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9 mar 2020

PNUD: Casi el 90% de los hombres y mujeres en el mundo expresan un sesgo contra las mujeres

Nueva York – ¿Cuál es el tamaño y el grosor del denominado techo de cristal? Un nuevo análisis sugiere que este techo abarca todos los aspectos de las vidas de las mujeres, incluido el hogar, y que no está hecho de vidrio sino de sesgos y prejuicios contra las mujeres mantenidos por hombres y también mujeres en todo el mundo.

Estas son las conclusiones del Índice de Normas Sociales de Género dado a conocer hoy por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Este índice capta cómo las normas sociales pueden obstaculizar la igualdad de género en ámbitos como la política, el trabajo y la educación. El índice incluye datos de 75 países que abarcan más del 80% de la población mundial.

Este nuevo análisis revela que, a pesar de décadas de progreso hacia la igualdad entre hombres y mujeres, cerca del 90% de la población mantiene algún tipo de sesgo contra las mujeres. Esta conclusión proporciona nuevas claves sobre las barreras invisibles a las que enfrentan las mujeres para lograr la igualdad y abre un potencial sendero por el que avanzar para romper el techo de cristal.

Según el índice, aproximadamente la mitad de los hombres y las mujeres del mundo consideran que los hombres son mejores líderes políticos que las mujeres. Asimismo, más del 40% opina que los hombres son mejores ejecutivos empresariales y que tienen más derecho a ocupar un empleo cuando el trabajo escasea. El 28% de las personas creen que está justificado que un marido le pegue a su esposa.

Asimismo, hay información disponible sobre los cambios que ha sufrido el sesgo de género en alrededor de 30 países. Los datos indican que aunque algunos países han experimentado una mejoría en este ámbito, las actitudes parecen haber empeorado en otros durante los últimos años, lo que demuestra que todavía queda mucho por hacer.

“En las últimas décadas hemos dado importantes pasos para garantizar que las mujeres tengan el mismo acceso que los hombres a servicios básicos. Hemos alcanzado la paridad en la escuela primaria y reducido la mortalidad materna en un 45% desde 1990. Sin embargo, las diferencias de género siguen siendo patentes en otros ámbitos, especialmente en aquellos que cuestionan las relaciones de poder y que ejercen mayor influencia para la obtención de una igualdad real. En estos momentos, la lucha por la igualdad de género es un relato de sesgos y prejuicios”, dice Pedro Conceição, director de la Oficina del Informe sobre Desarrollo Humano del PNUD.

La “brecha de poder”

Este nuevo análisis arroja luz sobre las razones por las que siguen existiendo enormes “brechas de poder” entre hombres y mujeres en nuestras economías, nuestros sistemas políticos y nuestras empresas, a pesar de los avances reales hacia la igualdad en terrenos como la educación y la salud, así como en la eliminación de los obstáculos legales a la participación política y económica de las mujeres.

Por ejemplo, si bien los hombres y las mujeres votan en proporciones similares, menos del 24% de los escaños parlamentarios en el mundo están ocupados por mujeres y solo 10 de los 193 jefes de gobierno del planeta son mujeres. En el mercado de trabajo, la remuneración de las mujeres es inferior a la de los hombres y tienen una probabilidad mucho menor de ostentar cargos directivos: menos del 6% de los directores generales de empresas del índice S&P 500 son mujeres. Y aunque las mujeres trabajan más horas que los hombres, es más probable que se trate de trabajo de cuidados no remunerado.

“La labor que ha sido tan eficaz en garantizar el fin de las diferencias en ámbitos como la salud y la educación debe evolucionar ahora y abordar algo mucho más complejo: el sesgo profundamente arraigado —tanto entre hombres como en mujeres— contra una verdadera igualdad. Las políticas actuales, a pesar de sus buenas intenciones, tienen un alcance limitado”, dice Achim Steiner, Administrador del PNUD.

Este año se cumplen 25 años desde la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing (Beijing+25), el programa de empoderamiento de las mujeres más visionario de la historia.

El PNUD hace un llamamiento a los gobiernos e instituciones para que pongan en práctica una nueva generación de políticas dirigidas a cambiar estas normas sociales y prácticas discriminatorias mediante la educación, el aumento de la sensibilización social y la aplicación de nuevos incentivos. Por ejemplo, la utilización de mecanismos fiscales para promover una distribución equitativa de las responsabilidades de cuidado de los hijos o la entrada de las mujeres y las niñas en sectores tradicionalmente dominados por los hombres, como las fuerzas armadas y las tecnologías de la información.

