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30 ago 2016

"Cada minuto cuenta", expertos de la ONU plantean alarma sobre las desapariciones forzadas

Cada 30 de agosto se celebra el Dia Internacional de las Víctimas de las Desapariciones Forzadas en el mundo. 
Dos grupos de especialistas de las Naciones Unidas (ONU) sobre las desapariciones forzadas llaman a los Estados a prevenir y erradicar las desapariciones forzadas en el mundo, y asegurar que los familiares de las personas desaparecidas privadas de libertad sean informadas con presición y sin demora sobre su detención.
 
Hablando en el Día internacional de las víctimas de las desapariciones forzadas, el Comité contra la Desaparición Forzada y el Grupo de Trabajo sobre desapariciones forzadas o involuntarias expresaron también su preocupación por las denuncias de intimidación y represalias contra las víctimas de desapariciones forzadas y los que informan sobre sus casos.
 

"No hay límite de tiempo, no importa cuán corto, para que se produzca una desaparición forzada. Cada minuto cuenta cuando una persona es puesta fuera de la protección de la ley. Y cuando una persona es desaparecida, cada minuto perdido de angustia por sus familiares al no tener noticias de la persona es un minuto demasiado largo.

Hemos recibido informes y quejas de personas que están siendo detenidos brevemente por las autoridades estatales, que luego se niegan a reconocer su detención, ni les permiten tomar contacto con sus familiares o con sus abogados, privándoles temporalmente de cualquier tipo de protección legal. En estas circunstancias, y cualquiera que sea su duración, estas detenciones equivalen a desapariciones forzadas, para lo cual los Estados parte son​​responsables internacionalmente.

Los Estados tienen la obligación de revelar el paradero de las personas que se encuentran privadas de su libertad; para mantenerlos en lugares de detención oficialmente reconocidos; y para proporcionar rápidamente información exacta sobre su detención a su familia, sus abogados, u otras personas que tengan un interés legítimo.

Los familiares de los desaparecidos tienen derecho a conocer la verdad sobre la suerte y el paradero de sus seres queridos. Por desgracia, su reclamo por la verdad y la justicia a menudo da lugar a la intimidación y las represalias. Hemos recibido informes preocupantes de actos de represalia contra los familiares, testigos y defensores de los derechos humanos que denuncian casos de desapariciones forzadas a las autoridades, o que los traen al Grupo de Trabajo o el Comité.

Al conmemorar el Día Internacional de las Víctimas de la Desaparición Forzada, animamos a todas las víctimas y sus familiares a que sigan participando con los mecanismos de derechos humanos de la ONU y hacer uso de las vías disponibles en contra de cualquier forma de intimidación y represalias. Estos incluyen las Directrices de San José contra la intimidación y las represalias adoptadas por los órganos de tratados, y el marco de actuación en supuestos actos de intimidación y represalia, adoptadas por los titulares de mandatos de procedimientos especiales para fortalecer su capacidad de proporcionar una respuesta sistemática y coordinada a este fenómeno.

También reiteramos nuestro llamado a todos los Estados a ratificar o adherirse a la Convención Internacional para la protección de todas las personas contra las desapariciones forzadas (entró en vigor en 2010 y ha sido firmada por 93 Estados y ratificada por 50), como un primer paso fundamental para la prevención, y la terminación definitiva, de la práctica inadmisible de las desapariciones forzadas.


Entrevista a Rosa Roisinblit, vicepresidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, cuenta cómo recuperó a su nieto:


Notas relacionadas:

17 feb 2015

Entrevista a Vera Vigevani de Jarach, madre de la Plaza de Mayo.

Se acaba de presentar en los salones de la Embajada de Argentina en Francia Vera Vigevani de Jarach, periodista, pero sobre todo madre de Franca Jarach, desaparecida en junio de 1976 cuando tenía solo dieciocho años de edad.

Desde esa fecha empieza la incansable búsqueda de su hija, tanto en Argentina como en el extranjero; búsqueda puntuada por las manifestaciones de otras madres, en la misma situación, todas las semanas en la Plaza de Mayo de Buenos Aires.

