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15 oct 2019

Comité de los Derechos del Niño: "Proteger y empoderar a las niñas y exigir igualdad"


"Proteger y empoderar a las niñas y exigir igualdad": Declaración conjunta del Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer y del Comité de los Derechos del Niño con motivo del Día Internacional de la Niña (11 de octubre de 2019)

En el Día Internacional de la Niña, exhortamos a los Estados a que protejan y promuevan mejor los derechos de las niñas, garantizando el pleno cumplimiento de sus obligaciones y retirando las reservas formuladas tanto en virtud de la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer como de la Convención sobre los Derechos del Niño, dos convenciones que se refuerzan mutuamente y que constituyen la piedra angular de los derechos de las niñas.

El año 2019 marca el trigésimo y el cuadragésimo aniversario de la Convención sobre los Derechos del Niño y de la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer, respectivamente.  Los Comités acogen con satisfacción los progresos logrados en la realización de los derechos de las niñas desde la aprobación de las dos convenciones mencionadas y se remiten a la Recomendación general Nº 31 del Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer y a la Observación general Nº 18 del Comité de los Derechos del Niño sobre prácticas nocivas.

Sin embargo, a pesar de los acuerdos de objetivos intermedios y de las numerosas promesas de abordar la desigualdad entre los géneros y la discriminación contra las niñas, sigue habiendo problemas considerables en todas las regiones en lo que respecta a la protección de los derechos y libertades fundamentales de las niñas.

Cada año, aproximadamente 12 millones de niñas menores de 18 años se casan; y por lo menos 200 millones de niñas y mujeres que viven hoy en día han sido sometidas a la MGF.  Estas prácticas nocivas constituyen una grave violación de los derechos humanos de las niñas y ponen en peligro su derecho a la educación, a la salud y a vivir libres de violencia. Las tasas de matrimonio infantil aumentan significativamente durante los conflictos. En las zonas de conflicto, los grupos armados reclutan o secuestran a niñas y mujeres para matrimonios forzados, servidumbre doméstica y trata con fines sexuales y explotación. Las mujeres y las niñas representan el 94% de las víctimas en todo el mundo que son objeto de trata con fines de explotación sexual. En muchos países después de los conflictos, hay un aumento en el número de mujeres y niñas obligadas a vender sexo, incluida la prostitución de niñas adolescentes y mujeres jóvenes.

Ya fuera de los períodos de crisis, las niñas representan alrededor del 77% de los niños y niñas detectados que son víctimas de la trata. Las niñas tienen casi 2,5 veces más probabilidades de no asistir a la escuela si viven en situaciones de conflicto cuando, en el mundo entero, una de cada diez niñas no termina la educación primaria. Además, las adolescentes corren un mayor riesgo de ser violadas y/o forzadas a mantener relaciones sexuales en el contexto de las relaciones íntimas de pareja.

Las niñas se enfrentan a retos específicos de su edad y género. Esta doble carga de discriminación les impide ejercer sus derechos, tomar decisiones y experimentar la igualdad. Desde la primera infancia, las niñas se ven limitadas por las normas de género, a menudo impuestas por el miedo y la violencia. Son silenciadas y discriminadas debido a sus creencias sobre las capacidades, intereses y comportamientos de las niñas. Además, las adolescentes se ven desproporcionadamente afectadas y son vulnerables a las violaciones de la salud y los derechos sexuales y reproductivos debido a las arraigadas desigualdades de género, las normas y los estereotipos discriminatorios de género, las relaciones de poder desiguales y el menor valor que se atribuye a las niñas en muchas sociedades.

La igualdad entre hombres y mujeres ocupa un lugar central en los compromisos de los Estados miembros consagrados en el Programa de Desarrollo Sostenible de 2030, en particular en el Objetivo 5. En este acuerdo histórico, los Estados miembros decidieron "adoptar y reforzar políticas sólidas y legislación aplicable para la promoción de la igualdad de género y el empoderamiento de todas las mujeres y niñas a todos los niveles". Lograr la igualdad de género no es un objetivo independiente. El Objetivo 5 sobre igualdad de género abarca todo el marco del SDG como un principio que reconoce que la igualdad y la participación de las niñas son condiciones previas para alcanzar todos los Objetivos.

