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20 feb 2020

Argentina: "Juli, tenés razón": el increíble fallo de una jueza de familia


Una magistrada de Tucumán resolvió un controvertido caso en el que dos padres se disputaban el derecho de paternidad sobre una niña de 9 años. La jueza no sólo tomó una decisión salomónica que puso fin a la controversia, sino que se esmeró para escribir una sentencia que emociona.

No es un mensaje de WhatsApp. No es una carta ni un audio. Es una sentencia. Es una amorosa sentencia que escribió la doctora Mariana Josefina Rey Galindo, jueza Civil en Familia y Sucesiones, Única Nominación de Monteros, Tucumán. Una jueza que entendió todo. Al fin una.

"Juli, tenés razón cuando decís que no querés elegir entre tus dos papás. Tenés derecho a conservar a los dos: al papá Roberto y al papito Jorge. También tenés razón al no permitir a los grandes que te exijan ese tipo de elección. No hay nada que elegir".


Juli es una niña de 9 años que vive en Amaicha del Valle, Tucumán. Este año empieza cuarto grado. "Le gustan las matemáticas y quiere ser maestra cuando sea grande. Durante la semana vive con su papá Jorge (S.), su hermana Nair (S.) de 11 años, y doña Hilda –hermana de Jorge-. Los fines de semana vive con su papá Roberto (L.) y su hermana Hade (L.). La mamá de Juli se llama Lucía y vive en otro sitio. Allí -en la casa de su mamá- también tiene dos hermanos más pequeños. Ellos se llaman Ludmi y Nico, ambos son muy chiquitos –nos cuenta Juli-".

El párrafo anterior tampoco fue escrito por un periodista ni forma parte de una carta de un familiar contándonos el caso. Es el relato de la propia jueza, quien se empeñó en componer una sentencia con lenguaje claro y pocas vueltas jurídicas, con el fin de abordar un caso complicado en el cual un hombre reconoció a la niña como su hija cuando en realidad su padre biológico era otro. La chica ("Juli", nombre ficticio para protegerla), sabe de esto y para ella ambos son sus padres.
CERCANÍA CONMOVEDORA
Allí donde el fallo de la jueza no podía evitar ciertos tecnicismos, los ubicó en citas al pie o las aclaró entre paréntesis. Pero lo conmovedor es que incluso así este fallo no sería entendible para una chica de 9 años. ¿Qué hizo entonces la jueza? Escribió un resumen dentro del mismo para ella, explicándole todo de forma que pueda entenderlo directamente, más allá de contar con la sentencia.

“Juli, tenés razón cuando decís “que no querés elegir entre tus dos papás”. Tenés derecho a conservar a los dos, al papá Roberto y al papito Jorge. También tenés razón al no permitir a los grandes -y admiro tanta valentía- que te exijan ese tipo de elección. No hay nada que elegir. Vos no tenés que elegir entre Jorge y Roberto. Porque según lo que hablamos y me hiciste saber, es que sentís que los dos son tus papás. Listo eso es lo importante. Y así lo voy a escribir en esta sentencia", escribió la jueza, hablándole directamente a la niña.

Vos no tenés que elegir entre Jorge y Roberto. Porque según lo que hablamos y me hiciste saber, es que sentís que los dos son tus papás. Listo eso es lo importante. Y así lo voy a escribir en esta sentencia

Y sigue así: "Te anticipo que voy reconocer legalmente ese derecho a tener a tus papás en los papeles (a los dos) y a reconocer el derecho a vivir de esa forma y en familia. Esto quiere decir, que voy a hacer que el Estado registre en tu acta de nacimiento a Roberto además de Jorge y Lucía. A los tres: con lo cual vos vas a tener en los papeles (acta) dos papás y una mamá. Y con eso, ellos tres tienen los mismos derechos y obligaciones (ellos con vos y vos con ellos)".

Allí le detalla los derechos y obligaciones de los dos padres hacia ella, diciéndole que "básicamente las obligaciones de ellos tres son: cuidarte, acompañarte en la vida, y asegurar tu bienestar físico y económico (alimentos, vivienda, estudios, etc.). Entre ellos deben organizarse para cuidar de vos (autorizaciones cuando vos salgas de viaje fuera del país o si decidieras casarte antes de los 18 años, derechos de comunicación con vos, cuidados personales, y esas cosas ¿sabes?…)".

Un detalle que no se le escapa a la magistrada en esta verdadera pieza de colección para la jurisprudencia argentina, es el hecho de que en las porciones de su texto en el que se dirige directamente a la niña, elige cambiar la tipografía y utiliza Comic Sans, buscando aún más cercanía con la pequeña.

