23 mar 2020

Opinión: "Hoy lunes 23, la alarma sonó a las 6:10am, como todos los lunes"


Escribe David Cárdenas.

Hoy lunes la alarma sonó a las 6:10, como todos los lunes. Pero hoy no atravesaré mi parque para ir al tomar el bus al trabajo y no encontraré al vendedor de diarios que se multiplica en la avenida San Luis. No me cruzaré con el músico que sale a trabajar con un acordeón y banquito plegable en la espalda. No pediré permiso a las señoras que venden quaker, quinua y sanguchitos a los empleados del Ministerio de Educación. Nadie me ofrecerá desayuno en la avenida Aviación. No subirán vendedores de golosinas al bus en los 30 minutos que demora en llegar. Al bajar no compraré tunas rojas y verdes a la señora de la avenida Abancay. No veré madres con bebés pidiendo limosna en el jirón Huallaga ni, a la vuelta, en el jirón Azángaro, la larga fila de personas que paga un sencillo por el menú que les da una organización religiosa. No me servirá el almuerzo esa linda venezolana que al tercer mes es reemplazada por otra, igualmente eventual. No tendré que sortear colectiveros ilegales para cruzar la avenida Abancay ni vendedores en triciclos, 4 pitahayas por 10 soles.


En la tarde no tomaré otro bus, ni subirán más vendedores. No iré a dar clases a un aula vacía en Lince. En ese distrito la prostitución no tendrá que esconderse en sus numerosos hoteles o en los cuartuchos de azotea, pues no habrá clientes para comprar el pan de sus hijos. De regreso, no encontraré llamadores, dateros y cobradores de las combis que sortean nuestras vidas en carreras por la avenida Canadá.

Ninguna de esas personas figura en una planilla, no tienen un seguro ni beneficios sociales. A ellos no les depositarán el sueldo este fin de semana en su cuenta bancaria. La mayoría no recibirá los 380 soles que rápidamente se extinguirán en otras manos y les será más difícil llenar el cilindro de agua (eso no lo sabe o no le importa a mi vecino que ha llenado tres veces la piscina de plástico en su jardín). La mayoría de ellos no aparecen en los registros del MIDIS, algunos ni siquiera existen para las estadísticas oficiales.

Esta cuarentena nos une a todos frente al maldito virus y nos obliga a todos por igual a respetar las reglas para defender la vida. Pero, al mismo tiempo, desnuda las terribles brechas sociales en las que vivimos, más allá de que nos pongamos la misma camiseta y vivamos a los médicos y enfermeras por su labor heroica a las 8.

Para los informales - que son mayoría - un día sin salir a trabajar es un día sin cena, una semana significa hambre, dos puede ser desesperación ¿Qué pasará con ellos cuando el presidente anuncie la inminente prórroga de la cuarentena, por 15 días más?

Estamos en guerra y en toda guerra la logística es tan importante como las armas con las que pretendemos vencer. Muchos ejércitos han perdido por el hambre, la peste o el frío, antes que por las balas del enemigo. Nuestro enemigo ahora no es solo el virus, sino también el hambre. Por eso, toda la estrategia de salud que está llevando a cabo el gobierno, debe tener como complemento fundamental una estrategia de apoyo social a los más afectados por esta crisis hasta donde soporte nuestra economía y más.

Cuando llegue el lunes en que nuevamente debamos volver a trabajar, las cosas no deben seguir siendo como hasta ahora. La "normalidad" es cruel. Estamos llevando un curso acelerado -además "in house" - de solidaridad y sobrevivencia social. Es hora de replantear la sociedad que queremos.


Pepedavid
Foto Andina, agencia de noticias.

No hay comentarios:

Publicar un comentario