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3 feb 2021

CIDH: Estándares intermaericano de los Derechos Laborales y Sindicales


El derecho del trabajo es un derecho fundamental inseparable e inherente a la dignidad humana. Su desarrollo es clave para fortalecer los sistemas económicos y sociales desde un enfoque de derechos, con importancia vital para la garantía y disfrute de otros derechos humanos y el desarrollo autónomo de la persona. Además, constituye una vía para garantizar la vida digna de las personas.



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Fuente CIDH.

3 may 2020

Ronald Gamarra: "El más triste primero de mayo"

Este primero de mayo, Día Internacional de los Trabajadores, es sin duda el más triste y crítico que se conmemora desde que nuestra generación tiene recuerdo. No solamente porque no podrá haber, como era habitual, celebraciones públicas y manifestaciones masivas de los trabajadores en la mayoría de los países del mundo por causa de la emergencia sanitaria global. Al fin y al cabo las celebraciones son lo de menos. Cosas más importantes y graves están en juego.

Para empezar, está en serio peligro el propio derecho al trabajo de millones de trabajadores en el mundo y en nuestro propio país. En este preciso momento, millones de personas no tienen ninguna claridad sobre cuál será su futuro laboral después de la prolongada cuarentena, primero, y mientras dure la pandemia, lo cual nadie sabe cuándo ocurrirá. Las vidas de millones y millones de personas cambiarán y no precisamente para mejor. Se abre una era de absoluta incertidumbre.

A estas alturas parece evidente que muchas actividades laborales colapsarán y no podrán continuar bajo la misma forma en las nuevas condiciones impuestas por la pandemia. Tendrán que adaptarse o reinventarse, con los costos inevitables de carácter económico y social que ello implica. Esto, en principio, debería ser una tarea solidaria, en la cual se involucren todos los sectores sociales y el Estado. Pero este no parece ser el caso en el mundo ni en nuestro país.

La derecha propietaria la tiene clara: ellos exigen que el costo de la reconversión y las pérdidas de la crisis económica causada por la pandemia recaigan sobre los trabajadores y el Estado. Ellos ya se han adelantado con propuestas presentadas a las autoridades nacionales que privilegian sus propios intereses, puestos en primer lugar sin el menor empacho por sobre los intereses de los demás. Ellos exigen condiciones favorables y apoyo oficial para participar de la reconstrucción. Ellos no pagarán la crisis. Que sean los otros los que se jodan!

Quienes creían que la lucha de clases no existe, que ya terminó o que es un concepto superado, tienen ahora una prueba concreta y sólida de lo contrario. Hay un sector social privilegiado y propietario que, al menos, tiene plena conciencia de ello y ejerce su poder a fondo en esa lucha. Y saben claramente qué es lo que tienen que defender y cómo hacerlo. Tienen claridad sobre sus intereses y objetivos y cómo imponerlos. No serán ellos los que paguen o aporten de manera sustantiva para superar la crisis.

Mientras tanto, la gran masa de trabajadores permanece desconcertada y confundida, cumpliendo la cuarentena, preocupados por su futuro ciertamente, pero sin capacidad de responder a las pretensiones de la derecha por medio de sus organizaciones sindicales menoscabadas y ninguneadas por décadas o por medio de representantes políticos que prácticamente no tienen posición clara, ni interés, ni la información necesaria para oponerse y contradecir exitosamente a la derecha.

Peor es la situación de los trabajadores informales. Doblemente amenazados por su precariedad laboral, sin derechos, librados a merced de los propietarios, y trabajando en las peores condiciones imaginables, apropiadas para que nadie se salve de la pandemia. Qué ha de ocurrir con ellos, es toda una interrogante sin respuesta clara. En nuestro país, el 70% de la actividad económica es informal. Hablamos del sector que da de comer a la mayoría nacional.