PUNTO POR PUNTO
Luego de ello, la magistrada hace un punteado dentro del mismo fallo clarificando la situación para aventar todo tipo de dudas:

El origen biológico de Juli no fue controvertido. (Roberto afirma ser padre biológico. Jorge no lo niega, solo aduce el vencimiento del plazo legal para la acción intentada).
La niña conoce su procedencia biológica (es hija de Roberto).

La familia nuclear (padres/niñas/hermanas y madre) y la familia ampliada (tíos y abuelos) funcionan en base a los lazos afectivos, biológicos y legales. (Reconocen la coexistencia de ambas fuentes filiales en Juli: biológica y socioafectiva).

Roberto pretende ser emplazado legalmente como padre.
Jorge intenta no ser desplazado como padre.
Juli pide que se reconozca el derecho a conservar a sus dos papás.
Básicamente (Juli, Jorge y Roberto) coinciden en que desean preservar las relaciones familiares que tienen y sienten. Ser padres de Juli. Y Juli ser hija de ambos.

"Así las cosas, y tal cual funciona en la realidad, entiendo que Juli tiene razón en negarse a optar entre ellos. Porque en las condiciones que surgen del expediente, ambos cumplen con la función de padre", describe la encargada de impartir justicia.

"SI QUERÉS, VOY A VISITARTE"
En tono similar al de muchas otras sentencias de este tenor, la parte resolutiva del fallo recurre a 12 puntos en los cuales utiliza giros más clásicos de la redacción jurídica, como "RECONOCER", "DECLARAR", "HACER LUGAR AL PEDIDO DE...", "CONSERVAR EL EMPLAZAMIENTO DE...", "ORDÉNESE AL REGISTRO CIVIL....", pero en su punto siete, la jueza Mariana Rey Galindo lo hace de nuevo, y entonces escribe (otra vez en Comic Sans): "Juli: Quiero volver a invitarte a charlar conmigo, ya que esta decisión es fruto de haberte escuchado, cuando me hiciste ese pedido tan importante para vos, y por eso también es una respuesta muy importante. Para eso podes venir al juzgado aquí en Monteros cualquier día por la mañana, o si vos querés me avisas y yo voy hasta Amaicha, así te explico todo lo que aquí está escrito, y vos me cuentes que te parece, también voy a invitar a tus padres para que les explique personalmente lo que significa esta decisión. Otra opción es que podes llamarme a mi teléfono celular, aquí te lo paso".

El fallo, conmovedor, fue emitido el 7 de febrero de este año, a poco de volver de la feria, y sin dudas va en el camino de que se puede pensar en otra Justicia, más cercana de la gente y de sus problemas reales, y también más accesible y humana, adaptando un discurso que se baja de ese pedestal imaginario en el que se supo recluir el tercer poder, y se acerca a los verdaderos depositarios de un servicio indispensable para la democracia.

23 ago 2019

El País: Los niños huérfanos por feminicidios: las víctimas invisibles de la violencia en México


