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6 jul 2015

“LEE, CIPRIANI” por Ronald Gamarra

Fragmentos de la reciente encíclica Laudato Si, del papa Francisco:

203. Dado que el mercado tiende a crear un mecanismo consumista compulsivo para colocar sus productos, las personas terminan sumergidas en la vorágine de las compras y los gastos innecesarios. El consumismo obsesivo es el reflejo subjetivo del paradigma tecnoeconómico. Ocurre lo que ya señalaba Romano Guardini: el ser humano «acepta los objetos y las formas de vida, tal como le son impuestos por la planificación y por los productos fabricados en serie y, después de todo, actúa así con el sentimiento de que eso es lo racional y lo acertado». Tal paradigma hace creer a todos que son libres mientras tengan una supuesta libertad para consumir, cuando quienes en realidad poseen la libertad son los que integran la minoría que detenta el poder económico y financiero. En esta confusión, la humanidad posmoderna no encontró una nueva comprensión de sí misma que pueda orientarla, y esta falta de identidad se vive con angustia. Tenemos demasiados medios para unos escasos y raquíticos fines.

216. (…) Quiero proponer a los cristianos algunas líneas de espiritualidad ecológica que nacen de las convicciones de nuestra fe, porque lo que el Evangelio nos enseña tiene consecuencias en nuestra forma de pensar, sentir y vivir. No se trata de hablar tanto de ideas, sino sobre todo de las motivaciones que surgen de la espiritualidad para alimentar una pasión por el cuidado del mundo. Porque no será posible comprometerse en cosas grandes sólo con doctrinas sin una mística que nos anime, sin «unos móviles interiores que impulsan, motivan, alientan y dan sentido a la acción personal y comunitaria». Tenemos que reconocer que no siempre los cristianos hemos recogido y desarrollado las riquezas que Dios ha dado a la Iglesia, donde la espiritualidad no está desconectada del propio cuerpo ni de la naturaleza o de las realidades de este mundo, sino que se vive con ellas y en ellas, en comunión con todo lo que nos rodea.

217. Si «los desiertos exteriores se multiplican en el mundo porque se han extendido los desiertos interiores», la crisis ecológica es un llamado a una profunda conversión interior. Pero también tenemos que reconocer que algunos cristianos comprometidos y orantes, bajo una excusa de realismo y pragmatismo, suelen burlarse de las preocupaciones por el medio ambiente. Otros son pasivos, no se deciden a cambiar sus hábitos y se vuelven incoherentes. Les hace falta entonces unaconversión ecológica, que implica dejar brotar todas las consecuencias de su encuentro con Jesucristo en las relaciones con el mundo que los rodea. Vivir la vocación de ser protectores de la obra de Dios es parte esencial de una existencia virtuosa, no consiste en algo opcional ni en un aspecto secundario de la experiencia cristiana.

231. El amor, lleno de pequeños gestos de cuidado mutuo, es también civil y político, y se manifiesta en todas las acciones que procuran construir un mundo mejor. El amor a la sociedad y el compromiso por el bien común son una forma excelente de la caridad, que no sólo afecta a las relaciones entre los individuos, sino a «las macro-relaciones, como las relaciones sociales, económicas y políticas». Por eso, la Iglesia propuso al mundo el ideal de una «civilización del amor». El amor social es la clave de un auténtico desarrollo: «Para plasmar una sociedad más humana, más digna de la persona, es necesario revalorizar el amor en la vida social –a nivel político, económico, cultural–, haciéndolo la norma constante y suprema de la acción». En este marco, junto con la importancia de los pequeños gestos cotidianos, el amor social nos mueve a pensar en grandes estrategias que detengan eficazmente la degradación ambiental y alienten una cultura del cuidado que impregne toda la sociedad. Cuando alguien reconoce el llamado de Dios a intervenir junto con los demás en estas dinámicas sociales, debe recordar que eso es parte de su espiritualidad, que es ejercicio de la caridad y que de ese modo madura y se santifica.