¿Y qué decir de aquella legión de trabajadores que se inventan su propio trabajo y viven con lo que pueden reunir penosamente en largas jornadas en las calles? Ya en los días de la cuarentena, estos trabajadores sin patrón y sin ingreso seguro las han visto absolutamente negras y todos hemos sido testigos del modo en que muchos de ellos desafiaban las disposiciones de aislamiento social ante la disyuntiva de morir por la enfermedad o morir de hambre.

El orden económico y social que surja en la reconstrucción no puede ser el mismo capitalismo salvaje que nos ha llevado a este desastre. Los trabajadores tienen que organizarse de algún modo y hacer sentir su voz y su peso. Gramsci decía –y aún resuena esa inteligencia- “Organícense, porque tendremos necesidad de toda vuestra fuerza”. No podemos vivir más en un sistema donde los beneficios se reservan para una minoría y para la inmensa mayoría queda lo que “chorrea” de esos beneficios. La justicia social, la primacía de lo social, debe convertirse en el eje de una nueva convivencia. Y con ella, una política radical de distribución, una nueva política fiscal de carácter progresiva. También, aunque saque ronchas a la derecha y sus liberales, un impuesto a las grandes fortunas.

Como parte de la necesidad de esa organización de los trabajadores, y en referencia a las próximas elecciones de 2021, cabe la pregunta: elegimos a una representación política que surja de los trabajadores y el pueblo en general o elegimos a un gobernante y un Congreso que profundice los privilegios y las desigualdades. En nuestras manos está que la oportunidad sea generosamente aprovechada. Óyelo que te conviene!

Este Primero de Mayo, el más triste, que sucede en el momento más crítico del cual tengamos recuerdo, debe convertirse en el momento para recordar, recuperar y despertar la conciencia de los trabajadores sobre sus derechos fundamentales y en particular sobre sus derechos laborales. Y muy especialmente sobre el rol protagónico que deberán jugar para no resultar los perdedores de la reconstrucción, como ha ocurrido tradicionalmente.  Así que, nuevamente con Gramsci, trabajadoras y trabajadores de la patria, “Agítense, porque tendremos necesidad de todo vuestro entusiasmo”.

Esta vez, señoras y señores de la derecha propietaria, las cosas deben ser al revés.

Artículo de opinión de Ronald Gamarra Herrera publicado en Hildebrand en sus trece el viernes 01 de mayo de 2020.

20 dic 2019

Ronald Gamarra: ¿Colaboradores? ¡No, trabajadores con derechos!


Hace algunos años, se ha impuesto la “moda”, huachafísima e hipócrita, de llamar “colaboradores” a los trabajadores de las empresas. Esta “moda”, nada inocente, derechamente pendeja, acompaña discursivamente al vertiginoso proceso de flexibilización de los derechos laborales y desmantelamiento de la organización sindical. Su objetivo principal es, entonces, opacar la dimensión conflictiva de la relación capital – trabajo y desincentivar el auto reconocimiento de los trabajadores como la parte más débil de la relación laboral.

Llámenlos colaboradores o como quieran, el hecho concreto es que la explotación sigue siendo la regla general. El cholo barato es el recurso más apreciado y recurrido de las empresas formales e informales, y no se invierte, lo que mínimamente se debe, en las condiciones de salud y seguridad en el trabajo.

Esta semana fuimos sacudidos por la muerte trágica de dos trabajadores muy jóvenes, Alexandra Porras, de 18 años, y Gabriel Campos, de 19 años, que perdieron la vida electrocutados al efectuar sus labores de limpieza en la sucursal de la cadena transnacional McDonald’s en Pueblo Libre. Increíblemente, en agosto pasado, esta empresa pasó sin problema u observación alguna por la supervisión de la Sunafil. Sin embargo, hoy sabemos, el establecimiento tenía instalaciones eléctricas precarias, sacrificando la seguridad de los trabajadores y clientes; y no brindaba a sus trabajadores la indumentaria básica: botas y guantes. Y es que, ¿qué importa la seguridad, salud y vida de un trabajador frente a la rentabilidad de las empresas?