Más de 23.000 menores han perdido a su madre en la última década en el país latinoamericano
En la madrugada del 4 de junio de 2018, Karen Yunuen Ruíz Meza se calzó su ropa cómoda de oficina y salió a trabajar, como hacía cada lunes, dejando a su hija Keyla Aneliesse de dos años al cuidado de sus abuelos. “Nunca volvió”, cuenta su mamá, Flor Ángel Meza. La joven de 22 años fue encontrada tres días después, muerta por asfixia, en el patio de Edson R.E., su expareja y padre de la niña. Los abuelos tomaron enseguida a Aneliesse y dejaron la comunidad de Tizayuca, del Estado central de Hidalgo. A un año de la tragedia, con el padre de la pequeña prófuga, la familia aún vive escondida sin apoyo por parte del Gobierno.
Aneliesse es una de los miles de menores que han quedado huérfanos por la ola de feminicidios en México, un país donde 10 mujeres son asesinadas por día. Aunque la ley lo ordena, hasta la fecha no existe un registro público, ni una política federal de atención sistemática para garantizar su bienestar. Especialistas estiman que al menos 3.600 niños habrían quedado huérfanos en 2018 y más de 23.000 en la última década. Muchos de ellos no solo perdieron a sus madres a manos de sus padres o padrastros, sino que también fueron testigos del crimen. "Son las víctimas olvidadas de los feminicidios. Están en el desamparo", resume María de la Luz Estrada, coordinadora del Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio (OCNF).
“¿Todavía mamá no regresa de trabajar?”, preguntaba Aneliesse en las primeras semanas. “No sabíamos qué decir”, recuerda con pesar su abuela, quien ha pedido hacer la entrevista en un centro comercial ubicado a más de tres horas de donde ocurrió la tragedia. Allí la pequeña corre, sonrisa radiante, a zambullirse en la plaza de juegos entre toboganes, casitas de colores y tazas que danzan. Los abuelos dirán que ella siempre es así, “alegre”, pero saben que carga con un duelo no resuelto. “No tengo mamá, no tengo papá. Estoy sola. Ustedes son mis abuelos, no son mis papás”, les ha dicho la niña de tres años.
La familia recibió solo tres sesiones de terapia, asegura Meza, y luego la carpeta del caso se habría traspapelado por un cambio de personal. Aunque ellos no solo necesitan orientación psicológica, sino también asistencia alimentaria, médica y ayuda para tramitar la tutela de la niña. “Son muchas cosas, no sé por dónde empezar. Todos nos hacen caso omiso”, dice la abuela. Principalmente, a los abuelos les preocupa no poder cuidarla en el futuro. “Ya no somos jóvenes y no somos eternos”.
Nadine Gasman, titular del Instituto Nacional de Mujeres (Inmujeres), reconoce que la situación de los niños huérfanos es “un problema de emergencia nacional y urgente” en México e indica que el Gobierno federal hará un censo y diseñará una política nacional de atención integral —económica, psicosocial y educativa— desde una perspectiva de género. Para ello, una serie de mesas técnicas revisa en los 32 Estados desde junio quiénes son las víctimas colaterales de los feminicidios perpetrados en 2019.
Una estimación inicial indica que más de 3.300 niños quedaron en orfandad hasta mayo. El número surge de multiplicar los feminicidios y homicidios dolosos contra mujeres, 1.500 según el registro del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), por la tasa de natalidad, de 2.21 hijos por mujer según la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (ENADID). Siguiendo esta lógica, el año pasado hubo más de 8.100 huérfanos. Algunas mujeres asesinadas no tenían hijos, pero otras tenían hasta cinco, por lo cual incluso estimaciones a la baja, de quienes cuentan un niño por mujer, dan más de 3.600 huérfanos en 2018.
“Lo más preocupante es que no sabemos con quién están, si reciben atención, si van a la escuela”, alerta la investigadora María Salguero, quien desde 2018 registra a los huérfanos en su Mapa de Feminicidios. La Ley de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia ordena garantizarles servicios jurídicos, médicos y psicológicos como víctimas indirectas. Pero en la práctica la respuesta es desigual y deficiente en los distintos estados, coinciden los especialistas. Los menores quedan usualmente al cuidado de los abuelos, que deben conllevar solos el duelo y la crianza en una edad avanzada. Y muchas veces, en un contexto de extrema pobreza.
Hay contadas excepciones. La Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV) del Estado de México, la entidad vecina a la capital mexicana, ha dado programas integrales de asistencia a 270 niños huérfanos. La CEAV a nivel federal, a más de 180. Aunque esto es apenas una mínima fracción de las víctimas ya que las comisiones actúan en su jurisdicción y a petición de una instancia oficial o de la familia. Lo mismo ocurre con las procuradurías de Protección a los Niños.
Niños en el desamparo legal
“Nos quedamos solos con nuestra muerta, nuestro huérfano, nuestro dolor, y no pasa nada”, dice Sandra Soto, abogada que ha representado 100 quejas ante la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) por inacción gubernamental en casos de menores en orfandad por feminicidios. Soto se convirtió en activista luego de que su hermana fuera asesinada en enero de 2017, dejando un niño huérfano de tres años. Ella comenzó entonces el grupo en Facebook “Los machos nos matan en México”, que tiene 200.000 seguidores.

