17 sept 2018

"República frustrada", por Ronald Gamarra

Hace ya 200 años, los fundadores de nuestra independencia plantearon un objetivo aparentemente alcanzable, práctico, posible: establecer una república democrática, un estado de ciudadanos basado en instituciones libremente determinadas por el voto popular que hiciera posible la paz y el bienestar general. Tal aspiración, visiblemente sencilla y comprensible, virtualmente al alcance de niuestras posibilidades y fuerzas, se ha revelado al cabo de dos siglos como una utopía formidable que no hemos sido capaces de hacer realidad.

La democracia peruana ha sido, siguiendo al maestro Basadre, una eterna promesa postergada. Los ideales liberales, que ampararon los sueños de nuestra emancipación, se confrontaron a superviviencias del antiguo régimen y a nuevas formas de exclusión, más modernas: una estructura social estamental, la pervivencia legal y luego profundamente interiorizada de privilegios étnicos y de clase, la nula o escasa movilidad social, el racismo funcional a las diferentes formas de gobierno, la discriminación, la violencia autoritaria, la debilidad y ausencia estatal, la extrema concentración de recursos en pocas manos y en centros de poder reales y simbólicos.

Pese a los sueños e ideales, hemos asistido por mucho tiempo a la organización de la desigualdad y del dominio. Pese a la formalidad de las sucesivas constituciones, de la docena de constituciones que buscaron regir nuestra vida en común, la violencia, la corrupción y la impunidad han sido las instituciones más sólidas de nuestra hisotoria reciente.


Artículo de opinión de Ronald Gamarra Herrera publicado en Hildebrandt en sus trece el viernes 14 de septiembre de 2018.

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