La muerte de estos dos chicos laboriosos, estudiantes al mismo tiempo que trabajadores, no es un simple accidente, como pretenden presentarlo sus empleadores y también las autoridades, quienes llegaron al extremo de omitir el nombre de Mc Donald’s en el primer comunicado que emitieron. A esta comparsa del silencio se sumó la mayoría de medios de comunicación, quienes prefirieron resaltar la relación amorosa que existió entre los dos trabajadores fallecidos que la injusticia de morir por no contar con las condiciones de seguridad mínimas en el trabajo. Ya sabemos, pues, para quién trabajan las autoridades y la mayoría de los medios, cuál es la lealtad a la que sirven sumisamente.

Pero este caso tampoco no es un hecho aislado. Todo lo contrario. La inseguridad laboral, los accidentes de trabajo y las muertes en el trabajo son una práctica tan extendida que tiene visos de pandemia. En el Perú, las normas de seguridad laboral no valen un carajo. En la ciudad y en el agro, en las minas y las industrias, los trabajadores tienen que laborar expuestos a condiciones peligrosas. A esta situación, que empeoró enormemente desde el gobierno de Fujimori, contribuye radicalmente la caída del sindicalismo, perseguido y estigmatizado por el modelo económico.

Recordemos a los dos trabajadores muertos por asfixia al no poder escapar del incendio que devoró la enorme galería comercial Nicolini, en junio de 2017, pues trabajaban encerrados bajo llave y candado, dentro de contenedores metálicos “acondicionados” como talleres en el techo del inmueble. Ni siquiera tenían derecho a salir a los servicios higiénicos y se veían obligados a orinar en botellas de plástico dentro del contenedor. Esta forma de explotación propia de la esclavitud se practica en muchos otros centros comerciales donde se usan los contenedores sin ningún escrúpulo.

Hagamos memoria. Hace algún tiempo, en el complejo agroindustrial Beta ubicado en Ica, 136 trabajadores, de un total de 400, se intoxicaron gravemente como resultado de una fumigación efectuada con total negligencia. La mayoría de las víctimas eran mujeres -entre ellas, una mujer embarazada-, que trabajaban en los campos de uva. El hecho obligó a una desesperada movilización de los servicios de salud para atender la avalancha de víctimas, que presentaban vómitos y fuertes dolores abdominales y en las articulaciones, entre otros síntomas.

El 10 de abril de 2019, Elmer Santos Tocto falleció en su centro de trabajo, Corporación Industrial Wash SAC, aquí en La Victoria, al sufrir una descarga eléctrica, al manipular máquinas oxidadas y no contar  con los implementos de seguridad que el empleador debió brindarle para efectuar la labor de lavandería de manera adecuada y sin riesgos. Hoy su caso sigue en investigación, pero estuvo a punto de ser enviado al archivo a propósito de un informe policial que parecía haber sido redactado por el abogado de la empresa y no por una autoridad neutral y objetiva.

El 21 de abril de este mismo año, un trabajador al que se le ordenó viajar en la parte superior externa de un camión cisterna, murió en la volcadura del vehículo, aplastado por éste. El obrero iba en el techo del vehículo, sujetado por un arnés, pues su labor consistía en regar los jardines públicos y, de acuerdo a lo establecido por sus jefes, debía hacerlo desde el techo del camión cisterna, que prestaba servicios a la municipalidad de San Juan de Lurigancho. Esta municipalidad, por supuesto, nunca supervisó ni se dio por enterada de la forma peligrosa en que se cumplía el servicio.

El 16 de octubre pasado, tres trabajadores de construcción civil perecieron en Cusco, aplastados por un derrumbe, cuando trabajaban en las obras de cimentación de un inmueble en condiciones peligrosas. Las muertes de obreros de construcción civil es moneda frecuente por la improvisación y la tacañería de las inmobiliarias y las contratistas, y también por la negligencia de los constructores individuales, que prescinden de ingenieros y hasta de maestros de obra debidamente formados para ahorrarse unos soles.