Vera Vigevani de Jarcah, nació en Milán, en Italia, en el seno de una familia judía. En 1938, debido a las leyes raciales, es separada del colegio por ser judía, luego la familia es obligada a exiliarse en la Argentina. Ahí conoció a su esposo, otro italiano exiliado, se casaron y en 1957 tuvieron una hija llamada Franca.

¿Cómo empezaron las manifestaciones de las Madres de la Plaza de Mayo? 

Empezamos por conocernos. Íbamos a los mismos lugares, por lo que nos conocíamos. Recibíamos las mismas respuestas. En cierto momento una de las madres, -se llamaba Azucena y acabó siendo víctima- dijo: “Basta, ahora tenemos que ir a la Plaza de Mayo, porque ahí es donde ocurren las cosas. Tienen que vernos, tenemos que pedir” Incluso se pensó pedir una entrevista con Videla, que era el jefe de la Junta Militar en ese momento.

Esto fue un año después del secuestro de mi hija, el 30 de abril del 1977. Había estado de sitio y no podías ir a una plaza y ponerte a charlar con un grupito de personas. Eso estaba prohibido. Ahí estaba un policía que nos dijo: “¡Circulen, circulen!”. "Gracias", le contestamos. Nos sugirió lo que hicimos, empezar a circular alrededor de una pequeña pirámide que hay en la Plaza de Mayo. Pero no íbamos solas, porque teníamos miedo. Íbamos de dos en dos y de esa manera circulábamos. Eso nos dio una gran fuerza, nos ayudó muchísimo, pero al mismo tiempo el silencio siguió durante mucho tiempo. Como íbamos todos los jueves, nos convertimos en una cosa folclórica de la ciudad de Buenos Aires 

¿Se esperaban que ese movimiento se convirtiese en un símbolo mundial? 

No, no podíamos imaginarlo. Primero fueron pequeñas estrategias y después se convirtió en un movimiento de resistencia. De vez en cuando ocurría alguna cosa, soltaban a alguien, pero era como una ducha escocesa. Había momentos de esperanza, de desesperación. Pero sobre todo había un desesperante silencio en la prensa, local e internacional. ¡Había un silencio de la diplomacia, de los embajadores!

El embajador de Italia (en nuestro caso por que eramos italianos), ¿crees que nos ayudo? ¡Para nada! Yo trabajaba para la agencia de noticias italiana ANSA, un día llegó un grupo de sindicalistas italianos, y nuestro corresponsal los llevó a hablar con el embajador. Se llamaba Enrico Carrara y le preguntaron: “¿Es verdad Sr. Embajador que aquí, a muchos compatriotas nuestros los secuestran, los desaparecen...?”. “No sé –contestó- había una cola de personas inmensa que gritaban que querían ayuda y me molestaban tanto. Entonces lo que hice fue preguntar al policía de la puerta qué podía hacer y me contestó: Si le molestan, cierre la puerta. Y eso fue lo que hice”. Se supone que lo mínimo que puede hacer un diplomático es ayudar a sus ciudadanos. 
Por Jordi Batallé.
Foto de la hija desaparecida.

23 ago 2014

Abuelas de Plaza de Mayo encuentran a la Nieta 115

Argentina. "Licha", la primera Presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo y la restitución de la nieta 115, Ana Libertad. 

A la abuela "Licha" le dejaron un papelito anónimo debajo de la puerta de su casa en 1977. "16/6 la señora tuvo una nena, que no saben dónde está la nietita, los padres estan bien, de la cuadra", decía. Ese fue el primer paso de la búsqueda de su nieta. Su hija Elena dio a luz a Ana Libertad, el 16 de junio de 1977 en un calabozo de la comisaría 5a de La Plata. Elena fue secuestrada cuando tenía 5 meses de embarazo, junto a su pareja Héctor Carlos Baratti.

Cuando se llevaron a Elena y a Héctor la familia de la Cuadra ya sabía qué hacer. Para entonces sus hijos eran intensamente buscados por las fuerzas de la represión. Elena y Héctor militaban en el Partido Comunista Marxista Leninista (PCML), el 23 de febrero de 1977, poco después de la noche, los secuestraron junto a otras personas con las que estaban reunidos en un consultorio odontológico de La Plata. Cinco meses antes, el 2 de septiembre de 1976, una patota había secuestrado a Roberto José, el hermano de Elena.