“#MeToo, #NiUnaMenos, #TimesUp. #UnVioladorEnTuCamino. Las manifestaciones en favor de los derechos de las mujeres que estamos viendo actualmente en todo el mundo muestran que son necesarias nuevas alternativas para un mundo diferente”, dice Raquel Lagunas, directora en funciones del Equipo de Género del PNUD. “Debemos actuar ya para superar los obstáculos que presentan los sesgos y los prejuicios si queremos avanzar a la velocidad y a la escala necesaria para lograr la igualdad de género y la visión plasmada en la Declaración de Beijing, hace más de dos décadas, y en los Objetivos de Desarrollo Sostenible.


7 mar 2020

Ronald Gamarra: "Los hombres ante la lucha de las mujeres"

Los hombres ante la lucha de las mujeres

Estamos en vísperas del Día Internacional de la Mujer, que se conmemora el 8 de marzo, y con este motivo se renuevan los compromisos y los objetivos que congregan ya no solo a las mujeres en torno a la igualdad de derechos, la igualdad en dignidad y la plenitud de la vida para ellas, y muy especialmente el poner fin a todo tipo de violencia en su contra, particularmente la violencia sexual. Las mujeres se han puesto de pie y han alzado su voz en todo el mundo, reclamando igualdad aquí y ahora, libertad aquí y ahora, respeto a sus vidas y su integridad psicofísica aquí y ahora.

Lamentablemente, entre las aspiraciones y la realidad hay un enorme trecho por caminar y está lleno de dificultades. No basta proclamar la igualdad, no basta proscribir la violencia contra la mujer. La desigualdad y la violencia se impondrán clandestinamente, a pesar de lo que digan las leyes, si no hay un cambio fundamental y profundo en la mentalidad de los varones, formados ancestralmente en “valores” que subrayan su capacidad de ejercer violencia y dominio, precisamente la fuente de las agresiones que cotidianamente sufren las mujeres.

La violencia sexual es, sin duda, una de las formas de agresión más frecuentes que tienen que sufrir las mujeres, particularmente las niñas y las adolescentes. Sin duda también, es uno de los perfiles más detestables y dañinos de ese atropello por las marcas indelebles que deja ya no solo en el físico de la mujer sino en lo más profundo de su vida psíquica. Esta violencia es responsabilidad plena, directa y exclusiva de los varones. Por eso, la lucha contra la violencia sexual que se ejerce contra la mujer es una de las tareas más urgentes que debemos afrontar todos los que verdaderamente nos sentimos comprometidos con el bienestar, la igualdad y la plenitud de la vida para aquellas, especialmente las niñas y las adolescentes.

Y es aquí donde las cosas fallan porque el compromiso de los varones en la lucha de las mujeres por sus derechos es muy deficiente. La mayoría de varones adopta una actitud pasiva, contemplativa, observadora, como si el asunto no les incumbiese. Como si fuesen asuntos estrictamente femeninos, que deben pelear y obtener las mujeres por sus propios medios. Como si expresar su apoyo a esta justa causa de las mujeres y actuar en consecuencia, los hiciera menos varones. Hay una actitud de vergüenza o inhibición francamente reprobable.

Otros reaccionan como si las banderas que levantan las mujeres en su lucha fueran una suerte de ataque frontal, generalizado e injustificado, hacia los varones. Y así, estos hombres ocupan su tiempo en buscarle tres pies al gato, provocando a las mujeres, criticando sus planteamientos con los más diversos argumentos, que casi siempre son simples pretextos jalados de los pelos que se traen a colación para ganar la polémica que estos hombrecitos lograron generar en alguna red social para vencer en la discusión a las mujeres.

Otros son aún más audaces y hacen sátira de la lucha de las mujeres, sobre todo de aquellas que se muestran más activas y militantes, que suelen ser de convicción y militancia feminista. Y les ponen apodos, como el tristemente célebre apodo “feminazi”, que algún hombrecito creyó ser muy ingenioso al ponerlo a rodar. ¿De veras se puede ser tan tonto y obtuso como para comparar las reivindicaciones femeninas con la política del genocidio que llevaron adelante los “viriles machos nazis”? El autor del apodo solo demostró su propia tontería.