Según cifras oficiales, que no recogen todo el horror, en el 2016 se registraron 20,876 “accidentes laborales” y en lo que va del año se han reportado más de 29,000. Más del 40% de estos casos resultan en incapacidad del trabajador y casi el 1% producen la muerte. En este sufrido país, dice Sunafil, cada hora se producen dos accidentes de trabajo y cada tres días muere una persona por esta razón: en el 2018 fallecieron 151 trabajadores y, hasta octubre último, han muerto 194. A nivel de América Latina, Perú tiene un índice de fatalidad laboral muy por encima de Colombia, y recontra lejos del promedio de la OCDE. El índice peruano es considerado de nivel “crítico” según el estándar internacional.

Y a todo esto, ¿qué dice la Ministra? Pues que los venezolanos son los responsables del desempleo juvenil y, por ende, de que cada vez más jóvenes estén dispuestos a trabajar en condiciones precarias. No se puede esperar más de una funcionaria pública que, después de ser la principal responsable política de la muerte de dos jóvenes en un contenedor, fue nombrada Ministra. En un país civilizado se iría a su casa, pero en el Perú aún se premia la indolencia. Y, ¿dónde diablos y para qué demonios está la Sunafil? La Superintendencia Nacional de Fiscalización Laboral es el organismo del Estado que debería cautelar el respeto a los derechos de los trabajadores, empezando por su seguridad y su salud. Pero no parece servir para nada. O no recibe ni cuenta con los recursos mínimos para cumplir con su labor o se trata de una agencia completamente desmotivada. En todo caso, la responsabilidad es del Gobierno y especialmente del Ministerio de Trabajo, que anda por ahí, pintado en la pared.


Artículo de opinión de Ronald Gamarra Herrera publicado en Hildebrandt en sus trece el día viernes 20 de diciembre de 2019.

8 may 2019

ONU: Más de la mitad de los trabajadores se exponen a riesgos físicos

El nuevo informe estudia la situación laboral de 1200 millones de trabajadores e indica que hay acusadas diferencias en relación al número de horas semanales trabajadas, diversos niveles de "trabajo intensivo y emocionalmente exigente" y que las personas con menores  niveles de formación son las que ostentan unas condiciones laborales más precarias y tienen menos posibilidades de desarrollar sus capacidades.

El macroestudio analizó la calidad del empleo durante el último lustro en 41 países como los 28 países de la Unión Europea, China, Corea, Turquía, Estados Unidos, Argentina, Chile, Uruguay y los países de habla hispana en América Central.

Horas de trabajo
Este primer apartado presenta notables diferencias geográficas.
Así, mientras el 15% de los trabajadores de la Unión Europea sobrepasa las 48 horas semanales, esta cifra se eleva hasta el 40% en China y Corea, asciende a más del 50% de trabajadores en Chile y llega a ser hasta un 60% superior en Turquía.

Además, en todos los países estudiados al menos uno de cada diez trabajadores labora en su tiempo libre.

Del mismo modo, se indica que, pese a que los hombres trabajan un número superior de horas remuneradas que las mujeres, al incluir la carga de trabajo no remunerado de estas, las mujeres acaban trabajando un mayor número de horas que su contraparte masculina.

Riesgos físicos y cargas de trabajo
En todas las regiones analizadas más de la mitad de los trabajadores están expuestos a riesgos físicos en manos y brazos, mientras que una proporción inferior está expuesta a altas o bajas temperaturas o fuertes ruidos.

El número de empleados que se enfrentan a una intensiva carga de trabajo con plazos ajustados y un ritmo de trabajo intenso afectó a una tercera parte de los trabajadores de la Unión Europea y a la mitad de los asalariados en Estados Unidos, El Salvador, Uruguay y Turquía.

