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22 ene 2017

Ronald Gamarra: Italia da el ejemplo

Esta semana el ex dictador peruano Francisco Morales Bermúdez fue sentenciado a prisión de por vida por la Corte Penal III del Tribunal de Justicia de Roma, que lo halló culpable de haber contirbuido a la tortura, desaparición y asesinatos de ciudadanos de ascendencia italiana, particularmente de Horacio Campiglia Pedamonti y Lorenzo Viñas Gigli (Brasil, marzo y mayo de 1980 en el contexto de la "Operación Murciélago"), al haber constituído, promovido, organizado y/o dirigido en el Perú un organismo político, militar y de información que hacía parte del Plan Cóndor. Junto con él, fueron condenados a la misma pena los generales peruanos Pedro Richter Prada, quien fuera su brazo derecho como ministro de guerra, y Germán Ruiz Figueroa, como responsable de la Dirección de Inteligencia del Ejército. La sentencia también prisión de por vida a dos altos funcionarios de Chile, dos de Bolivia y uno de Uruguay. Diecinueve procesados fueron absuletos; entre ellos, el general peruano Martín Martínez Garay, Jefe del Servicio de Inteligencia del Ejército.


Estar involucrado en el Plan Cóndor no es chancay de a medio. En la historia latinoamericana, la operación Cóndor fue la más grande y tenebrosa alianza de las dictaduras militares para ubicar, secuestrar, torturar y asesinar a los opositores políticos, persiguiéndolos más allá de las fronteras nacionales, en el exilio. Bajo el impulso de la sangrienta tiranía chilena de Augusto Pinochet, a la cual se unieron las dictaduras de Argentina, Brasil, Bolivia, Paraguay y Uruguay, esta coordinación de las fuerzas de seguridad y los servicios de inteligencia al más alto nivel se estableció a mediados de la década de los años 70. Según documentos desclasificados de la CIA (despachos de embajadores gringos, reportes de los aparatos de inteligencia de Chile y Argentina, admisión de un militar peruano), en 1978 se integraron a la Operación Cóndor las dictaduras de Ecuador y Perú.


En el marco de la Operación Cóndor fue secuestrado y asesinado en Buenos Aires, donde residía exiliado, el residente de Bolivia Juan José Torres, tenaz enemigo del dictador Hugo Bánzer. Igualmente fue asesinado, durante su exilio en Argentina, junto con su esposa, el general Carlos Prats, excomandante general del ejército de Chile, por su desacuerdo con el golpe de estado de Pinochet. Asimismo se atentó en Roma contra el connotado político demócrata cristiano y exministro chileno Bernardo Leighton y su esposa. También fue asesinado en su exilio en Argentina el expresidente brasileño Joao Goulart. Una de las operaciones más descaradas fue el asesinato en Washington del ex canciller chileno Orlando Letelier, junto con su secretaria, la joven norteamericana Roni Moffitt, a quienes volaron con una bomba oculta bajo su auto, en pleno centro de la capital norteamericana.

Las víctimas de la Operación Cóndor se cuentan por decenas de miles y el modus operandi se conoce con mucho detalle gracias al hallazgo de documentación de los propios servicios de inteligencia que cayó en poder de las autoridades, una vez terminada la época de las dictaduras militares. Sobresale la voluminosa documentación incautada por casualidad en 1992, proveniente de los servicios de inteligencia de Paraguay de la época del dictador Stroessner, que detallan intercambios de información con los servicios de inteligencia de los otros socios de la Operación Cóndor sobre innumerables operaciones de seguimiento y asesinato, por lo cual se les denomina "los archivos del terror". Por cierto, Martín Almada, autor del hallazgo, testificó en Roma.

"La justicia nos tiene que venir de fuera. Treinta y siete años después de aquel crimen, un tribunal italiano pronuncia la justicia que nuestro sistema institucional fiscal y judicial es incapaz de honrar".

Artículo de Ronald Gamarra Herrera en Hildebrand en sus trece publicado el día viernes 20 de enero de 2017.

20 may 2013

Artículo de Ronald Gamarra sobre Rafael Videla en Diario16



Videla, la cara gris del crimen

Uno de los peores dictadores de la historia falleció el viernes, el general Jorge Rafael Videla, dictador de Argentina a partir del golpe de estado que encabezó en 1976, responsable mayor de un sistema de asesinato que intitucionalizó como política central de su gobierno. Treinta mil vidas, treinta mil asesinatos, son su legado criminal, que incluye toda clase de delitos de lesa humanidad: tortura, desaparición forzada, ejecución extrajudicial, escuadrones de la muerte, secuestro y tráfico de infantes robados a sus padres asesinados.