Soto advierte que usualmente la custodia no se tramita y los niños quedan en un “desamparo legal”, por lo que es necesario modificar la ley para facilitar el proceso a la familia materna. “¿Cómo creen que una abuela, una mujer mayor a quien le acaban de asesinar a su hija, puede tener la fuerza para andar caminando por las audiencias civiles?”.
La vulnerabilidad de los hijos huérfanos por feminicidios se acentúa en un contexto de impunidad y la violencia constante, en un país con 40.000 desaparecidos y 250.000 asesinatos en la última década, señala Juan Martín Pérez García, director de la Red por los Derechos de la Infancia (Redim). Hay una “incapacidad” del Estado para protegerlos, pese a las buenas intenciones de algunos funcionarios y trabajadores. El recorte del presupuesto en niñez del 16%, desde que comenzó el Gobierno de Andrés Manuel López Obrador acentúa la crisis, indica.
La protección de los huérfanos de la violencia es así materia pendiente en México, como en gran parte de América Latina, la región más letal para las mujeres fuera de una zona de guerra. Si bien en hubo avances con la tipificación del delito de feminicidio, en la región queda pendiente combatir la impunidad y dar una protección integral a las víctimas indirectas, indica Gasman, quien dirigió la campaña ÚNETE contra la violencia de las Naciones Unidas en América Latina y el Caribe. Los países donde las ONGs llevan una estadística, como Argentina, Paraguay y Honduras, cuentan decenas de miles de niños huérfanos en la última década.
En México, más de 23.000 mujeres han sido asesinadas en los últimos diez años. Y la violencia va en aumento. El país alcanzó en mayo un preocupante récord de 10 mujeres víctimas de homicidios al día, de acuerdo con los registros de SESNSP. “Son miles y miles de niños a los que les han robado el futuro. De un momento a otro, les destruyeron su vida", dice Soto. Y luego, el Estado los ha dejado solos. “Siguen matándonos y siguen creciendo generaciones desamparadas”.
EL PESO DE LA IMPUNIDAD
Los niños huérfanos cargan con la pérdida violenta de su madre y también, en la mayoría de los casos, con el pesar de un crimen no resuelto. Ese es el temor de la familia de Nazaria Iraís Simón Aguilar, una maestra de bachilleres y taxista de 34 años que fue asesinada en septiembre de 2017, dejando un niño de 10 años, Jonathan.
Según la investigación, Iraís fue violada y asesinada por tres adolescentes cuando los llevaba en su taxi en las cercanías de San Jerónimo Tecuanipan, en el Estado de Puebla. Las pruebas de la escena del crimen se habrían perdido por errores de los peritos, dice la familia, ante lo cual los investigadores liberarían a uno de los detenidos para lograr una confesión. La Fiscalía de Puebla no respondió reiteradas consultas sobre este arreglo judicial.
“Ella siempre se desmoronó para sacar adelante a su pequeño, que está enfermito del corazón, tiene un soplo. Ahora nosotros hacemos lo mismo”, cuenta Marlen Simón, hermana de la víctima. Son una familia de maestros y granjeros de tradición, con escasos recursos. Siguen la causa sin descanso mientras cuidan a Jonathan, sin ningún apoyo gubernamental. Marlen siente que el desamparo del Estado se repite en forma indefinida. “Si no les importa nada, ni mi hermana, ni las otras muchas asesinadas, mucho menos les importa mi sobrino”.

