes de Kony cuando iba al colegio, según recoge Human Rights Watch. Los métodos de entrenamiento de los niños soldado incluyen infundirles terror y obligarles a matar a adultos, y a otros menores en su misma situación que hayan desobedecido e intenten huir. La CPI considera un crimen de guerra el reclutamiento forzoso de menores y él ha sido el único ex niño soldado juzgado hasta la fecha por sus jueces. Como en el resto de sus casos, la Corte ha permitido la participación de las víctimas para que expresen su opinión al margen de los testigos. Es una característica única en la justicia internacional, y esta vez se ha recogido y reconocido la intervención de 4.000 personas, que ante la incapacidad de desplazarse a la Corte, han sido representadas a través de siete testimonios.

Según ha explicado el propio Ongwen durante el juicio, desertó en 2015 del LRA cuando se encontraba en la República Centroafricana, y fue custodiado en la base militar estadounidense de Obbo, al sureste del país, hasta que las autoridades le entregaron a la Corte. Desde 2005, pesaba sobre él una orden internacional de arresto, y el Gobierno de Uganda, que es miembro de la Corte, pidió a su fiscalía que se ocupe del caso. En la misma situación estaban otros tres comandantes del LRA, a los que se le da por muertos, y el propio Joseph Kony, que ha huido. La Corte carece de policía y depende de la comunidad internacional para arrestar a los sospechosos, una cooperación no siempre adecuada.

El LRA es una de las milicias rebeldes más violentas de África, y Joseph Kony es una especie de jefe espiritual que pretende derribar al presidente Yoweri Museveni, en el poder desde 1986. Una vez en su puesto, sus planes consisten en regir el país de acuerdo con los 10 mandamientos. Entre 2010 y 2017, Estados Unidos llevó a cabo una operación destinada a erradicar al grupo o arrestar a sus miembros, que concluyó debido a su coste y porque el LRA perdió fuerza. Según Human Rights Watch, Kony se encuentra en Kafia Kingi, una zona en la frontera entre Sudán y Sudán del Sur.

CPI Veredict Ongwen Uganda by CPI  on Scribd

Escribe: Isabel Ferrer

Fuente El País.

10 oct 2019

Informe: La vida de un niño -usado como- soldado después de ser liberado

Los menores reclutados a la fuerza en un conflicto sufren el rechazo de la sociedad, y en muchas ocasiones el de su familia, además de traumas físicos y psicológicos. En lo que va de año, 44 han sido rescatados en Nigeria

François —nombre ficticio— tenía 15 años cuando fue liberado, después de dos años como niño soldado en la República Centroafricana. A dos días de reencontrarse con su madre biológica, después de haber pasado por una familia de acogida y haber hecho un curso de FP de carpintería, le preguntaron qué quería hacer en el futuro. No lo dudó: "Quiero volver a la escuela". François es uno de los 300.000 menores víctimas de reclutamiento forzoso en todo el mundo, según datos de Unicef, que cambió su infancia y su educación por un fusil y que, años después, volvía a su vida después de escapar.

Desde 2015 se han liberado 10.000 niños y niñas de grupos armados en todo el mundo, según el informe El fin del uso de niños reclutados en conflictos armados, de Unicef. La última operación de rescate ha sido la de 23 niños y dos niñas en Nigeria que permanecían bajo custodia administrativa por su supuesta vinculación con grupos armados y la organización terrorista Boko Haram. Con estos últimos 25 casos, ya son 44 los menores liberados en el país africano en lo que va de 2019.

"Necesitan pasar de la vida militar a la vida civil de nuevo. Muchas veces al ser liberados llegan a los centros de tránsito sin saber quiénes son”, explica Lorena Cobas, responsable de emergencias de Unicef España. “Si ni siquiera los adultos están preparados para una guerra, las consecuencias psicológicas para un niño son terribles”, asegura María José Pinzón, experta y defensora de los derechos humanos y de la infancia. “Cuando su propia casa o su escuela pueden ser atacadas sin reparos; cuando los refugios tradicionales se convierten en objetivos, ¿cómo pueden los menores de edad escapar de la brutalidad de la guerra?”, explica Virginia Gamba, representante Especial del Secretario General para la Cuestión de los Niños y los Conflictos Armados de la ONU. “Este panorama demuestra el flagrante desprecio de las partes en conflicto por el derecho internacional, lo que hace que los civiles, especialmente los más pequeños, sean cada vez más vulnerables a la violencia y el abuso y a ser utilizados”.

Las niñas, doble víctimas de la guerra

Al igual que los niños, las niñas soldado tienen oficios y tareas que no necesariamente son la de empuñar un fusil: son porteadoras, cocineras y en la mayoría de los casos, se las aísla del resto y se las convierten en esclavas sexuales, o incluso se las casa forzosamente con los miembros del grupo armado o la milicia en la que han sido reclutadas. En Sierra Leona un 60% de las niñas soldado se convirtieron en bush wives —esposas de la selva—, fenómeno que también se ha documentado en Liberia o Angola, según explica la organización Save The Children. Las niñas que han sido esclavizadas sexualmente y han sido madres, también viven la estigmatización social de que sus hijos cuenten con un progenitor del ejército o del grupo armado enemigo, lo que las convierte en “las dobles víctimas del conflicto”, según la experta Cobas, al ser antiguas niñas soldados y madres de un hijo ya marcado desde su nacimiento.