232. No todos están llamados a trabajar de manera directa en la política, pero en el seno de la sociedad germina una innumerable variedad de asociaciones que intervienen a favor del bien común preservando el ambiente natural y urbano. Por ejemplo, se preocupan por un lugar común (un edificio, una fuente, un monumento abandonado, un paisaje, una plaza), para proteger, sanear, mejorar o embellecer algo que es de todos. A su alrededor se desarrollan o se recuperan vínculos y surge un nuevo tejido social local. Así una comunidad se libera de la indiferencia consumista. Esto incluye el cultivo de una identidad común, de una historia que se conserva y se transmite. De esa manera se cuida el mundo y la calidad de vida de los más pobres, con un sentido solidario que es al mismo tiempo conciencia de habitar una casa común que Dios nos ha prestado. Estas acciones comunitarias, cuando expresan un amor que se entrega, pueden convertirse en intensas experiencias espirituales.

Artículo de Ronald Gamarra Herrera publicado en el Diario16, el domingo 05 de julio de 2015.

17 jun 2015

El Comercio: El embarazo después de una violación por Elmer Huerta

La semana pasada una noticia sobre el embarazo hizo noticia en el Perú, noticia que se difundió rápidamente en el extranjero. Se trata de las perversas declaraciones del congresista Juan Eguren, quien dijo que, debido al “estrés y la falta de lubricación”, era “casi imposible” que una mujer violada salga embarazada. Veamos que nos dice la ciencia acerca de esas afirmaciones.

Al pie de la letra, las expresiones del congresista Eguren fueron las siguientes: “Es casi imposible que se produzca un embarazo después de una violación eventual, callejera, porque se produce un estado de estrés, un estado de shock en la persona donde obviamente en la mujer no hay ningún tipo de lubricación, etc. y es casi imposible que se produzca un embarazo”.

Esas afirmaciones tienen tres elementos que merecen un análisis científico. La primera es que “es casi imposible que se produzca un embarazo después de una violación eventual, callejera”, la segunda es que “el embarazo no se produciría por un estado de estrés o de shock” y la tercera es que “la falta de lubricación” evitaría también el embarazo.

Ovulación y embarazo
El embarazo es un fenómeno muy complejo que requiere de la integridad de diversas estructuras anatómicas y sistemas funcionales en el organismo, tanto del varón como de la mujer. Genitales externos e internos normales, adecuado balance hormonal cerebral y glandular, producción de espermatozoides y óvulos normales son algunos de los elementos necesarios para que se produzca un embarazo.

Suponiendo que una mujer tiene sus estructuras anatómicas y sistemas hormonales normales, el aspecto más importante para que se produzca un embarazo es que una relación sexual coincida con la ovulación.

La ovulación es el fenómeno que ocurre una vez al mes, y en el cual el ovario libera una célula especializada llamada óvulo, el cual debe ser fecundado por otra célula especializada llamada espermatozoide. La unión del óvulo y del espermatozoide (que ocurre en el tercio externo de la trompa de Falopio) forma el huevo, el que migra al útero, órgano en el que se anida y forma el embrión, que a los tres meses, se convierte en un feto.

Si los espermatozoides (que viven de 3 a 5 días) llegan a la trompa de Falopio y fecundan al óvulo liberado horas antes del ovario (el óvulo solo vive 24 horas), el embarazo ocurrirá de todas maneras, independientemente de que la relación sexual haya sido o no consensual.

Estudios

En el único estudio publicado y diseñado para estimar la posibilidad de que una violación cause embarazo, investigadores del departamento de obstetricia y ginecología de la Universidad de Carolina del Sur publicaron en la Revista Norteamericana de Obstetricia y Ginecología de agosto de 1996 los resultados de su investigación, hecha en una muestra probabilística de 4008 mujeres entre 12 y 45 años de edad, participantes de un estudio de seguimiento de tres años.

Contabilizando el número de violaciones que ocurrieron en esas mujeres durante ese tiempo, los autores calcularon que la probabilidad de que una violación cause un embarazo es del 5% por cada violación, lo cual produce 32.101 embarazos por violación cada año en los Estados Unidos (50.000 para la población actual).