A través de nuestras Observaciones y Recomendaciones Generales, ambos Comités han declarado que las prácticas nocivas y la violencia contra las niñas están profundamente arraigadas en actitudes sociales discriminatorias según las cuales las niñas son consideradas inferiores a los niños sobre la base de roles estereotipados. Durante la adolescencia, las desigualdades de género se hacen más significativas, y las manifestaciones de discriminación, desigualdad y estereotipos contra las niñas a menudo se intensifican, lo que conduce a violaciones más graves de sus derechos.

Por lo tanto, la discriminación y la violencia que sufren las niñas de todas las edades requiere atención, concentración e intervenciones específicas para satisfacer sus necesidades y hacer realidad toda la gama de sus derechos. El Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer y el Comité de los Derechos del Niño instan a los Estados a adoptar medidas para eliminar la discriminación contra las niñas en todos los ámbitos, promover y garantizar la igualdad de derechos de las niñas, entre otras cosas:

  • Cumplir plenamente las obligaciones que les incumben en virtud de la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer y la Convención sobre los Derechos del Niño, y retirar sus reservas a esas convenciones;
  • Adoptar enfoques que tengan en cuenta la edad y transformen el género y aplicar políticas y legislación centradas en las niñas;
  • Articular las necesidades específicas de las niñas al desarrollar políticas, leyes, prioridades presupuestarias y programas, y considerar el contexto cultural y los factores de exclusión múltiples e interrelacionados que pueden dar lugar a una mayor marginación, incluidas las situaciones de discapacidad y conflicto.
  • Escuchar a las niñas de todas las edades, tanto en la esfera pública como en la privada, tomar medidas sobre sus preocupaciones, a través de los movimientos juveniles y asegurar que puedan contribuir de manera significativa a los procesos de toma de decisiones sobre cuestiones globales, como el cambio climático, la proliferación de armas y la economía digital;
  • Garantizar el acceso a una educación completa, integradora, empoderadora, gratuita, segura, de calidad y obligatoria hasta el nivel secundario, el acceso a todos los niveles de la educación y la disponibilidad de formación profesional; eliminar las disparidades entre los sexos; garantizar el acceso con conocimiento de causa a las nuevas tecnologías y a las competencias digitales adecuadas; e invertir en sistemas educativos que tengan en cuenta las cuestiones de género a fin de acceder al empleo público y privado.

Reiteramos que es de suma importancia que los Estados cumplan con las normas jurídicas internacionales vigentes, reconociendo que los derechos humanos de las niñas son parte inalienable, integral e indivisible de los derechos humanos universales.

Fuente Acnudh: 

14 oct 2019

CIDH: En el Día Internacional de la Niña


En el día Internacional de la Niña, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) reitera la obligación de los Estados de garantizar la protección especial y reforzarla de sus derechos fundamentales.
 
Washington, D.C.-  En el Día Internacional de la Niña, celebrado el 11 de octubre, la CIDH reitera el papel de los Estados en garantizar la protección especial y reforzada de sus derechos fundamentales y reafirma que las niñas y adolescentes tienen el mismo derecho a crecer y a desarrollarse en condiciones de igualdad y libres de discriminación.
  

La Comisión advierte que, en la región, las mujeres sufren violencia a lo largo de todas las etapas de sus vidas y en particular, las niñas y adolescentes enfrentan formas agravadas de violencia, que se reflejan en diversos ámbitos, tales como en la violencia doméstica, el trabajo infantil, trata, explotación laboral, y en los ámbitos educativos y tecnológico. Asimismo, la CIDH observa con especial preocupación la prevalencia de la violencia sexual, el matrimonio infantil y el embarazo en la adolescencia.