A diferencia del general chileno Augusto Pinochet, que murió evidenciado y desacreditado como asesino múltiple y corrupto de marca mayor (recuérdese las cuentas de decenas de millones de dólares que secretamente mantenía en bancos extranjeros), pero que no llegó a ser juzgado y condenado como indudablemente merecía, Videla sí lo fue. Al momento de morir cumplía sentencia de cadena perpetua por múltiples crímenes contra la humanidad.

Videla, en lo personal, era un tipo anodino y vulgar, sin mayores luces, mediocre. Un ejemplo típico de la banalidad del mal, que Hanna Arendt describió con lucidez y desaliento al examinar el caso del nazi Adolf Eichmann. Las circunstancias permitieron a este gris militar argentino ejercer por varios años como cabecilla de un régimen extraordinariamente criminal como quien ejerce cualquier otra burocracia. Las máquinas institucionalizadas del mal requieren este tipo de psicópatas serenos, incapaces de remordimiento cuando aplican la muerte a escala industrial, como quien aplica un manual de funciones.

Por eso, tal vez, nunca pudo entender cabalmente por qué lo juzgaron y sentenciaron. Siempre, hasta el final, se mantuvo en sus trece, sin reconocer culpa ni pedir perdón a sus innumerables víctimas y sus desolados familiares. Al igual que Eichmann, consideraba simplemente haber cumplido con sus obligaciones de militar y funcionario. Se quejaba, sí, amargamente, de ser juzgado “habiendo ganado una guerra”. No entendía, o no quería entender, que la mayor derrota al ejército que comandó, se la infligió él mismo junto con su estado mayor, al encabezar una metodología minuciosamente inmoral y criminal.

Por lo demás, lo poco que valían esos jefes militares en una guerra de verdad quedó demostrado en el conflicto de las Malvinas, donde la cuota de sangre la pusieron los reclutas, mientras los jefes, empezando por el dictador Lanusse, sucesor de Videla, se apresuraban a rendirse y entregarse al ejército inglés, reclamando las garantías de Ginebra. La ferocidad se la reservaron estos jefes militares para enfrentar al “enemigo interno”, a sus propios compatriotas equivocados o no, al margen de toda norma jurídica y moral.

El tiempo de Videla fue un capítulo tenebroso en la historia de Sudamérica, coetáneo a Pinochet en Chile, Stroessner en Paraguay, Bánzer y García Meza en Bolivia, y las negras dictaduras militares de Uruguay y Brasil. Poco nos separa de ese tiempo de oprobio, vigente hasta los años 80. Videla y Pinochet encabezaron una coordinación de todas estas dictaduras mediante el Plan Cóndor, para llevar su política de asesinatos más allá de toda frontera. Por ejemplo, en nuestro país, cuatro ciudadanos argentinos fueron secuestrados por agentes de Videla en pleno distrito de Miraflores y posteriormente asesinados, en 1980, con la colaboración de la dictadura de Morales Bermúdez.

El tiempo tenebroso de las dictaduras latinoamericanas quiso ser reeditado en el Perú, en los años 90, por Montesinos y Fujimori (quien gustaba autodenominarse “Chinochet”, en homenaje demasiado obvio), con la creación de escuadrones de la muerte como el destacamento Colina y asesinatos colectivos como los de Barrios Altos y La Cantuta. Quienes libremente siguieron el peor ejemplo latinoamericano, no pueden quejarse por sufrir las consecuencias de la justicia.

Ronald Gamarra
Director
Equipo de Incidencia en Derecho

Fuente vía Diario16, publicado el domingo 19 de mayo del 2013:

17 may 2013

Murio Jorge Rafael Videla: El mayor genocida de la Argentina

Encabezó la junta militar que se alzó con el poder luego del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, y abrió la etapa más negra de la historia Argentina. Puso en marcha un plan sistemático genocida con secuestros, saqueos y desaparición de personas, y una política económica neoliberal que fue el puntapié de inicio de uno de los procesos de vaciamiento y entrega del país a los capitales financieros más duros para la sociedad argentina. Fue condenado por delitos de lesa humanidad y murió esta mañana a los 87 años, purgando una parte de sus crímenes -de los que nunca se arrepintió- en el penal de Marcos Paz. La lucha de los organismos de derechos humanos que reclaman memoria, verdad y justicia por los 30 mil desaparecidos y los nietos que aún no fueron recuperados, sigue de pie.