En una publicación en la revista Human Nature en el 2003, investigadores norteamericanos hacen una revisión de la literatura y encuentran que el 6.5% de las violaciones puede terminar en embarazo. Por otro lado, en un estudio europeo sobre las posibilidades de que ocurra un embarazo en diversos días del ciclo menstrual y publicado en la revista Demographic Research en el 2000, investigadores italianos encontraron que si la relación sexual ocurre dos días antes de la ovulación, la posibilidad de embarazo puede llegar al 25%.

Ahora ya sabe entonces Sr. Eguren, una sola violación, del tipo que usted llama “callejera” si puede causar un embarazo en la víctima, y el número es importante, se cuenta por millares.
Este mismo estudio da respuesta también a la interrogante que se hacía el Cardenal Juan Cipriani en su programa radial, cuando se preguntaba si era factible que una mujer que queda embarazada a consecuencia de una violación pueda escoger el aborto. El estudio demostró que el 50% de las mujeres embarazadas a consecuencia de una violación escogió el aborto, 32.2% decidió continuar con el embarazo, 5.9% cedió al recién nacido en adopción y el 11.8% sufrió un aborto espontáneo.

De tal modo que el Cardenal ahora ya sabe también que una de cada dos mujeres embarazadas a consecuencia de una violación escoge terminar el embarazo y que es deber de un estado laico como el peruano, darles a esas mujeres la protección legal que les permita ejercer el derecho fundamental de poder elegir su destino.

Por otro lado, no existe ningún estudio científico que haya demostrado que el terrible estrés que sufre una mujer violada evite un embarazo. Esta afirmación solo está en la imaginación y las malévolas intenciones de aquellos que se oponen a los legítimos derechos que tienen las mujeres violadas de decidir sus futuras acciones.

Y por último, un embarazo puede producirse durante la relación sexual ya sea que la mujer esté lubricada o no. La lubricación vaginal es un fenómeno que se produce como consecuencia de la excitación sexual y no tiene nada que ver con la posibilidad de que se produzca un embarazo. Lo importante como dijimos es que la relación sexual coincida con el día de la ovulación. Es muy probable que el perverso congresista haya confundido lubricación vaginal con la producción del moco cervical que se produce durante la ovulación y que favorece el transporte de los espermatozoides. Ese moco cervical se estuvo produciendo en el cuello del útero de la mujer desde antes de la violación y favorece el movimiento de los espermatozoides del violador, este la vagina lubricada o no.

Realidad en el Perú
En el Perú (y copio a la letra del  Plan Contra la Violencia del MINSA), el Estudio multicéntrico de la Organización Mundial de la Salud sobre la violencia de pareja y la salud de las mujeres del 2002 reveló que casi la mitad de las mujeres en edad fértil de Cusco (46,6%) y casi una cuarta parte de las residentes en Lima (22,5%) había experimentado algún tipo de violencia sexual por parte de su pareja, y que las formas más frecuentes de violencia son las relaciones sexuales forzadas físicamente, las cuales han sido vividas por un 37,6% de mujeres en Cusco y un 16,4% en Lima.

Asimismo, este estudio señala que una de cada diez mujeres en Lima y Cusco ha sufrido violencia sexual a partir de los 15 años por parte de alguna persona distinta a la pareja, siendo los principales agresores los propios varones de la familia, amigos o enamorados, y que una de cada cinco mujeres en Lima y Cusco reporta abuso sexual en la infancia, siendo el principal agresor algún familiar masculino.

Por otro lado, el Instituto de Medicina Legal atendió en el año 2002 a 14.393 mujeres víctimas de violencia sexual, cifra que aumentó a 23.635 en el año 2004. Según la ONG Manuela Ramos, el 53% de los casos habrían correspondido a mujeres entre 13 y 17 años y solo el 39% de los atacantes fue detenido. Se calcula también que en el año 2004, cada día por lo menos hubo 65 víctimas de violencia sexual en nuestro país.

Corolario
En resumen, una sola relación sexual, sea esta consensual o producto de una salvaje violación, puede causar embarazo en un número muy significativo de casos y el sugerir que una mujer violada no sale en cinta es una afirmación muy perversa. Eso implica decir que si la mujer sale embarazada, pues no puede decir que haya sido violada porque al creer que “es casi imposible que la violación callejera cause un embarazo”, esas torcidas mentes pueden argüir entonces que no hubo violación.

