Mostrando entradas con la etiqueta pandillas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta pandillas. Mostrar todas las entradas

9 jul 2019

EL PAÍS: La maldición de ser joven en El Salvador

Migrar a toda costa de El Salvador

La falta de empleo y la violencia ejercida por las pandillas mantienen latente la migración pese al caso de Óscar y Valeria Martínez

Como casi todo su entorno, Alex Rodás también pensó en migrar. Cuando unos conocidos le propusieron a principio de año irse a Estados Unidos en busca de una vida mejor, se lo planteó. Trabajaba repartiendo garrafas de gas en Altavista, la peligrosa colonia donde vivían los migrantes salvadoreños que se ahogaron en el río Bravo. Acababa de tener una hija a sus 20 años y su salario le rendía cada vez menos. Finalmente decidió no hacerlo, “por la niña”. Con la fotografía de Óscar Martínez y su hija Valeria grabada en la mente, hoy asegura que no se iría de El Salvador. “Y menos ahora, después de esta noticia”.

En el barrio donde vivían los Martínez abundan las historias de jóvenes que han migrado, han querido migrar pero no han podido o piensan migrar algún día. Casi todos conocen a alguien que se ha marchado a Estados Unidos, o al menos lo ha intentado. “No consigo trabajo”, “no alcanza el dinero”, “quisiera una vida mejor”, repiten los jóvenes del lugar. La falta de oportunidades laborales en esa zona, en un país donde la pobreza alcanza casi al 30% de la población, ha hecho que un empleo decente se vuelva el sueño más deseado. “Yo prefiero quedarme aquí, pero se me hace difícil, a veces no se consigue nada”, asegura Rodás.

Él comenzó a trabajar a los 13 años y ha pasado desde entonces por un lavadero de autos, un taller, una distribuidora de gas y una panadería. Desde hace unas semanas vende pan de puerta en puerta. Para poder ganar unos 120 dólares al mes, sale todos los días de su casa a las seis de la mañana en bicicleta y se pasa diez horas en la calle. “Estamos un poquito mal. Solo gano unos tres o cuatro dólares al día y son para que ella coma”, dice con Griselda, su hija de ocho meses, en brazos. Pese a no querer marcharse, las dificultades económicas han hecho que la idea de migrar persista en su familia. “Una de mis metas a futuro es irme de este país”, apunta la novia, Cecilia Alemán, de 17 años. “Si pudiera hacerlo legalmente, me iría”, asegura, “porque siento que aquí no voy a prosperar”.

La falta de oportunidades no es el único problema de la juventud en Altavista, una colonia dormitorio de 300.000 habitantes a las afueras de San Salvador. En esta zona residencial, la gente vive en unos barrios que llama polígonos, unos conjuntos de pequeñas casas apiñadas y rodeadas de alambrada, originalmente diseñados para protegerse del crimen. De los 48 polígonos que hay en total, la mayoría cuenta con gran presencia de las pandillas y algunos están completamente dominados por estas bandas. Allí, no entran ni las fuerzas de seguridad ni nadie que las maras no quieran, y la ley que rige cambia según el grupo criminal que domine.

Las amenazas y la presión de los pandilleros son otro factor de gran peso que expulsa a la gente de El Salvador. “Nadie se va solo por pobreza, se van huyendo de las pandillas”, comenta Alemán. El poder de estas bandas criminales ha marcado la forma en que los jóvenes viven, la música que escuchan o la ropa que usan. “Aquí no se puede ir con cualquier color de ropa o cualquier marca porque ya te identifican con un grupo específico”, explica Daniel, de 19 años, residente de la colonia. “En mi familia desde hace años no podemos invitar a nadie a casa, porque ellos decimos quien entra [al barrio] y quien no”, relata María, una adolescente de 14 años que vive en uno de los polígonos más peligrosos.

“En este lugar es una maldición ser joven”, comenta un portavoz del Gobierno de San Martín, uno de los tres municipios que comprende a Altavista, junto con Ilopango y Tonacatepeque. Los hombres, explica, viven acorralados entre las pandillas, que buscan reclutar, y la policía, que asocia fácilmente juventud con criminalidad. La situación para ellas resulta aún peor porque, a medida que crecen, se convierten en material de cambio para las bandas criminales. Unas 4.800 menores de 17 años denuncian agresiones sexuales cada año en el país, según datos del Instituto Salvadoreño para el Desarrollo de la Mujer. “Yo no he tenido ningún problema grave, lo único ha sido acoso sexual, pero nada grave”, dice con inocencia Alemán.

La organización internacional Save the Children califica la situación de los jóvenes salvadoreños como de “fuego cruzado” entre bandas criminales. Algo “equiparable a una guerra”. El último informe de la ONG, presentado el pasado martes, alerta sobre los niveles extremos que alcanza la violencia. En 2018, el país centroamericano se convirtió en el cuarto del mundo con más homicidios de menores de 19 años, solo por detrás de Venezuela, Colombia y Honduras, al alcanzar casi los 21 asesinatos por cada 100.000 habitantes.