“La situación particular de las niñas está ampliamente invisibilizada al no reconocerse específicamente las problemáticas que enfrentan y las vulnerabilidades que las caracterizan,” afirmó la Comisionada Margarette May Macaulay, Relatora sobre los Derechos de las Mujeres de la CIDH. “Sus necesidades pasan muchas veces desapercibidas bajo las categorías de ‘mujeres’ o de ‘niñez’, desconociendo la protección reforzada que requieren tanto por su condición de personas en desarrollo como por su condición de género,” añadió.

Respecto de la persistencia de violencia sexual contra niñas y adolescentes, la CIDH ha observado que en muchas ocasiones esta es ejercida por personas cercanas a ellas y en lugares cotidianos donde deberían sentirse seguras, como en sus hogares y en centros educativos. Asimismo, la Comisión advierte la prevalencia de elevados índices de embarazos adolescentes que representan un riesgo para la salud de la madre y de los recién nacidos, en tanto aumentan los riesgos de complicaciones durante la gestación, el parto y el puerperio debido a la falta de madurez fisiológica y emocional de las madres. Adicionalmente, en diversos países de la región, las adolescentes embarazadas ven su acceso a educación limitado cuando se les niega el ingreso a establecimientos educativos, exponiéndolas a diversas formas de hostigamiento, marginación y rechazo.

De igual forma, la Comisión llama la atención sobre la prevalencia de matrimonio infantil, una práctica común en la región a pesar de que resulta contraria a los derechos de las niñas. Un total de 14 Estados de América Latina y el Caribe aún permiten el matrimonio a personas menores de 16 años a través de excepciones legislativas, y seis países conservan edades mínimas de matrimonio diferentes para hombres y mujeres. Esta práctica nociva se basa en estereotipos de género discriminatorios ligados a la maternidad y al rol de las mujeres como esposas y compañeras, y tiene un impacto significativamente negativo en los planes de vida de las niñas y adolescentes. El matrimonio infantil afecta sus oportunidades de desarrollo personal, educativo, profesional y su capacidad de tomar decisiones importantes sobre sus vidas, incluida su independencia económica y su autonomía reproductiva. Además, los matrimonios infantiles conllevan en muchas ocasiones violencia de género, sexual, doméstica y psicológica y refuerzan ciclos de pobreza y precariedad.

La Comisión reconoce también la importancia de garantizar efectivamente el derecho a la participación de las niñas y de las adolescentes, como forma de empoderarlas y protegerlas, garantizándoles una actuación protagónica. Al respecto, la CIDH recuerda que es obligación de los Estados garantizar a todo niño o niña que esté en condiciones de formarse un juicio propio, el derecho a expresar su opinión libremente en todos los asuntos que les conciernen, teniéndose debidamente en cuenta sus opiniones, en función de su edad y madurez.


“En la región, las niñas y adolescentes continúan enfrentando múltiples y diversas formas de violencia, algunas desde edades extremadamente tempranas. La violencia contra ellas no puede ser normalizada ni tolerada, y es responsabilidad de los Estados actuar con debida diligencia para prevenir, investigar, sancionar y repararla,” afirmó la Comisionada Esmeralda Arosemena de Troitiño, Presidenta de la CIDH y Relatora sobre los Derechos de la Niñez. “Es fundamental erradicar patrones misóginos y discriminatorios que desoyen las denuncias, los testimonios y las voces de las niñas. Por ello, es también necesario que los Estados refuercen las tareas de prevención, de educación y de empoderamiento para que las niñas y adolescentes conozcan, ejerzan y reclamen sus derechos,” concluyó.