Pensamos que este delicado asunto no pertenece al ámbito de opinión de varones, religiosos o políticos, este asunto solo debe ser de incumbencia de la mujer que ha sido víctima de una violación y ha salido embarazada a causa de ello. Para eso, toda mujer debe tener el derecho fundamental de decidir su propio destino, y un estado laico como el Perú debe tener las leyes necesarias que le permitan ejercer ese derecho fundamental.

7 abr 2014

“YA PERDISTE, CIPRIANI”

Lea “Ya perdiste, Cipriani”, la columna de Ronald GamarraNo es extraña la oposición cerril de Cipriani al proyecto de ley de unión civil para personas del mismo sexo que busca aliviar el problema de exclusión y privación de derechos fundamentales que sufren innumerables personas de la comunidad LGTB que han formado una relación estable de pareja y quieren mantenerla. Tampoco puede sorprender su rechazo a fardo cerrado a la aplicación del aborto terapéutico para preservar a la mujer cuya vida o salud física o psicológica están afectadas o corren peligro. Cipriani es tal vez el representante más consecuente de una tradición retrógrada que pretende establecer su dominio social a partir del control de la sexualidad del ser humano.

No deja de ser llamativo, sin embargo, que se erija en rector de la sexualidad de hombres y mujeres en la sociedad quien ni siquiera puede controlar y sancionar la pederastia sacerdotal que ya en muchos países ha sido puesta al desnudo en decenas de miles de casos contra niños y niñas, aunque sea encubierta de manera sistemática por la jerarquía católica, realidad que en nuestro país recién empieza a conocerse a partir de las denuncias existentes por abuso sexual contra niños y adolescentes por parte de sacerdotes y líderes de sectas cobijadas en la Iglesia católica como el Sodalicio.

Lo que estaba por ver era qué de nuevo haría Cipriani para oponerse al aborto terapéutico y a la unión civil. Y vaya que entonces se le escapó el demagogo que le habita en lo más íntimo al plantear que se decida por plebiscito si estas medidas se aprueban o no. La vida de las mujeres que requieren un aborto por razones médicas, puesta al libre juego de la decisión “popular”. Los derechos fundamentales de una comunidad minoritaria, puestos al arbitrio de una mayoría cuyos prejuicios se encargará de exacerbar el pastor de almas. Qué tal caridad cristiana.

Aunque le aclararon de inmediato al cardenal que la propuesta del plebiscito es una movida cuasi fascista bajo piel aparentemente democrática, pues los derechos fundamentales no pueden ser objeto de ese tipo de decisiones “populares”, lo que hace de su propuesta un mamarracho en términos jurídicos de constitucionalidad y derechos humanos, sería ingenuo creer que la cosa ha terminado allí. Por el contrario, debemos asumir que la movida no ha hecho sino empezar.

Esta semana el proyecto de ley para aprobar la unión civil de personas del mismo sexo entrará a una etapa crucial al ser objeto de examen y debate en las comisiones de Justicia y Derechos Humanos del Congreso. Seis congresistas integran esta comisión. No hay que ser Mandrake para imaginar que la presión sobre ellos debe estar directamente vinculada a sus posibilidades de reelección. Mira cuánta gente manejo: si votas a favor de la unión civil, te marcaré y no tendrás oportunidad de volver al congreso. Y con la integridad moral que demuestra el conjunto de los miembros del congreso, no es posible ser muy optimista.

Pero por otro lado, está una juventud cada vez más libre de los prejuicios y la cerrazón tradicionales, que comprende la justicia de una propuesta como la unión civil y su importancia para la dignidad humana no solo de la comunidad LGTB, sino de toda la sociedad. Si no es posible esta vez, en el mediano plazo sí lo será de todos modos, y ya no solo con una propuesta “prudente” como la unión civil, sino con el derecho íntegro al matrimonio como cualquier ser humano. Cipriani y la mentalidad retrógrada tienen en perspectiva la batalla perdida.

Artículo de Ronald Gamarra, publicado en Diario16, el domingo 06 de abril de 2014.