Las caravanas de migrantes centroamericanos que comenzaron a verse a finales del año pasado reflejaron la gravedad de un fenómeno gestado durante años. Solo entre 2015 y 2017, más de 50.000 personas emigraron desde El Salvador, según datos de Naciones Unidas, principalmente hacia Estados Unidos. “Si la gente se va es porque allí hay más oportunidades que aquí”, dice Juan Carrasco, de 17 años. Este joven, residente de Altavista, asegura que cuando cumpla la mayoría de edad partirá rumbo al norte con su hermano mayor. “Me gustaría poder ayudar a mi familia a salir de la pobreza”.

Tras la repercusión que generó la brutal fotografía de Óscar y Valeria, el presidente salvadoreño, Nayib Bukele, admitió la responsabilidad del Gobierno en la emigración masiva. "Es nuestra culpa", sentenció. El mandatario, que tomó el poder el pasado 1 de junio, prometió además trabajar para que “nadie tenga que huir” de El Salvador. Pese a que aún no ha presentado una propuesta a la falta de empleo, sí lo ha hecho en el plano de la inseguridad. La nueva Administración ha puesto en marcha el Plan de Control Territorial que, hasta el momento, ha significado más presencia de las fuerzas de seguridad y medidas para evitar que los pandilleros presos sigan liderando actividades criminales desde las cárceles.

Mientras el impacto provocado por la muerte de los Martínez se disipa, los jóvenes en Altavista continúan en la disyuntiva entre resistir a la violencia y al desempleo o emprender la ruta migratoria. Los riesgos de vivir entre el fuego cruzado de las pandillas o los riesgos de atravesar Centroamérica y México sin tener un proyecto asegurado. “No quiero tener que pensar en en tomar esa decisión”, dice Rodas.


25 ago 2015

El Salvador: se agudiza la violencia de las maras

Por Hugo Passarelo.
La violencia en El Salvador no da tregua. La semana pasada, 125 personas fueron asesinadas en el corto lapso de tres días. Según la policía, la mayoría de las víctimas son miembros de pandillas, o ‘maras’ como se las conoce en Centroamérica.

Según el ministro de Justicia y Seguridad, Benito Lara, el incremento de los homicidios es "una reacción de las pandillas al trabajo operativo" del Estado puesto que quieren ser incluidas en un diálogo coordinado por el gobierno que busca solucionar el problema de la violencia en El Salvador.
Para Raúl Mijango, excomandante guerrillero durante la guerra civil salvadoreña y mediador durante una tregua entre las pandillas establecida en 2012, es el Estado mismo quien contribuyó al rebrote de la violencia.

La política de represión al delito y de no negociar con las pandillas a la que se refiere Mijango es la estrategia del gobierno del presidente Salvador Sánchez Cerén. A finales de julio, las maras provocaron un paro de transporte que paralizó por varios días la capital del país, también con el objetivo de presionar a las autoridades a dialogar con ellos. Ese boicot al transporte público dejó varios conductores asesinados.

Al anunciar el nuevo número de víctimas de la semana pasada, el director de la Policía Nacional Civil, Mauricio Ramírez, dijo que este rebrote de violencia "no se trata de una tendencia" que se mantendrá en el tiempo. Una observación que no comparte Raúl Mijango.

En marzo de 2012, las maras, en particular las dos principales, Mara Salvatrucha y Barrio 18, habían aceptado una tregua entre ellas lo que permitió bajar la tasa de homicidios de 14 a 5 por día. Mijango jugó un rol vital como mediador en ese diálogo, que de acuerdo con él podría ser la respuesta para detener la nueva ola de violencia.

Según cifras oficiales, entre enero y julio se registraron 3.332 asesinatos en el país, contra 2.191 en el mismo período de 2014, en gran parte atribuidos a las pandillas.

Entrevistado: Raúl Mijango, excomandante guerrillero y mediador entre maras.

12 nov 2014

La violencia en Latinoamérica: ¿una epidemia peor que el ébola o el sida?

La violencia es una epidemia y hay formas de tratarla —y posiblemente erradicarla— de la misma manera en la que se tratan o han tratado otras enfermedades epidémicas.

Tal afirmación puede sonar revolucionaria, pero el desafío está en proponer soluciones al problema de la violencia en América Latina, una región con la tasa de homicidios per cápita más alta del mundo: más de 10 asesinatos por cada 100.000 habitantes, según cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Andrés Villaveces es médico especializado en epidemiología y, junto a otros expertos del Banco Mundial, participa en Guatemala en una conferencia que reúne a más de 450 delegados de América Latina y otros lugares del mundo para tratar de lanzar un esfuerzo continental que ayude a proteger, en especial, a las principales víctimas y victimarios de esta epidemia: los jóvenes. 

Pregunta. Tenemos 9% de la población y el 30% de los homicidios del mundo, ¿estamos ante una epidemia de violencia en América Latina? 