20 ago 2019

HRW: Estados Unidos: La separación familiar causa daños a niños y sus familias


Niños y niñas de apenas cinco años permanecen sin cuidadores adultos
(Washington, DC) – Funcionarios de Estados Unidos están separando a niños y niñas migrantes de sus familias en las zonas fronterizas, y ocasionan así un daño profundo que se prolonga en el tiempo, señaló hoy Human Rights Watch. Está previsto que el 12 de julio de 2019 la Comisión de Supervisión y Reforma de la Cámara de Representantes de Estados Unidos celebre audiencias para abordar la política de separación familiar del gobierno.
A través de entrevistas y análisis de presentaciones judiciales, Human Rights Watch concluyó que es frecuente que se separe a niños y niñas de familiares adultos que no son sus padres. Esto significa que, a menudo, los niños y las niñas son separados del cuidado de abuelos y abuelas, tíos y tías, y hermanos y hermanas mayores aun cuando exhiben documentos que acreditan la tutela o autorizaciones escritas emitidas por sus padres y madres. En algunos casos también se ha separado a padres y madres de sus hijos de manera forzosa; por ejemplo, cuando el padre o la madre tiene antecedentes penales, incluso si se trata de una infracción menor que no incide en su capacidad para cuidar de sus hijos. Como consecuencia, en los casos analizados por Human Rights Watch, niños y niñas de tan solo cinco años han sido mantenidos en centros de la Patrulla Fronteriza sin sus cuidadores adultos.
“Las audiencias en el Congreso son el primer paso para dar cuenta de los enormes daños ocasionados a niñas y niños y a sus familias en las celdas de detención en la frontera, y de abordar esos perjuicios”, manifestó Michael Garcia Bochenek, asesor legal sénior sobre los Derechos del Niño de Human Rights Watch. “Las autoridades del área de inmigración deberían aprovechar esta oportunidad para reconocer estas graves situaciones y anunciar que se pondrá fin, de manera inmediata, a la separación de las familias”.
Un niño hondureño de cinco años detenido en el puesto de la Patrulla Fronteriza de Clint en Texas dijo a los abogados que cuando él y su padre fueron aprehendidos en la frontera, “los agentes de inmigración me separaron inmediatamente de mi padre. Estaba muy asustado y con miedo. Lloraba. Y ya no volví a ver a mi padre”. No sabía cuánto tiempo hacía que estaba separado de su padre: “Estoy asustado, tengo miedo y estoy triste”. En otro caso, un niño hondureño de ocho años detenido en Clint con su hermana de seis años manifestó: “Nos separaron de nuestra abuela y ahora estamos completamente solos”. Al igual que otros menores, no sabía durante cuánto tiempo habían estado separados de su abuela: “Llevamos mucho tiempo aquí”.
Human Rights Watch entrevistó a 28 niños y adultos y revisó otras 55 declaraciones juradas presentadas ante tribunales de niños y adultos que habían permanecido en celdas de detención en la frontera de Texas entre el 10 y el 20 de junio de 2019. Human Rights Watch identificó 22 casos en los cuales uno o más niños o niñas manifestaron haber sido separados por la fuerza de un familiar, habitualmente en las primeras horas después de haber sido aprehendidos. Tres abogados de Human Rights Watch participaron en los equipos que recopilaron estas declaraciones, a fin de asegurarse de que las condiciones cumplieran con un acuerdo de conciliación. El acuerdo establece los estándares para las condiciones en que se mantiene a los niños y las niñas migrantes.
Ninguna ley ni reglamentación federal exige que los niños y las niñas sean separados, en forma sistemática, de los miembros de su familia extendida al ser aprehendidos en la frontera, y tampoco existe obligación de separar a los menores de sus padres, salvo que el padre o la madre represente una amenaza para el niño o la niña.
Se exige que los funcionarios fronterizos de Estados Unidos identifiquen a los niños y las niñas que son víctimas de trata de personas —por ejemplo, a los niños y las niñas que son transportados para ser explotados— y que tomen medidas para protegerlos. No obstante, todos los casos de separación familiar que analizó Human Rights Watch implicaban a niños que viajaban con familiares para solicitar asilo, o para reunirse con otros familiares, o para ambos fines, sin indicación de que fueran víctimas de trata.
En junio de 2018, el gobierno de Trump anunció el fin de la política de separación familiar forzada del gobierno, ante el fuerte repudio público después de que trascendieran imágenes de niños y niñas en jaulas, se filtraran grabaciones de agentes fronterizos que se burlaban de niños y niñas que lloraban, y se difundieran otras noticias sobre el alcance y el impacto de la política del gobierno.
Los casos que analizó Human Rights Watch demuestran que continúa la separación familiar forzada. En el caso de otros familiares que no son los padres, la separación forzada parece ser una práctica de rutina. Para muchos niños y niñas, la separación de familiares que se han desempeñado como cuidadores primarios puede resultar tan traumática como la separación del padre o de la madre.
Entre julio de 2018 y febrero de 2019, funcionarios fronterizos estadounidenses separaron al menos a 200 niños y niñas de sus padres y madres. A menudo no podían señalar un motivo claro para justificar la separación, tal como se determinó a través de un estudio del New York Times; en algunos casos, los agentes separaron a las familias a causa de condenas leves o muy antiguas.
Las autoridades de inmigración nunca revelaron el número de familiares —que no fueran el padre o la madre— que habían sido separados forzosamente de sus hijos e hijas en la frontera.
La separación forzosa resulta tan traumática para niños como para los adultos. Los niños y las niñas entrevistados por Human Rights Watch dijeron que habían pasado noches sin dormir, y que habían tenido dificultades para concentrarse, cambios repentinos del estado de ánimo y ansiedad constante. Estas condiciones, según lo refieren, comenzaron después de que agentes de inmigración los separaron forzosamente de sus familiares.
La mayoría de los niños y las niñas a quienes entrevistamos señalaron que tienen a sus padres o madres, u otros familiares, en Estados Unidos. Sin embargo, los familiares con quienes habló Human Rights Watch indicaron que los agentes fronterizos nunca intentaron comunicarse con ellos.
Para prevenir los daños a niños y niñas y para defender el principio de unidad familiar, Human Rights Watch insta a que se adopten las siguientes medidas:
  • El comisionado interino de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos debería ordenar a los agentes de inmigración que mantengan juntas a las familias salvo que un adulto represente una amenaza clara para un niño o una niña, o salvo que la separación sea, de otro modo, favorable para el/la menor. Esa determinación debería estar a cargo de un profesional de bienestar infantil debidamente habilitado, como un trabajador social, psicólogo o psiquiatra con capacitación y competencia para trabajar con niños y niñas.
  • La oficina del inspector general del Departamento de Seguridad Nacional debería revisar, de manera sistemática, todas las instancias de separación familiar —incluidas las separaciones de familiares que no son los padres—, a fin de determinar si la separación fue favorable para el niño o la niña.
  • El Congreso debería prohibir la separación de familias, lo cual incluye prohibir que los niños y las niñas sean separados de sus hermanos y hermanas, abuelos y abuelas, tíos y tías, o primas y primos, salvo cuando una separación sea favorable para un niño o niña.

