9 oct 2017

La República: Humo Fiscal por Rosa María Palacios


No es la primera vez que Alan García o Keiko Fujimori son investigados por una fiscalía. Tampoco es la primera vez que salen enfurecidos a gritar su inocencia y a usar sus poderes en el Congreso. Hemos visto ya tantas veces el mismo número de circo que ya sabemos como acaba. En nada. Leguleyadas, recursos de todo calibre y, al final, todo se archivaba para que por una casi santa “cosa decidida” no se les toque más.

Tener una investigación en fiscalía no es, en la práctica, nada. Primero el fiscal debe acusar ante el juez y este abrir proceso. Ese segundo paso, el de acusar, es el que nuestros fiscales no dan en los casos emblemáticos de estos días. Es decir, con un pueblo ignorante, que no sabe nada del proceso penal, puedes llenar centenares de portadas, horas de televisión y radio haciendo creer que sí existe delito y que los responsables serán juzgados. Nada de esto es cierto. A lo más, estamos viendo un esfuerzo de relaciones públicas para tapar el caso Ramírez.

El fiscal que investiga a Alan García ha escrito la fundamentación de la ampliación de su investigación. Es decir, sólo pide un plazo mayor. Nada más. Lo que dice, con Camorra Italiana y pactos de silencio incluidos, tiene que probarlo. Y no tiene ningún testimonio. Si no lo hace y es probable que no lo haga, favorece a García. ¿Ya no se acuerdan cuando su amigo el fiscal Peláez lo investigó por enriquecimiento ilícito? Por supuesto, montaron un buen espectáculo. Cuentas bancarias en París que no tenían casi dinero, un perito con carné aprista y las cuentas del gran capitán con ventas de libros, charlas millonarias y mecenas universitario que hicieron que el papel aguante todo. ¿Y qué pasó? Le archivaron todo; y al desempleado profesor universitario le alcanzó el vuelto para irse a vivir a Madrid. Es decir, no pasó nada porque con García nunca pasa ni pasará nada. Como si su repetida frase “a otros habrán comprado, a mí no” no fuese su resumen personal del plan de testaferros que a todas luces montó.

Keiko Fujimori tiene un caso diferente porque no ha sido funcionaria pública y a ella se le investiga por aportes de campaña. Mientras la legislación no cambie en el Perú –y su bancada no tiene ningún interés en cambiarla– el aporte de campaña, aun si se entrega fuera de las condiciones establecidas en la ley, no constituye por sí mismo, delito de lavados de activos. Sin embargo, la fiscalía sostiene que sí hay delito. Para el caso de Ollanta Humala y su esposa, sí son prueba suficiente de lavado las declaraciones de Jorge Barata y Marcelo Odebrecht. Tan así que están presos preventivamente. Si es así –ya lo he escrito antes– Keiko Fujimori tendría que estar en la misma celda que Nadine Heredia y Mark Vito ir a Piedras Gordas. Ambos tienen más peligro de fuga –comenzando por otras nacionalidades– que los Humala y han salido y entrado del país con sus hijas varias veces sin problema. ¿Por qué no están presos? Porque no les va a pasar nada.

El próximo 13 de octubre se cumplen 3 meses de prisión preventiva para Ollanta Humala y su esposa. Todavía la fiscalía no los acusa de nada. Mientras tanto, los niños menores de 11 años y mayores de 5 años sólo pueden ver a sus padres cada 15 días. Conforme pasan las semanas y meses, el Ministerio Público tiene que tapar lo que es una evidente falta de equidad mostrando que algo “en serio” está haciendo, mientras que a nadie se le detiene por aportes de campaña –pese a las agendas de Marcelo Odebrecht –y los empleados del gobierno de García se desgranan como un choclo sobre Andorra, pequeñísimo país tan cerca de Madrid.

¿Que Alan García se enriqueció indebidamente? El nunca impugnado libro de Pedro Cateriano El caso García lo prueba con detalle; prescrito todo, pero a detalle. ¿Que Keiko Fujimori recibió fondos de Odebrecht, como los Humala –con su aumento–, “como recibieron todos” según el mismo Marcelo Odebrecht testificó? Pero, ¿cabe duda?.

Lo que estamos viendo no es un repentino celo anticorrupción, lo que vemos es la desesperación de una fiscalía por vender un poco de humo para hacer creer que le interesa tocar a García o Fujimori. Tal vez exista algún interés en asustarlos, sólo Dios sabe con qué propósito, pero ¿procesarlos? De ninguna manera.

Humala y su esposa son sólo un recordatorio de lo que les podría pasar, pero no de lo que les pasará. Personas sin poder que pueden ser usadas para hacer notar, a las que sí lo tienen, quién manda aquí. Hasta que no vea una condena a García, me disculparán fiscales, pero no les creo nada de su lucha anticorrupción.

Por Rosa María Palacios.

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