Respuesta. Sí. De acuerdo a la definición de epidemia que tiene la Organización Mundial de la Salud, una tasa por encima de 10%, en el caso de la violencia, es epidémica. Y la mayoría de los países en América Latina tienen tasas muy superiores a eso. Entonces sí, es una epidemia. 

P. Actualmente la epidemia que acapara los titulares es la de ébola en África. Y hemos visto que hay protocolos muy claros para hacerle frente a una epidemia de ese tipo. ¿Existen también protocolos para la epidemia de violencia? 

R. Indudablemente, y las estrategias para estudiar la violencia, para entenderla, y los métodos para tratar de evaluarla y explicar qué sirve o no sirve son muy similares a los que se utilizan para entender otras epidemias. Obviamente, la diferencia de las intervenciones es diferente, pero hay una cantidad de posibles respuestas, de acciones, a nivel individual, a nivel familiar, a nivel escolar, a nivel comunitario, o a nivel municipal, sub-nacional o nacional, que se pueden implementar y que todas son complementarias. 

P. ¿Quién o quiénes son responsables de hacer llevar a cabo esas acciones? 

R. Por ejemplo, a nivel nacional uno puede hablar de la aprobación de una ley que restrinja la portación de armas o el acceso a armas de fuego. En América Latina tenemos ejemplos efectivos en los que la restricción resulta en una reducción de homicidios. Igual ocurre con el alcohol. La restricción del alcohol es aún más efectiva en reducir homicidios: hasta 25% menos asesinatos con una reducción de un par de horas de acceso al alcohol en algunas ciudades. A nivel institucional hay respuestas que podemos trabajar en el sentido de producción, diseminación y recolección de información que sea más confiable, que nos demuestre muy claramente cómo se distribuye la violencia y a qué poblaciones afecta.

Podemos trabajar, por ejemplo, para crear ambientes más pro-sociales en el seno de la familia, evitar problemas como la violencia doméstica o de abuso infantil. Tenemos actividades a nivel escolar, donde podemos crear un ambiente que sea más productivo y creativo. Entonces, tenemos estrategias e intervenciones que podemos hacer a múltiples niveles que nos pueden dar beneficios también a múltiples niveles. Todas son complementarias y deseables, especialmente en ambientes en los que puede haber violencia. 

P. ¿Y qué pasa con la represión? ¿Forma parte de esas acciones también? 

R. Las actividades de control son necesarias e importantes, pero no son las únicas y no son las mejores. La mejor estrategia realmente, desde el punto de vista económico y del beneficio social, es la prevención. Todos estos eventos violentos producen una serie de secuelas que crean un efecto cascada que perjudica al individuo y a sus familias, que se ven afectadas desde el punto de vista social y económico. En definitiva, la prevención da muchos más beneficios a largo plazo que solo las actividades represivas y de control. Indudablemente, las actividades de control policial, la mejora de las estructuras judiciales desde el punto de vista de su eficiencia y de su capacidad de respuesta son importantísimas y complementarias, pero la prevención es más importante. 

P. ¿Por qué hay que enfocarse en los jóvenes? 

R. Los jóvenes son los que más cometen actos violentos y son las principales víctimas de los actos violentos. Especialmente los varones. Esa es una razón de peso, es la población más afectada por la violencia, no solo en América Latina, sino en todo el planeta. Entonces, ahí es donde más debemos trabajar. También cuando trabajamos con jóvenes tenemos más oportunidades de corregir el problema y de prevenirlo a largo plazo que cuando trabajamos con personas en edad adulta, ya han aprendido conductas violentas. Mientras más temprano intervengamos en la población juvenil, mejores efectos a largo plazo tendremos. A eso le podríamos sumar un tercer elemento y es que los jóvenes son las personas que están en mejor capacidad de producir económicamente para sus familias. Si son las personas más afectadas por la violencia, porque quedan lisiados de por vida o porque fallecen, eso va a presentar para sus familias un problema económico muy severo que lleva a un espiral de pobreza. Por eso, nosotros queremos trabajar para prevenir que eso ocurra. Eso, naturalmente, se tiene que complementar con mayor acceso al empleo y a la educación, pero cercenar esa cascada de violencia nos da oportunidad de que estos jóvenes puedan hacer algo más fructífero para sus sociedades.



"La violencia juvenil en América Latina tiene cura" (ONU Radio)

 América Latina registra una de las tasas más altas de violencia en el mundo. La región cuenta con sólo un 9% de la población mundial pero donde se cometen un 30% de los homicidios. Los países más afectados son Honduras, El Salvador y Guatemala.

Ese es el diagnóstico de un problema que tiene rostro juvenil, dijo en una entrevista Andrés Villaveces, epidemiólogo y experto del Banco Mundial en prevención de violencia.

Villaveces indicó, no obstante, que la problemática tiene solución ya que existen intervenciones probadas que los países deberían adoptar.