12 oct 2016

CIDH. "Violación sexual a niñas y adolescentes: en nuestra región están algunas de las cifras más elevadas a nivel mundial"

CIDH llama la atención sobre constantes desafíos que las niñas y las adolescentes en la región

Washington D.C. En el Día Internacional de la Niña la Comisión Interamericana de Derechos Humanos - CIDH recuerda que existen múltiples problemáticas en la región que dificultan a diario el ejercicio pleno de los derechos para las niñas y las adolescentes. La magnitud y las consecuencias de estas problemáticas en muchos casos siguen siendo poco analizadas y conocidas, insuficientemente atendidas, e incluso aceptadas como normales por la sociedad. La CIDH hace un llamado a los países de la región a que presten mayor atención a los diversos retos que enfrentan las niñas y las adolescentes. Para ello exhorta a los Estados a que fortalezcan la perspectiva de género en el funcionamiento de los Sistemas Nacionales de Protección de la Niñez y a que consulten directamente y de forma periódica a las niñas y a las adolescentes sobre su realidad y sus propuestas para mejorar sus circunstancias, empoderándolas y haciéndolas partícipes del diseño de políticas públicas para garantizar sus derechos.
El contexto en el cual crecen las niñas y las adolescentes en nuestra región está profundamente marcado por la violencia y la discriminación contra ellas. Un alarmante número de niñas y adolescentes son víctimas de abusos, acoso, violencia física, psicológica y sexual, explotación y negligencia, en muchos casos por parte de personas cercanas a ellas como familiares, vecinos, conocidos, profesores y compañeros. La violencia contra ellas y las dificultades en el ejercicio de sus derechos están íntimamente vinculadas con las condiciones de discriminación estructural hacia las mujeres y por los estereotipos de género presentes en todos los países del hemisferio.

La violencia sexual es una de las formas de violencia más graves debido a que atenta contra la dignidad de las niñas y las adolescentes e impacta de forma severa en su vida, integridad física, psicológica y en su desarrollo personal. Esta forma de violencia tiene efectos en la salud reproductiva y frecuentemente resulta en embarazos no deseados y de alto riesgo, en abortos ilegales e inseguros e incrementa el riesgo de enfermedades de transmisión sexual. Los niveles de prevalencia de la violencia sexual en la región son abrumadores, con países con algunas de las cifras más elevadas a nivel mundial, siendo las principales víctimas las niñas y las adolescentes, quienes representan un promedio de entre el 70% y el 80% de todos los casos de violencia sexual que son denunciados. Las cifras sin embargo no reflejan la magnitud de la problemática dado que existe un importante subregistro de los casos de violencia sexual contra las niñas y las adolescentes debido a la falta de denuncia a causa del estigma asociado con esta forma de violencia, por desconocimiento, por temores o engaños, por ser usualmente el agresor un familiar o una persona cercana o con una relación de superioridad con la víctima, o debido a presiones de los familiares. Existen además barreras estructurales para el acceso a la justicia para las niñas debido, entre otros motivos, a la carencia de servicios de asesoría legal gratuita para el tratamiento de sus casos, por el hecho que en algunos países se establecen limitaciones a quien puede interponer la denuncia, y por los plazos de prescripción de este tipo de delitos.

Para la CIDH es motivo de profunda preocupación el reducido número de casos que son efectivamente investigados, enjuiciados y sentenciados, lo cual contribuye a que la violencia contra las niñas siga proliferando. Algunas legislaciones no han regulado correctamente algunos de los tipos penales, como por ejemplo el delito de trata con fines de explotación sexual, ni los protocolos de investigación de dichos delitos. Es fundamental además adaptar los procedimientos para no re-victimizar a las niñas y las adolescentes, así como facilitar el acceso a servicios integrales de apoyo que incluyan asesoría legal y la atención médica necesaria y adaptada. En lo tocante al acceso a los servicios médicos para las niñas y adolescentes víctimas de violencia sexual, la CIDH ha recibido información preocupante sobre la ausencia de protocolos adecuados para la interrupción legal de los embarazos resultado de violencia sexual en niñas, lo cual lleva a que se  desarrollen embarazos indeseados y de alto riesgo para la vida, especialmente cuando se trata de niñas de corta edad.