 Dos días después del secuestro de Elena, sus padres presentaron un habeas corpus por ellos. Y contactaron a un obispo que los mandó a ver al vicario castrense Emilio Graselli. En 2011, cuando Estela de la Cuadra declaró en el juicio por el plan sistemático de robos de bebés ante Tribunal Oral Federal Nº 6 llevó una valija con apuntes de esa búsqueda. Estaba el hábeas corpus y, de puño y letra los apuntes que Roberto de la Cuadra tomó de la reunión con Graselli.

“Dice que Elenita estaba bien, que estaba en los alrededores de La Plata”, leyó Estela ante los jueces y aclaró que el vicario castrense les aconsejó dejar la búsqueda. También les dijo que volvieran, que si Elena pasaba a disposición del Poder Ejecutivo entonces, quizá, podía ayudarlos.

La valija que llevó Estela al juicio demuestra que no lo hicieron, no dejaron de buscar a sus hijos, ni a su nieta. En el archivo de la familia de la Cuadra está cada anónimo que recibieron con noticias de Elena, de su esposo Héctor y de la bebe que nació en cautiverio y llamaron Ana Libertad. También los datos de su historia que pasaron de boca en boca entre los detenidos desaparecidos que compartieron cautiverio con ellos en la comisaría Quinta de La Plata, un centro que funcionó bajo el mando del entonces coronel Ramón Camps, y de la Dirección General de Investigaciones a cargo de Miguel Etchecolatz.

En agosto de 1977, Luis Velasco, uno de estos sobrevivientes se contactó con la familia de Elena. Les contó que había estado con Héctor en la comisaría, y que “él estaba obsesionado porque si alguno salía con vida le avisara a los abuelos del nacimiento de Ana Libertad”. Por el testimonio de otros liberados, entre ellos Adriana Calvo, la familia de la Cuadra pudo saber que la nena estuvo unos días con su madre en esa comisaría, después la pesaron y la arrancaron de sus brazos.

En 2012, en el juicio por Circuito Camps ante Tribunal Oral Federal 1 de La Plata, Osvaldo Lovazzano, otro sobreviviente, contó que sin bien no conoció ni a Héctor, ni a Elena, cuando lo liberaron una mujer que continúa desaparecida le rogó que se comunicara con los “de la Cuadra, acordate de la calle, del cordón, (l)e decía”. Al tiempo venció el miedo y se acercó hasta la Plaza San Martín frente a la gobernación, donde Licha y otras Madres hacían la ronda. A los 92 años, Licha falleció sin haber encontrado a su nieta, pero sus tías y primos la siguieron buscando.

Luego de dar a luz, no se supo más de Elena. En diciembre de 2009, el Equipo Argentino de Antropología Forense identificó el cuerpo de Carlos Baratti: había sido enterrado como NN en el cementerio de General Lavalle. Su cuerpo había sido arrojado al mar en un vuelo de la muerte.

LICHA
Alicia Zubasnabar de De la Cuadra, a la que todos llamaban Licha, no va a poder abrazar a su nieta. Se murió hace ocho años pero su tarea fue fundamental para que otras mujeres y hombres pudieran abrazar a los hijos de sus hijos nacidos en cautiverio. Licha fue la primera presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, la organización que comenzó nacer al mismo tiempo que los militares daban rienda suelta al plan sistemático de apropiación de bebés y dio pelea hasta unos días antes de cumplir 93 años.

No hay una fecha exacta pero las Abuelas recuerdan que un día María Isabel Chorobik de Mariani, a los que todos llamaban Chicha, quien también buscaba a su nieta, golpeó la puerta de la casa de Licha, en La Plata. Fue una mañana de diciembre de 1977. Chicha llegó y supo que había otras mujeres como ella. Había al menos tres o cuatro niños desaparecidos. Ahí empezaron a pensar que, tal vez no los encontraban  porque los mismos que se habían llevado a sus hijos e hijas no se los querían dar. Otra de las mujeres que llegó fue Estela Barnes de Carlotto.