La noticia fue confirmada por el director del Servicio Penitenciario Federal, Víctor Hortel, quien confirmo que Jorge Rafael Videla falleció por la mañana "de muerte natural" en el módulo 4 del Complejo Penitenciario Federal 2, de la ciudad de Marcos Paz, donde se encontraba cumpliendo condena a prisión perpetua por la comisión de delitos de lesa humanidad.
El parte médico indicó que "se lo encontró en su celda sin pulso ni reacción pupilar, por lo que se le realiza un ECG (electrocardiograma) constatándose su óbito, siendo las 08.25 hs del día de la fecha". Tras constatarse la muerte, "de conformidad con los trámites de rigor, se cursó comunicación del deceso al Juzgado Federal N 3, Secretaría N 10, de Morón".
El juez federal 3 de Morón, Juan Pablo Salas, dispuso que esta tarde se practique la autopsia al represor en la Morgue Judicial del Cuerpo Médico Forense de la Capital Federal, ubicada en Viamonte y Junín. La causa recayó en Salas porque es el que tiene jurisdicción federal en la cárcel donde estaba detenido Videla.
El dictador nació el 2 de agosto de 1925 en la ciudad bonaerense de Mercedes. Fue Jefe del Ejército Argentino desde 1975 y designado presidente del autodenominado Proceso de Reorganización Nacional que derrocó al gobierno de María Estela Martínez de Perón. Ocupó la presidencia hasta 1981.
Tras la recuperación de la democracia en 1983 fue juzgado y condenado a prisión perpetua y destitución del grado militar por numerosos crímenes de lesa humanidad cometidos durante su gobierno. Pero fue indultado por el entonces presidente Carlos Menem el 28 de diciembre de 1990 y estuvo libre hasta 1998. En ese año, el entonces juez federal de San Isidro Roberto Marquevich lo detuvo en una causa por sustracción de menores, el único delito que quedaba fuera de la órbita del indulto. En esa causa fue procesado.
El 24 de marzo de 2004 el entonces presidente Néstor Kirchner ordenó que los cuadros de los dictadores Jorge Rafael Videla y Reynaldo Bignone, que estaban colgados en una de las galerías del Colegio Militar de El Palomar, fueran retirados de allí. Kirchner destacó que ese acto marcaba "definitivamente un claro posicionamiento" del país, de las Fuerzas Armadas, del Ejército y de él mismo, en su carácter de presidente y de Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, "de terminar con esa etapa lamentable" y de que esté "consolidado el sistema de vida democrático y desterrado el terrorismo de Estado".
Videla gozó por un breve lapso de arresto domiciliario en su casa sobre avenida Cabildo, en el barrio porteño de Colegiales, pero luego fue denunciado por violar las condiciones de ese beneficio al salir a saludar por la ventana de su departamento y se lo envió a prisión.
El 5 de julio de 2012 fue condenado a 50 años de prisión por el Tribunal Oral Federal 6 al ser encontrado responsable de la puesta en marcha de un plan sistemático de sustracción de menores a secuestradas en centros clandestinos de detención y puntualmente condenado por 18 casos, entre ellos el de Guido, el nieto que la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto aún sigue buscando.
Actualmente, Videla enfrentaba un juicio oral por el denominado "Plan Cóndor", la coordinación de la represión ilegal entre dictaduras Latinoamericanas, tras haber sido condenado a reclusión perpetua por el asesinato de presos políticos en Córdoba y a 50 años de cárcel por el robo de bebés. Además, cumplía la pena de reclusión perpetua impuesta en la llamada causa 13, que juzgó a la cúpula de la última dictadura cívico militar en 1985.
La última visita a los tribunales federales de Retiro fue el martes pasado, cuando se lo trasladó desde la cárcel bonaerense de Marcos Paz para prestar declaración indagatoria ante el Tribunal Oral Federal 1 por el Plan Cóndor, donde era juzgado junto a otros 24 acusados.
Allí se negó a declarar, pero leyó un breve manifiesto en el que asumió "en plenitud" las "responsabilidades castrenses" por lo hecho en lo que llamó una "guerra" contra el "terrorismo" y deslindó de culpas a sus subordinados. "Los acompaño como preso político, hasta tanto recupere el último de ellos su ansiada libertad", dijo sobre sus consortes de causa, ante los jueces Adrián Grunberg, Oscar Amirante y Pablo Laufer.

