Este año 2015, en el que la comunidad internacional valora los progresos obtenidos
gracias a los Objetivos de Desarrollo del Milenio y sienta los nuevos
Objetivos para el año 2030, marca un interesante cruce de caminos
generacional, donde las niñas que nacieron al comienzo del milenio son
ahora adolescentes, mientras que las recién nacidas este año, lo serán
en 2030.
La reflexión sobre lo conseguido y sobre lo que se ha de lograr
representa una oportunidad para considerar la importancia de la
inversión social, económica y política en el poder de las adolescentes
como un factor fundamental para romper la transmisión intergeneracional
de la pobreza, la violencia, la exclusión y la discriminación y obtener
unos resultados equitativos y sostenibles.
Las mujeres tienen derecho a una vida instruida, segura y sana no sólo
durante esos críticos años de la adolescencia sino también cuando
maduran. Si se les apoya efectivamente durante sus años de adolescencia,
las mujeres tienen el poder de cambiar el mundo, tanto como las niñas
empoderadas que son como las trabajadoras, madres, empresarias,
mentoras, cabezas de familia y líderes políticos que serán mañana.
Una inversión en el poder de las adolescentes mantiene sus derechos y
promete un futuro más equitativo y próspero en el que la mitad de la
humanidad participe de forma paritaria en la resolución de los problemas
como el cambio climático, los conflictos políticos, el crecimiento
económico, la prevención de enfermedades y la sostenibilidad mundial.
Durante los últimos quince años, la comunidad mundial ha hecho
importantes progresos en mejorar la vida de las niñas. En el 2015, las
niñas en su primera de vida tienen más posibilidades de ir a la escuela
primaria, recibir vacunas vitales y sufrir menos por desnutrición y
problemas nutricionales que en las generaciones anteriores. Sin embargo,
no se ha invertido lo suficiente en corregir los retos a los que hacen
frente las niñas cuando entran en la segunda fase de sus vidas. Esto
incluye obtener una educación secundaria y superior, evitar el
matrimonio infantil, recibir información y servicios relacionados con la
pubertad y la salud reproductiva, protegerlas contra los embarazos no
deseados, las enfermedades de transmisión sexual y la violencia de
género.
Por todos estos motivos, el tema escogido para la celebración del Día
Internacional este año es El poder de las adolescentes: la visión para
el 2030 Bajo ese tema, las agencias de la ONU, los Estados Miembros, las
organizaciones civiles, el sector privado y otros interlocutores
sociales están llamados a poner a las niñas en el centro de los
esfuerzos del desarrollo sostenible, llevando a cabo iniciativas claves
para el presente y el futuro como:
- Invertir
en educación de calidad, formación, capacitación, acceso a la
tecnología y otras iniciativas educativas que preparen a las niñas para
la vida, el trabajo y el liderazgo.
- Invertir
en salud y en una nutrición adecuada durante los años de adolescencia,
incluyendo la educación sobre la pubertad, la higiene menstrual, la
salud reproductiva y sexual y la disposición de esos servicios.
- Promover la no aceptación de la violencia física, mental o sexual bajo ningún concepto.
- Habilitar mecanismos sociales, económicos y políticos para combatir el matrimonio infantil y la mutilación genital.
- Invertir
en la creación y mantenimiento de espacios púbicos para el debete
cívico y político, la creatividad y la mejora del talento.
- Promover
legislaciones y políticas de género en todas las áreas, especialmente
para las adolescentes discapacitadas, vulnerables, marginadas y víctimas
del tráfico y la trata.
"Género y Eduacación para todos 2000 - 2015. Logros y desafíos"