En esa casa, en un sillón de pana verde, se fundó Abuelas Argentinas con Nietitos Desaparecidos. Fue el resultado de una necesidad: cuando iban a preguntar solas no les daban ninguna respuesta pero cuando iban en grupo lograban sortear algunas barreras. Tiempo después se convirtieron en Abuelas de Plaza de Mayo.

A esa misma casa habían llegado Licha, su marido Roberto Luis De la Cuadra y sus cinco hijos: Estela, Soledad, Luis Eduardo, Roberto José y Elena. Habían llegado en 1959 desde Sauce, un pueblo al sur de Corrientes, donde Licha había nacido, había conocido a Roberto y había empezado a criar a su familia. Los De la Cuadra eran de una familia con campos en Corrientes y buena relación con la Iglesia. Incluso habían donado campos para la curia pero el matrimonio había llegado a La Plata porque quería criar a sus hijos allí.  

Para mediados de los setenta, todos los chicos De la Cuadra tenían una activa participación política. Era lo que ocurría con otros jóvenes platenses, porteños o cordobeses o rionegrinos. Participaba de la vida política de su país, tenían proyectos de cambio.

Poco más de un año antes de ese diciembre de 1977 en el que Chicha llegó a ver a Licha, varios hombres armados, con la cara tapada con medias y ropa de fajina irrumpieron en su casa. Buscaban a Roberto José, que era obrero en YPF. Lo encontraron y se lo llevaron a punta de pistola. En febrero de 1977 la secuestraron a Elena, con un embarazo de cinco meses, y a su compañero Héctor Carlos Baratti. Y en diciembre detuvieron a Gustavo Freire, esposo de Estela.

Alguien hizo una llamada a la casa de Licha en junio y avisó que Elena había tenido una hija a la que llamó Ana Libertad. Ese aviso aceitó más la voluntad de Licha y redobló los esfuerzos: pensó en las relaciones familiares con la Iglesia católica y llegó al despacho de monseñor Emilio Graselli. Lo que Licha no imaginaba era la estrecha relación que unía a la conducción de la curia y a buena parte de sus integrantes con la dictadura.

No imaginaba, por ejemplo, que dentro de la Comisaría Quinta de La Plata, donde funcionó un centro clandestino de detención, el cura Christian von Wernich le dijo a Héctor, el padre de Ana Libertad, que no le daría la nieta a sus abuelos porque “la iban a criar igual que a sus hijos”.

#Nieta115

11 ago 2014

"EL NIETO 114", la columna de Ronald Gamarra

Esta semana, una noticia ha conmovido a Argentina y a buena parte del mundo, aunque por aquí no haya tenido la resonancia que merece.

Las Abuelas de la Plaza de Mayo, esa ejemplar asociación de mujeres que en defensa de sus hijos detenidos-desaparecidos se enfrentaron a la tiranía sangrienta de los militares encabezados por Videla, encontraron al nieto número 114, de los más de 400 niños y niñas, hijos de aquellos detenidos, que fueron robados por la dictadura después de asesinar a sus jóvenes padres en aquellos años de oprobio.

Esta vez el niño hallado, después de 36 años de búsqueda, ya es un hombre que recupera la verdad sobre su origen y, con ella, a su familia biológica. Su madre era una joven de 22 años, que fue secuestrada por la dictadura y mantenida bajo detención clandestina. Como estaba embarazada, los militares esperaron a que diera a luz y luego la mataron. Poco después, traficaron la tenencia del niño hasta que llegó a manos de una pareja que, ignorando su verdadero origen, lo tomaron por un niño abandonado y lo criaron de buena fe en un pueblo al sur de Buenos Aires.

Este niño creció, se hizo hombre y se inclinó por el arte, especialmente por la música. Interpreta al piano, compone canciones, enseña música a otros niños. Es un alma sensible. Por eso, tal vez, sin tener ninguna referencia personal, en una expresión de identificación altruista, compuso una canción que cantaba a las madres de los desaparecidos y visitó a las Abuelas de la Plaza de Mayo sin saber que él mismo era uno de los nietos que esas mujeres buscaban tan amorosa y afanosamente. No sabía, no podía saber, que sus familiares, especialmente su abuela, lo habían buscado por décadas, lo buscaban aún, con tenacidad inagotable, aunque sin fruto.