4 mar 2013

Empieza el Juicio Oral por los crímenes cometidos en coordinación por las dictaduras sudamericanas: Plan Cóndor

 
El Plan represión sin fronteras
El proceso que comienza mañana abarca a 106 víctimas del Plan Cóndor, con mayoría de uruguayos, pero también argentinos, paraguayos, chilenos, bolivianos y un peruano. Hay 25 represores acusados, entre ellos, Videla, Bignone, Riveros y Menéndez.
Mañana empieza el juicio oral por el Plan Cóndor, la primera causa que se abrió a fines de los ’90 cuando aún estaban en vigencia las leyes de obediencia debida y punto final y que logró perforar el cerco de impunidad a los crímenes de la dictadura. Será un escenario de justicia atravesado por la presencia de víctimas de las dictaduras del Cono Sur que todavía esperan la apertura de procesos similares en sus propios países. El juicio recoge tres tramos de la causa elevada entre 2008 y 2012 por 106 víctimas del Cóndor, entre las que hay una mayoría de uruguayos, pero también paraguayos y chilenos, todos caídos en Argentina. También hay argentinos, entre ellos tres caídos en Brasil. Serán juzgados 25 represores, entre otros los responsables locales de la coordinación represiva: Jorge Rafael Videla, Reynaldo Benito Bignone, Santiago Omar Riveros, Luciano Benjamín Menéndez y Antonio Vañek. También va a ser juzgado el uruguayo Manuel Cordero, represor que actuó en el centro clandestino de Automotores Orletti. Al juicio se acopló el tramo de Orletti II, por otras 65 víctimas. Estará a cargo del Tribunal Oral Federal N°1, se prevé el paso de unos 450 testigos y una duración estimada en dos años.
“La causa se abrió con una denuncia muy bien fundada hecha por Emilio Mignone, Raúl Zaffaroni, David Baigun, Alberto Pedroncini y Martín Abregú”, recuerda el fiscal Miguel Angel Osorio, a cargo de la instrucción. “Se tomó un grupo de casos donde no había aparecido el cuerpo de las víctimas y la causa avanzó mediante el concepto del ‘delito permanente’: a través de esa lógica se indicó que acá se ha secuestrado a una persona; que todavía no se sabe qué sucedió con ella y por lo tanto se presume que el delito se sigue ejecutando. Como el delito continúa es imposible de amnistiar, indultar o no hacer nada. El eje era ése: el Estado tenía la obligación de hacer cesar el delito; después, si quiere amnistiar puede hacerlo o no, pero primero tiene que hacer lo primero.”
Al comienzo, la causa tuvo 12 casos, entre ellos la uruguaya Sara Méndez, secuestrada en Buenos Aires, arrojada en Orletti y a la que le habían robado a su hijo Simón Riquelo, que para entonces seguía sin aparecer. Había víctimas de otros países, pero el expediente no asumió la perspectiva del Plan Cóndor hasta 2003, cuando dio un “salto cualitativo”, dice Osorio, a partir de inconstitucionalidad de las leyes de impunidad y la reapertura de las causas. Algunas víctimas de la causa original pasaron a expedientes específicos y luego se acumularon nuevos hechos. En 2008 se elevó el primer tramo con 18 imputados y en 2012, otros dos. Además de los 106 casos que ahora llegan a juicio oral, la instrucción acumula denuncias e investigaciones por otras 240 víctimas.

Los acusados

Uno de los graves problemas que tuvo la causa fue la demora. Entre los tres tramos del expediente sobre el Plan Cóndor sumaban originalmente 32 acusados, la mayoría elevados en 2008. Entre ese momento y este comienzo varios murieron y otros están separados del juicio por razones de salud. Es el caso de Albano Harguindeguy, Cristino Nicolaides y Antonio Bussi, en el primer grupo, y Ramón Genaro Díaz Bessone y Ernesto Alais, en el segundo.
Pablo Ouviña y Mercedes Moguilansky son los fiscales que llevarán la acusación del juicio. Ellos indican que en las últimas dos semanas, además, la mayoría de los imputados está pidiendo de todo, entre otras cosas la suspensión del juicio por motivos de salud, por lo cual se vienen ordenando pericias y chequeos médicos.
Los represores que hasta ahora están en juicio son 25. De ellos, 23 están procesados por asociación ilícita y privación ilegal de la libertad, las figuras legales con las que logró abrirse la causa. No están acusados por tormentos ni por homicidios, aunque en varios casos está probado el “traslado” o asesinato de las víctimas, como el de Carlos Santucho, el contador hermano del jefe del PRT, a quien asesinaron en un tanque de agua en Orletti.
La acusación es distinta para Manuel Cordero y Miguel Angel Furci. Los dos estuvieron en Orletti y son los únicos autores directos. Cordero es uruguayo y fue extraditado desde Brasil. La Justicia argentina lo requirió en dos causas: Cóndor y Orletti, pero Brasil lo extraditó sólo por la primera, por lo tanto –aunque es uno de los represores más nombrados de Orletti–, entra a juicio solo por Cóndor. Está acusado por privación ilegal de la libertad y no por asociación ilícita, como el resto, porque Brasil dio ese cargo por prescripto. Furci está procesado por privación ilegal de la libertad y tormentos por 67 víctimas de Orletti.