En el marco de las estrategias para enfrentar la violencia y la discriminación es fundamental empoderar a las niñas y a las adolescentes en el conocimiento y el ejercicio de sus derechos. Entre las medidas debe considerarse el acceso a una educación sexual de calidad adaptada a la edad, y a servicios de salud sexual y reproductiva accesibles para las adolescentes. Un alto número de adolescentes no cuentan con el acceso a la información y a los servicios en materia de salud sexual y reproductiva, de manera oportuna, adecuada, accesible y sostenible para que puedan evitar el embarazo precoz o no deseado, prevenir el contagio de enfermedades de transmisión sexual, y ejercer su derecho a decidir si desean entrar en una relación de pareja y con quien. La iniciación temprana a la actividad sexual de las adolescentes sin una adecuada información sobre su salud sexual y reproductiva resulta en muchos casos en embarazos no deseados, con riesgos para la salud, o en abortos ilegales e inseguros. En los casos de embarazos, frecuentemente las presiones familiares y sociales empujan a las adolescentes a matrimonios o a uniones precoces con impactos en sus oportunidades de desarrollo personal, educativo, profesional, y de tomar decisiones importantes sobre sus vidas, lo cual las hace más vulnerables. Las niñas y las adolescentes embarazadas son todavía discriminadas en centros educativos y no se les permite asistir a clases durante su embarazo.

En la región, las niñas y las adolescentes provenientes de familias de muy escasos recursos económicos o de grupos tradicionalmente excluidos y discriminados todavía enfrentan dificultades en la vigencia de su derecho a la educación, acceden solo a los niveles educativos básicos o bien abandonan los estudios porque deben colaborar con las tareas en el hogar, en el cuidado de familiares o en la obtención de recursos económicos para la familia. Los problemas de acceso y permanencia en el sistema educativo en los diversos niveles perpetúan la situación de vulnerabilidad en el ejercicio de los derechos de las niñas, de las adolescentes y de las mujeres en la región, así como su dependencia de otros. El nivel educativo tiene una influencia determinante en las oportunidades de acceso a un empleo formal en el futuro, y por tanto al acceso de recursos económicos para llevar una vida digna, autónoma, y permitir el ejercicio de otros derechos. 

Las niñas y las adolescentes son también víctimas de explotación laboral e inclusive de formas modernas de esclavitud. En la región, uno de los fenómenos preocupantes y que tiene todavía implantación y aceptación social es el trabajo doméstico de niñas y adolescentes. De acuerdo con la información recibida por la CIDH, existe un alto número de niñas realizando trabajo infantil para contribuir a la economía familiar, en particular como empleadas domésticas, lo cual les dificulta el ejercicio de una serie de derechos, entre ellos su derecho a la educación, a pesar que muchas familias envían a sus hijas como empleadas domésticas a las ciudades en la creencia que tendrán un mejor acceso a la educación. Esta condición también las expone a malos tratos, abusos, violencia, negligencia y explotación, facilitado todo ello por la vulnerabilidad producida por la distancia y la falta de contacto habitual con su familia y el limitado contacto con personas de confianza de la niña. Un porcentaje alto de víctimas de trata tienen como antecedente el trabajo doméstico desde temprana edad.

Las niñas y las adolescentes con discapacidad, o de grupos indígenas, afrodescendientes, migrantes, así como de grupos tradicionalmente excluidos y discriminados, enfrentan mayor discriminación y obstáculos para acceder al ejercicio de sus derechos, tales como la educación, la salud, la cultura, y la participación social, y suelen ser más vulnerables a ser víctimas de diversas formas de violencia y de explotación, sexual y laboral. Los motivos radican en pertenecer a grupos tradicionalmente excluidos y discriminados, respecto a los cuales el Estado no ha tomado medidas adecuadas para garantizar un efectivo goce y ejercicio de sus derechos en igualdad de condiciones y oportunidades.

La CIDH urge a los Estados a que pongan en marcha las medidas de todo tipo que sean necesarias para romper el círculo de tolerancia e impunidad hacia la violencia y discriminación contra las niñas y las adolescentes, que tome en consideración su empoderamiento, y refuerce los servicios locales de protección de la niñez que puedan identificar tempranamente los riesgos y las violaciones, y responder adecuadamente.