Un día, sin embargo, hace muy poco, este hombre sintió una inquietud sobre su origen. Aunque sabía que no era hijo biológico de la pareja que lo crió, siempre supuso sin mayor averiguación que el suyo era un caso común. Pero allí estaba, desde hace tiempo, la permanente campaña de las Abuelas exhortando a quienes pudieran tener motivo para creer que podrían ser hijos de desaparecidos, a hacerse la prueba de ADN. Ya habían sido identificados 113 hijos e hijas de desaparecidos. ¿Y si él también era uno de ellos? Este hombre decidió entonces descartar toda duda y acudió a hacerse la prueba.

El resultado fue concluyente: no cabía la menor duda de que era el hijo de aquella joven detenida-desaparecida por la dictadura militar que le había sido malévolamente escamoteado a su familia. Su abuela era la señora Estela de Carlotto, presidenta de las Abuelas de la Plaza de Mayo, ejemplo viviente de amor irreductible. Hace poco, luego de renovar sus esfuerzos de búsqueda, por ella y por las mujeres y familias que representa, había declarado que no renunciaba de ninguna manera al deseo de encontrar y conocer a su nieto robado por la dictadura antes de morir. La vida ha querido que cumpla su deseo cuando esta mujer de 83 años, a la vez enérgica y dulce, aún se mantiene lúcida y guapa.

Esta historia, con sus características y circunstancias extraordinarias, es apenas una de tantas que han hundido para siempre en el oprobio a la dictadura militar que encabezaron Videla, Massera, Bignone, Lanusse y otros impresentables. Pero para las admirables Abuelas de la Plaza de Mayo, con todo lo grande y emotiva que es, solo representa un desafío para seguir la búsqueda, hasta el final, de todos los niños y niñas que aviesamente les robó la dictadura. El mundo está con ellas.

Artículo de Ronald Gamarra publicado en Diario16, el domingo 10 de agosto de 2014.

Foto de twitter de Cristina Kichner: https://twitter.com/CFKArgentina

15 abr 2014

Gobierno de Argentina entregará a Abuelas los archivos secretos de la dictadura

El Ministro de Defensa, Agustín Rossi, entregará esta tarde a las Abuelas de Plaza de Mayo las copias de las actas secretas de la dictadura cívico militar que forman parte del material hallado en el subsuelo del edificio Cóndor, sede de la Fuerza Aérea, el año pasado.

El acto de entrega de la documentación se realizará a las 15 en la sede de la organización (Virrey Cevallos 952), con la presencia de su presidenta, Estela de Carlotto.
Se trata de 280 actas de las juntas militares de entre 1976 y 1983, que además de su valor histórico y probatorio en juicios por delitos de lesa humanidad, pueden ser consultadas por el público en la Biblioteca Aeronáutica, en Paraguay 742.
Se trata de 280 actas de las Juntas Militares entre 1976 y 1983.
Días atrás, el ministro Rossi hizo entrega del material al ex juez español Baltasar Garzón, quien actualmente dirige el Centro Internacional para la Promoción de los Derechos Humanos, y al gobernador de San Juan, José Luis Gioja.

7 feb 2014

Argentina. Abuelas de Plaza de Mayo anuncio la restitución de la nieta 110

"Un triunfo sobre la mentira"

La nieta recuperada, cuyo nombre aún no se dio a conocer, es hija de Oscar Rómulo Gutiérrez y Liliana Isabel Acuña, ambos desaparecidos desde 1976. “Queremos conocerte, verte, abrazarte, contarte historias de tus padres”, dijo el tío de la joven.