Las víctimas

Un dato del juicio estará dado por la configuración de las víctimas. Entre los 106 detenidos desaparecidos no hubo sobrevivientes, todos los casos tienen que ver con actuación de fuerzas argentinas aquí o en el extranjero. Todos los extranjeros cayeron en Argentina. Y los hechos son posteriores al golpe del 24 de marzo del ’76, por un criterio original, aunque ahora la instrucción investiga casos de 1974.
El grupo de víctimas más importante es de Uruguay (48), luego siguen Paraguay, Chile, Bolivia y un caso de Perú. Hay tres argentinos que cayeron en Brasil durante la Contraofensiva del ‘78: Norberto Armando Habegger, Susana Pinus de Binstock y Horacio Campligia. Entre los chilenos están Edgardo Enriquez Espinosa, del comité central del MIR, secuestrado en Buenos Aires el 10 de abril de 1976. Cristina Carreño Araya, de una familia del PC chilena, perseguida por la dictadura de Augusto Pinochet. Cristina salió de Chile a Hungría, viajó a Argentina en 1978 y fue secuestrada el 26 de julio de ese año. Otro caso es el del estudiante suizo-chileno Alexis Jaccar Siegler, al que secuestraron el 16 de mayo de 1977, cuando hacía escala en Buenos Aires para seguir viaje hacia Chile. Volverá a aflorar el secuestro de María Claudia Irureta Goyena, pero esta vez en la perspectiva del Plan Cóndor y por su propio “caso”: Claudia era la nuera del poeta Juan Gelman, secuestrada en Buenos Aires, trasladada y desaparecida en Uruguay cuando estaba embarazada de Macarena Gelman.

La lógica del Cóndor

Osorio definió el Plan Cóndor cuando terminó de instruir el primer tramo de la causa: “La relación entre los organismos de inteligencia de Chile, Paraguay, Uruguay, Bolivia, Brasil y la Argentina distó de situarse en una mera colaboración legal para derivar en la verdadera implementación de un dispositivo que no hacía más que reproducir, a nivel internacional, el mismo dispositivo de aniquilamiento que imperaba hacia el interior de cada una de esas jurisdicciones: tal el alcance pactado, justamente, por los países integrantes del operativo Cóndor”.
Puede pensarse que, a la luz del Plan, el debate judicial va a abordar el modo en que actuó la represión fronteras adentro de cada uno de los países, incluso Uruguay, con causas bloqueadas por la Suprema Corte de Justicia. Los fiscales no tienen jurisdicción para investigar la represión puertas adentro en cada país, pero sí la obligación de seguir el circuito de cada una de las víctimas de la causa.
“Todos los países tienen interconexiones por medio de tratados, de diplomáticos, Inteligencia, etcétera –dice el fiscal Ouviña–. Lo que hicieron durante la vigencia del Cóndor fue aprovechar lo que ya estaba y buscar otro tipo de contacto para hacer todo más rápido. Eliminaron las formalidades pero no sólo para acelerar los tiempos sino directamente para secuestrar personas, buscar información para secuestrar, llevar adelante pedidos. Hay argentinos y chilenos secuestrando y torturando juntos; argentinos y uruguayos o chilenos y paraguayos.”
El contexto eran los exilios que se dieron en todo el continente por las distintas dictaduras, dice Moguilansky. La primera dictadura fue la de Chile, que produjo enorme cantidad de exiliados en Argentina. Y Argentina es el último país donde cae la democracia, cuando todavía albergaba a buena parte de refugiados de otros países. En ese sentido, el expediente funciona a la vez como un mapa entre exilio, refugio y represión. Hay zonas del país como Mendoza en que se refugiaron chilenos, o Jujuy donde estaban quienes venían de Bolivia, o los uruguayos en Buenos Aires. En esa línea, aparecen secuestros y luego traslados a los países de origen. En el caso de los chilenos, ingresan a centros clandestinos de detención. Y con los uruguayos se abrirá el eje de los vuelos. El rol del Acnur y de la Vicaria chilena en el auxilio a los perseguidos políticos, así como el de los consulados y embajadas constituidas como ratoneras, también serán puntos del debate.
“Si los militantes perseguidos en otros países vinieron para acá y desaparecieron estando exiliados, eso es Cóndor –dice el fiscal Osorio–. Si vinieron y trabajaron con o en alguna organización de superficie, ahí ya no es Cóndor. Es decir, no importa la nacionalidad de la víctima, importa si realmente los victimarios actuaron ejecutando ese plan de coordinación represiva a nivel no sólo continental, sino a nivel mundial, si se quiere llamarlo así, porque actuaron en Europa, en Estados Unidos.”