6 oct 2013

García Sayán: “Cipriani se yergue como el gran moralizador, pero no es capaz de abrir un debate sobre la pedofilia”

HORIZONTE LEJANO. García Sayán ve muy remota una postulación a un cargo público en el país, le interesan más los procesos de participación y consulta ciudadana en todo el continente. Diego García Sayán, Presidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, ex ministro de Relaciones Exteriores y de Justicia. Director de la Comisión Andina de Juristas. Abogado, con estudios en Ciencias Políticas en la Universidad de Austin - Texas.

Estudió en el colegio Santa María Marianistas. 
Correcto. 

¿Es católico entonces?
Fui formado en un colegio católico, pero tomé distancia frente a la Iglesia Católica de manera bastante prematura. Y con estos curas marianistas quizá no aprendí mucha matemática, mucha química o mucha física, pero sí aprendí algo que en mi vida ha sido más importante que eso: la virtud de la tolerancia, aceptar que alguien piense de una manera distinta y reconocer que esa persona tiene derecho a ejercer ese pensamiento. De manera que cuando yo le dije al hermano que dirigía el colegio que me eximiera de la obligación de ir a misa los días viernes, me escucharon con paciencia y no tuvieron ningún problema. Debo decirle además, que durante toda mi vida he trabajado con sectores de la sociedad civil, he sido abogado de comunidades campesinas, he conocido sacerdotes y monjas, en el Cusco, en Ocongate, en Sicuani, que tenían una entrega a la causa de la justicia admirable. Mi relación con la Iglesia es extraordinariamente constructiva, pero por allí aparecen algunas ovejas negras que ensombrecen el panorama.

Hablemos de eso. Ha escrito recientemente sobre la Iglesia Católica, ¿cuál es su objeto de interés sobre el catolicismo en este momento? ¿Los nuevos vientos en el Vaticano o la actitud del cardenal Cipriani, al que usted llama el “purpurado limeño” y evita nombrar?
No hay nada personal ni ninguna bilis en lo que he escrito, solo la afirmación de lo que significa el respeto a los demás. Nada me hace hervir más la sangre que alguien intolerante, que hace afirmaciones arbitrarias, que descalifica a la comunidad gay como él (Cipriani), con los términos más inaceptables. Esa es la hipocresía de alguien que se yergue como el gran moralizador de la sociedad, pero no es capaz de abrir un debate sobre otros temas, que nacen de la propia realidad, como la pedofilia. Ya le digo, a mí no me inspira ninguna animadversión a la Iglesia.

A la Iglesia no, está claro, ¿a alguna persona entonces?
No, en absoluto, lo que hay es una genuina indignación frente a gestos de intolerancia o la falta de coherencia de una persona que es muy locuaz los sábados, que pontifica contra todos, y que no ha sido capaz de preguntarse qué pasaba con las víctimas de violaciones a los derechos humanos en los años 90.

¿Conoce personalmente al cardenal Cipriani?
Sí, hemos cruzado palabra, tenemos una relación de parentesco. Él me antecedió en el mismo colegio. Lo que pasa es que así como en la sociedad, en los colegios también hay ovejas negras (sonríe).

¿Qué vienen a ser ustedes?

Su madre era prima hermana de mi madre. Pero jamás ha habido una relación de familia...

Se nota, no necesita precisarlo.
Es que para que los primos segundos se conozcan y se frecuenten se necesita de las abuelas, y ellas fallecieron tempranamente.
Entremos al caso del ex obispo Gabino Miranda, ¿qué es lo más preocupante aquí? ¿Que la jerarquía de la Iglesia no informara sobre el tema o que la justicia no pueda actuar en este momento porque no se conoce a la persona que denunció a Miranda (por presunta pedofilia)?

Yo creo que la justicia sí puede actuar, porque la justicia puede promover y buscar la verdad. No se trata de que el fiscal espere sentado a la víctima denunciante porque eso probablemente no ocurrirá jamás. La idea es que se abran los canales para que quien tenga la información pueda alcanzarla, quizá un número 0-800, que nunca será suficiente para acusar a nadie, pero sí para dar pistas. La Fiscalía está en la obligación de tocar todas las puertas. La gravedad está en dos niveles. Primero, que haya un caso que aparentemente la justicia no ha podido investigar y, segundo, que la jerarquía de la Iglesia se haya puesto de perfil frente a ello. La primera declaración que hizo el arzobispo de Lima fue que él no sabía nada, porque estaba en Roma, como si no existiera internet o teléfono. Eso es imposible. Hay una palabra del papa Benedicto XVI sobre la necesidad de enfrentar el drama de la pedofilia, pero la reacción en el Perú es inaceptable y yo creo que le hace un daño tremendo a la Iglesia, abre un proceso de deslegitimación. 