Formación y perspectivas laborales
Una de las premisas inmutables observada a nivel global en el informe, es que un menor nivel de estudios comporta un menor acceso a las oportunidades de crecer laboralmente y a aumentar las competencias.

Los trabajadores que más ampliaron sus conocimientos en su entorno laboral fueron los de la Unión Europea, Estados Unidos y Uruguay con un porcentaje que oscila del 72% al 84%, seguidos por los turcos, con un 57%, los chinos, con un 55%, y los coreanos, con un  32%.

Entre un 45% y un 70% de los trabajadores apuntó poseer autonomía a la hora de desempeñar sus tareas laborales, mientras que los empleados que consideraron tener una influencia en decisiones importantes para su trabajo fluctuaron entre el 33% y el 66%.

Las perspectivas .de futuro vienen marcadas principalmente por la incertidumbre a perder el puesto de trabajo que afecta a uno de cada seis trabajadores de la Unión Europea y a uno de cada diez en los Estados Unidos.

La parte positiva de este apartado fue que entre un 30% y un 60% de los empleados indicó que su trabajo les ofrecía perspectivas de progreso profesional.

Brecha salarial
Otra constante observada en el estudio es que las mujeres perciben salarios inferiores al que reciben los hombres y su presencia en la parte inferior de la distribución de ganancias es excesiva. Además, destaca que dicho nivel entre géneros difiere según la situación laboral y la profesión elegida.

Las diferencias en la calidad del trabajo entre hombres y mujeres provienen de las múltiples correlaciones entre los sistemas de bienestar y familiar, las estructuras del mercado laboral, los tipos de vida centrados en el género y la división del trabajo remunerado y no remunerado.

Marco social y conciliación familiar
Pese a que la mayoría de los trabajadores indicaron formar parte de un entorno social comprensivo, y que alrededor de un 70% de ellos evaluó favorablemente la actuación de sus directivos a la hora de gestionarles, un 12% sufrió insultos, conductas humillantes, intimidaciones y comportamientos no deseados de naturaleza sexual o acoso sexual.

Con relación a la conciliación familiar, alrededor del 70% de coreanos pudieron tomar una o dos horas de permiso laboral para asuntos personales o familiares. En Europa, Estados Unidos y Turquía el porcentaje balanceó entre un 20% y un 40%.

Recomendaciones
El estudio indica que es posible mejorar la calidad del trabajo si disminuyen las exigencias a los trabajadores y se reduce su exposición a los riesgos.  Además, destaca la importancia de crear un ambiente social positivo en el trabajo y, particularmente, “de directivos y compañeros empáticos”; así como la de establecer un dialogo social que contribuya a mejorar la calidad del empleo.

La OIT y Eurofound exhortaron a todos los países a elaborar encuestas sobre las condiciones laborales en las que se incluyan datos equiparables sobre la calidad del empleo, e indicaron de su vital importancia crucial para establecer temas de interés, y proporcionar datos prácticos para la acción política.

Mensajes claves del informe
- 1200 millones de trabajadores en 41 países de todo el mundo se enfrentan a similares desafíos e inquietudes, pese a las grandes diferencias en estructuras económicas, mercados laborales y nivel de desarrollo.
- las mujeres perciben salarios muy inferiores respecto a los hombres y en general trabajan más horas que ellos.
- Se percibe un ambiente de inseguridad laboral generalizado y alrededor del 30% de empleados dice tener un trabajo sin perspectivas de carrera.
- La exposición a riesgos físicos es común en todos los países, esencialmente dice tener un trabajo sin perspectivas de carrera.
- La exposición a riesgos físicos es común en todos los países, esencialmente debido a los movimientos repetitivos de manos y brazos.
- Hay diferencias notables en el horario laboral en los países y regiones estudiadas, donde más de un tercio de los trabajadores tienen largas jornadas laborales.
- El 70% de todos los trabajadores reportan un entorno social de gran apoyo en el trabajo y altos niveles de satisfacción con sus supervisores inmediatos.