A pocas horas de tener los resultados de los exámenes de ADN, la hija biológica de los desaparecidos Oscar Rómulo Gutiérrez y Liliana Isabel Acuña necesita tiempo para dar a conocer su nombre. “Pidió un tiempo mínimo, aunque hay en ella una enorme disposición por conocer a su familia”, contó Estela de Carlotto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo. En el primer piso de la sede de Abuelas había una enorme alegría, que contrastaba con el escenario ofrecido a dos cuadras de ahí, donde se velaban los restos de los bomberos fallecidos en la tragedia de Barracas. Fueron dedicadas a ellos las primeras palabras de Carlotto: “El país está de duelo y las Abuelas somos parte de este país, así que rendimos nuestro homenaje y les decimos que la vida continúa; sus compañeros esconden un poco el dolor, que es lo que venimos haciendo las Abuelas desde hace 36 años, pero con la alegría de estar vivas y seguir luchando”.

Acompañada por el secretario de Derechos Humanos, Martín Fresneda; el jurista español Baltasar Garzón; Rosa Roisinblit, vicepresidenta de Abuelas, y Rodolfo Gutiérrez, tío de la nieta recuperada, junto a otros nietos y familiares de detenidos desaparecidos durante la última dictadura, Carlotto hizo oficial ayer, a las 13, la restitución de la identidad de la nieta número 110. Ella se acercó voluntariamente a Abuelas el 31 de octubre de 2013 a manifestar las dudas sobre su origen. Allí fue recibida por el equipo de Presentación Espontánea, el cual la derivó a la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad, para que se le hicieran los exámenes de ADN en el Banco Nacional de Datos Genéticos, el 8 de noviembre pasado.

“Queremos agradecer a todo el pueblo argentino que nos ha acompañado y a la prensa por ayudarnos a difundir algo que todavía no está resuelto, que es la identidad de alrededor de 400 nietos”, remarcó la presidenta de Abuelas antes de leer el comunicado oficial. Allí se señala que los padres de la joven restituida, Oscar Rómulo Gutiérrez y Liliana Isabel Acuña, militaban en Montoneros y fueron secuestrados el 26 de agosto de 1976, aproximadamente a las 6.30 de la mañana de su vivienda en San Justo. Liliana transitaba su quinto mes de embarazo cuando doce hombres de civil, portando armas largas y bajo amenazas de muerte, la metieron a ella y a su marido en un auto. En el mismo operativo fue secuestrada la hermana de Liliana, Elba Eva Acuña, y también su esposo, Hugo Alberto Sáez.

Oscar Gutiérrez había nacido en La Tablada el 17 de abril de 1951. Sociólogo e hincha de Independiente, se había anotado en Ciencias Económicas a la vez que trabajaba en una empresa metalúrgica. Liliana Acuña había nacido el 30 de mayo de 1952 en la ciudad de Buenos Aires y estudió Veterinaria por unos años para luego pasarse a Agronomía. Trabajaba dando clases particulares de matemática. Luego de ser secuestrados de su vivienda, fueron conducidos a la comisaría 4ª de San Isidro, conocida bajo el nombre de “Las Barrancas”. Cuando ingresaron, ya mostraban señales de haber sido torturados. Compartían con otras doce personas el sótano de la comisaría. Mientras estuvieron detenidos allí, sus familiares pudieron saber que se encontraban con vida, aunque en pésimas condiciones, y que el embarazo de Liliana seguía en curso. La información se las brindaba un agente, el mismo que les anunció que Liliana había dado a luz a una nena en San Martín, en diciembre del ’76 o enero del ’77. Cuando en la comisaría se enteraron del contacto de la familia con el agente, todos los detenidos fueron trasladados y ya no se volvieron a tener noticias de ellos. Desde entonces permanecen desaparecidos.

Aun así, las abuelas de esa nena no cesaron en la búsqueda. Vilma Delinda Sesarego de Gutiérrez, madre de Oscar, fue una de las fundadoras de Abuelas de Plaza de Mayo. Sus compañeras la recuerdan como “muy lúcida y suspicaz, dicen que era difícil engañarla con datos o denuncias falsas”, afirmó Carlotto. Su marido, el médico boliviano Oscar Rómulo Gutiérrez, llegó incluso a entrevistarse con el dictador Jorge Rafael Videla en Bolivia. Rosa González, madre de Liliana, se unió a Vilma en la búsqueda de sus hijos y su nieta. Lamentablemente, ambas fallecieron antes de poder reencontrarse con ella.

