14 may 2016

El País: “Mi estúpida corona de Miss Mundo sirvió para denunciar que me habían violado”

Linor Abargirl, Miss Mundo del 98, invitada especial del Denim Day, un acto organizado por Guess Foundation y  la Fundación Ana Bella contra la violencia de género.

La israelí Linor Abargil (36 años) nos recibe de negro riguroso: vestido largo hasta los pies y un Kisui Rosh dorado (que significa tocado en hebreo y que llevan las mujeres judías ortodoxas casadas) que oculta su pelo. Sin embargo, hay algo en la Miss Mundo de 1998 que es imposible ocultar: su valentía. La expresión en sus grandes ojos negros y su sonrisa cálida demuestran que ha conseguido dejar atrás el capítulo más negro de su vida. Abargil fue brutalmente violada a la edad de 18 años por su agente de viajes, Uri Shlomo Nur, seis semanas antes de ser coronada Miss Mundo. 

“Nunca quise ser modelo. Me parecía un mundo hipócrita que no me aportaba nada”, explica Abargil en la terraza del Hotel W, en Barcelona. “De hecho, de pequeña, aunque era muy guapa, era una chica que disfrutaba estudiando y la verdad, bastante masculina. No me interesaban los certámenes de belleza. Pero fueron muchos los que me insistían en que probase a ser modelo, así que al final me presenté al concurso de Miss Israel, cuando tenía 18 años. Quedé segunda, pero seguía sin interesarme ese mundo. Meses después, varios agentes de modelos me pidieron participar en el certamen de Miss Mundo para representar a mi país”, recuerda la joven israelí. “Lo primero que pregunté fue: ¿Cuál es el premio?”, explica entre risas. “¡Un coche y un viaje a Tailandia! Eso sí me convencía más. Vengo de un pueblo pequeño y mi pasión era viajar. Así que me trasladé a Italia para trabajar como modelo y prepararme para el certamen.

Fue en Milán, un mes y medio antes del concurso, cuando la joven fue agredida sexualmente. “Recuerdo que echaba mucho de menos a mi familia, tenía 18 años y medio y nunca había pasado tanto tiempo fuera de casa. Quise comprar un billete de avión para Israel, pero mi agente de viajes me engañó diciéndome que no quedaban vuelos. Se ofreció a llevarme en coche y una vez que comenzamos el camino, se desvió de la autopista. Paró en un descampado, me ató las manos y me puso una navaja en el cuello. Me violó dos veces y después intentó asfixiarme. Conseguí convencerlo de que me dejara vivir. Le dije que no contaría nada. Él no hacía más que repetir que lo sentía y yo lo único que quería era salir de allí con vida. Me llevó hasta la estación de trenes de Milán y me dijo que no podía contar nada de lo ocurrido”.
Abargil, cuando fue coronada Miss Mundo.(Abargil, cuando fué coronada Miss Mundo).

Lo que su agresor no sabía es que esa joven de 18 años era más valiente de lo que él imaginaba. “Llamé a mi madre y le conté lo ocurrido. Lo primero que me dijo fue que no me lavase y que acudiese a un hospital y después a denunciar a la comisaría. Y así lo hice”. Abargil regresó a Israel y denunció los hechos a las autoridades. “Fue mi madre quien me alentó a presentar la denuncia. Ella fue mi gran apoyo, una roca inquebrantable”. Por falta de evidencias, el caso se mantuvo en secreto durante semanas. “Me pidieron que no lo hicera público, que era la única manera de poder atrapar a mi agresor. Fueron las peores semanas de mi vida. Yo estaba rota por dentro y la vida seguía. Mi madre me convenció para que no abandonara el concurso y así lo hice. En el momento en que me proclamaron Miss Mundo no podía aguantar mis lágrimas, pero no eran lágrimas de alegría”, relata. Al día siguiente su historia se hizo pública y las autoridades detuvieron al agresor en el aeropuerto de Tel-Aviv. Cinco mujeres más reportaron haber sido violadas por el mismo agente de viajes tras su detención. “Lo más duro fue el juicio. Él negaba todo, y a día de hoy lo sigue negando. Pude entender por qué muchas mujeres no presentan denuncia. Verme frente a él y revivir durante dos días los momentos de la violación es algo que nunca olvidaré, pero estoy enormemente orgullosa de haberlo hecho y de haber tenido a mi familia apoyándome en todo momento”.

Abargil dejó la pasarela. Se licenció como abogada criminalista  para luchar contra la violencia de género y ahora recorre el mundo dando charlas y talleres explicando su historia. “Al principio era un trabajo a media jornada, pero ahora me dedico al completo a apoyar a las mujeres que han sufrido una agresión y a alentarlas para que denuncien. Si con eso consigo ayudar aunque sea a una mujer, para mi todo habrá valido la pena”. La directora Cecilia Peck, hija de Gregory Peck, impactada por su historia decidió grabar un documental, Brave Miss World, siguiendo a la joven israelí en sus charlas. “Fueron cinco años. Viajamos desde el Congo hasta Nueva York. Aunque fue duro valió la pena. Miles de mujeres se abrieron a hablar de su violación. Algunas por primera vez, sin que su familia supiese nada de la agresión”. El documental, en el que aparecen Joan Collins (violada a los 17 años) y Fran Drescher, se estrenó en 2014 y la cadena Netflix lo emite actualmente en España.

La activista, durante el evento celebrado en el Hotel Vela de Barcelona.
La activista, durante el evento celebrado en el Hotel Vela de Barcelona.
Foto: 
Cortesía de Guess
La pregunta que viene a la mente cuando alguien entrevista a Linor Abagil es cómo puede superarse una violación. “Creo que todo sucede por un motivo”, avanza. “Creo que esa estúpida corona me sirvió para dar voz y denunciar algo tan atroz como puede ser una violación. Ser Miss Mundo y hacer público lo que me pasó ayudó a poder trasladar a los medios de comunicación y al mundo una situación que viven millones de mujeres. Puede ser tu hermana, tu vecina…puede ser cualquier mujer y yo tengo la oportunidad de ayudarlas. En esta vida tienes dos opciones: o lamentarte y hacer que tu vida sea miserable o levantarte y luchar para que se haga justicia”.

Su madre fue un pilar imprescindible a la hora de superar el trauma. “Nunca me hizo preguntas, nunca me hizo sentir culpable ni avergonzada y peleó junto a mi hasta que encarcelaron a mi agresor. Esto puede sonar como algo normal, pero después de tantos años dando charlas y conociendo testimonios de miles de mujeres, descubres que algunas no se atreven a denunciarlo porque sus familias o su entorno les hacen sentir a ellas como las culpables y el sentimiento de vergüenza a veces es más grande que el de justicia. Los casos más duros son cuando las propias autoridades no las creen. Pero también he conocido a muchísimos casos de mujeres que no quieren hablar de ese episodio de su vida porque creen realmente que así desaparecerá de sus vidas. Nada más alejado de la realidad. La violación es un cáncer que se va apoderando de ti y que no te suelta hasta que eres capaz de hablar sobre ello. El caso más cercano que conozco es el de Fran Drescher, la actriz de la serie de los 90 The Nanny. Fue violada a punta de pistola en su casa por dos hombres y obligaron a su marido a ver la terrible escena. Durante muchos años se lo guardó. La última vez que pude hablar con ella me contó que había desarrollado un cáncer de útero que le impide poder ser madre.

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