“La agencia fronteriza necesita instrucciones claras, por parte de la administración, para poner fin a la separación forzada de familias y otras prácticas abusivas”, señaló Bochenek. “Y el Congreso debe llevar a cabo la supervisión necesaria para asegurarse de que la agencia fronteriza cumpla con lo requerido”.
“Tolerancia cero” y separación familiar sistemática
En mayo de 2018, el entonces Fiscal General Jeff Sessions anunció una política de “tolerancia cero” conforme a la cual los padres y las madres —incluidos los que solicitaran asilo— serían procesados penalmente por ingresar de manera ilegal al país, y sus hijos e hijas separados por la fuerza de la custodia de sus padres o madres y reclasificados como “no acompañados”. En ese mes, el Jefe de Gabinete de la Casa Blanca, John Kelly, manifestó en la radio pública nacional: “A los niños y niñas se los cuidará, se los dará en guarda o lo que sea”.
La Unión Estadounidense por las Libertades Civiles (American Civil Liberties Union, ACLU) inició una acción judicial para exigir que el gobierno estadounidense revele cuántos niños y niñas fueron separados de sus padres y madres por aplicación de esta política. Las autoridades tardaron en brindar esta información, y finalmente informaron al tribunal que más de 2.700 niños habían sido separados forzosamente de sus padres en mayo y junio de 2018. El 20 de junio de 2018, el presidente Donald Trump dictó un decreto ejecutivo que, según afirmó, ponía fin a la política sobre separaciones familiares forzosas de este gobierno.
En un informe gubernamental publicado en enero de 2019, se señaló que “miles” de niños más habían sido separados forzosamente de sus padres, y desde mucho antes de lo que el gobierno había reconocido antes. Un borrador de un documento de política que se filtró confirmó que funcionarios del gobierno estaban discutiendo una política de separación familiar desde fines de 2017.
El gobierno ha reconocido que las separaciones familiares forzosas continuaron después del decreto ejecutivo. En una presentación judicial de febrero de este año, se informaron al menos 245 separaciones ocurridas entre el 26 de junio de 2018 y el 5 de febrero de 2019. Para fines de mayo, el número había crecido a 700, según el informe de ACLU. En algunos casos, estas separaciones habían sido ocasionadas por faltas menores y no violentas: una condena por robo sin violencia 20 años antes en un caso, y posesión de una pequeña cantidad de marihuana en otro, según casos analizados por el New York Times. En la mayoría de estos casos, no se indicaron de manera específica los motivos de la separación.
Estas cifras no incluyen la cantidad de niños y niñas que fueron separados forzosamente de familiares que no son sus padres o madres.
Niños y niñas desconsolados sin sus padres o madres
Numerosos niños y niñas manifestaron que habían pasado días sin saber adónde habían sido llevados sus padres ni cuándo volverían a verlos, en caso de que esto efectivamente sucediera. Por ejemplo, un niño de 17 años de El Salvador, entrevistado en Clint, manifestó que él y su madre habían cruzado un puente internacional 16 días antes. Expresó al respecto:
Nos presentamos a los agentes de la patrulla fronteriza, que luego nos separaron. Se negaron a explicarnos por qué lo hacían. Desde ese momento, no he sabido dónde está mi madre. No supe si mi madre estaba en Estados Unidos o en otro lugar, ni siquiera si estaba viva. He estado extremadamente preocupado por ella.
Niños y niñas separados de abuelas, tías y tíos
Una niña de 12 años que viajó a Estados Unidos con su abuela y sus hermanas de 8 y 4 años señaló que los agentes fronterizos las habían levantado a las 3 de la madrugada dos días antes de que ella hablara con los abogados:
[L]os funcionarios nos dijeron que se llevarían a nuestra abuela. Mi abuela intentó mostrar a los funcionarios un papel firmado por mis padres, en el cual decía que había sido designada para cuidarnos. Los funcionarios rechazaron ese documento aduciendo que debía estar firmado por un juez. Luego, los funcionarios se llevaron a mi querida abuela. Desde aquel momento, no volvimos a verla… Pensar en esto, a veces me hace llorar… Mis hermanas aún están afectadas porque la quieren mucho y desean estar con ella.
En otro caso, una mujer que había criado a su sobrina dijo que los agentes fronterizos le habían señalado que los papeles sobre la tutela certificados por notario público que ella exhibía “no servían en Estados Unidos”. Los agentes le dijeron que debía esperar que la separaran de su sobrina una vez que fueran transferidas del Centro de Procesamiento Ursula en McAllen, Texas. Este centro es conocido como la perrera, por su valla de alambrado.
Un niño de 11 años que había viajado a Estados Unidos con su hermano de 3 años y su tío de 18 para escapar de la violencia de las pandillas en Honduras dijo que los agentes fronterizos los habían separado, a él y a su hermano, de su tío al ser aprehendidos, aproximadamente tres semanas antes de que Human Rights Watch hablara con él en Clint:
Los agentes fronterizos nos hicieron sentar en círculo, y luego nos subieron a camiones y nos transportaron. No sé a qué lugar. Mi tío se identificó como tío nuestro. Los agentes nos dijeron que nos iban a separar. Eso fue terriblemente triste para mí. No sé adónde enviaron a mi tío. No pudimos despedirnos.
Human Rights Watch identificó muchos otros casos como estos en nuestras propias entrevistas y las declaraciones que leímos. Por ejemplo:
  • Una niña de 12 años de Guatemala manifestó que agentes fronterizos la habían separado de su tía y su prima cuando las tres entraron en Estados Unidos a principios de junio, 15 días antes de que hablara con los abogados mientras estaba en el puesto de la Patrulla Fronteriza de Clint.
  • Un niño de 8 años les dijo a sus abogados que había venido a Estados Unidos con su tía, quien se había ocupado de cuidarlo en Guatemala. Dijo que, al ser separado de su tía por agentes fronterizos tres días antes, “Lloraba y ellos no me decían adónde me llevaban”.
  • Una niña de 12 años de El Salvador dijo que ella y su hermana de 7 años habían sido separadas de su abuela el día anterior, después de haber cruzado a los Estados Unidos y de haberse presentado ante funcionarios de la patrulla fronteriza.