La CIDH es un órgano principal y autónomo de la Organización de los Estados Americanos (OEA), cuyo mandato surge de la Carta de la OEA y de la Convención Americana sobre Derechos Humanos. La Comisión Interamericana tiene el mandato de promover la observancia de los derechos humanos en la región y actúa como órgano consultivo de la OEA en la materia. La CIDH está integrada por siete miembros independientes que son elegidos por la Asamblea General de la OEA a título personal, y no representan a sus países de origen o residencia.

10 oct 2016

UNICEF destaca que la disparidad entre niñas y niños prolonga los estereotipos de género

El Fondo de la ONU para la Infancia (UNICEF) publicó un informe en el que alerta sobre la disparidad que existe en todo el mundo entre las tareas domésticas que desempeñan las niñas y los niños, con las mujeres invirtiendo un 40% más de tiempo, o 160 millones más de horas al día, que los hombres.

En vísperas del Día Internacional de las Niñas, que se celebra el 11 de octubre, UNICEF aseveró que esta inequidad perpetúa los estereotipos de género.

"La carga excesiva de tareas domésticas no remuneradas empieza desde una etapa muy temprana de la niñez y se intensifica cuando las niñas llegan a la adolescencia", dijo la asesora de género de UNICEF, Anju Malhotra.

Agregó que como resultado, las niñas sacrifican oportunidades importantes de aprender, crecer y disfrutar  su infancia.

El informe detalla que las niñas entre 5 y 9 años pasan 30% más tiempo que los niños de su edad en esas tareas y explicó que esa brecha aumenta con el tiempo. Así, cuando las niñas tienen entre 10 y 14 años, dedican 50% más tiempo que sus contrapartes masculinos a esas labores.

UNICEF recuerda que los quehaceres domésticos como cocinar, limpiar, cuidar a otros miembros de la familia y colectar agua o leña constituyen un trabajo menos visible y poco valorado comparado con el que hacen los hombres.

11 oct 2013

ONU: Día Internacional de la Niña

Día Internacional de la NiñaLa Asamblea General de las Naciones Unidas, aprobo la Resolucion que declara los 11 de octubre de cada ano, como el Dia Internacional de la Nina, (Resolucion aprobada el 19 de diciembre del 2011).

Recordando su resolución 64/145, de 18 de diciembre de 2009, y todas las demás resoluciones en la materia, incluidas las conclusiones convenidas de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer, en particular las que se refieren a la niña.

Recordando también todos los instrumentos de derechos humanos y demás  instrumentos relativos a los derechos del niño, en particular los relativos a la niña, con inclusión de la Convención sobre los Derechos del Niño, la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer y la Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad, así como los Protocolos facultativos de estos instrumentos.

Reconociendo que el empoderamiento de las niñas y la inversión en ellas, que son fundamentales para el crecimiento económico, el logro de todos los Objetivos de Desarrollo del Milenio, incluida la erradicación de la pobreza y la pobreza extrema, así como la participación significativa de las niñas en las decisiones que las afectan, son clave para romper el ciclo de discriminación y violencia y para promover y proteger el goce pleno y efectivo de sus derechos humanos, y reconociendo también que ese empoderamiento requiere su participación activa en los procesos de toma de decisiones y el apoyo y la participación activos de los padres, tutores, familiares y cuidadores, así como de los niños y los hombres y de la comunidad en general.
Foto: Mañana 11 de octubre, celebremos todos el Día Internacional de la Niña. 
1. Decide designar el 11 de octubre Día Internacional de la Niña, que se observará todos los años a partir de 2012;
2. Invita a todos los Estados Miembros, las organizaciones competentes del sistema de las Naciones Unidas y otras organizaciones internacionales, así como a la sociedad civil, a observar el Día Internacional de la Niña y crear conciencia sobre la situación de las niñas en todo el mundo;
3. Solicita al Secretario General que señale la presente resolución a la atención de todos los Estados Miembros y las organizaciones del sistema de las Naciones Unidas.



Plan Internacional, Campana Invierte en mi, #PorSerNina.