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24 ene 2019

OIT: Diez recomendaciones para un mercado laboral que beneficie a todos

Un nuevo informe de la Organización Internacional del Trabajo, que marca el inicio de las celebraciones de los cien años de la institución, asegura que en el futuro se esperan múltiples oportunidades para mejorar la calidad de vida de los trabajadores y ampliar sus opciones, pero se necesitan medidas enérgicas para evitar que se intensifiquen las desigualdades e incertidumbres existentes.

Un programa centrado en las personas
Para ello, la Comisión plantea diez recomendaciones, como parte de un programa "Centrado en las personas" y que de seguirse generaría crecimiento, igualdad y sostenibilidad para las generaciones presentes y futuras.

1. Garantizar el derecho a un aprendizaje a lo largo de la vida que permita adquirir competencias, perfeccionarlas y reciclarse profesionalmente:
Esto incluye el aprendizaje formal e informal desde la primera infancia y hasta la vida adulta. Los Gobiernos, los trabajadores y los empleadores, así como las instituciones educativas, tienen responsabilidades que se complementan a la hora de generar un entorno de aprendizaje que sea efectivo y cuente con financiación.


2. Incrementar las inversiones en las instituciones, las políticas y las estrategias que apoyen a los trabajadores a lo largo de las transformaciones del futuro laboral: 
La OIT asegura que especialmente los jóvenes necesitarán ayuda para la cada vez más complicada transición de la escuela al trabajo. También se deben aumentar las posibilidades de los trabajadores mayores para que puedan permanecer en el mundo laboral mientras lo deseen.

"Será preciso ayudar a todos los trabajadores en las transiciones cada vez más frecuentes que afrontarán en el curso de sus vidas", asegura el informe.

3. Aplicar un programa transformador para lograr la igualdad de género: 
Las políticas  deben promover que se comparta el trabajo de cuidados no remunerados en el hogar para crear una auténtica igualdad de oportunidades en el lugar de trabajo. Para esto se debe fortalecer la voz de las mujeres y su liderazgo, la eliminación de la violencia y el acoso, y la aplicación de transparencia salarial.

4. Proporcionar protección social universal desde el nacimiento hasta la vejez:
El futuro del trabajo necesita un sistema de protección social sólido y con capacidad de respuesta que asegure cobertura para todas las personas vulnerables.

5. Establecer una garantía laboral universal: 
Significa que todos los trabajadores  sin importar su acuerdo contractual o situación laboral deben disfrutar de los derechos fundamentales del trabajo, tales como un salario adecuado, límites máximos respecto a las horas de trabajo, seguridad social y cobertura de salud.

6. Ampliar la soberanía sobre el tiempo: 
La Comisión asegura que los trabajadores necesitan una mayor autonomía sobre su tiempo de trabajo, sin dejar de satisfacer las necesidades de la empresa, e invita a aprovechar la tecnología para ampliar las oportunidades y conciliar la vida profesional con la personal. Esto se traduce en opciones reales de flexibilidad y control sobre los horarios de trabajo.

7. Garantizar la representación colectiva de los trabajadores y los empleadores:
"Todos los trabajadores deberán disfrutar del reconocimiento de su libertad sindical y del derecho de negociación colectiva, con el Estado como garante de esos derechos", asegura el informe.

8. Administrar la tecnología a favor del trabajo decente: 
Los avances  tecnológicos deben incluir una reglamentación del uso de datos y de la responsabilidad sobre el control de los algoritmos en el mundo del trabajo. También debe establecerse un sistema de gobernanza internacional de las plataformas digitales que exijan el respeto a determinados derechos y protecciones de los usuarios y clientes. La OIT resalta además que, en el caso de la inteligencia artificial, se debe garantizar que las decisiones definitivas que afectan el trabajo “sean tomadas por personas". 

