27 ene 2019

Ronald Gamarra: "Por el retorno de la rica Vicky"


Nuevas autoridades regionales y locales han asumido sus cargos este mes en todo el país. Son cientos de gobernadores y consejeros regionales y miles de alcaldes y regidores. Todos los gobernadores y alcaldes son novatos, debido a las normas que prohíben la reelección de estas autoridades. La mayoría, si no todos, estarán intentando enterarse de qué se trata el asunto en el que se han metido, dado el increíble grado de improvisación en el que se mueve y desarrolla la política, a todo nivel, en nuestro país.

Hay excepciones llamativas y alentadoras, sin embargo, en el explicable marasmo, cautela o quietud que reinan entre estas nuevas autoridades que se estrenan en la administración del poder. Una de ellas es, sin duda, el nuevo alcalde de Lima, Jorge Muñoz Wells, quien ya desde el momento en que ganó las elecciones y durante el período de transición previo a su juramentación, mostró proactividad, propuestas de gran interés y la puesta en escena de un nuevo estilo, que contrasta abiertamente con el de su aciago antecesor.


Dos décadas perdidas para Lima por la gestión de Castañeda, caótica, arbitraria, caprichosa, antitécnica y autocrática, pero sobre todo opaca, oscura, sospechosa, llena de malos olores. Con él, todos los problemas estructurales de Lima empeoraron exponencialmente. Se ufanaba de hacer a un lado los planes elaborados para rescatar nuestra urbe del caos cada vez más profundo en el que se encuentra hundida. Sin visión de conjunto, con ojo solo para el cemento y el auto, solo le interesaba hacer un bypass aquí y otro por allá, en los cuales finalmente se sigue atascando el tráfico.

Parece que eso llegó a su fin con el nuevo alcalde. Ojalá, pues. Hay que darle todo el crédito y el apoyo necesario. Por el momento, es evidente que la prioridad ineludible es poner la casa y las cuentas municipales en orden, abandonadas por Castañeda en estado de calamidad, bajo el peso de un fuerte endeudamiento en obras de dudosa calidad. Muñoz está en ello, pero al mismo tiempo propone iniciativas para atacar las emergencias: en el metropolitano, el transporte, la recuperación del centro histórico, política cultural y el importante y alentador pacto anticorrupción.

Pero hay otra excepción muy significativa a la quietud general de las nuevas autoridades estrenadas este mes de enero. Se trata del distrito de La Victoria, uno de los más difíciles de la capital por el deterioro extraordinario de la calidad de vida de sus numerosos habitantes, que deben afrontar cada día el asedio de una avezada delincuencia, la falta casi total de espacios verdes y de recreación, la insalubridad y el enquistamiento de enfermedades como la tuberculosis en los cerros y los tugurios que abundan y crecen sin cesar. La Victoria es un distrito que Lima abandonó a su suerte.

En esta difícil jurisdicción, el nuevo alcalde George Forsyth ha mostrado un dinamismo temprano, tomando iniciativas dignas de interés desde el primer momento. La más importante de ellas, hay que subrayarlo, se dirige contra la corrupción y la delincuencia que habían tomado el control de la propia municipalidad de La Victoria, a través del propio exalcalde Elías Cuba Bautista (perteneciente al partido de Castañeda, cómo no), que encabezada la banda de Los Intocables Ediles, dedicada a la extorsión y la imposición de cupos al comercio local.

Una de las pruebas que toda autoridad debe pasar para comprobar la autenticidad de sus palabras y sus políticas es demostrar que tiene la voluntad de rodearse de la gente identificada con esos propósitos y que es capaz y está decidida a llevarlos a cabo. Y en eso, definitivamente, Forsyth la achuntó cuando nombró a Susel Paredes para el cargo de gerente de fiscalización de La Victoria. Ese nombramiento ya indica que se quiere avanzar en serio en la limpieza y fumigación de la corrupción que ha corroído al distrito por décadas.

Nuestra querida Susel Hquerida Susel no ha perdido el tiempo y apenas ha asumido el cargo con su complicado encargo ya empezó a echar DDT contra las cucarachas que aún pululan en la propia entidad municipal y que tienen tentáculos en los numerosos barrios del distrito. No podía ser de otra manera. Después de todo, una municipalidad que fue gobernada por ratas tiene que estar infestada de bichos. Hay que acabar con ellos, con la ley en la mano y en los límites de ella, pero sin dudar en su aplicación ni menos transigir con los que delinquen o pretenden comprar autoridades. Ese es el estilo de Susel.

Por cierto, ya sus primeras acciones han producido reacciones esperables. Susel ya es objeto de “advertencias”, es decir amenazas, provenientes de las mafias que se empiezan a ver tocadas por la política que se propone aplicar. El propio alcalde Forsyth también ha recibido estas “advertencias”. Es el costo inevitable de una decisión necesaria, ante el cual no cabe retroceder. Esos bandidos creen que la cobardía anida en todos, pero se equivocan. Hay que demostrarles decididamente que sus amenazas no pueden cambiar en nada la política ya decidida.

Lo cual no significa que las amenazas de los maleantes deban ser absolutamente descartadas. Por ello, es importante que ante esfuerzos como los de Forsyth y Susel en un distrito tan conflictivo como La Victoria, el Gobierno preste un apoyo especial a través del Ministerio del Interior y la Policía Nacional, intensificando la identificación y la desarticulación preventiva de las bandas de mafiosos que se han posesionado del distrito hasta el extremo de haber tenido su propio alcalde delincuente. Rescatar La Victoria para la gente será una poderosa señal de que Lima puede cambiar.


Una observación para el alcalde Forsyth. Antes de asumir el cargo le escuché proponer que el parque del Migrante, abierto en lo que fue la inmundicia de La Parada, parque que Luis Castañeda, con inaudita mezquindad, mantuvo cerrado en todo su período, debería dejar de ser parque para construir allí un centro comercial. No haga eso, señor alcalde, no construya un nuevo tugurio que solo le agradecerán los mafiosos. No se deje seducir por la avaricia de los intereses comerciales. Tenga presente solo la mejora de la vida de la gente.


Vea el ejemplo tan cercano de ciudades como Medellín, como Bogotá, con problemas tan similares a los nuestros, que rescatan exitosamente los barrios deprimidos y conflictivos con parques, centros de recreación y cultura, arte, centros comunitarios, servicios para la infancia: todo lo que el prejuicio dicta que no son cosas para los pobres. Si se cayera en el error de pensar que se puede rescatar un barrio históricamente deprimido con una combinación de represión policial y comercio salvaje, se cometerá un trágico error y no se habrá avanzado nada.


Artículo de opinión de Ronald Gamarra Herrera publicado el viernes 25 de enero de 2019 en Hildebrandt en sus trece.

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