Entrevista realizada por el periodista Emilio Camacho. 

30 sept 2013

"El lugar de Cipriani" por Ronald Gamarra

¿Dónde estaba Juan Luis Cipriani cuando era obispo de Ayacucho y los desaparecidos se contaban or cientos en esa ciudad, y sus madres golpeaban inútilmente todas las puertas clamando un poco de humanidad y justicia? ¿Acaso recibió o se reunió alguna vez con mamá Angélica y sus innumerables compañeras, madres heoricas y trágicas, cristinas y católicas de convicción y de siempre, para darles siquiera algo de consuelo?

¿Dónde estaba Cipriani cuando el grupo Colina asesinaba con impunidad, al bulto, en Barrios Altos, o capturaba estudiantes casi adolescentes y los ejecutaba de un tiro en la nuca, como hicieron La Cantuta? ¿Alguna vez se acercó a las atribuladas madres de esos jóvenes para darles un abrazo de solidaridad humana? ¿Alguna vez se dignó reunirse con Raida Cóndor para decirle a ella y a las demás madres que siente como crdenal católico lo ocurrido con sus hijos, y darles apoyo en su búsqueda de justicia?

¿Dónde estaba Cipriani cuando los demócratas peleaban contra la mafia de Fujimori y Montesinos? ¿Alguna vez abrió la boca para condenar rotundamente la corrupción de aquel gobierno, la calaña de aquel régimen? En cambio, qué beligerante con la Universidad Católica porque no se somete a sus órdenes.

¿Dónde está cuando los niños son abusados arteramente por curas y hasta por algún obispo pedófilo? ¿Los niños y niñas no están en el centro de las leyes humanas y del mensaje cristiano? ¿Por qué, en su condición de cardenal, mantiene estos casos en la sombra en lugar de denunciar a sus perpetradores y solicitar perdón a las víctimas y a toda la comunidad por esta conducta delincuencial de ciertos curas? ¿Por qué nos enteramos de estos casos a partir de trascendidos o de denuncias de terceros, pero nunca desde la propia institución donde se cobijan los perpetradores?

¿Dónde estuvo y está Cipriani en todas estas situaciones cruciales, en que se juega la dignidad humana y los principios de una convivencia democrática? Lo sabemos, él mismo lo ha dicho y expresado con la rudeza cuartelera de la que suele hacer gala. Cuando en el Perú había cientos y miles de desapariciones forzadas, asesinatos extrajudiciales, tortura y fosas comunes, Cipriani no se andó con rodeos y no se ocupó nunca de estos casos como obispo de Ayacucho, y en eso fue absolutamente riguroso. Y redondeó su concepto con una frase que lo pinta de cuerpo entero cuando calificó los derechos humanos como “una cojudez”. No se le puede negar claridad.

Por eso, en vez de estar con las madres de las víctimas, prefiere conmiserarse de violadores de derechos humanos como Fujimori y otros de su estofa, y hace campaña activa y presiona al gobierno por su libertad. Por eso, en lugar de justicia propone olvido para las violaciones de derechos humanos, y en consecuencia impunidad. Por eso, en vez de estar con los niños violentados, dice en solidaridad insólita con el obispo pedófilo que “no hay que hacer leña del árbol caído”. ¿Tal vez porque el culpable está vinculado al Opus Dei? Tolerancia y piedad frente al pedófilo, persecución y cizaña contra los curitas de la teología de la liberación, que no han violado a ningún niño, que no hacen más que expresar sus ideas y practicar un cristianismo vinculado a los pobres; eso es Cipriani.

Artículo de Ronald Gamarra Herrera, publicado en Diario16, el domingo 29 de septiembre del 2013; página 6. 
Fuente DIario16: http://diario16.pe/