Vuelta a la vida civil y el rechazo de la comunidad

El primer paso, una vez liberados del grupo armado o militar, es pasar por un centro de tránsito, donde se les suministra los elementos básicos de higiene y medicamentos, y se les somete a un estudio físico y psicológico. En el caso de las niñas, este suele ser más pormenorizado por haber estado en un mayor riesgo de sufrir violencia sexual durante su cautiverio. "El periodo que permanezcan aquí, cuanto más corto sea, mejor. Lo siguiente será volver con su familia", explica Cobas. El gran problema de los programas de reinserción de los reclutados es que no está claro el papel que debe adoptar la sociedad en su conjunto, poco preparada para acoger adecuadamente a estos niños en su comunidad, asegura Pinzón. “Los niños soldado son considerados asesinos, y socialmente van estar estigmatizados siempre. Nadie quiere que sus hijos vayan al colegio con un exguerrillero”, explica Pinzón. 

“Los niños soldado son considerados asesinos, y socialmente van estar estigmatizados siempre. Nadie quiere que sus hijos vayan al colegio con un exguerrillero”
María José Pinzón. Defensora de los derechos humanos y la infancia

Importante después para que el menor recupere su infancia es buscar y encontrar a su familia biológica. Pero la tarea resulta muchas veces difícil. A veces están lejos o han muerto a causa del mismo conflicto que llevó al menor a la guerrilla o el Ejercito. En casos muy extremos, el primer acto en un escenario de guerra es el de matar a los padres, lo que ayuda a manipular al hijo o hija y conseguir, así, que el repudio de su familia y su comunidad perdure. “El odio forma parte del conflicto”, dice Cobas.

En el caso de que la familia no desee su regreso, el plan B son las familias de acogida, dispuestas a dar cobijo a estos niños en el periodo de transición, que suele durar entre 2 y 3 años. "Luego toca volver a la escuela lo antes posible o a una formación profesional", explica Cobas. Los programas de reinserción de los niños y niñas reclutados forzosamente ofertan distintas opciones, desde carpintería, fontanería, electricidad  en función de la demanda de cada región. Una de las formaciones profesionales preferidas de muchos de estos niños y niñas en República Centroafricana es el curso de Mecánica. "Se les enseñan a conducir, y para muchos niños y niñas conducir es símbolo de poder y quieren sentir ese poder. Es importante verles cómo eligen su propio camino”. Su propio camino, como el que llevó a François a la escuela, de nuevo.

LAS FASES DE REINSERCIÓN

Desmovilización
Se trabaja con las fuerzas y grupos armados que liberan niños en sus filas. Una vez conseguida su liberación, se lleva a un centro de tránsito donde reciben asistencia médica, psicosocial y jurídica.

Desarme
Se recoge, controla y elimina las armas que están en posesión de los distintos grupos que combaten en el conflicto y de la población civil.

Reintegración
Apoyo integral al niño, que incluye atención médica por posibles lesiones, asesoría legal, atención psicológica y educación. Si son adolescentes, reciben formación profesional y ayuda para iniciar pequeños negocios.

Reunificación familiar
Se busca a las familias de los niños. Si no se encuentra o no aceptan hacerse cargo de ellos, se busca una familia de acogida para que puedan tratarles con cariño y el apoyo que necesitan.

Movilización social con las comunidades
Trabajo con las comunidades a las que van a volver los niños y niñas para que los acepten como miembros y les den una nueva oportunidad.

Fuente Belén Hernández en El País: https://elpais.com/elpais/2019/10/07/planeta_futuro/1570463862_316980.html

26 nov 2013

UNICEF: 6000 mil niños "usados como soldados" en la República Centroafricana

Los grupos armados en la República Centroafricana han reclutado a unos 6.000 niños, alertó este viernes el Fondo de la ONU para la Infancia (UNICEF). UNICEF indicó que más de la mitad de esos menores fueron reclutados este año.

La situación de la seguridad continúa siendo volátil e impredecible y los grupos armados se desplazan por las zonas rurales cometiendo actos de violencia con total impunidad, señaló el director de UNICEF en ese país africano, Souleymane Diabate.

Agregó que la población civil que queda atrapada en los enfrentamientos diarios entre comunidades cristianas y musulmanas han establecido grupos de autodefensa.

"La crisis es muy compleja. También tenemos lo que llamamos los grupos de autodefensa, que han comenzado a organizarse para defenderse de los ataques y estos grupos están formados por muchos niños. La República Centroafricana es la nación donde es más difícil trabajar. Pero estamos allí para ayudar y salvar vidas", dijo Diabate.

Destacó el lanzamiento de una campaña de vacunación y los esfuerzos para que los menores continúen yendo a la escuela. Según Naciones Unidas, más de la mitad de los cuatro millones de centroafricanos depende de la ayuda humanitaria.