La familia con la que se crió le contó a la nieta número 110 que ella había sido entregada por miembros de la Policía Federal, quienes aseguraban haberla encontrado abandonada en la Ruta 2, en Florencio Varela. “A pesar del tiempo transcurrido y las huellas que quisieron borrar, la verdad triunfa sobre la mentira”, dijo Carlotto.

Antes de cerrar la conferencia, la presidenta de Abuelas le pasó el micrófono a Fresneda. “Este compromiso que tiene el Estado argentino es el compromiso de la lucha de organismos de derechos humanos, que hoy se han cristalizado en un Estado presente y en un Estado absolutamente dispuesto a realizar las políticas necesarias para recuperar hasta el último de nuestros nietos”, dijo el secretario de Derechos Humanos. A su turno, Baltasar Garzón afirmó que la recuperación de la nieta 110 es “ver que el trabajo tiene su recompensa ante la irracionalidad de quienes todavía siguen impidiendo que esa identidad se recupere”. Denunció que en España “los pasos se están dando a la inversa”, y llamó la atención a que en su país “se ablanden las conciencias de quienes tienen la responsabilidad de dar justicia y reparación”.

Casi al final habló Rodolfo Gutiérrez, quien emocionado se dirigió a su sobrina: “Queremos conocerte, verte, abrazarte, contarte historias de tus padres. Es una lucha de casi 37 años, una lucha de mis padres, de tu abuela Vilma, de todas las Abuelas, a las que quiero agradecer, como también al Gobierno, que desde hace diez años se dedica a tener políticas públicas para que puedan ocurrir acontecimientos fabulosos como éste, que no es un hecho individual sino un hecho social, porque una sociedad mejora cuando empieza a conocerse la verdad”, dijo y destacó el gesto de su sobrina de acercarse por su propia voluntad a las Abuelas.

“Encontramos un papelito en el archivo de los primeros tiempos donde decía ‘la abuela tiene un lunar acá y la mamá también, entonces si era una nena ella lo debe tener’, claro, eso era cuando no teníamos el ADN”, se sonrió Estela de Carlotto. En la misma línea, Roisinblit agregó que “37 años atrás no sabíamos si nuestros nietos habían nacido, no sabíamos el sexo, nada, y no había ningún texto donde aprender todo eso”, remarcó con su nieto recuperado, Guillermo, parado detrás de ella.

Hacia el cierre, Carlotto invitó a todos los jóvenes que tengan dudas sobre su identidad a que “se animen a confrontarse con su historia: les ofrecemos certezas, respeto a sus necesidades, les repetimos que no están solos, que los espera la libertad".

24 nov 2013

Lesa humanidad: Casación hizo lugar a un planteo de Abuelas de Plaza de Mayo en caso por robo de bebés

Argentina. La Sala II del máximo tribunal penal del país hizo lugar por mayoría al recurso presentado por la querella y consagró que el delito de ocultamiento se extendió hasta que la víctima conoció su verdadera identidad. La niña había sido sustraída en 1978. 

17 may 2013

Murio Jorge Rafael Videla: El mayor genocida de la Argentina

Encabezó la junta militar que se alzó con el poder luego del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, y abrió la etapa más negra de la historia Argentina. Puso en marcha un plan sistemático genocida con secuestros, saqueos y desaparición de personas, y una política económica neoliberal que fue el puntapié de inicio de uno de los procesos de vaciamiento y entrega del país a los capitales financieros más duros para la sociedad argentina. Fue condenado por delitos de lesa humanidad y murió esta mañana a los 87 años, purgando una parte de sus crímenes -de los que nunca se arrepintió- en el penal de Marcos Paz. La lucha de los organismos de derechos humanos que reclaman memoria, verdad y justicia por los 30 mil desaparecidos y los nietos que aún no fueron recuperados, sigue de pie.