Los documentos

Ese es otro eje del debate. Los documentos. Una de las pruebas documentales más importantes es un documento desclasificado por el Departamento de Estado de los Estados Unidos, en el que aparece una definición sobre el Cóndor. El documento es un cable de septiembre de 1976, de un agente especial del FBI a la embajada estadounidense en la Argentina. Allí deja expresado que el plan está destinado a la “recopilación e intercambio de información sobre ‘izquierdistas’, ‘comunistas’ o ‘marxistas’, con vistas a la eliminación de sus actividades mediante el desarrollo de operaciones conjuntas en sus respectivos territorios”. El cable sitúa en el armado del dispositivo a Chile, Argentina, Bolivia, Paraguay y Uruguay y un acuerdo de Brasil de información confidencial. Describe tres momentos: 1) intercambio de información, 2) ubicación del blanco, 3) ejecución o traslado de la víctima a cualquier otro país signatario.
Una parte del debate seguramente atravesará la discusión acerca de cómo debe leerse el documento, si puede tomarse como comienzo del Plan Cóndor cuando las evidencias muestran que las fuerzas represivas actuaron en conjunto desde antes. Los fiscales del juicio señalan antecedentes de 1975 y en la instrucción Osorio trazó un corte posterior a la muerte de Juan Perón.
Vía Pagina12: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-215060-2013-03-04.html
Centro de Información Judicial de Argentina (CIJ): http://www.cij.gov.ar/cijtv/#player 

19 sept 2012

Justicia argentina COMPARTE fallo peruano que condenó a Fujimori sobre la autoría mediata

La Justicia argentina comparte plenamente lo sostenido por la Sala Penal presidida por el Dr. César San Martín Castro que condenó a Alberto Fujimori Fujimori bajo la tesis de la autoría mediata a través de un aparato organizado de poder. El Tribunal Oral en lo Criminal Federal Nro. 6 de la Capital Federal, Sentenció a Jorge Rafael Videla por el robo de bebés el 17 de septiembre del 2012. 

La sentencia que compartimos señala: AUTORÍA Y RESPONSABILIDAD A. AUTORÍA Y RESPONSABILIDAD DE JORGE RAFAEL VIDELA: "compartimos plenamente lo sostenido por la Sala Penal Especial de la Corte Suprema de Justicia de la República de Perú en la sentencia del 7 de abril de 2009, oportunidad en la que se condenó al ex presidente de ese país, Alberto Fujimori por crímenes de lesa humanidad en los hechos conocidos como “Barrios Altos”, “La Cantuta” y “Sótanos del Servicio de Inteligencia del Ejército” (sentencia confirmada por la Primera Sala Transitoria de la misma Corte Suprema, el 30 de diciembre de 2009), y en la cual se ha desarrollado y acogido la argumentación de Roxin en lo que hace a la autoría mediata a través de un aparato organizado de poder". 
(Foja 1026 del fallo)

“En este sentido, Kai Ambos nos indica que “la existencia de órdenes explícitas no es necesaria, si los actos de los autores directos son cometidos en el contexto de los objetivos establecidos y perseguidos por la organización. Por lo tanto resulta irrelevante el “cómo” y por “quién” son ejecutadas las órdenes, cuando los comandantes pueden estar seguros de que son ejecutadas por alguien de alguna u otra manera” (Ambos, kai “Trasfondos políticos jurídicos de la sentencia contra el ex Presidente peruano Alberto Fujimori”, publicado en “La autoría mediata. El caso Fujimori. Ara editores, Lima, 2012, pag. 77)”. 
(Foja 1027 del fallo)
Justicia Argentina Jorge Rafael Videla