Otra actitud francamente lamentable es la de aquellos ciudadanos bien pensantes que gustan de estar al día con las causas progresivas, aunque no crean absolutamente en ellas o crean tan poco que casi equivale a lo mismo. Y son aquellos que públicamente expresan su apoyo a las reivindicaciones femeninas, pero que aprovechan la primera oportunidad para celebrar a mandíbula batiente el último chiste misógino, esta vez sazonado con su matiz de burla hacia el progresismo que empujan las mujeres contra viento y marea.

“Comunista en la política, fascista en la cama”, decían las feministas italianas de hace varias décadas para criticar a sus maridos supuestamente radicales pero que en el hogar y en la intimidad del sexo se comportaban como auténticos cavernícolas. Esta es otra especie de adversario de las reivindicaciones femeninas y se expresa en nuestro medio a través de movimientos como el de Antauro Humala o el de Vladimiro Cerrón, que incluso suscriben las críticas de la ultraderecha conservadora contra el enfoque de género en la educación y defienden unos supuestos valores familiares.

Si los hombres no empezamos a cambiar ya mismo nuestra actitud hacia la lucha y las reivindicaciones de las mujeres, si no empezamos a tomar parte activa en esas luchas al lado de ellas, las cosas no mejorarán como deben. La igualdad plena de la mujer, su liberación de toda violencia, son cosas que solo pueden hacer mucho mejor una sociedad. ¿Por qué no estamos participando activamente en esta transformación?

Nunca como ahora se vio la unanimidad que hoy anima a las mujeres a marchar y a reclamar por sus derechos, por su dignidad, por la igualdad y, ante todo, por el fin de la violencia que cotidianamente se perpetra contra ellas de las más diversas formas y en todos los espacios sociales. Esta es una fuerza que podría cambiar radicalmente nuestra sociedad haciéndola más humana y justa.

Podría ser el inicio de una revolución auténtica y profunda, verdadera y palpable por todas las personas. Se trata nada menos que de la vida de hoy, la vida de todos los días, de la mitad de la población, que son precisamente las mujeres (adultas, adolescentes y niñas). Y la otra mitad, los varones, tendrían la oportunidad de superar conductas arcaicas y abusivas que, tras la fachada del dominio, producen seres profundamente infelices que hacen daño irreparable a su entorno familiar y social. El movimiento de las mujeres puede ser el gran agente de civilización que requerimos urgentemente para un cambio real.

Por eso debemos ver con gran esperanza la movilización de las mujeres. Porque con ella no podrá dejar de moverse también la sociedad entera. Se puede abrir entonces un momento de profundo cuestionamiento del modo tradicional en que están normadas las relaciones de poder entre hombres y mujeres en la sociedad y quedará al descubierto su carácter opresor. El cambio que puede venir, entonces, se puede y debe tornar inevitable.

Artículo de opinión de Ronald Gamarra Herrera publicado en Hildebrandt en sus trece el día viernes 06 de marzo de 2020.
Fuente: 

8 mar 2011

Día Internacional de la Mujer

Día Internacional de la Mujer: ONU subraya avances y obstáculos en igualdad de género 

 El Secretario General de la ONU, Ban Ki Moon, subrayó hoy los progresos alcanzados en la igualdad de género a cien años de la primera celebración del Día Internacional de la Mujer.

Cuando el mundo conmemoró por primera vez esta fecha –dijo Ban en un mensaje– la igualdad entre los géneros y el empoderamiento de la mujer eran ideas bastante radicales.

Señaló que hoy se constatan notables avances gracias a una promoción enérgica de estas ideas, la adopción de medidas prácticas y la formulación de políticas progresistas.

A pesar de ello, subrayó, aún son demasiados los países y sociedades en los que la mujer continúa siendo un ciudadano de segunda clase.

Aún se les niega el acceso a los estudios, sufren de discriminación y violencia inaceptables, y en muchas zonas en conflicto son víctimas de violencia sexual deliberada y sistemática.

Ban aseguró que sólo cuando las mujeres participen plenamente y en pie de igualdad en todos los sectores de la vida pública y privada podremos tener la sociedad sostenible, pacífica y justa prometida en la Carta de las Naciones Unidas.
(Fuente: Organización de las Naciones Unidas, ONU Noticias)