La noticia fue confirmada por el director del Servicio Penitenciario Federal, Víctor Hortel, quien confirmo que Jorge Rafael Videla falleció por la mañana "de muerte natural" en el módulo 4 del Complejo Penitenciario Federal 2, de la ciudad de Marcos Paz, donde se encontraba cumpliendo condena a prisión perpetua por la comisión de delitos de lesa humanidad.
El parte médico indicó que "se lo encontró en su celda sin pulso ni reacción pupilar, por lo que se le realiza un ECG (electrocardiograma) constatándose su óbito, siendo las 08.25 hs del día de la fecha". Tras constatarse la muerte, "de conformidad con los trámites de rigor, se cursó comunicación del deceso al Juzgado Federal N 3, Secretaría N 10, de Morón".
El juez federal 3 de Morón, Juan Pablo Salas, dispuso que esta tarde se practique la autopsia al represor en la Morgue Judicial del Cuerpo Médico Forense de la Capital Federal, ubicada en Viamonte y Junín. La causa recayó en Salas porque es el que tiene jurisdicción federal en la cárcel donde estaba detenido Videla.
El dictador nació el 2 de agosto de 1925 en la ciudad bonaerense de Mercedes. Fue Jefe del Ejército Argentino desde 1975 y designado presidente del autodenominado Proceso de Reorganización Nacional que derrocó al gobierno de María Estela Martínez de Perón. Ocupó la presidencia hasta 1981.
Tras la recuperación de la democracia en 1983 fue juzgado y condenado a prisión perpetua y destitución del grado militar por numerosos crímenes de lesa humanidad cometidos durante su gobierno. Pero fue indultado por el entonces presidente Carlos Menem el 28 de diciembre de 1990 y estuvo libre hasta 1998. En ese año, el entonces juez federal de San Isidro Roberto Marquevich lo detuvo en una causa por sustracción de menores, el único delito que quedaba fuera de la órbita del indulto. En esa causa fue procesado.
El 24 de marzo de 2004 el entonces presidente Néstor Kirchner ordenó que los cuadros de los dictadores Jorge Rafael Videla y Reynaldo Bignone, que estaban colgados en una de las galerías del Colegio Militar de El Palomar, fueran retirados de allí. Kirchner destacó que ese acto marcaba "definitivamente un claro posicionamiento" del país, de las Fuerzas Armadas, del Ejército y de él mismo, en su carácter de presidente y de Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, "de terminar con esa etapa lamentable" y de que esté "consolidado el sistema de vida democrático y desterrado el terrorismo de Estado".
Videla gozó por un breve lapso de arresto domiciliario en su casa sobre avenida Cabildo, en el barrio porteño de Colegiales, pero luego fue denunciado por violar las condiciones de ese beneficio al salir a saludar por la ventana de su departamento y se lo envió a prisión.
El 5 de julio de 2012 fue condenado a 50 años de prisión por el Tribunal Oral Federal 6 al ser encontrado responsable de la puesta en marcha de un plan sistemático de sustracción de menores a secuestradas en centros clandestinos de detención y puntualmente condenado por 18 casos, entre ellos el de Guido, el nieto que la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto aún sigue buscando.
Actualmente, Videla enfrentaba un juicio oral por el denominado "Plan Cóndor", la coordinación de la represión ilegal entre dictaduras Latinoamericanas, tras haber sido condenado a reclusión perpetua por el asesinato de presos políticos en Córdoba y a 50 años de cárcel por el robo de bebés. Además, cumplía la pena de reclusión perpetua impuesta en la llamada causa 13, que juzgó a la cúpula de la última dictadura cívico militar en 1985.
La última visita a los tribunales federales de Retiro fue el martes pasado, cuando se lo trasladó desde la cárcel bonaerense de Marcos Paz para prestar declaración indagatoria ante el Tribunal Oral Federal 1 por el Plan Cóndor, donde era juzgado junto a otros 24 acusados.
Allí se negó a declarar, pero leyó un breve manifiesto en el que asumió "en plenitud" las "responsabilidades castrenses" por lo hecho en lo que llamó una "guerra" contra el "terrorismo" y deslindó de culpas a sus subordinados. "Los acompaño como preso político, hasta tanto recupere el último de ellos su ansiada libertad", dijo sobre sus consortes de causa, ante los jueces Adrián Grunberg, Oscar Amirante y Pablo Laufer.