Hermanas separadas
Una niña de 17 años procedente de El Salvador dijo a los abogados que llegó a Estados Unidos con su hijo de 8 meses y su hermana mayor. Los agentes fronterizos “nos separaron [a mi hermana y a mí] poco después de llegar a EE. UU, hace aproximadamente tres semanas, y no se me ha permitido hablar con ella desde entonces”.
Una niña de 16 años de El Salvador, entrevistada en Clint, dijo que ella y su hija de cinco meses fueron separadas de su hermana de 20 años y del hijo de 3 años de esta última al ser aprehendidos, tres días antes de hablar con los abogados en Clint. Los agentes fronterizos le dijeron más tarde que su hermana y su sobrino habían sido liberados y enviados a vivir con familiares.
Una niña guatemalteca de 14 años contó que inmediatamente después de que ella y su hermana de 18 años cruzaron el río para entrar en Estados Unidos –no estaba segura de cuánto hacía de esto– agentes fronterizos “nos hicieron formar fila y nos revisaron la piel y el cabello. Fue entonces que se llevaron a mi hermana y ahora estoy muy preocupada por ella. No sé dónde está ni si se encuentra bien”.
Cuidadores adultos enviados de regreso a México sin los niños y niñas a su cargo
Human Rights Watch ha identificado anteriormente casos de separaciones familiares ocurridas en el contexto de los Protocolos de Protección de Migrantes (PPM) o de la política de “Permanencia en México (Remain in Mexico)”, conforme a los cuales decenas de miles de solicitantes de asilo mayormente latinoamericanos han sido enviados de regreso a México para que esperaran allí mientras sus solicitudes tramitan en Estados Unidos. En el contexto de los PPM, en la frontera los agentes separan a familias que habían estado viajando juntas. Niños y niñas, algunos incluso con problemas de salud mental, fueron separados de cuidadores que no eran sus padres por agentes de la Patrulla Fronteriza, clasificados como “menores extranjeros no acompañados” y detenidos solos. Mientras tanto, sus familiares adultos fueron enviados de regreso a México para permanecer allí mientras tramitara su caso de asilo, algo que puede demorar meses o años. Mantenerse en contacto es algo particularmente difícil para las familias separadas en el marco de los PPM, dado que quienes se ven obligados a esperar en México a veces no tienen acceso a teléfonos celulares o fijos.
Familias divididas durante el tiempo transcurrido en celdas de detención en la frontera
Si ambos padres viajan juntos, es común que se separe a los padres del resto de la familia. Por ejemplo, un hombre hondureño de 23 años contó que él, su esposa y sus dos hijos estaban todos en la misma estación fronteriza: “Me separaron de mi familia casi de inmediato. Solo he visto a mi esposa e hijos una vez en los tres días que llevo aquí”. Una niña de 5 años dijo a los abogados que su padre fue separado de ella y de su madre cuando estaban detenidos en McAllen.
Varios adolescentes retenidos en el mismo centro fronterizo que sus padres señalaron frecuentemente que eran separados si ellos y sus padres eran de distinto género. En esos casos, incluso si ellos y sus padres estaban en el mismo establecimiento, afirmaron tener un contacto mínimo o nulo con sus padres. Por ejemplo:
  • Una niña de 15 años de Honduras dijo que fue separada de su padre en las dos celdas donde estaban detenidos. “Esto en una unidad mixta en la que hay padres y sus hijos; no entiendo por qué no puedo estar con mi padre”, dijo a los abogados.
  • “Me separaron de mi madre durante cinco días y estuve muy atemorizada, porque no sabía que me ocurriría a mí o que le pasaría a mi madre”, manifestó un niño guatemalteco de 16 años.
  • Una niña hondureña de 16 años dijo que ella y su padre estuvieron en celdas separadas sin ningún contacto durante dos días. “No volví a ver a mi padre hasta… que nos llamaron para tomarnos fotos y las huellas dactilares. No se nos permitió vernos antes, a pesar de que mi padre pidió verme reiteradamente”, manifestó la niña.