9. Dar incentivos para promover inversiones en áreas claves en favor del trabajo decente y sostenible: 
Este tipo de inversiones impulsará la igualdad de género y podrían crear millones de puestos de trabajo y nuevas oportunidades para las microempresas y las pequeñas y medianas empresas. También el desarrollo de la economía rural, del cual depende el futuro de muchos de los trabajadores del mundo, debería convertirse en una prioridad

10. Remodelar las estreucturas de incentivos empresariales en pro de sus estrategias de inversión a largo plazo: 
Esto incluye  políticas fiscales justas, la revisión de las normativas contables empresariales y nuevos modos para medir el desarrollo de los países para que den cuenta de las dimensiones de su crecimiento, el valor del trabajo no remunerado que se realiza en el servicio doméstico en las comunidades.

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3 dic 2017

OIT: Informe Mundial sobre la Protección Social

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) dio a conocer un estudio que destaca la falta de redes de bienestar social para más de la mitad de la humanidad.

La protección social es un derecho fundamental; sin embargo, unos 4.000 millones de personas, o más de la mitad de la población mundial, no la tienen, lo que las hace vulnerables a enfermedades, pobreza, desigualdad y exclusión social.

Un informe sobre el tema de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) divulgado este miércoles en Ginebra reveló lo anterior, advirtiendo que esa carencia constituye un gran obstáculo para el desarrollo social y económico.

Al presentar el estudio, Guy Ryder, director general de la OIT, explicó que sólo el 45% de la población tiene acceso a por lo menos una prestación y que apenas el 29% cuenta con protección amplia.

"En 2017, esta falta global de protección social debería considerarse inaceptable…y esto significa que el nivel del gasto público en prestaciones sociales precisa aumentar para extender esa cobertura, sobre todo en África, Asia y los Estados árabes, donde persiste la baja inversión en ese campo", apuntó Ryder.

En este renglón, la OIT recordó que hay 1.300 millones de niños que no tienen ningún tipo de protección.

Frente a este panorama, la OIT instó a los gobiernos a redoblar los esfuerzos para hacer de la protección social una realidad para todos.

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8 mar 2016

Las mujeres han perdido terreno en la igualdad laboral, denuncia la OIT

Las mujeres están perdiendo terreno en el mundo laboral y podría llevarles más de 70 años alcanzar la igualdad salarial respecto a los hombres, advirtió este lunes la ONU.

En un nuevo informe publicado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), esta desigualdad de género persiste a lo largo de un amplio abanico de profesiones, en todo el mundo.

Según la investigación de la OIT que recopila datos de 178 países, el 60 por ciento de las mujeres siguen trabajando más horas en ocupaciones peor remuneradas.

Sin embargo, Latinoamérica es una excepción en esta tendencia, ya que hay más mujeres que trabajan como porcentaje de la población que hace dos décadas. Como posibles razones, la OIT apunta a las mejoras en la educación y un descenso en la tasa de natalidad.
A pesar de estos modestos avances, Lawrence Johnson, economista de la OIT, asegura que se trata de un caso de oportunidades perdidas.

"A lo largo del progreso educativo que las mujeres han protagonizado en los últimos 20 años, sus logros no se han traducido en mejoras en el mundo laboral. A nivel global, la brecha de género se ha cerrado sólo 0,6 por ciento entre 1995 y 2015. Esto quiere decir que el avance para introducir a las mujeres al mercado de trabajo es insuficiente o se ha estancado", dijo el experto.
Las desigualdades laborales entre hombres y mujeres son, según el informe de la OIT, más alarmantes en los países árabes, el norte de África y el sur de Asia.
Fuente ILO: http://www.ilo.org/

29 dic 2014

Adolescentes y Jóvenes: El lado más débil de las políticas públicas

"La reciente Ley sobre promoción de empleo de jóvenes de 18 a 24 años ha mostrado, una vez más, que el Estado peruano no tiene una política laboral decente para jóvenes y, aún más, que no tiene una política integral para adolescentes y jóvenes basado en derechos humanos".