Los agentes fronterizos a veces dividen a los niños entre los padres, asignando uno o varios a cada uno de sus padres, durante el tiempo que pasan en una celda. “Nuestra familia permanece en celdas separadas, un hijo está conmigo y otro con mi esposa”, contó un hombre guatemalteco de 29 años. Una mujer hondureña, también de 29 años, dijo que cuando ella, su esposo y sus dos hijos fueron aprehendidos “a mi hija y a mí nos separaron de mi esposo y mi hijo casi inmediatamente. Solamente he visto a mi esposo e hijo una vez desde que llegamos hace tres días”.
Algunos de los niños y las niñas en los puestos fronterizos también tienen hijos y algunos han viajado a Estados Unidos con cónyuges o parejas estables.
En un caso, una niña de 16 años dijo que luego de que ella y su pareja, junto a su hija de un año, huyeron de la violencia de las pandillas en El Salvador, agentes fronterizos la separaron a ella y a su hija de su pareja. Contó a los abogados:
Todos estábamos muy disgustados. Nuestra bebé lloraba. Yo lloraba. Y también lo hacía mi pareja. Les preguntamos a los guardias por qué separaban a nuestra familia, y nos respondieron gritándonos. Fueron muy desagradables y mezquinos con nosotros. Le gritaron a mi pareja frente a todos que se sentara y dejara de hacer preguntas. No lo hemos visto dese ese momento.
En otro caso, una niña de 15 años que huyó de Guatemala con su esposo y su hijo de 8 meses señaló que pidieron asilo en el cruce fronterizo: “Les dijimos que viajábamos como grupo familiar y queríamos [seguir estando] juntos. Sin embargo, lo separaron [a mi esposo] de nosotros y no sé dónde se encuentra ahora. No he tenido noticias suyas y estoy preocupada por él”.
Trauma provocado por la separación forzada
Un niño guatemalteco de 15 años dijo a Human Rights Watch que se sentía “verdaderamente desesperado, desolado y preocupado” tras haber sido separado forzosamente de su padre, luego de que agentes fronterizos lo detuvieran. Habló sobre los dos meses que había estado separado de su padre:
Es realmente difícil estar separado de mi padre. No sé cuándo podré verlo, y eso me entristece mucho. Por pensar en mi padre y en que estoy separado de él, me cuesta mucho concentrarme en clase. Me es difícil prestar atención a lo que debería estar haciendo. Siento mucha ansiedad y preocupación. Hay días que no tengo apetito. Antes nunca tuve problemas para comer, y creo que si no estuviera tan triste por estar alejado de mi padre ahora no tendría un problema con la comida… Cuando empiezo a pensar sobre lo que ocurrió, me entristezco y empiezo a llorar. Esto antes nunca me pasaba… Es algo nuevo. Lo causa el estrés que tengo ahora.
La separación familiar causa perjuicios graves y duraderos. Como lo ha señalado la Academia de Pediatría: “las experiencias sumamente estresantes, como la separación familiar, pueden causar daños irreparables, alterar la estructura mental de un niño y afectar su salud en el corto y el largo plazo. Este tipo de exposición prolongada a estrés profundo, conocido como estrés tóxico, en el caso de los niños puede tener consecuencias para toda la vida”.
“Este tipo de estrés hace que los niños sean susceptibles a condiciones agudas y crónicas, como ansiedad extrema, depresión, trastorno por estrés postraumático, hipertensión y enfermedades cardíacas”, escribieron dos pediatras el año pasado en la publicación Houston Chronicle.